Imaginarios: María del Carmen Villar Buceta, a 110 años de su natalicio

 

<< María del Carmen Villar Buceta (Fuente: La Jiribilla).

 

Las hermanas Villar Buceta: un olvido injusto, para una modestia tal vez exagerada (fragmentos)
Por Marilyn Bobes

La modestia de ciertos y pocos escritores y escritoras no es una cualidad que contribuya a su inclusión en esos tan traídos y llevados cánones que muchas veces privilegian los desesperados esfuerzos de reconocimiento de ciertos autores en busca de una amplia red de plataformas críticas y publicitarias.

[…] Conocí de la existencia de María mucho antes que de la de Aurora. Mi conocimiento de esta última, tiene apenas un lustro, cuando la ensayista e investigadora Luisa Campuzano me recomendó que revisara su obra para una antología de cuentistas que el Instituto Cubano del Libro me encomendó realizar con motivo del 50 aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, Y confieso que hasta entonces era para mí una absoluta desconocida

Entonces tropecé con el volumen de 1988 La estrella y otros cuentos, publicado por la Editorial Letras Cubanas y seleccionado y prologado por la fallecida pionera de los estudios de género en nuestro país, Susana Montero, quien, según supe después, acudió a Zoila Lapique para recopilar los innumerables relatos dispersos en publicaciones periódicas y adentrarse, al menos someramente, en la personalidad de la hermana menor de aquella María, algunos de cuyos poemas ya yo había descubierto cuando me iniciaba en los avatares de la poesía en escasas antologías que la incluyen, sin poder comprender aun lo que tenían de novedosos y sui géneris en la época crucial en la que fueran escritos.

[…] La realidad es que de María nacida en 1899 y alabada en su época por estudiosos como Max Enríquez Ureña e intelectuales como Martínez Villena, Raúl Roa o Emilio Roig de Leushenring, se guardan apenas en contadas bibliotecas su insólito poemario Unanimismo y la importante selección de sus textos que realizara, en 1979, dos años después de su muerte, Helio Orovio, María Villar Buceta: Poesía y carácter, donde aparecen, además, de su emblemático libro de 1927, poemas inéditos de 1959 a 1976 y trabajos en prosa, así como valoraciones y opiniones sobre su vida y su obra de personas que la conocieron o la leyeron con merecida atención..

[…] Fue María, desde su progenitura, la que tuvo que encargarse del cuidado de su familia cuando los cinco hermanos quedaron huérfanos de madre, lo que la obligó a abandonar muy tempranamente sus estudios. Aun así, su sensibilidad por la literatura la llevó a publicar en El Diario de la Marina, hacia 1915 su soneto “Desilusión” que fue medianamente bien recibido entre los escritores, críticos y lectores de entonces. Pero no es hasta 1921, cuando se traslada con su familia a La Habana, que comenzará su verdadera vida social y literaria.

Comienza a trabajar en el diario La Noche donde un artículo titulado “El 24 de febrero y yo” impresiona al legendario Rubén Martínez Villena. A partir de ese momento, la matancera y él anudarán una hermosa amistad que no terminará hasta la muerte de Rubén.

Quizás fuera él quien la introdujera en el mundo de la política, siempre a partir de las inquietudes cívicas de aquella muchacha que, ya en los años 1930, ingresaría en el Partido Comunista, y que junto a Mariblanca Sabas Alomá perteneció al Grupo Minorista cuestión ésta bastante desconocida por los historiadores que no reparan en este dúo de mujeres que lo integraron, único en aquel importante movimiento republicano mayoritariamente masculino.

Sin embargo, en 1927, bajo el mecenazgo de Sara Méndez Capote, María Villar publica Unanimismo que hizo a Raúl Roa calificarla como «la voz femenina más pura, honda y culta de la generación de los nuevos».

También fue Roa quien anotara que Villar manejaba la ironía con la levedad de un aguijón untado en miel. Y es que con Unanimismo esta autora introduce en la poesía cubana lo que Enríquez Ureña califica como “ironía sentimental”, característica que la distingue en el más antologado de sus poemas, aquel que reza:

En casa todos vamos a morir de silencio.         
Yo señalo el fenómeno pero me diferencio
Apenas del conjunto… Tengo que ser lo mismo                                         
Dijérase que estamos enfermos de idiotismo
O que constituimos una familia muda…
De tal suerte en sí propio cada uno se escuda.
Como de nuestros oros nos sentimos avaros
De nosotros la gente piensa, son entes raros.
O egoístas o sabe Dios que—
Tal vez dirán
Que solo nos preocupa la conquista del pan                 
Y yo, en medio de todos, señor, con mi lirismo                 
Cuán se agobia mi espíritu de vivir en sí mismo
Y ver siempre estos rostros pensativos y huraños
Y así pasan los días los meses y los años.         

<< (Fuente: Cubaperiodistas.com).

Como se verá, la autora despliega aquí un lenguaje que se acerca al coloquio y hace de la poesía el anticipo de lo que sería en la década de 1950, despojándola de los afeites y artificios del modernismo y el postmodernismo imperantes. Ello hará también decir a Ureña que nunca antes en la poesía cubana se había manifestado tan hondo y amargo humorismo.

Carilda Oliver Labra ha afirmado, por su parte, que pese a su humildad y su menosprecio por las glorias literarias, María Villar Buceta es la más alta de las escritoras matanceras, no solo por los acusados perfiles de originalidad y hondura de su verso sino por el trascendente mensaje de su prosa, la cual se extendió a distintos géneros —versatilidad, afirma Oliver, que nunca alcanzó antes ni después otra mujer de letras nuestra—, así como por el ejemplo de virtud ciudadana que fue su vida dedicada al estudio, al ejercicio del bien, a la defensa de los más puros intereses de la humanidad.

René Méndez Capote, quien la conoció desde su niñez, la llamaba “la guajirita portentosa” y nos ha dejado este elocuente y hermoso retrato:

«Unos ojos azules grandes, muy abiertos, con una chispita alegre y una luz de sorprendente penetración iluminados por una inteligencia profunda. Una boca muy fea, de dientes grandes y una encía rosada más presente de lo necesario pero una boca siempre dispuesta a la risa cordial. Dos gruesas trenzas rubias largas, las trenzas que yo soñaba. Un cuerpo bien formado y esbelto, rematado por dos piernas perfectas. Una adolescente huraña al principio y después de una bondad sin límites, un carácter altivo y digno. Hubiese sido una madraza si no se hubiera entregado totalmente a la lucha social y política. Nunca la oí condenar a nadie, con excepción del traidor, para éste era implacable. Yo nunca me he visto frente a una bondad como la suya. María era una muchacha como todas las demás, salvo que ella era muy superior a todas las demás» (“Recuerdos de la vieja batalla”, Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba, julio diciembre de 2001).

Carilda, quien la conoció por los años 1950, afirma que era imposible hablarle de cosas frívolas, de asuntos de salón, de maquillajes o vestidos. Remota, concentrada en algún paraíso adentro, parecía hermética y distante. Sin embargo, nadie más atenta a socorrer al prójimo. Para conocer su mundo interior —dice la autora de Al sur de mi garganta— había que apresarle en los versos.

Tan importante era su poesía para sus contemporáneos que, y no solo cubanos, que en 1934, Federico de Onís la incluye en su Antología de la poesía española y latinoamericana. Allí, expresó el compilador: «Como la mujer no parece tener el sentido del humor que solo en Alfonsina Storni asoma un poco con gesto agrio y forzado, tiene valor excepcional la poesía de esta escritora “ejemplar de una especie asexual, incalificable, según definición propia—que ha llegado por otros caminos que los del amor a encontrar su ingenua y compleja originalidad».

No deja de ser este un rasgo muy peculiar para la poesía femenina anterior a la segunda mitad del siglo XX.

Cintio Vitier ha definido la poesía de Villar Buceta como «centrada en el carácter antes que en el sentimiento» y le atribuye, como Enríquez Ureña ya había hecho «un fino sentido de la ironía y del humor«.

Fue en 1922 que conociera a Rubén Martínez Villena en el periódico La Noche y este hecho le cuesta la cesantía en El Heraldo de Cuba, órgano en el que trabajaría después como secretaria de redacción, De allí fue despedida al convertirse el periódico en vocero del dictador Gerardo Machado.

Pero si con ello se perdió una periodista, la bibliotecología cubana ganó a una de sus más connotadas representantes de todos los tiempos. Con la ayuda de Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leushenring y Enrique José Varona, la poetisa comienza a trabajar en la Biblioteca Nacional en 1924 en la catalogación, clasificación y atención a usuarios. Después de esta introducción al mundo de la conservación de los libros, fundaría bibliotecas, compilaría bibliografías y organizaría importantes colecciones, hasta llegar a convertirse en la primera profesora e introductora de la biblioteconomía en Cuba.

En 1943 la encontramos como fundadora de la biblioteca de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling, donde importantes intelectuales cubanos todavía la recuerdan ayudando y al servicio de cuantos la necesitaran.

Al mismo tiempo, María despliega su militancia. Perseguida siempre por la dictadura de Machado, según el investigador Helio Orovio «cada paso de la bibliotecaria, cada libro en sus manos, cada conversación con algún visitante son seguidas por los sabuesos del régimen». Pero ella no se amilana. Tampoco abandona su actividad literaria publicando en las revistas Bohemia, Social y otras muchas.

En 1934 escribe su importante ensayo “Vida y Muerte de Rosa Luxemburgo”, y aunque también es despedida de la Biblioteca Nacional logra trabajar en la Escuela Nocturna Popular del Cerro hasta que a la caída de Machado la hace retornar a su antiguo trabajo.

Bajo la dictadura batistiana también hay indicios de cierta actividad política meritoria aunque mucho menos connotada que la que realizara hasta los años 1940.

María moriría en 1977 en La Habana (a los 78 años) y su última ocupación fue al frente del Centro de Documentación del Ministerio de Relaciones Exteriores, en cuya revista Política Internacional también publicaría algunos artículos.

Un año después de su fallecimiento, Helio Orovio se encarga de recoger la obra publicada de María Villar Buceta y sus numerosos poemas no recogidos en libros y escritos entre 1922 y 1976. Para mí resultan inexplicables las razones por las cuales esta mujer innovadora y sensible no publicó esos poemas en vida. Tal vez, si así hubiera ocurrido, hoy no estaría junto a su hermana, en la lista de olvidados que la Fundación Alejo Carpentier ha decidido evocar en un empeño que solo puede calificarse de muy encomiable. […]

(Este texto fue donado por la autora para la Cátedra María Villar Buceta de la BNCJM).

 

Documentos manuscritos de María del Carmen Villar Buceta, en la Sala Cubana. Fondos de la BNCJM

1   2    3
1- Poema “…Y más allá del sueño”.
2- Poema “Durera, duración”.
3- Carta de María del Carmen Villar Buceta a Renée Méndez Capote.

 

La Vocación a María Villar Buceta (fragmentos)
Por Julio Riverend

[…] No era María solamente palabra; también mucho más, ejemplo. Diríamos que irrumpió en las letras cubanas como un torrente de luz inextinguible. Su poesía apenas tiene par en nuestra tradición de singulares escritoras. No lo tiene por su hondura humana, por la visión ceñida y trascendente de la vida común. Su manera de acercarse a lo poético de la realidad sólo era posible en aquellos días, nunca antes.

La revelación de Unanimismo forma parte, nada accesoria, de los años en que la negación del modernismo y sus epígonos así como la fisura social de la "vanguardia" anunciaban lo que sería después de 1930, toda una nueva creación en cuya forma y ex­presión se busca la mejor manera de entregar un contenido esencial, vivencia de uno o de muchos, al cabo vivencia inteligible. Fue ella de los que abrieron con Martínez Villena, Marinello, Tallet, Pedroso, Guillén, la nueva etapa en que si alguna retórica hubiese sería la de cada cual, no la resumida y lejana resonancia de un modelo. Privilegio fue de esta generación reveladora que la creación de arte, de todas las artes, fuese un camino abierto a la fundación de una nueva sociedad, y por lo mismo, que la obra realizada brotase de la entraña cubana y popular en esa sazón removida, en marcha contra el régimen neocolonial.

Se pasó casi de una vez a la cultura propia y a la revolución apropiada.

El aporte de María Villar se da entero en ese libro, cuyo renacimiento festejamos hoy. Lírica profunda, abierta, sin miramientos ni concesiones, la de sus versos. Basta para que su nombre perdure, si tal fuese, que no lo es, la única razón para re­cordarla. Esas páginas manifestaron la necesidad histórica de una nueva intimidad del poeta. Las vemos como un lejano, primer paso al realismo de la comunicación poética, realismo como esencia y no en tanto que forma. Desde su pueblo natal y en la feraz juventud de su mensaje, María forjó una poesía en la que todo brotaba de lo ciertamente sentido o contemplado. Lo interior, íntimo no era invención volcada sobre la realidad y lo común de la existencia, sino expresión escueta y feliz de lo objetivo. ¿Sinceridad? Sería poco con ser cosa de incalculable valor. ¿Necesidad? Sin duda la de contar lo suyo tal cual lo va viendo, sin ropaje aminorante o desnaturalizados realismo bravío, hay que decirlo, como de quien no esquiva la verdad.

(Tomado de: Julio Riverend: “La Vocación a María Villar Buceta”, Revista Revolución y Cultura, noviembre 1978, pp. 49-50. Fondos BNCJM).

 

Lealtad y entrega en María Villar Buceta (fragmentos)
Por Dora Alonso

Mi amistad con María fue un largo camino. Lo transitamos durante más de treinta años de manera fácil, pues desde su inicio fue camino sin bifurcaciones ni desvíos. Echamos a andar por él, y en él seguíamos cuando ocurrió su muerte.

No sé cómo la recuerden otros, pero todos coincidiremos en el reconocimiento de su ejemplar calidad humana, su talento, su inagotable generosidad.

Ahora, después de su desaparición, hallo a María en los símbolos de la sencillez y la poesía. Como un brote más del viejo almendro que abriga el portal de la que fuera su modesta casa; del árbol en que su dueña descubriera, al barrer las hojas desprendidas, una inefable música sólo escuchada por ella, tan capaz de ennoblecer cada tarea con el poder de su afinada sensibilidad. Y ella es, también, la puerta de su pequeña vivienda, siempre abierta, por cerrada que pareciese estar; la que girara, silenciosamente, año tras año, dando paso tan espontáneamente y con tan delicado acierto que el visitante, al recibir de María, experimentaba la paradójica sensación de resultar el dadivoso.

Muy, muy hondo calaba esa bondad; tanto que, en ocasiones, se vio impedida de aceptar invitación de su agrado porque sus zapatos presentables y su prenda de abrigo estaban en poder de alguna vecina en apuros. Y, del mismo modo, regalaba María sus conocimientos, los atinados juicios, guiaba los pasos de un poeta novel o, con lápiz certero, revisaba las pruebas de un libro ajeno. Siempre ayudaba; lo ha­cía de mil modos diferentes y como de obligado cumplimiento.

Unía María Villar a su bondad y desinterés un carácter férreo, y su rectitud de principios la situó y mantuvo en el lugar y la estimación de los mejores. Esa recia personalidad, ánima tan alerta y armada, cuando era necesario, de la ironía más certera; la peleadora sin tregua ni temor para defender un principio o el derecho ajeno, podía, también, resultar ingenua y, por ello, vulnerable. Incapaz de doblez, no acertaba a sospecharla o descubrirla en los demás, o la descubría demasiado tarde con el mordisco inesperado o el cruzar de largo de quienes alguna vez, o muchas, necesitaron y tuvieron. Porque en ella fue incansable la nobleza del pensar y el hacer. ¡Y tanto hizo!...

Mujer lejana a quejas, lágrimas o confidencias, solo la brevedad de una frase dicha sin dramatismos dejó entrever en ocasiones una oculta amargura: «No he conocido más suavidad que la de mis gatos». Y, no obstante, por sanidad de cuerpo y espíritu María Villar amaba la vida. Su permanente interés por todo fue en ella signo vital de indiscutible fuerza. Aquel espíritu suyo, ancho y entregado a lo bello y lo cimero, la salvó de padecer sequedades estériles. Y si bien no era la suya risa fácil ni sus asomos repetidos, la poderosa vida interior que alentaba, como el viejo almendro, estaba cubierta de retoños. Su activa existencia generosa se apoyaba en ello.

(Tomado de: Dora Alonso: “Lealtad y entrega en María Villar Buceta”, Revista Revolución y Cultura, 1982, pp. 52-53. Fondos BNCJM).

 

Un paseo a caballo (fragmentos)
Por Dulce María Loynaz

Conocí a María Villar Buceta en una época en que pocas personas podrán recordarla.

Corría la década de los años 20 y casualmente casi al mismo tiempo dábamos las dos nuestros primeros pasos en el mundo de la poesía.
Ella desde el comienzo iba recta y segura por su senda, mientras en mí, todo era titubeo, balbuceo, timidez.

<<  (Fuente: Revista UNION. Fondos BNCJM).

[…] Joven como era, no parecía interesarle nada de lo que es o debe ser patrimonio de la juventud: galas femeninas, paseos, bailes, funciones de teatro. O en palabras mayores, el amor, la conquista de la fama, la ilusión de viajar por otros países...

Y es que María era en su verso como en su persona; sobria, contenida, concentrada, serenamente dueña de sí misma. Ni siquiera los pasatiempos más corrientes tenían sitio en su existencia, absorbida por el trabajo y la lectura, a más de los cuidados domésticos. Era una vida acaso heroica, pero a nosotros entonces nos parecía asaz monótona, si bien reconocíamos que tal abstinencia formaba parte de su personalidad.

Saltando por encima de estas y otras diferencias, fuimos amigas desde el principio: tenía la rara virtud de hacer amigos fácilmente, esto es, sin que ella se esforzara mucho en procurarlo. De temperamento frío, en apariencia al menos, pues era ella muy difícil de sondear; impermeable a la lisonja activa o pasiva, a los entusiasmos prodigados y a todo tipo de sentimentalismo, había sin embargo que quererla de cualquier modo, aun sin esperar reciprocidad en el afecto.

[…] Y llegó un momento en que nuestra admiración se convirtió en el más tierno interés por su persona, que es fácil amar lo que se admira: queríamos que María fuera feliz como merecía y aunque no sabíamos a ciencia cierta cómo procurarle la felicidad, ni siquiera en qué consistía para ella la felicidad, sin perder mucho tiempo en averiguarlo emprendimos la tarea que en principio parecía irrealizable, de sacarla un poco de aquel círculo tenso, cada vez más cerrado en torno suyo

Un día la invitamos a participar con nosotros y unos cuantos amigos, de un paseo a caballo por las cercanías del Calabazar y con gran asombro nuestro, aceptó

Recuerdo que formaban parte de la hípica excursión algunos jinetes improvisados, entre ellos José María Chacón y Calvo que no cesaba de quejarse amargamente del festinado trote de su cabalgadura, lo cual como es de suponer, nos divertía a todos sobremanera.

María iba tranquila en su caballo, y no sólo tranquila sino también risueña, como si el bullicio y las risas juveniles hubieran sido siempre su ambiente familiar, lo que sabíamos no era así. Y eso nos alegraba tanto como si hubiéramos conquistado la cima del Gauri-Sankar.

Nos sorprendió la noche en el campo: algo cansados, nos desmontamos y nos tendimos sobre la tierra tapizada de blanda hierba.

Al regocijo de las primeras horas, había sucedido un tácito silencio porque la noche en el campo es un misterio que siempre sobrecoge. Luego empezamos en voz baja a decir versos. María callaba y yo lo prefería así, porque en realidad no los decía bien y lo sabía. Pero como su palabra no podía faltar en la cita lírica, alguien los dijo por ella, y los dijo de tal modo, que la vi incorporarse con un aire de sonámbula, como si de pronto le hubieran puesto un espejo frente al alma.

Volvimos a invitarla a nuevos paseos, y aunque ella aceptaba distraída, ninguno fue como aquel primero que habríamos de recordar a lo largo de bien largos desfiles.

De ese día tan insólitamente feliz para ella, tan emocionado para nosotros, datan los versos que escribió bajo un título perdido en mi memoria, pero que creo era el mismo que encabeza estas líneas. Aparecieron poco después en la revista Social y también en su libro Unanimismo. Son unos que terminan así:

Primera vez que yo he gozado. ..
Primera vez, primera vez.

[…] Pasaron los años y nuestros rumbos se apartaron; pero en espíritu, yo al menos, me seguí sintiendo cerca de ella, por lo que ella era y porque instintivamente el corazón se acoge a las vivencias de la primera juventud, tan frágiles como parecen a la distancia y acaso ya las únicas dotadas de indeleble permanencia.

[…] Cuando supe de su estancia en un hospital, acudimos a visitarla mi hermana Flor y yo, solitarias supervivientes del naufragio de nuestra casa.

Nos recibió con la sonrisa de sus veinte años, una sonrisa que nunca llegaba a ser risa, como si en su rostro serio fuera posible amanecer, pero no romper la plenitud del día.

Le hablamos entonces de aquel lejano paseo a caballo, de los versos que le dedicó, de la confesión hecha en ellos, de que aquel había sido su primer día feliz…

¿Primero y último?... ¡Quién podrá decirlo!... Quedó en silencio largo rato. ¿Se nublaron sus ojos verdemar o fueron los míos los que se nublaron y no pude ver bien?

Quizás, no sé. Nos despedimos sin añadir más palabras al tardío encuentro, palabras que eran ya innecesarias.

Cuando días después me enteré de su muerte, la imaginación me la devolvió un instante como la vi aquella noche de primavera, incorporándose como entre sueños sobre la blanda tierra, mirando deslumbrada quién sabe qué misterioso espejo de su alma.

(Tomado de: Dulce María Loynaz: “Un paseo a caballo”, Revista UNIÓN, enero-febrero-marzo, UNEAC, 1989, pp. 10-12. Fondos BNCJM).

 

Adiós a un gran espíritu
Por Nicolás Guillén

María Villar Buceta, una de las vo­ces más notables de la lírica cubana, dejó de existir el 29 de junio pasado en La Habana. Con tal motivo, el presidente de la UNEAC, Nicolás Guillén, escri­bió las palabras que reproducimos a continuación.

En casa todos vamos a morir de silencio… La autora de esta frase —o mejor, de este verso— acaba de entrar silenciosamente en la eternidad. Se llamaba —se llamará siempre— María Villar Buceta, y deja un puñado de poemas impecables resplandeciendo en lo alto de su vida pura.

Profunda, triste, irónica, la poesía de María Vinar es un hecho de rara presencia en la historia general de nuestras letras. Sin parangón frecuente en el siglo pasado, menos lo tiene en lo que va de nuestra centuria; y cuando el dolor de su caída nos permite ver, no a través de las lágrimas, sino a la luz de la razón y el ponderado juicio la obra de esta mujer, no podremos negarle sin ser injustos uno de los primeros sitios en la poesía lírica cubana. ¡Cuánto poder de síntesis no hay en sus versos, cuánto afán superior en la búsqueda de las causas primeras y las consecuencias últimas! De ahí todo aquel dolor sellado que, pugnando por salir, doblábase en ironía.

Se la juzgó a veces amargada y mor­daz ante la condición humana. Pero su tono no fue nunca de agresión gratuita, sino de comprensión y aun de ternura ante «los desheredados del cielo», como ella decía, que hipotecan su libertad para siempre, mordidos por su egoísmo, que en definitiva es la prisión.

No formulemos, sin embargo, ningún parecer al que pudiera hallársele huella retórica. Sólo queremos decir adiós a un gran espíritu, a una gran inteligencia, que en definitiva no se marcha, sino que se queda con sus amigos cotidianos: el hombre, la Naturaleza, la vida, el misterio, en fin, de lo creado, y por crear…

Así, tal vez sea el mejor juicio de su personalidad y temperamento uno de sus más bellos poemas:

Su vida estaba "en gris mayor"; tenía
una uniformidad desesperante.                                        
Un vago tinte de melancolía                                          
y de tedio velaba su semblante.
Por vanidad o por filosofía
era enigmática v desconcertante,
y, aunque indudablemente la ironía
fue su modalidad predominante,
para definir su psicología
nadie la ha conocido bastante. . .
Algunos la recuerdan todavía;                                                                              
mucho se hizo admirar; pero, no obstante,
por triste y áspera se mantenía
del cariño y del odio equidistante…

(Tomado de: Nicolás Guillén: La Gaceta de Cuba, 1977, p. 16. Fondos de la BNCJM).

1   2
1- María Villar Buceta: Unanimismo (Fondos BNCJM).
2- María Villar Buceta: Poesía y carácter (Fondos BNCJM).

 

“Unanimismo”,  

poema de María Villar Buceta

Todos marchamos hacia una
finalidad desconocida;
mas es indudable que es una
la finalidad de la Vida.
Creo en la fuerza creadora
de Dios, cuyo hálito fecundo
mueve la palanca impulsora
de la gran máquina del mundo,
en la doctrina panteísta
y en el espíritu inmortal....
Y, pues todo toma a mi vista
una apariencia espiritual,
amo la pobre piedra exánime
de alma silenciosa y compleja,                                 
y el espíritu pusilánime
del hombre-oveja...
La gota mínima que orada
la roca,
y el hermetismo de la boca
que no me sabe decir nada...
Sé la virtud retributiva
del Bien y el Mal;
somos una ofrenda votiva
puesta en el Ara universal.

Nuestro derecho a discutirlas teorías de la Vida,                                                                 
lo ahoga el deber de vivir
la Vida.
Tal ha de ser de generosa
nuestra ascensión espiritual

¡Sequemos la atávica rosa
del mal!

 

María Villar Buceta: momentos de su vida (fragmentos)
Por Rafaela Chacón Nardi

<< María Villar Buceta (Fondos BNCJM)

Una tarde en que ella estaba buscando ciertos materiales en un salón interior, llegó a la Biblioteca un joven estudiante que más tarde llegaría a ser honesto intelectual y profesor universitario: Elías Entralgo. Solicitó el libro Los capítulos que se le olvidaron a Cervantes. El funcionario que lo atendió leyó la ficha de préstamo y le dijo cortésmente que no le era posible complacerlo en ese momento. Cuando Entralgo se marchaba, se encontró con María y le relató lo sucedido.

Ella (que era capaz de localizar con los ojos cerrados casi todos los libros) le hizo regresar y fue rápidamente en busca de la famosa obra de Juan Montalvo. Pero antes de llegar al estante en cuestión, se tropezó con el funcionario de marras, quien poniendo de manifiesto su total incultura le comentó: «Las cosas que suceden aquí... Un joven acaba de pedirme los capítulos que se le olvidaron a Cervantes. ¿Habrase visto? Si a Cervantes, que era Cervantes se le olvidaron ¿cómo podríamos facilitárselos nosotros?».

(Tomado de: Rafaela Chacón Nardi: “María Villar Buceta: momentos de su vida”, Bohemia, 5 de agosto 1977, pp. 24-25. Fondos BNCJM).

 

Bio-bibliografía de María Villar Buceta
Por Araceli García-Carranza

Cuando en 1915 aparecen sus primeros versos en el Diario de la Marina y, unos años después, en las revistas habaneras El Fígaro (1917), Social (1918) y Castalia (1920), muchos consideraron que se trataba de un autor consagrado que ocultaba su verdadera identidad tras un seudónimo. La poetisa de formación autodidacta lograría años después la cristalización de una poesía original, sintética y vigorosa.

En 1920 Emilio Roig de Leuchsenring confiesa en las páginas de la revista Social que, incapaz de resolver el enigma que le planteaba la contradicción entre la mujer sencilla y hacendosa y la poetisa impecable, le escribe pidiéndole datos sobre su vida, su formación y su vocación literaria. María Villar Buceta le contesta con su admirable y originalísima autobiografía que en 1927 aparecería en su libro Unanimismo. Roig de Leuchsenring, aún más intrigado con esta página, le escribe nuevamente reclamando datos más precisos aún. Esta nueva carta del periodista motiva una nueva respuesta de la poetisa, la cual Roig denominó "complemento precioso" de la autobiografía.

[…]

En noviembre de 1924, se había iniciado como bibliotecaria en la Biblioteca Nacional donde ocupó en plantilla el cargo de Oficial clase Segunda hasta marzo de 1935. En 1936 ofrece curso de Iniciación Biblioteconómica en la Sociedad Lyceum, el cual resultó el primero de su género en Cuba. Años después, en 1940, integra el cuerpo de profesores de la primera Escuela de Servicio de Biblioteca que ofreció su primer curso en la misma Sociedad Lyceum del cuatro de marzo al treinta y uno de mayo. En 1943 elabora un curso teórico- práctico de biblioteconomía con vistas a impartirlo en la Academia Bravo; este resultó el primer intento por instaurar esta enseñanza de modo formal en un centro privado de nivel secundario. En este mismo año, comienza su labor bibliotecaria en la Escuela Profesional de Periodismo, tarea que desempeñaría excepcionalmente hasta 1959. Al triunfo de la Revolución continúa sus funciones como bibliotecaria en el Ministerio de Relaciones Exteriores hasta que se retira en 1968.

Estos datos biográficos y estas indicaciones bibliográficas de su obra identifican a la exquisita poetisa, a la periodista y a la revolucionaria de acción política digna y valiente, así como a la iniciadora de la enseñanza bibliotecaria en Cuba.

(Tomado de: Araceli García-Carranza: “Bio-bibliografia de María Villar Buceta”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, septiembre-diciembre, 1978, pp. 149-151).

 

Cátedra María Villar Buceta: homenaje a una bibliotecaria excepcional (fragmentos)
Por MSc. Vilma Ponce Suárez

<< Poster de promoción a la cátedra María Villar Buceta.Revista Bibliotecas Anales de Investigación. (Fondos BNCJM)

En el discurso de inauguración de la Cátedra, publicado en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Lucía Sardiñas, funcionaria del Comité Central,hizo referencia a la convocatoria para la formación de esta aula, donde se precisaron los propósitos que inspiraron su constitución:

“[…] se aspira con ello a contribuir no sólo a la profundización en materias de interés para el personal vinculado al trabajo bibliotecológico, sino, también, a viabilizar la reflexión y el intercambio de experiencias y conocimientos entre los responsables de cada conferencia o cursillo y las personas interesadas en la correspondiente temática”.

En este llamado se aprecia el interés de los organizadores en que la Cátedra fuera un espacio apropiado de superación, actualización y de debate de los contenidos relacionados con la especialidad bibliotecológica. Por esta razón, en la primera década se establecieron dos ciclos de conferencias que versaron sobre temas relacionados con: la historia de la bibliografía y su evolución en Cuba, los sistemas de información documentaria, los sistemas automatizados de dirección, el Sistema Internacional de Información Científica y Tecnológica, las redes de información y comunicación, el sistema de información para la agricultura en Cuba, la clasificación de documentos y la paleografía en el Archivo Nacional, el procesamiento técnico de libros en la Biblioteca Nacional, el Sistema Internacional de Información Científica Técnica de los países del CAME, estado actual y perspectivas de la actividad científico informativa en Cuba, la normalización internacional para la descripción bibliográfica general, la catalogación descriptiva de monografías, la bibliografía de los países socialistas, los tesauros monolingües y plurilingües, los principios de estructuración del Sistema Nacional de Información Científico Técnicas (SNICT), su aparato de referencia e índice alfabético de materias, la bibliografología, las particularidades de las bibliotecas en Cuba, la actualización de los sistemas de información y las modificaciones introducidas en la Bibliografía Cubana. Esta relación sólo constituye una mínima parte de las temáticas abordadas en este período.

Algunos de estos temas surgieron como consecuencia del intenso intercambio de experiencias que se generó durante los años 80 entre los especialistas cubanos y los bibliotecarios de los países socialistas, en especial de la URSS.

En este período expusieron sus conocimientos prestigiosos expertos de la bibliotecología y de especialidades afines, entre los que estuvieron: Carmen Fernández Ballester, Primitiva Rodríguez, Rosa Giráldez, Dulcila Cañizarez, Ambrosio Fornet, Olga Vega, Araceli García Carranza, María Elena Dorta Duque, Carlos Newton Díaz, Yolanda Arancibia, Gloria Ponjuán, Luis Alpízar, Gilberto Sotolongo, Antonio Ruano, Carmen Seara, Emilio García Capote, Margarita León, América Santos, Carmen Cazares, Dolores Vizcaya, Teresita Rodríguez, Nilda Fernández, Graciela Maldonado, Viera Pravdova, Yolanda Arencibia.

En el año 1989 el Departamento de Investigaciones Histórico – Culturales se fusionó con el de Investigaciones Bibliotecológicas y Metodológicas y se creó el Departamento de Investigaciones Histórico Culturales y Bibliotecológicas, bajo la dirección del investigador Emilio Setién Quesada, quien asumió también la responsabilidad principal de la organización de la Cátedra hasta su jubilación, en 1999. A partir de este momento se le asignó la tarea de coordinar esta actividad a la investigadora Sara Escobar, función que cumplió hasta el año 2001.

[…]

A partir del año 2002 se amplió el universo de temáticas, pues no sólo se impartieron conferencias sobre temas propios de la actividad bibliotecológica, sino que también se abordaron otros de carácter cultural. Esta nueva línea de superación tuvo su fundamento en el reconocimiento de que todo lo que contribuya a enriquecer el acervo cultural y a la mejor preparación de los técnicos y especialistas del sector se revierte en un mejor servicio a los usuarios. Además, se debe reconocer que el país inició en este período una intensa batalla de ideas que reclamaba una mayor contribución de los bibliotecarios a la extensión e intensión de los conocimientos artísticos y literarios en el pueblo. De este modo, en el período 2002 hasta abril del 2005, han estado presentes el Dr. Armando Hart Dávalos, presidente de la Sociedad Cultural José Martí, la Dra. Araceli García Carranza, Jefa del Departamento de Bibliografía Cubana de la Biblioteca Nacional, Rafael Acosta de Arriba, Presidente de Consejo Nacional de las Artes Plásticas, Norberto Codina, director de la revista La Gaceta de Cuba, Leonardo Padura, relevante novelista y periodista, José Matos investigador de la Fundación Fernando Ortiz, José Antonio Molina, investigador de la BNJM, Luis Suardíaz, poeta y periodista, Dra. Ana Cairo y Zoia Rivera, ambas profesoras de la Universidad de La Habana. Ellos trataron sobre la historia, vigencia y perspectivas de la Revolución Cubana, la obra de Alejo Carpentier a partir de los estudios bibliográficos, el arte de los 90 a partir de la creación, las publicaciones culturales cubanas, la vida y obra de José María Heredia,  la polémica entre Fernando Ortíz y Ramiro Guerra, las investigaciones sobre la herencia indígena en la cultura cubana, momentos de la vida y obra de Dulce María Loynaz y su relación con María Villar Buceta, el grupo minorista y el papel del Lyceum Lawn Club en la cultura cubana.

[…]

En este breve recorrido por la historia de la Cátedra María Villar Buceta se constata que durante todos estos años ha estado presente en ella el ejemplo y el espíritu de la mujer que inspiró su creación; lo que se aprecia en la motivación por el conocimiento más actualizado, el interés por contribuir al enriquecimiento profesional y cultural de los bibliotecarios y por estar a tono con los requerimientos de la sociedad en cada momento histórico.