Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales

Un libro impronta de dignidad y justicia

Por  Astrid Barnet

De gran riqueza cultural y alcance humano ilimitado —y valgan las adjetivaciones—, es Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales,(1) una obra cuya selección agradecemos a dos investigadoras, Daisy Rubiera Castillo e Inés María Martiatu Ferry. La mujer cubana negra en dimensiones y vivencias distintas a través de los tiempos; su pensamiento, cotidianidad y valores representativos generacionalmente —excluidos de lenguaje y análisis academicistas—, emergen en esta obra como convocatoria a la cubanidad, y a la necesidad (siempre urgente) de evocar y fortalecer nuestras raíces.

Artículos, ensayos, crónicas, poemas, reseñas y apuntes historiográficos de autores prestigiosos y estudiosos del tema, a la vez que la presencia de testimonios gráficos diversos y fuentes bibliográficas, validan la importancia de Afrocubanas…

Así y en “¿La Cecilia de siempre?”, su autora la periodista Onelia Chaveco Chaveco nos traslada al personaje de Cecilia Valdés como «[…] la encarnación de todas las virtudes y defectos que le endilgaron a esa parte tan auténtica de nuestra policromía criolla. La obra de Cirilo Villaverde del mismo nombre está considerada por investigadores como una de las más altas epopeyas dentro de la mulatez, y ha devenido nuestro único mito literario». En “La deconstrucción del mito”, la historiadora y antropóloga María Ileana Faguaga Iglesias analiza que en esa reconstrucción «[…]del mito de la mujer negra, con carácter colonialista y contenido racializado y racista es un proceso más difícil, arduo y complejo que el de la construcción. Este mito impuesto sobre la mujer negra cubana por el colonizador que institucionalizó […] con la colaboración de los criollos blancos—, contribuyó a extender la actitud reproductora de estereotipos por parte de la mujer negra, y se acentuó con el trauma del mestizo, en quien a su vez inculcaron la ilusión de blanqueamiento».

Asimismo, la historiadora Daysi Rubiera Castillo en “La mujer en la santería o Regla Ocha…”, entre refranes, glosarios y testimonios encausa el tema a partir de que su «[…] intención para escribirlo no surgió de la nada, sino de la poca información que me brindaba la bibliografía concerniente […] De ahí que la diversidad de criterios en relación con la posición y condición de las iniciadas que mantienen babalawos y babalochas, como las mismas iyalochas, transmiten a idea de que las limitaciones y prohibiciones que se asignan, de acuerdo con los sexos, están relacionadas, fundamentalmente, con las conductas prescritas y proscritas a través de la tradición oral. Término que abarca mitos, leyendas, tabúes, etcétera».

En “La negra cubana y la cultura” se rememora un artículo de la periodista Catalina Pozo Gato,(2) publicado en el Diario de la Marina(30 de noviembre de 1930, 3ra. Sección), quien expone: «[…] Existe un porcentaje notorio de mujeres negras culturalmente preparadas y educadas para luchar por la vida en el mismo plano de dignidad y relativa facilidad que sus hermanas las mujeres blancas preparadas. Ahí está el número alto de las que surgen a la lucha desde las aulas universitarias, Institutos, Escuelas Normales, del Hogar, Academias, Escuelas e infinidad de centros educativos y culturales, los mismos en los que se prepara y habilita la mujer blanca «[…] Sin embargo, de esas dos mujeres igualmente capacitadas y preparadas, la negra difícilmente encuentra oportunidad de demostrar sus aptitudes y conocimientos y, menos, decorosamente; porque la realidad es que el prejuicio racial que va carcomiendo la nacionalidad cubana, anula sus esfuerzos, hace estéril sus gestiones y les amarga la vida «[…] Lo urgente no es inflar estas miserias morales, sino requerir la voluntad de los buenos cubanos y la acción del Gobierno «[…] legislando de tal modo que todos sintamos cariño por esta tierra envilecida, sobre la que corrió la sangre de nuestros padres y abuelos».

En “El negrito y la mulata en el vórtice de la nacionalidad”, la ensayista y narradora Inés María Martiatu Ferry, enfatiza en la presencia del negro, la mulata y el gallego en el teatro bufo y su forma de hablar. «[…] Por una parte del escenario llega ella. La Mulata. Aplausos. Es la introducción de una guaracha. La mulata hace ondular su saya ancha, florida […] Llega chancleteando, meneando la cintura y arqueando los brazos que sostienen con donaire el mantón de Manila que cae terciando sobre sus hombros […] Bailotea al ritmo de la música y se detiene provocadora delante del negrito que la mira con sarcasmo. Se miran de soslayo uno al otro. Ríen. Miran al personaje que aparece ahora debajo del cenit. Es el gallego […]».

Por su parte, la doctora María del Carmen Barcia Zequeira traslada el lector a los cambios que se produjeron en la sociedad cubana al finalizar la Guerra de los Diez Años: «[…] a partir de la década del 80 afloraron sociedades de todo tipo y se transformaron otras; se crearon partidos políticos, agrupaciones benéficas, recreativas o difusoras de la cultura; los antiguos cabildos negros pasaron a ser sociedades de instrucción, recreo y socorros mutuos. Todos se reunían para proyectar y difundir sus intereses y para ello utilizaban su derecho a la prensa […] En la nueva sociedad proliferaron los espacios abiertos y cerrados, privados y públicos; la utilización de estos últimos cobró una nueva dimensión […] La manifestación por la abolición de la esclavitud fue otra cosa; los negros celebraban la conquista social a la vez que hacían sentir su derecho como ciudadanos. Desfilaban morenos a caballo, bandas de música, varias orquestas, hermandades, cofradías y también cabildos con sus procedentes de La Habana, Matanzas, Cárdenas, Santiago de Cuba, Puerto Príncipe, Santa Clara, Bejucal, San Antonio de los Baños, Santiago de las Vegas, Guanabacoa y Regla […] El poder movilizativo y el económico de las capas negras y mestizas urbanas quedaba objetivamente demostrado, pero en el plano subjetivo se diseñaba algo más importante: la potestad que tenían los negros para reclamar sus derechos ciudadanos y la posibilidad de utilizar los espacios públicos para manifestar sus acciones».

Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales esuna obra con una impronta de criollismo, de lo cubano en todas sus manifestaciones histórico-artísticas y literarias y, en especial, expositiva de su dignidad, respeto y poder de resistencia.

(1)Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2011.
(2)Catalina Pozo Gato (¿?). Periodista. Colaboró con la prensa de la época en temas sobre la defensa de la mujer negra. Escribió “La negra cubana y la cultura” y como respuesta al artículo “La negra cubana” escrito por Gerardo del Valle. Participó activamente en la vida política y se postuló para diferentes cargos en los partidos burgueses tradicionales.