Las regatas en la sociedad neocolonial cubana

  Por Mabiel Hidalgo Martínez

Las bahías cubanas vestían de fiesta ante tal espectáculo deportivo: las regatas. Desde principios del pasado siglo XX se convirtió en tradición para los aficionados a los deportes náuticos. Canoas con remos, lanchas de motor, yates de vela inundaban el mar en un ambiente de retos y metas por cumplir.


Regata de lanchas de motor en el malecón habanero, década de 1930
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

Imágenes de época, de la vida y costumbres de una sociedad con amplios contrastes, devela la colección de fotografías Funcasta de la Fototeca de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (BNCJM). Con presencia de negativos de vidrio, nitrato y acetato, atesora instantáneas que constituyen un núcleo de gran belleza temática.

Generoso Funcasta (1908–1965) cubrió con su cámara innumerables eventos deportivos de este tipo, plasmando momentos únicos que se nos presentan cual óleos de la aristocracia de la primera mitad del siglo XX. Los reportajes en las secciones de deportes del Heraldo de Cuba y la revista Carteles, dan fe de la labor ingeniosa de este foto reportero.

Las regatas en Cuba tuvieron sus inicios hacia 1910, según el Comité Nacional de Regatas, año en que se realizó la primera competencia de remos en la playa de Varadero. Por el impacto que causó dicho evento, a partir de 1911 se celebraron con carácter nacional, con la participación de los diversos clubes.


Regata de remos, década de 1930
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

Tales actividades estaban regidas por las Reglas de Regatas de la Unión Norteamericana para Regatas de Yates, y el club auspiciador era quien dirigía el evento cada año. Para ello contrataban a jueces norteamericanos debido a la experiencia de los mismos en los deportes náuticos, aunque también participaban especialistas cubanos.

Las regatas tuvieron varias etapas: primero, «el 21 de septiembre de 1913 se acordó que se designasen con el nombre Regatas Nacionales de Remos por la Copa Mario García Menocal, y que se discutieran con canoas de seis remos y timonel (…) y se efectuaran un domingo del mes de agosto, compitiendo Clubs debidamente organizados y con tripulaciones formadas por amateurs».(1)Estas primeras competencias de canoas y remos terminaron en 1917 y se retomaron al año siguiente.


Regata a motor
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

Se realizaban las variantes a la vela, a motor y a remo. Otra modalidad de competencia náutica era la regata de natación o competencia de natación, celebrada por primera vez en 1914, en Varadero.

La Copa Congreso correspondía a las regatas de yates de vela, la Copa Cuba a las regatas de remos, así como medallas o trofeos para las regatas de natación. También se discutía la copa con el nombre del presidente de la república que estuviera vigente en ese momento.


Trofeos entregados en premiaciones de regatas
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

Participaban varios clubes de todo el país, principalmente de la ciudad de La Habana, entre los que figuraron el Vedado Tennis Club, Habana Yacht Club,  Club Náutico de Varadero, Club Atlético de Cuba, Universidad de La Habana, Asociación de Dependientes del Comercio, Club Atlético de la Policía, Cienfuegos Yacht Club, Fortuna Sport Club, por mencionar algunos.


Remeros del Cienfuegos Yacht Club
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

El Vedado Tennis Club fue el primero en ganar una regata de remos, victorias que se sucedieron en varios certámenes.


Vedado Tennis Club celebrando el triunfo junto al presidente Gerardo Machado, agosto de 1926
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

La conocida como Playa de Marianao, en el litoral de Miramar, fue escenario de eventos deportivos de esta modalidad. De igual manera, Varadero, las bahías de La Habana y Cienfuegos acogieron a aficionados y deportistas náuticos. Las regatas de remos comenzaron con 2 000 metros de distancia a recorrer y a partir de 1928 se redujo el trayecto a 1 500 metros.

Los remeros, guiados por su timonel, emprendían la salida con enérgica fuerza, ante el esperado disparo.


Remeros del Vedado Tennis Club
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

En las regatas a la vela se exigía el sellaje de los motores y generalmente el lugar de partida eran los muelles del Habana Yacht Club, en la Playa de Marianao,  hasta la entrada del Puerto de La Habana; y de este lugar a la Playa de Santa Fe.


Regata a la vela tipo estrella
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

El horario de la mañana, con menos de cuatro horas de duración, o la tarde, antes de la puesta del sol, eran los momentos escogidos para efectuar el despliegue de embarcaciones y atletas. Las damas y caballeros asociados que gustaban de tales eventos, montados en yates, se trasladaban mar adentro para presenciar los detalles de su crew (equipo, tripulación) favorito. Acompañadas por sus hijos, las señoras lucían sombreros y vestidos conforme a la moda del momento, mientras los pequeños se deleitaban entre barcos y mar. 


Espectadores de una regata, 1925–1935?
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

Las páginas del Heraldo de Cuba, recogieron testimonios de  las regatas de julio de 1930:«(…) hasta el más humilde y honrado hijo del pueblo, confundiéronse en el gran evento, todas las representaciones de la sociedad cubana».


Deportista del Vedado Tennis Club aclamado por el público, regata a motor en el  malecón habanero, década de 1930
Plata sobre gelatina
Colección Funcasta, BNCJM

Generoso Funcasta nos devuelve así a su universo de imágenes, que reflejan la formación de la identidad cultural de la nación cubana. En ello, el deporte, con nuestras raíces e influencias, ha sedimentado tradiciones. Abanico de matices, es el resultado de un trabajo foto periodístico que convida a estudiar y desentrañar las luces y sombras de la vida y costumbres del pueblo cubano en la primera mitad del siglo XX.  

 

Nota

(1) Comité Nacional de Regatas, 1934.

Bibliografía

-Comité Nacional de Regatas. Regatas Nacionales de yachts, remos y natación.  La Habana, 1934,  p. 12.

-Heraldo de Cuba, 28 de julio de 1930, p. 13.