Gómez de la Carrera. La historia hecha instantánea

Por Maria Teresa Puentes

La Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (BNCJM) integra entre sus áreas especializadas el grupo Colección Cubana, de la cual forma parte su Fototeca, donde se resguarda un amplio fondo integrado por diversos archivos fotográficos cubanos y de otras partes del mundo, todos muy valiosos por su  carácter patrimonial.

Conformado inicialmente por colecciones de intelectuales de valía como Manuel Pérez Beato, Ezequiel García Enseñat, Mario Giral Moreno, Félix Lizaso y Antonio Iraizoz, entre otros, abarca más de 100 000 ejemplares, sus duplicados y negativos, un por ciento de ellos en vidrio, además de una pequeña muestra de daguerrotipos y ambrotipos.

<< Detalle costumbrista del siglo XIX. Colección Rosalía Abreu (Fototeca, fondos de la BNCJM).

Una de las más importantes que atesora es la Colección General de Fotos Cubanas que comprende gran cantidad de piezas del siglo XIX, a partir de importantes acontecimientos históricos y sociales de la época, tomadas por reconocidos reporteros, convertidos en artistas, de los primeros estudios fotográficos abiertos en La Habana, poco tiempo después de la invención de dicho arte a finales del siglo XIX.

Entre ellas destaca por su calidad la obra del fotorreportero José Gómez de la Carrera (¿-1908) que en fotos impresas y más de dos mil negativos de vidrio se manifiesta como una riqueza cultural ante nosotros.

De origen español, Gómez de la Carrera se estableció en La Habana en 1885, introduciendo por primera vez la fotografía instantánea. Ya en 1888 colaboraba con distintas publicaciones como fotógrafo y pionero del periodismo fotográfico.

<< Imagen que representa a Gómez de la Carrera, mientras realizaba su labor como fotorreportero (Revista El Fígaro, 1909, fondos de la BNCJM).

En 1893 se había convertido en un destacado corresponsal de la revista El Fígaro (1885-1929), una de las primeras publicaciones periódicas cubanas que sobresalieron, con servicio fotográfico. Reflejó desde estos espacios con extraordinaria maestría artística hechos trascendentes de los principales escenarios del país, desde imágenes costumbristas, pasando por la visita de la Infanta Eulalia de Borbón a La Habana en 1893, hasta lo más cotidiano de la vida cubana de entonces.

La Infanta Eulalia a caballo, en su visita a La Habana, 1893 (Colección Gómez de la Carrera, Fototeca, fondos de la BNCJM).>>

Uno de los principales acontecimientos que tendrían lugar en nuestra patria a partir de 1895 fue la conocida Guerra Necesaria y, por supuesto, no escaparía a su curioso y perspicaz lente, dejando memorables instantáneas a partir de sus visitas tanto a campamentos mambises como españoles.

<< Llegada del fotógrafo Gómez de la Carrera, a un campamento español (Fototeca, fondos de la BNCJM).

Un ejemplo de su interés y audacia por hacer una fotografía veraz y genuina, lo tenemos en el verano de 1896, cuando después de haber cubierto arribos de soldados y oficiales españoles a La Habana y maniobras cerca de la capital, acompaña al Ejército Español a su campaña en Pinar del Río.

Paso Real, Pinar del Río, donde se efectuó el combate de la columna del General Luque con las Fuerzas del General Maceo, 1896 (Colección Gómez de la Carrera, Fototeca, fondos de la BNCJM).>>

Gracias a su labor también trascendió la lucha de nuestros mambises y el esfuerzo por vencer a un enemigo superior con sus condiciones paupérrimas de vida en la manigua, casi sin ropas, zapatos y sin armas, así como también la presencia de los negros libres de la esclavitud, apoyando la naciente revolución iniciada por Martí.

<< Campamento mambí. Colección Gómez de la Carrera. Fototeca, BNCJM

Por lo general, las fotografías tomadas en el teatro de la guerra eran en terrenos pacíficos y posadas, no solo por las propias limitaciones de la técnica, sino porque existía inclinación por los retratos personales o de grupos militares, y por el paisajismo.

Más conmovedoras son las imágenes que ofrecen testimonio de la Reconcentración, medida decretada en 1896 por el Capitán General Valeriano Weyler (1838-1930), para impedir que las tropas mambisas recibieran apoyo del campesinado. Fue una acción inhumana. Sin lugar o medios para vivir, las familias se vieron pronto destruidas por la hambruna y las epidemias.

Niños hambrientos esperan rancho, durante el período de la Reconcentración, implantado por el Capitán General Valeriano Weyler (Colección Gómez de la Carrera, Fototeca, fondos de la BNCJM).>>

Tal fue la notoriedad de Gómez de la Carrera y la amplitud de los círculos de trabajo e influencia en los que se movía, que se permitía enviar al entonces Secretario de Guerra de Estados Unidos William H. Taft (1857-1930) las fotografías de la permanencia de este en La Habana, como Gobernador temporal, de lo que constituye testimonio una carta del 26 de noviembre de 1906 fechada en Washington y firmada por Taft:

«Me permito acusar recibo de las fotografías tomadas mientras estaba en La Habana, que fueras tan amable de enviar, y deseo expresar mi agradecimiento por su amabilidad en su presentación a mí.

Muy atentamente

William H. Taft».

<< Carta firmada por William Taft, futuro presidente de los Estados Unidos, al fotógrafo Gómez de la Carrera (Colección Manuscritos, fondos de la BNJCM).

Gómez de la Carrera murió en La Habana, enamorado de sus entornos y dejando una huella indeleble en la historia de la fotografía cubana; de ello dieron testimonio sus contemporáneos en El Fígaro en 1909:

«El iniciador de los sagrados misterios de la “instantánea”, fue aquel espíritu rebelde y contradictorio, unas veces cartaginés y otras bohemio, pero artista siempre, que se llamó Gómez Carrera. Sentía arder el arte fotográfico en todas sus venas. Cuando copiaba en su objetivo un paisaje que le gustaba o una figura que venia persiguiendo, se le veía emocionarse como si hubiera alcanzado un favor de la mujer amada, manipulando sus negativos con la ternura del que acaricia a sus hijos».(1)

Su labor como fotógrafo no consistía simplemente en captar imágenes, iba mucho más allá, tratando de comprender el mundo que lo rodeaba y a su vez trasmitiendo su belleza, su fortaleza y dinamismo. Puede que ni pensara en el momento justo de apretar el botón, solo miraba su objetivo bien centrado, captando cada movimiento, logrando construir exposiciones completas que reflejaran las situaciones y regalaran para la posteridad páginas únicas como las de la Guerra del 95, que vivió por aquellos caminos con sus pesados equipos, legándonos un cuantioso material que es hoy base y sentido de numerosas publicaciones.

Gracias a ello la Fototeca de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí salvaguarda hoy un tesoro invaluable en la rica herencia resumida en la colección Gómez de la Carrera.

 

(1) Ramón A. Catalá (Croniqueur): “Los soldados de la instantánea”, El Fígaro, 22 de agosto de 1909, p. 421.

Bibliografía
Tusell, Javier; Eliades Acosta y Enrique de la Uz: Fotografías de la Guerra de Cuba, Pentagras Impresores, SL, La Habana, 2005.
Catalá, Ramón A. (Croniqueur): “Los soldados de la instantánea”, El Fígaro, 22 de agosto de 1909,
Del Valle, Rufino: Cuba sus inicios fotográficos. http://www.habananuestra.cu/index en línea, 18 de abril 2013
Oller, Jorge: Ocaso de un fotógrafo. http://www.cubaperiodistas.cu/fotorreportaje/68.html en línea, 19 de diciembre de 2011