Nikolai Yavorsky en los inicios del Ballet en Cuba

Por Blas Nabel Pérez

En su acucioso estudio “Nikolai Yavorsky un maestro ruso en la isla del ballet”, el investigador Ernesto Rafael Triguero Tamayo nos presenta a esta singular personalidad. Promotor del ballet clásico comienza a forjarse una extraordinaria reputación que lo lleva a los principales escenarios del mundo como parte de compañías de Belgrado, de la Ópera del Gran Teatro del Liceo de Barcelona y, finalmente, la Ópera Privée de París, con la cual arriba a Cuba como parte del personal artístico de la misma para ofrecer dos semanas de actuaciones en el Teatro Nacional (hoy Gran Teatro de La Habana) y en el Teatro Auditorium, en este último contratados por Pro-Arte Musical.

El 14 de enero de 1930 llega a La Habana, el profesor rusoNicolai Yavorsky Thereberocoff. Nacido en Odessa el 23 de febrero de 1891, cursó estudios militares, preparación que complementó con los de folclor y danza académica. El estallido de la Revolución de Octubre de 1917 y los avatares de la Segunda Guerra Mundial lo llevaron a un largo peregrinar por el extranjero.

Durante esa primera visita, Yavorsky participó en un acontecimiento de especial relevancia al integrar el elenco que el 21 de enero de ese año, en el Teatro Nacional, realizó el estreno en Cuba del ballet El lago de los cisnes.

Al disolverse en México la Ópera Privée, Yavorsky decidió regresar a Cuba donde había establecido algunas relaciones entre los sectores de la vida artística y social que frecuentó, y encontrado un ambiente que valoró como acogedor.

La llegada de Yavorsky a Cuba coincidió con un movimiento artístico de fuerte resonancia, en el cual se patentizaba la búsqueda de las expresiones más autóctonas en la música y el vanguardismo pictórico cobraba en La Habana una poderosa cohesión.

Yavorsky junto a su esposa cubana.>>

El movimiento de la danza teatral profesional en Cuba tiene su primer hecho propio de relevancia con el surgimiento, en 1931, de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, que crea la primera academia para la enseñanza del ballet, con el profesor ruso Nikolai Yavorsky. Con él comenzaron a estudiar ballet las personas que iniciarían luego el movimiento profesional de ballet en Cuba.

Desde su llegada, Yavorskyse interesópor eldespertar de la danza clásica y prepara varias puestas en escena de ballets de reconocido romanticismo:El lago de los cisnes, La bella durmiente del bosque, Claro de luna, entre otros.

Prendado de las emociones cubanas, y perplejo por el movimiento y la cadencia de las muchachas de la capital, no vaciló en vaticinar el futuro que aguardaba a su alumnado cubano, «con una enseñanza sistemática y formal podrán figurar entre los mejores artistas coreográficos del mundo», lo cual dejó reflejado en un documento para la posteridad:

«La cubana tiene una gracia natural, ya bien ponderada, un temperamento y carácter tan propio para el baile, que es difícil encontrar su igual en otros países y además un sentido del ritmo que es importantísimo […] El carácter de las niñas cubanas es muy franco, alegre, y ellas están atentas a toda indicación, con un refinamiento natural y su belleza y simpatía son ya proverbial en la mujer cubana. En resumen todas las cualidades para una artista perfecta».(1)

Apenas un año después, Yavorsky estrena su primer ballet en Cuba, La bella durmiente del bosque, obra en la que debuta como parte del cuerpo de baile Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo, la futura Alicia Alonso.

Alicia Alonso, al evocar sus primeras incursiones en el ballet, no olvida a su maestro: «¿Que cómo me hice bailarina? —comenta—. Después de regresar de un viaje a España, donde por petición de mi abuelo me aprendí todas las danzas de la Península, mi madre me llevó a Pro-Arte Musical. Llegué tarde a mi primera clase con el maestro Nicolai Yavorsky quien, con un movimiento ágil de su picante toallita, me dio ahí donde duele, y me hizo colocarme en la punta de la barra. Creo que ese día cogí tortícolis intentando mirar a todas partes, buscando captarlo todo. Cuando regresé a la casa me acerqué a mi mamá y le aseguré: “Esto es lo que más me gusta en el mundo”».(2)

Recuerda su carácter y disciplina de hierro y refiere su exigencia: «un día al llegar tarde […] ya todo estaba listo para la clase. En el medio del salón, vestido de marinero, imponente, Yavorsky: ¡Tarde!, gritó y acto seguido le dio una nalgada a Alicia».(3)

Cada vez se hicieron más firmes en Yavorsky los deseos de un arraigo permanente, solicitó y logró adquirir la ciudadanía cubana, la que le fue conferida el 7 de marzo de 1941. Ya por entonces había creado en La Habana su propia Escuela, consciente de que en Cuba existía «un verdadero entusiasmo, una gran ansiedad para estudiar, para desarrollar el arte, para conocerlo a fondo, y unido a ese entusiasmo, una percepción, una intuición y una comprensión perfecta del arte más refinado y más puro, que es la verdadera espiritualidad artística».(4)

El primer contacto del afamado bailarín y coreógrafo ruso con la ciudad de Santiago de Cuba fue en 1943, cuando recibiera una invitación para actuar en esta urbe, en el Teatro Oriente. El programa incluyó la presentación de El príncipe Igor, y el baile de las flores de Cascanueces, entre otras.

El éxito logrado por Yavorsky en esta gira, influyó en que la sociedad Pro-Arte Musical de Oriente, decidiera en 1947 reclamar su presencia con vistas a fomentar el desarrollo del arte danzarlo clásico en la ciudad de Santiago de Cuba.

Sin embargo, su faena como profesor de ballet en Pro-Arte de Oriente se ve disminuida por la enfermedad que lo afectaba y que le arrebatara el aliento el 9 de octubre de 1947, sin haber visto estrenada su primera obra como docente de la institución santiaguera. Sus restos descansan en el Cementerio Santa Efigenia de esta ciudad, identificados por una escultura de fecha y autoría aún desconocida.

«A principios de la década del cuarenta, en la vida del maestro apareció otra mujer que le proporcionaría el entorno afectivo del que estaba carente desde el inicio de su vida errante. Ella no fue otra que Natividad Valdés Pérez, nacida en Los Palacios, en la antigua provincia de Pinar de Río […] La unión entre ella y Yavorsky se mantuvo durante años y estuvo caracterizada por el respeto mutuo, la comprensión y un tratamiento cálido y amoroso, según han contado testigos cercanos a esa relación. El ballet y ella, a partir de entonces, constituyeron sus dos grandes pasiones en Cuba.(5)

Rescató las bases de una tradición balletística iniciada en Cuba a principios del siglo XIX y la proyectó con un sentido nacionalista; impulsó a sus más aventajados alumnos a dar el salto al profesionalismo; enriqueció los conocimientos de los cubanos sobre la danza académica y vinculó a ella a ilustres personalidades de nuestro arte, como los maestros Gonzalo Roig (Coppelia,1935) y Amadeo Roldán (El lago de los cisnes, 1937), quienes dirigieron musicalmente sus dos puestas más logradas; ambas protagonizadas por la joven Alicia Martínez, luego aclamada a nivel mundial como Alicia Alonso.

El maestro ruso Nicolai Yavorsky ocupa, sin duda alguna, un lugar especial en la historia de la danza escénica cubana, por haber sido el primer director de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, fundada en 1931, y mentor en ella de las figuras fundamentales de ese arte en nuestro país: Alicia (1931), Alberto (1933) y Fernando Alonso (1935).

Quizás, Yavorsky no imaginó que aquellas primeras clases de ballet en el escenario del teatro Auditorium pudieran trascender y que de aquel grupo de jóvenes soñadores surgirían los fundadores de la Escuela Cubana de Ballet.

 

(1) Nikolai Yavorky: “Mi opinión”, tomado de: Ernesto Rafael Triguero Tamayo: Nikolai Yavorsky un maestro ruso en la isla del ballet, Ediciones Santiago, Santiago de cuba, 2010, p. 23.

(2) José Luis Estrada Betancourt: “Alicia Alonso: Vivo cada vez que entrego lo que sé”, Juventud Rebelde, 23 de octubre de 2010.

(3) Raúl Ruiz: “Alicia Alonso la maravilla de la danza”, p. 12, tomado de: Ernesto Rafael Triguero Tamayo: Nikolai Yavorsky un maestro ruso en la isla del ballet, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2010, p. 23.

(4) Miguel Cabrera: “Nikolai Yavorsyi: sus dos amores en Cuba”, Granma, 6 de septiembre de 2013.

(1) Ibídem.

5