Imaginarios: Centenario del natalicio de dos grandes de las letras cubanas: Samuel Feijóo y Onelio Jorge Cardoso

 

Samuel y Onelio: folclor y espiritualidad

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1- Caricatura de Feijóo realizada por Pedro Méndez, director y fundador del grupo de humoristas gráficos villaclareños Melaíto (tomado de: revista digital Signos).
2- Caricatura de Onelio realizada por David en 1968 (tomado de: Cuentos completos, de Onelio Jorge Cardoso, Fondos BNCJM).

«Gusto de comenzar mis libros con trazo lento de respiración suave, como natural entrada a paseo o aventura por llanos que tienen brisa y centelleos benignos. Después: trepo al libro el tope que él me da siempre como visión fácil, cuando ya he andado lento el suave llano».
(Samuel Feijóo, La Alcancía del Artesano. Universidad Central de las Villas. Departamento de Relaciones Culturales, 1958)

 

Imagen tomada de la  revista  digital Signos >>

 

Cuento de José Martí recopilado por Feijóo

En su artículo “El teatro cubano”, publicado en Patria, en 26 de marzo de 1892, Martí anota un gracioso episodio de humor mambí:

Está de descanso el campamento, como nosotros descansábamos, unos contando cómo se hace la pólvora, o se cura la herida, o se hacen en una máquina de mano los casquillos de las cápsulas; otros, sentados juntos en un tronco, enseñándose a leer, con el machete a los pies. De pronto entra un amigo: ¡qué gusto el de volverlo a ver! ¿Cuántas peleas desde la última vez?: le preparan el festín —mango, jutía, buniato, cubalibre; pero el recién llegado baja la cabeza, cuando un amigo le pregunta por la Biblia que le prestó:

— ¿Y la Biblia que te di, y que te dije que me la guardaras?
— Hermano ¡me la fumé!

Porque esa es una guerra verdadera: una guerra en que se muere, y en que se ríe.

(Tomado de: Cuentos Cubanos de Humor, recopilación de cuentos hecha por Samuel Feijóo, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1979, pp. 84-85. Fondos de la BNCJM).

 
Caricatura realizada por Samuel Feijóo, que ilustra el cuento de José Martí.

 

«El hombre tiene dos hambres y quizás la más difícil de saciar sea la del espíritu»

(tomado de: Pedro de la Hoz: “El cuentero”, Granma, La Habana, jueves, 25 de septiembre de 2003, p. 6. Fondos BNCJM).

«Ah, los recuerdos son a veces así como el pájaro del dorado, que no se sabe de dónde vienen y al cabo planean en el cielo, cada uno como una horqueta negra, fina y dirigida sobre la embarcación, el agua y el alma».

(Tomado de: “La otra muerte del gato”, Cuentos completos, Fondos de la BNCJM).

 

 

<< Imagen tomada de: Fototeca, BNCJM.

 

 

Onelio y la mariposa

« ¿Y vamos a contar todos los recuerdos? Aparte de inútil, sería imposible.

Escogemos solo las memorias en función de determinar, ante su inminencia y poder, en qué solar de lo escrito como literatura, parecen haber tomado cuerpo, pasando como inocencias a menudo de grato sabor, pero siempre de una marcada voluntad; para lograr su retorno de máscara en el tiempo.

Diré solo pues para empezar los cincuenta y cinco años tenidos de cuando se escriben estas cosas.

Y entonces y ahora: la Mariposa.

Porque sucede que la tienda del Chino Eloy quedaba frente a mi casa y sucede también que Eloy, tal vez para mayor reclamo de su establecimiento, o porque de chino ya le venían las mariposas volando en la tradición, mandó a pintar en las paredes frontales de su tienda una gigantesca mariposa amarilla que se extendía a todo lo ancho e iba en altura del suelo al techo. Al menos, si fue así, mis ojos de seis o siete años, así la vieron de crecida y pintada, después de oír el nombre de la tienda.

El caso es que a las seis de la mañana de todos los días repetidos, Eloy, en camiseta de mangas cortas, pantalón holgado y pies desnudos en chancletas de palo, abría su tienda y mutilaba horriblemente la mariposa, porque las alas habían quedado justamente pintadas sobre las puertas. Había pues que resignarse y esperar hasta las seis de la tarde — cuando sonaban las campanas de la iglesia— a que Eloy, tomando la hora por ellas, viniera de nuevo a cerrar su tienda.

Entonces resucitaba el hermoso lepidóptero, pero todavía sin derecho al vuelo, sin mover sus alas a tiempo, porque venía la noche y se borraba la mariposa otra vez. Poco a poco debo haber ido confundiendo las cosas, o ya las tenía confundidas, quien sabe. El caso es que a veces durante las mañanas, en la escuela, miraba de vez en cuando a la ventana esperanzado en ver pasar, fugaz y amarilla, en libre vuelo, la enorme mariposa de Eloy.

Y por ahí, sin dudas, debe haber empezado el inapreciable trastorno, ya que una noche me desperté, muy avanzada la hora, para mirar, a la poca luz de la calle, la mariposa de enfrente.

Lo demás lo fui haciendo con la imaginación. La fui sacando de la sombra, le despegué las alas de la madera, le estuve diciendo cosas al oído o por donde debía tener el oído y entonces… la liberé.

Salió volando enorme, entera, amarilla sobre la noche del pueblo.

Y fue cumpliendo paso a paso mis recados: primero sobre la casa de Zoraida, mirando desde el cielo, el bombillo encendido en el portal por donde entraban Zoraida y los suyos.

Luego la hice volar a todo lo largo del río, a ras de las malangas de agua dulce para elevarse ligera y silenciosamente sobre el puente de Miguel Jiménez, dejar a la izquierda la tienda de Alonso con sus dos pisos de madera y portal corrido, pasar sobre el campanario de la Iglesia, planear suavemente sobre el hondo sueño de Moñigüeso y volar hasta las lomas del Purio para asustarse de la torre alta y blanca del Central, y regresar, tomar de nuevo altura y cumplir el último recado, irse al cielo o alguna parte, pero no más volver a la puerta de Eloy.

Mas nunca lo cumplió, así se lo pidiera todas las noches, nunca lo cumplió. A la mañana siguiente, siempre estaba allí, e inevitablemente Eloy a las seis le mutilaba las alas.

Me acuerdo justamente que fue en el año 1926 cuando tenía doce años. El día justo del tremendo ciclón que azotó La Habana. Porque hasta el cielo de Las Villas, mi provincia, estaba afectado de un color naranja tempestuoso y yo empezaba a escribir lo que tal vez hubiera sido mi más ingenuo cuento y, desde luego, el primero, y que, sin embargo, no fue otra cosa más que mi primer fracaso.

No sé por mano de quién ni cómo vino a casa, de la capital, cierta revista infantil que convocaba a un concurso literario. Así pues, en la vieja Rémington de mi padre, que yo sabía malamente teclear, metí el papel y no recuerdo a derechas el asunto, pero se trataba de un anciano personaje, tan caminador y hasta quizás tan sin sentido de su dinamismo, que había gastado en el camino de los días y las noches sin parar, ocho bastones de puro hierro. El asunto, así como si hubo otros personajes no lo recuerdo. Sólo me pareció maravilloso que por no decir las leguas andadas, o el número de días sucedidos, dijera lo del gasto de los bastones. Es decir que esto sintetizara y a la vez sugiriera el inacabable y trastornado andar del anciano.

Claro está, que entonces yo no lo razonaba así como lo hago ahora, pero me llama la atención que sólo guardara en la memoria, para desentrañarlos después, dos elementos que siempre he considerado consustanciales del cuento; la síntesis, esa cosa tan difícil, y la sugerencia, el juego con la habilidad inteligente del lector sin la cual no se descifra enteramente la obra. De modo que gracias a ello, a lo sugerido se hacen valederos tanto la inteligencia del lector como el arte del autor. Esto, dicho independientemente de los valores formales mayores o menores en definitiva de toda creación.

Digo entonces con toda franqueza del tipo que se quiera calificar, que si sólo guardo memoria de aquella aparente ingenuidad, fue porque empecé a descubrir unas ciertas leyes, y mejor que leyes, unas ciertas circunstancias sin las cuales podía faltarle una pata a cualquier cuento independientemente o no de su calidad formal.

Decía también que fue mi primer fracaso literario, y duro, porque a vuelta de correos recibí, sin ninguna palabra de estímulo que recuerde, un claro y conciso: “al niño fulano, que vaya a la escuela y aprenda ortografía”.

Era bueno el consejo sin duda, y justo, pero indudablemente se le escapó al maestro o maestra de entonces, que existe un mundo poblado de imaginería en la cabeza de los niños, el cual puede ser una fuente provechosa, y que tal vez en cierta etapa se pueda correr el peligro de taponarla a pura buena ortografía sin estimular, un tanto que sea, la gigantesca mariposa de Eloy. Desde luego, por mi parte no volví a escribir hasta los dieciocho años, y también, sin proponérmelo deliberadamente, parece que insistí en escribir cuentos a pesar de la ortografía subconscientemente encanijada…».

(Tomado de: Fragmentos de la conferencia ofrecida por Onelio Jorge Cardoso en la Biblioteca Nacional José Martí de Cuba, el 25 de septiembre de 1969, en Algunos días recorridos, edición homenaje, pp. 5, 12-13. Fondos BNCJM).

Para números anteriores dedicados a Onelio Jorge Cardoso ver:
http://librinsula.bnjm.cu/secciones/236/expedientes/236_exped_1.html
http://librinsula.bnjm.cu/secciones/287/expedientes/287_exped_1.html

 

Mitos, dicharachos y sabiduría popular

«Surgiendo de la imaginación popular, de sus anhelos y sueños tantas veces, y aun de la superstición y el miedo, los mitos revelan una de las mayores fuerzas de la creación folklórica mundial. Fuentes son los mitos poderosamente originales y simbólicos. Aun bajo los miedos supersticiosos las dotes creadoras son estimuladas por los sentidos alarmados. Cuando el mito es bello, es arte».

(Tomado de: Mitología cubana Samuel Feijóo, Fondos de la BNCJM).

Conferencia ofrecida por Feijóo el 3 de julio de 1962. Fototeca de la BNCJM.>>

 

 


 

 

Algunos libros de Samuel Feijóo, en los Fondos BNCJM

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1- Sabiduría Guajira.
2- El negro en la literatura folklórica cubana.

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1- Vida completa del poeta.
2- Wampampiro Timbrereta.
3-  La Alcancía del artesano.

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1- Cuentos cubanos de Humor.
2- Refranes, adivinanzas, dicharachos, trabalenguas, cuartetas, y décimas antiguas de los campesinos cubanos.
3- Cuentos cubanos.

«Los dicharachos representan la frescura y el relámpago de la verba popular que descubre el objeto en sombras. La alegría y penetración del lenguaje cosechado entre nosotros se llena de la agudeza del pueblo, de su riqueza de observación acertada. Lo que el dicharacho escoge queda fijado enteramente».
Samuel Feijóo

«Hay quien se quiere tirar el peo más alto que las nalgas».
«La mala noticia trae alas».
«Todo tiene acotejo, menos la muerte». 
«Una vieja se sentó
Arriba de una sepultura
Y el muerto sacó la mano
Y le tocó la raspadura».   

(Tomado de: Refranes y adivinanzas, dicharachos, trabalenguas, cuartetas y décimas antiguas de los campesinos cubanos, recopilados por Samuel Feijóo. Dirección de publicaciones Universidad Central de las Villas, 1961, pp. 9, 28, 29, 31, 142. Fondos BNCJM).


Caricatura de Samuel Feijóo (tomado de: Cuentos cubanos de humor. Fondos BNCJM).

 

«[…] Carpentier lo consideró el hombre más surrealista del mundo; Marinello, benemérito de las artes y de las letras; Navarro Luna dijo que con él se rompían todos los límites; Cintio Vitier le dedicó todo un capítulo en Lo cubano en la poesía. […] Muchos autores se han referido a la personalidad multifacética de Samuel Feijóo, a su arte y su literatura, a su labor editorial, folclórica e investigativa, algunos han compilado sus anécdotas; sin embargo el inagotable caudal de saberes, la monumental y pluridisciplinaria obra, y el ejemplo insuperable de Feijóo desbordan todo intento de atrapar figura, espíritu y legado».

(Tomado de: revista digital Signos, No. 62, dedicada a Samuel Feijóo).


Caricatura de Samuel Feijóo (tomado de: Cuentos cubanos de humor. Fondos BNCJM).  

 

Ser fiel
Por estos juncos       
la esperaba.                                     
Me llamaba: “canta,
Espérame”.
Cantaba
la sombra en que la música
asciende. Cantaba
el labio, libre al sol.  
Junto a los juncos
del río yo la cantaba.

Cruzo los bosques
grises, de frías violetas.
La oigo, lejana y clara:
“canta, cántame
Para que no muera
En tus labios que cantan por mí”…

(Tomado de: Samuel Feijóo: Ser fiel, Universidad Central de las Villas, 1964, p. 191).

 

Huión (el sol) crea al hombre

«En los tiempos más remotos, Huión, el sol, abandonaba periódicamente la caverna donde se guarecía para elevarse en el cielo y alumbrar a Ocon, la tierra, pródiga y feraz, pero huérfana todavía del ser humano. Huión tuvo un deseo: crear al hombre, para que hubiera quien le admirara y adorase, esperando todos los días su salida, y viese en él al poderoso señor del calor, la luz y la vida. Al mágico conjuro de Huión, surgió Hamao, el primer hombre. Ya tenía el astro quien lo adorara, quien le saludara todas las mañanas con respetuosa alegría desde los alegres valles y altas montañas [...]».

(Tomado de: Samuel Feijóo: Mitología cubana, Fondo de la Sala Etnología y Florklor de la BNCJM).


Caricatura de Samuel Feijóo (tomado de: Cuentos cubanos de humor. Fondos BNCJM).

 

Güije bromista y colmilludo

«En el municipio de Vueltas hay un charco llamado Charco Largo. Y cuenta un guajirito de esa zona que él montó al anca de su caballo al güije que hay en dicho charco. Un día cuando fue a cruzar el río se encontró con un negrito que le dijo: «Señor ¿Usted me puede pasar al anca de su caballo el río?» Él le dijo: «Si, hombre; ¡cómo no!» Lo montó al anca de su caballo y cuando iba por el medio del río el negrito le dijo: «Mire hacia atrás.» Y cuando miró, el negrito le mostró cuatro colmillos semejantes a los de un perro, y entonces saltó para el charco riéndose a carcajadas.
Juan García. Campesino. Vueltas, Las Villas».

(Tomado de: Samuel Feijóo: Mitología cubana, Fondo de la Sala Etnología y Florklor de la BNCJM).

 

Filosofía, teología y Eros

Feijóo es uno de esos raros poetas-filósofos cuyo pensamiento requiere estudio especializado, que no es el objetivo de estas páginas, pero en las que no se justificaría la exclusión, siquiera sea someramente, del análisis de esas posibles fuentes filosóficas. Ya hemos visto la presencia en sus páginas del influjo martiano, las recurrencias a zonas del pensamiento de Pascal, y hemos relacionado su obra lírica con otras poéticas. Cabe subrayar que en su propio concepto de la justicia en la naturaleza, se hallan con tactos con la visión rousseauneana de la educación, con un ethos dentro del hábitat. A la par, frente al racionalismo burgués, Feijóo crea su obra dentro de una imaginería popular de clara raíz clasista —campesina—, con preeminencia de los componentes hispánicos de la formación cultural cubana, que conceden a su obra asuntos mitológicos y hasta escatológicos, propios del folklor popular.

(Fragmentos del libro: Samuel o la abeja, de Virgilio López Lemus. Fondo de la BNCJM).

<< Cubierta del libro: Samuel o la abeja, de Virgilio López Lemus. Fondo de la BNCJM.

«Lo simple. —La realidad es aquel abstracto al que uno se habitúa».
«En la literatura es mi alegría: realizar un elfo profundo que espera y que va a morir sino se le ve, y se le salva. Me avisa, confía en mi nostalgia élfica».

«El sueño es el pie de la realidad futura. Un pie. De modo que el soñador oye al pie que pisa lo real. La realidad también es el pie que quedó atrás, y que se prepara al avance hacia el soñador (que oye a su fénix resurrecto avanzar)».

(Tomado de: Samuel Feijóo: La Alcancía del Artesano, Universidad Central de las Villas, Departamento de Relaciones Culturales, 1958, pp. 5, 26, 28, 99).


Conferencia ofrecida por Feijóo en marzo de 1960, en la BNCJM (foto de los fondos de la Fototeca de la BNCJM).

 

Samuel Feijóo, el sensible zarapico “fuera de serie” (fragmentos)

« ¿Quién no ha disfrutado entre nosotros sus Cuentos de humor cubanos? En 1975 obtuvo premio en la UNEAC con Cuentacuentos, un libro integral, para ahondar en el espíritu de nuestra cultura. Así dijo, lo recuerdo, cuando Nicolás Guillén le entregó el diploma. Y recuerdo los comentarios que improvisó en esa ocasión, con el mismo desenfado con que lo hizo en la sala de conferencias de la Biblioteca Nacional la mañana en que lo invitaron a hablar de poesía.

Julio Le Riverend lo presentó —al igual que Guillén en la UNEAC— con igual solemnidad. Y Feijóo, para entrar en el tema, abrió un saco, extrajo una calavera, encendió una vela y la colocó echando chispas sobre la huesa reluciente. El público estalló en risas. Un señor encorbatado se marchó a grandes pasos gritando no sé qué.

Foto tomada del sitio digital Cubaliteraria.>>

Pero se perdió uno de los más sensibles discursos sobre la poesía. Feijóo empezó evocando su juvenil Beth-el y luego profundizó “en la niña de los ojos de los pueblos”, de las delicadezas y ternuras de la gente sencilla cuya lengua —avant la lettree— es pura vibración del alma, asunción viva que se alimenta de tesoros naturales. Los grandes poetas no son más que expresiones de esas “niñas de los ojos” abiertas por la luz que viene de lo profundo».

(Tomado de: Samuel Feijóo: “El sensible zarapico 'fuera de serie'”, II parte y final, por Imeldo Álvarez García, 29 de julio de 2010, portal Cubarte).

 

«Hay que creer en algo que sea bonito aunque no sea».
«Un hombre, pues, se mide por un pedazo vivo de él, o por un pedazo muerto que vivió más que los otros».
«Por cuál parte del mundo puede hallarse un hombre completito aunque no lo diga la caja del cuerpo».
(Onelio Jorge Cardoso. Cuentos Completos. Ed. UNIÓN, 1975.)

<< Foto tomada del sitio digital Ecured.

 

 

 

 

 

 

Otros libros de Onelio Jorge Cardoso, Fondos de la BNCJM

1   2    3
1- El cuentero.
2- Algunos días recorridos.
3- Cuentos escogidos.

1   2    3
1- Abrir y cerrar los ojos.
2- Cuentos completos.
3- Crecimiento.

 

El Caballo de coral (fragmentos)

— ¿Locura?
—Sí, locura.
El hombre empezó a sonreír y habló dentro de su
Sonrisa:
—Lo que no se puede entender hay que ponerle algún nombre.
—Pero nadie puede ver lo que no existe. Un caballo está hecho para el aire con sus narices, para el viento con sus crines y las piedras con sus cascos.
—Pero también está hecho para la imaginación.
—¡Qué!
—Para echarlo a correr donde le plazca al pensamiento.
—Por eso usted lo pone a correr bajo el agua.
—Yo no lo pongo, él está bajo el agua; lo veo pasar y lo oigo. Distingo entre la calma el lejano rumor de sus cascos que se vienen acercando al galope desbocado y luego veo sus crines de algas y su cuerpo rojo como los corales como la sangre vista dentro de la vena sin contacto con el aire todavía.
Se había excitado visiblemente y sentí ganas de volverle la espalda. Pero en secreto yo había advertido una cosa; que es lindo ver pasar un caballo así, aunque sea en palabras y ya se le quiere seguir viendo, aunque siga siendo en palabras de un hombre excitado. Este sentimiento, desde luego tenía que callarlo, porque tampoco me gustaba que me ganara la discusión.
—Está bien que se busque un caballo porque no tiene que buscarse el pan.
—Todos tenemos necesidad de un caballo.
—Pero el pan lo necesitan más hombres.
—Y todos el caballo.
—A mí déjeme con el pan porque es vida perra la que llevamos.
—Hártate de pan y luego querrás también el caballo.

(Tomado de: Onelio Jorge Cardoso: Cuentos completos, Bolsilibros UNIÓN, La Habana, octubre 1975, pp. 144-145).

 

Aventuras de Juan Quinquín: memorias de un escenógrafo
Lic. Pedro García Espinosa.

<< Tomado de Fondos de la Mediateca BNCJM

Las Aventuras de Juan Quinquín, película que como bien se conoce, fue inspirada en la novela de Samuel Feijoo Juan Quinquín en pueblo mocho, vio la luz en 1967.

Mi trabajo como diseñador escenográfico y diseñador del vestuario de este filme, tuvo como brújula la visión de los conceptos del director general, máximo responsable de la obra, así como la búsqueda dentro del contenido y la forma que implica todo trabajo artístico.

Es por esta razón que para hablar del trabajo escenográfico en este filme, se debe conocer su procedencia conceptual, aspecto ineludible para enriquecer y complementar todos esos canales informativos y poderlos convertir en canales expresivos. Para una mejor compresión de lo antes dicho, cito estas palabras de Julio sobre su película:

“El personaje que yo iba a tratar, Juan Quinquín, rescataba en la realidad el concepto de aventura, concepto que siempre ha sido utilizado en forma peyorativa, un aventurero casi nunca es un héroe, se puede decir. Mirta Aguirre lo decía en su ensayo sobre el Don Quijote. Que la diferencia entre el aventurero y un héroe, es que el héroe es héroe independientemente en que triunfe o no, mientras que el aventurero para tener un resultado tiene que triunfar, pero el hecho cierto es que aventura y aventurero son todavía hoy palabras malditas, actitudes negativas. Sin embargo, por otra parte, veía que en la realidad estábamos rescatando una cosa tan bonita como la aventura y cómo ser aventurero, la Sierra Maestra era una gran aventura, los movimientos revolucionarios que estaban teniendo lugar en América Latina eran grandes aventuras y sus protagonistas extraordinarios aventureros y ¿qué género utilizar para contar esto que veía? Pues ese género de aventura, ese género popular que está relacionado con las películas de capas y espadas, con el western, es decir, que en ese terreno me parecía que debíamos situar a nuestro héroe, lo que en definitiva era una manera de ser más consecuente con la realidad y con el cine. De todas maneras para algunos el filme resultaba entonces una herejía”.

Después de una larga conversación con Julio sobre los objetivos de la película y de estas palabras, comenzamos a pensar y elaborar nuestro trabajo. En la historia que se quería contar en su primera etapa veíamos a este personaje como el típico busca vida que acude a diferentes aventuras: como monaguillo, jugador de gallos, torero, circense, etc. Y al referirnos al diseño de vestuario de todos estos personajes que van surgiendo, independientemente, de ahondar en la realidad de cada uno de ellos, había que ajustar el diseño que ayudara al actor en su búsqueda por lograr cada uno de estos personajes. Los demás eran campesinos en su mayoría y gente de pueblo en su carácter popular. El personaje de Juan Quinquín fue el único que me hizo pensar en un cambio cuando pasa del campesino busca-vida a guerrillero. Pensé que el diseño de su vestuario debía recibir un cambio que lo acompañara en su toma de conciencia. Sin embargo, él aunque guerrillero, seguía siendo campesino, pero se convertía en otra persona, en el personaje más respetado, admirado y querido de la época, porque la película se realizó a finales de los años 60 de nuestra recién terminada guerra de guerrillas. También pensaba que no podía convertirlo en un militar, tenía que mantener el mismo vestuario que se había diseñado en la paz, por lo que el cambio debía de ser muy sensible, y fue el mismo Julio quien sugirió colocarle un pañuelo en la cabeza después de un exhaustivo análisis sobre esta situación.

Las locaciones del filme tuvieron lugar en la Sierra del Escambray, Cienfuegos; pueblo de Arimao en la cercanía de Cienfuegos donde se filmó la plaza de toros, calles, cuartel y taberna. El cementerio en Trinidad y valla de gallos en Guanabacoa. Y una casa que se decoró en el pueblo de San Francisco. El circo se construyó dentro del foro. Para su realización se utilizaron parte de las lonas que se conservaban en nuestros almacenes de circos que se construyeron en películas anteriores, al igual que las gradas típicas de circo. La filmación en el foro, como conocemos, nos trajo muchas ventajas con el sonido, la iluminación, el maquillaje, la utilería, el ahorro de transportación y gasolina, los camerinos para el descanso de los actores, el comedor de los Estudios al servicio de la película y la seguridad de filmación que representa filmar dentro del foro aunque afuera del mismo hubiera mal tiempo. La plaza de toro fue construida en madera rústica por el jefe de construcción escenográfica, Eduardo Lawrence, según diseño. La participación de Juan Quinquín en la corrida se realizó con un doble. La filmación del recorrido del toro que se escapa por todo el pueblo, fue una excelente puesta en escena filmada por Jorge Haydú y su equipo por la veracidad que se dio en la población, inspirada, pienso yo, en las corridas de San Sebastián, en España, que conozco por los documentales. El didáctico que aparece en la película de la toma de un cuartel lo encontramos en una casa de una de las calles más anchas del pueblo, así como la taberna. En ambas locaciones la decoración fue muy sencilla. Otra anécdota del león sucedió cuando la jaula se suelta loma abajo inesperadamente, al recostarse Juan Quinquín a la misma. Esta escena la había preparado con un winche con soga que hacía posible controlar la parada después del impulso de la loma hacia el centro del pueblo. Pero sucedió algo inesperado, cuando la jaula con Caramelo iba con un impulso tremendo, al querer frenarla bruscamente, se partió la soga y nuestra primera reacción fue correrle atrás a la jaula, pero de pronto nos dimos cuenta que la misma iba dirigida desaforadamente a chocar contra un árbol y nos paramos y corrimos en dirección contraria, pensando que la jaula se rompería y se saldría el león, pero con tan buena suerte paso a unos centímetros del árbol penetrando en unos matorrales. Otra vez mi diseño no me había traicionado y una vez más Caramelo pasó otro susto, que seguramente no entendía que él que estaba para meter susto le diera el susto a él, por lo que seguramente no querría participar en otra película.

Como ya dije con anterioridad, en el pueblo de San Francisco encontramos una casa de estilo afrancesada que la tomamos como la casa del administrador, donde este tiene presos y amarrados a Teresa y a su padre, y Juan Quinquín se dispone a rescatarla. La casa la decoramos completa en su interior, donde se desarrolla la escena de nuestro héroe contra la soldadesca, rescatando a Teresa y a su padre. En sus jardines construimos un palomar que podemos apreciar en el filme, cuando un tiro hace que salgan volando infinidad de palomas.

El trabajo escenográfico en el cine es ya de por si una aventura no exenta de anécdotas que derivan del mismo, es por ello que referiré algunas aquí, sobre todo, las ocurridas con el león que utilizamos procedente de la Habana y su domador.

Nosotros ya teníamos una experiencia de haber trabajado en películas con circos y leones, una de ellas es “Recuerdos de Tulipa” de Manuel Octavio Gómez, y otra “Las doce sillas” de Tomás Gutiérrez Alea.  Lo primero que tuvimos que construir fue una jaula que diseñé con cuatro ruedas de automóviles para poderse transportar con nuestros camiones, desde la Habana al pueblo de Arimao, donde había que tomar todas las medidas de seguridad tradicionales que se utilizan en estos casos. La responsabilidad que representaba la atención a este personaje, que me fui en el viaje del camión con el domador y el chofer hacia el pueblo de Arimao con la jaula y Caramelo, como se llamaba el león, dentro de la misma enganchada al camión.  Después de casi una hora de viaje, por carretera, se nos paró al lado una motorizada (un policía en motocicleta) y nos comunicó que la jaula que llevábamos detrás se había soltado, saliéndose de la carretera. Rápidamente nos bajamos y pudimos apreciar que faltaba la jaula y sentíamos los rugidos del león como a cien metros de distancia. El chofer nuestro no quiso acompañarnos porque prefería quedarse cuidando el camión y emprendimos el viaje el domador con su látigo y yo a cierta distancia de él, pero con cierta confianza en mí diseño de que el león no se podía haber salido de la jaula.  Efectivamente, llegamos y el león, dentro de la jaula, sudaba del susto que seguramente debía haber pasado. La jaula se mantuvo intacta dentro de unos matorrales. Llegamos al pueblo y los rugidos del león eran un acontecimiento, y el domador nos dijo que los rugidos se debían al hambre que tenía ese animal. Cuando se lo planteamos a los dirigentes del municipio hicieron matar a un viejo caballo, que el león lo devoró casi todo. Esa misma noche era el comienzo de la filmación en la plaza del pueblo y para allí trasladamos a Caramelo. Cuando ya todo estaba preparado para filmar el león hizo la “gracia” de una manera estruendosa y de momento hubo que suspender la filmación porque la peste era insoportable. Obviamente la comelata le había hecho daño. En ese momento había que limpiar aquella cosa horrible y con la dificultad de hacerlo desde afuera de la jaula. El utilero, Héctor Ramírez, que tenía que asumir este trabajo se negaba a hacerlo porque decía que esa misión no estaba dentro de su calificador de cargos, etc. Los demás asistentes de utilería también se negaron a participar, y me tocó a mí tomar la iniciativa y comenzar con palas y cubos de agua, uniéndoseme los asistentes de dirección, porque éramos los más conscientes de lo que representa en cine suspender una filmación, tanto desde el punto de vista económico como psicológico, por ser los primeros planos de un primer día de filmación.

En cuanto al trabajo con los actores resalto el de Enrique Santiesteban, quien hizo tres personajes para la película: el alcalde, el administrador y el apoderado, para lo cual diseñé los proyectos de: sala de la casa del alcalde, sala y pasillo de la casa del administrador y casa del dueño del central, para este último utilicé panales, puertas y ventanas originales de boiseries francesas y muebles originales que habíamos desmontados de las casas de la alta burguesía que nos entregaban para acopiar en nuestros almacenes de utilería. Es por esta razón que el departamento nuestro de utilería llegó a ser la admiración de cineastas por la cantidad y variedad de elementos que llegamos a almacenar. Contábamos entre otras cosas, con puertas y ventanas originales de diseños populares, pero también de estilos clásicos franceses e ingleses.  También con almacenes de cortinas y alfombras originales, carruajes de todo tipo de la república, como carro de carbón, automóviles desde 1913 hasta los Mercury de las perseguidoras batistianas, carretas y carretones, imágenes religiosas, casinos de juego, vajillas de porcelana francesas e italianas, y de todo lo que nos pudiéramos imaginar, de todo. En el departamento de vestuario también muy nutrido por todo el vestuario del pasado de la burguesía, los uniformes y sus accesorios. Para la película se utilizaron los uniformes originales del ejército de Batista y sus accesorios, como fusiles, botas, cananas, sombreros, gorras, cascos, etc. No pretendemos hacer un inventario de todo lo que guardan los Estudios Cubanacán que se han utilizado para nuestras películas, porque sería interminable la lista, lo que sí podemos asegurar es el ahorro que ha representado la utilización de todos estos elementos almacenados. Es bueno conocer que en todos los estudios fílmicos existentes, en la mayor parte de los países desarrollados, los inmuebles, en su mayoría, son almacenes que brindan estos servicios que representan un ahorro extraordinario en la producción cinematográfica.

Mis objetivos como escenógrafo siempre han sido no tanto contar la historia, sino cómo contarla. El diseño de todos los medios expresivos que se desencadenan a la hora de la creación tienen necesariamente que partir, como dijimos en primera instancia, del responsable principal de la obra que se va a realizar y estudiar muy bien e investigar la época en su totalidad y discutir si fuese necesario, en forma democrática, toda la información que recibimos. Y a partir de estas premisas hacia la creatividad de los diseños.

Las Aventuras de Juan Quinquín, resultó para mí caminar por senderos nunca antes experimentados. Considero que es un filme que rompió todas las expectativas hasta ese momento, y que ha dejado huella de haber sido un cine muy valiente en lo que respecta a la dramaturgia cinematográfica, apoyado por un pensamiento de los grandes de la literatura del siglo XX, cuyas cabezas fueron Bertolt Brecht y George Lukacs. De ellos se influenció Julio, y su película así lo demuestra.

Tomado de Fondos BNCJM >>