Adiós a “La Polilla Cubana”

Por Johan Moya Ramis

En la tarde del miércoles 27 de abril de 2016, nos llegó la triste noticia del fallecimiento  de Rosa C. Báez, cariñosamente conocida en medios de prensa nacionales e internacionales como La Polilla Cubana. Rosa trabajó en la rama de la Bibliotecología y las Ciencias de la Información durante 35 años en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. En el 2000 su vida profesional dio un giro hacia el periodismo y comenzó como redactora del boletín La Polilla, un impreso de 15 páginas, que circulaba de manera interna en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. En el 2004 se ocuparía de la redacción y edición de Librínsula, que un principio fue un boletín digital, para luego convertirse en una revista on line.

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1- Ejemplar impreso del boletín La Polilla. Departamento de Publicaciones BNCJM
2- Imagen de la primera etapa de Librínsula. Departamento de Publicaciones BNCJM

Esta experiencia la proyectó hacia los medios digitales y Rosa Báez se convirtió en una pionera de lo que luego se llamaría la Blogosfera Cubana. Su blog La Polilla Cubana, es referenciado por internautas de todo el mundo.

De profundos sentimientos martianos, su trabajo era una prolongación de su espiritualidad, y estuvo marcado por un activismo veraz, donde la ética profesional siempre estuvo presente en esa difícil tarea que es hacer buen periodismo.

En enero de 2014 con motivo de los 10 años de Librínsula (fecha en la que yo daba mis primeros pasos al frente de esa publicación), le pedí que tuviera unas palabras por el decimo cumpleaños de la revista que había ayudado a fundar, a lo cual accedió gustosa. Sería imperdonable no rememorar las palabras que Rosa nos dejó en aquel momento, de modo que las ponemos a disposición de nuestros lectores.

Nuestro colectivo editorial desea expresar su sentido pésame a familiares y amigos de Rosa C. Báez por tan sensible pérdida, y agradecer a La Polilla Cubana su legado especial a la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí y su amor y dedicación a la cultura cubana. 

Librínsula: en mi corazón y en mi recuerdo*
Por Rosa C. Báez

Corría el año 2003 y Cuba estaba empeñada en una batalla de ideas surgida alrededor de los acontecimientos relacionados con el secuestro del niño cubano Elián González, “el balserito”, llevado a tierras de los Estados Unidos por su madre, muerta como tantos otros que han escuchado los cantos de sirena desde la “tierra de promisión”. Habíamos ganado esa batalla, pero las huestes al servicio del imperio habían recrudecido, ahora al calor de las nuevas tecnologías, el acoso mediático, la manipulación y la desinformación relativas a las noticias sobre nuestra Isla. Se gestaba un movimiento disidente, “independiente” sólo en su denominación pues no eran más que títeres pagados por el imperio…
Uno de sus caballos de batalla era la muy mencionada, y manipulada y también muy poco atendida y cumplida por los EEUU, “Declaración Universal de los Derechos Humanos” que, a través de listas de correo electrónico y de mensajes al Boletín La Polilla, nos era “pedida” como un forma de demostrar “al mundo” que estaba “censurada” en Cuba.  Nos reunimos entonces con la dirección de la Biblioteca y Eliades Acosta, entonces director de la BNJM, nos convenció de que era el momento de crear un Boletín Digital que tomaría como bandera la defensa de nuestros ideales, y sería una tribuna y una trinchera donde no solo lucharíamos por mostrar al mundo nuestra realidad, si no por mostrar a la comunidad bibliotecaria internacional la realidad del mundo que las trasnacionales de la información escondían o manipulaban.

Así nació Librínsula, la isla de los libros, que se convirtió en adalid de diversas causas: desde la denuncia de la destrucción cultural de Irak, la destitución injusta de bibliotecarios en otros países, y por supuesto, no sólo la publicación de la mencionada “Declaración…” si no de todos los “Instrumentos jurídicos de la comunidad internacional para la promoción de los derechos individuales y sociales de la humanidad, y por la eliminación de las injusticias y la desigualdad social”, que incluyen las declaraciones sobre los derechos al desarrollo, sobre los derechos de los niños, sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial o contra la mujer… declaraciones aparecidas en el primer número de Librínsula.

Desde sus páginas desmontamos la falacia de las llamadas Bibliotecas Independientes, con pruebas contundentes como la visita a una de ellas por la bibliotecaria argentina Silvia Fois. Desde las páginas de Librínsula defendimos el derecho de los niños norteamericanos de leer “Vamos a Cuba”, libro infantil prohibido en las bibliotecas de Miami… desde las páginas de Librínsula escuchamos las voces de personalidades de la cultura nacional e internacional, como los escritores Lourdes González o el músico de rock Iván Vera, el poeta peruano Winston Orrillo, el escritor e investigador venezolano Fernando Báez o los bibliotecarios mexicanos Felipe Meneses y Zapopan Muela, la colombiana Gloria Gaitán, hija de Jorge Eliecer Gaitán, figura imprescindible si hablamos de la lucha por una América verdaderamente nuestra…

Pero lo más reconfortante del trabajo en el Boletín no fue solo compartir con ellos si no recibir, al culminar su número 200, el saludo de una parte desconocida de sus lectores, que respondieron a nuestra solicitud de criterios, como Luis Enrique, de CONSTRUIMPORT; Ileana, de ETECSA; Lidia, del Centro Provincial de Vialidad y Tránsito o Iván, Presidente de la Asamblea Municipal de Los Palacios, en Pinar del Río…

Librínsula fue una parte importante de mi quehacer como bibliotecaria y el impulso que me llevó a transitar otros caminos, fue la prueba de todo lo que la solidaridad y el amor entre los pueblos pueden hacer por crear ese mundo mejor que Fidel nos enseñó que existe… Fue la prueba palpable de lo que el amor, la entrega y el esfuerzo diario pueden lograr, con doscientas semanas ininterrumpidas de trabajo, sin que ciclones o avatares sin fin pudieran evitar la salida del Boletín.

Quiero terminar estas breves palabras con el mensaje de Adriana Vega, una argentina solidaria con Cuba, que dedicara a Librínsula y que llenaron de orgullo el corazón de esta cubana que durante los 203 números en que realizó la búsqueda de materiales, edición, corrección, que buscó las imágenes para su realización, dejó en Librínsula lo mejor de su quehacer como bibliotecaria y como difusora de noticias:
“Pensaré en palabras para regalarle a Librínsula. Cuando recapacito en Librínsula, primero digo Libro y recuerdo a Fidel, luego Quijote y pienso en el Che, después Biblioteca y digo Martí, cavilo en Página y digo Revolución, gallarda, heroica y humana. Recapacito en Librínsula y expreso: estética, valiente, hermosa, segura, sincera, afable, encantadora…”

¿Puede haber mayor premio para esta redactora? ¿Puede haber mejor medalla para todos los que nos comprometimos en ese empeño?

* ver en http://librinsula.bnjm.cu/secciones/325/expedientes/325_exped_1.html