Rafael García Bárcena, entre la memoria y el olvido

Por Johan Moya Ramis

 

Imagen tomada del libro Rafael García Bárcena, el sueño de una gran nación, fondos bibliográficos de la BNCJM.

La Historia puede ser una ciencia ingrata. Quizá sea culpa de los propios historiadores, pero también es cierto que ellos no son los completos responsables de tal afirmación, porque la historia no es un territorio exclusivo de quienes ejercen esta disciplina, sino también de la memoria colectiva. Por otra parte, hay personajes interesantes que por disímiles circunstancias quedan de lado en un rincón del tiempo  mientras que otros gozan del beneplácito de la vigencia. Uno de estos personajes célebres caídos en el olvido es Rafael García Bárcena (1902-1961), quien a lo largo de su vida demostró ser un hombre de diversos saberes, sobre todo en la poesía, filosofía, sociología, oratoria y política. Es curioso el hecho de que no abundan las biografías sobre ese personaje singular de nuestra historia, y el único libro que existe en Cuba sobre la vida de Bárcena se editó en 2007, bajo la autoría de Luis Alberto Pérez Llody (1). Como bien esclareciera este autor, es difícil encontrar en los libros de Historia de Cuba una reseña biográfica del hombre que no solo pretendió encabezar en abril de 1953 una acción militar contra Batista (cuatro meses antes de que Fidel Castro y su grupo asaltaran los cuarteles Moncada y Céspedes en Santiago de Cuba), sino que también estuvo considerado como una de las promesas de la filosofía iberoamericana.

De acuerdo con la documentación disponible, Rafael García Bárcena nació el 7 de junio de 1907 en Güines, poblado ubicado al sudeste de La Habana (hoy día Provincia de Mayabeque). Desde niño aprendió que la vida podía ser muy breve, y que la muerte estaba instalada en ella de forma inexorable. La tuberculosis −enfermedad prácticamente incurable por aquellos días−, se encargó de darle esa dura y temprana lección. La primera en morir fue la madre, luego el padre, y por último su hermano menor. Su primera familia quedaría reducida a su abuela y una hermana.

Pero como dice la sabiduría popular “lo que la vida quita por un lado, lo añade por otro”. El joven Rafael comenzó a descollar por su inteligencia desde temprana edad. Sus lecturas de literatura universal, poesía y la filosofía, serían las puertas de entrada para el brillante estudiante y profesor universitario que sería después. Balzac, Tagore y Schopenhauer estuvieron entre sus autores favoritos. La inspiración de estas lecturas desembocó en la poesía. En 1927 vio la luz su primer poemario Proa (2) y en 1936 se publicó Sed (3), una compilación de poemas escritos por Bárcena entre 1929 y 1935.

 

 

Imagen tomada del libro Rafael García Bárcena, el sueño de una gran nación, fondos bibliográficos de la BNCJM.>>

 

 

       
Obras pertenecientes a los fondos bibliográficos de la BNCJM.

La calidad de la poesía de Bárcena no pasó inadvertida a los literatos y críticos de su tiempo. En 1952 Cintio Vitier publicó la que hasta hoy en día se considera la antología poética más importante de los primeros cincuenta años de República en Cuba, titulada Cincuenta años de poesía en cubana (1902-1952) (4). Entre los poetas que figuran en esta antología aparece Rafael García Bárcena.

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1- El joven Bárcena (retrato tomado del libro Sed)       
2- Obra perteneciente a los fondos bibliográficos de la BNCJM.

Entre 1926 y 1927, el joven Rafael García Bárcena comenzó sus trámites para entrar a la Universidad de La Habana. Su primera solicitud fue para ingresar a la Facultad de Medicina. Elección que no resulta sorpresa alguna en la vida de un muchacho que había perdido a casi toda su familia por enfermedad. Pero por alguna misteriosa razón, esta carta de admisión nunca llegó a manos del Director de la Facultad de Medicina. ¿Mala praxis institucional y burocrática o golpe taimado del destino? Difícil de saber, aunque no sería la primera vez ni la última que tal cosa ocurriera en la vida de quienes suben al podio de la historia. El joven Rafael redactó otra carta, pero esta vez dirigida a la Facultad de Filosofía y Letras. En 1929, año crítico en la política y la economía cubanas, García Bárcena comenzaba sus estudios en la Universidad de La Habana en la mencionada facultad. A partir de este momento la Colina Universitaria se convertiría es su núcleo vital. Allí, durante sus días de estudiante comenzaría su militancia política en el Directorio Estudiantil Universitario (DEU). Era una época en que había que tener los pantalones bien puestos para ser estudiante universitario, ya que los encontronazos entre las distintas facciones y partidos políticos dentro de la propia universidad y entre estos últimos con la policía, terminaban a tiros.

En 1938 se graduó de Doctor en Filosofía y Letras y ese mismo año comenzó a ejercer como profesor en la Cátedra F de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana. Desde ese año, hasta 1953, el trabajo y la producción intelectual de Bárcena irían en ascenso. Sus escritos filosóficos comenzaron a aparecer en la Revista de la Universidad de La Habana (5). En 1943 se publicó Responso Heroico, un poema dedicado a los mártires universitarios, sobre todo las figuras de Rafael Trejo y Ramiro Valdés Daussa, sobre quienes, en septiembre de 1945 y agosto de 1946 respectivamente, García Bárcena pronunció discursos en conmemoración a la muerte de ambos mártires. Será en este tiempo en que su figura comienza a descollar, no solo como la de un intelectual y docente de primera línea, sino también como figura política de relevancia.

    
Obras pertenecientes a los fondos bibliográficos de la BNCJM.

Entre 1943 y 1946 publicó varios tratados filosóficos: Esquema de un correlato antropológico de la jerarquía de los valores (6),  Estampa Espiritual de Federico Nietzsche (7),  Los aforismos de Luz y Caballero (8) y Estructura de la Estructura (9), obras que le valdrían renombre en la comunidad de filósofos iberoamericanos. Pero no sería hasta noviembre de 1956, después de la cárcel y su regreso del primer exilio, que vería la luz su obra cumbre, Redescubrimiento de Dios (10), la cual había comenzado a escribir a finales de la década de los años 40.

    
         
Obras pertenecientes a los fondos bibliográficos de la BNCJM.

El gran sueño de político de Bárcena era ver a Cuba como una gran nación. El profesor universitario consideraba que este sueño podía lograse, pero antes había que superar de manera diligente y sabia todo espíritu de entreguismo al gobierno estadounidense junto a las profundas raíces del caudillismo, herencia negativa de la cultura colonial. Cuando se mira la evolución política de García Bárcena, el estudioso puede advertir que está ante la vida de un hombre con profundos ideales democráticos y libertarios, un humanista que esencialmente no busca la confrontación armada, pero tampoco la desecha en caso de que sea necesario. Como la mayoría de los intelectuales de su tiempo, Bárcena consideró la Constitución del 40 como un hito de la democracia en Cuba. Pero a pesar de ello, para el eminente profesor universitario la ecuación política de Cuba no estaba aún resuelta. La Constitución enmendada y reformada solo era un paso de muchos otros que había que dar. De modo que Bárcena formó parte en 1947 del acto fundacional del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), el cual abandonó tiempo después tras el Pacto de Montreal, por considerarlo una acción que atentaba contra el proyecto revolucionario.

El 10 de marzo de 1952, el candidato del Partido Acción Unitaria (PAU) Fulgencio Batista y Zaldívar, sabiéndose perdido en los sondeos electorales, decidió tomar el poder por las armas. Para Rafael García Bárcena esto fue un giro definitivo en su ideología política. Batista había pasado por encima de la Carta Magna de la Nación. Por otra parte, Bárcena tenía sus sospechas de que el PAU tramaba algo, y las plasmó en blanco y negro en un artículo del diario Prensa Libre titulado “Batista y el pistolerismo” (11). De este momento en adelante, el profesor Bárcena dejó en un segundo plano la actividad filosófica e intelectual y se dedicó de lleno a la actividad política.

El 20 de mayo de 1952 en el edificio Poey de la Colina Universitaria Rafael García Bárcena, junto a otros colegas y estudiantes, fundaron el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR). Este grupo retomaba el espíritu de la fallida Revolución del 30, con la determinación de que la acción armada era el único camino posible para que Cuba fuera una república libre y democrática, y llegara a ser la gran nación que estaba destinada a ser. La creación de este movimiento se hizo pública en la revista Bohemia (12) en un artículo redactado por el propio Bárcena. Esta maniobra fue acto de legítimo civismo y trasparencia política, pero al mismo tiempo dio luz verde para que las fuerzas de Batista enfocaran sus radares hacia el MNR, y a la propia persona de Bárcena.

El primer acto de advertencia ocurrió la noche del 5 de julio de ese mismo año cuando el eminente profesor se dirigía a una reunión y fue interceptado por agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Salió ileso y con la clara convicción de que estaba en la mira de los servicios de seguridad de Batista.

Aun así, García Bárcena junto al MNR, continuó con su idea de la insurrección. Desde mediados de 1952 hasta principios de 1953 gestaron un plan para tomar el Campamento Militar de Columbia (hoy Ciudad Libertad), principal sede del ejército en La Habana. El día escogido para llevar a cabo la acción fue el 5 de abril de 1953, un domingo de resurrección. Al leer Redescubrimiento de Dios, el lector agudo puede advertir con toda claridad que esta fecha no podía estar más en consecuencia con los ideales liberadores del profesor Bárcena. Además de ser un día en que las fuerzas de Bastita no ostentaban un gran número en Columbia, el escoger un Domingo de Resurrección le confería al acto un significado alto simbólico y libertador. De acuerdo con la mayoría de las doctrinas cristianas respecto a este dogma, ese día Jesús derrotó al pecado y la muerte, y abrió las puertas de la salvación y la gracia divinas para toda la humanidad. La analogía no podía ser más evidente.

Pero el grupo de revolucionarios fue detenido antes de la salida para la acción. El 18 de mayo de ese mismo año, ante un Tribunal de Urgencia, se dictó la sentencia de que Rafael García Bárcena, junto a otros trece compañeros de causa, fuera condenado a tres años de privación de libertad. Tras una apelación del entonces joven abogado Armando Hart Dávalos, la condena de Bárcena se redujo a dos años.

De acuerdo con Luis Alberto Pérez Llody, investigador y estudioso de la persona de Rafael García Bárcena, la prisión fue un periodo de introspección espiritual para el intelectual y profesor universitario. Como les sucede a los grandes hombres, la cárcel fue una dura escuela de madurez en todas las dimensiones del ser. Desplegó una gran actividad epistolar, leyó muchísimo y se mantuvo al tanto de los acontecimientos políticos a extramuros. El 5 de junio de 1954 fue puesto en libertad. A la salida del presido le esperaban su esposa, Esperanza Valladares, su abogado defensor, Armando Hart Dávalos y el periodista de Bohemia, Tony de la Osa. Cuatro días después llegó en avión a La Habana donde una multitud de admiradores le dio la bienvenida.

A los pocos días de su liberación en la capital Bárcena se reunió con el joven Fidel Castro. De acuerdo a lo que dicen estudiosos e historiadores, el encuentro no fue muy positivo, y no estuvo exento de contradicciones. Bárcena quería apoyarse en las fuerzas de lo que quedaba del DEU, el ABC y algunos miembros del ejército que no simpatizaban con Batista, pero Fidel consideraba que todas estas fuerzas estaban viciadas y no tenían suficiente compromiso para entablar una lucha contra Batista. Al final la historia le daría la razón a Fidel.

Acciones radicales del MNR pusieron a la figura de Bárcena en la punta de la picota. Según Pérez Llody, se comenzaron a repartir panfletos clandestinos por todo el país proclamando a Bárcena como líder de la revolución cubana. Hubo varios actos de sabotaje, algunos tuvieron éxito, otros no. Al parecer, el fracaso de muchas de estas acciones puso el liderazgo de Bárcena en entredicho, a lo que se sumó el hecho de que el gobierno desató una campaña hacia su persona calificándolo como “terrorista”, acusaciones de las cuales se defendió mostrando sus convicciones cívicas y humanistas. Pero en octubre de 1954 la situación era insostenible para él, y se vio obligado a irse al exilio.

Si para los grandes hombres la cárcel es un tiempo de introspección espiritual y una profunda mirada hacia la conciencia interior, el exilio es la mirada en la distancia que permite ver las situaciones en todo su conjunto, como un espectador en las gradas que tiene la posibilidad de ver el juego completo. Para Bárcena el exilio fue la experiencia que le permitió ver en su conjunto la situación de los movimientos políticos cubanos reaccionarios a Batista, y comprendió que solo la unidad podía ser el próximo paso para el derrocamiento de un régimen constitucionalmente ilegítimo, que ya comenzaba a dar sus primeros pasos como dictadura sanguinaria. 

El 21 de mayo de 1955 regresó a Cuba. Fue recibido por una multitud de entusiastas entre los que se encontraba Fidel Castro, quien, junto con otros admiradores, lo levantó en hombros en señal de reconocimiento y liderazgo.

Tiempo después de su retorno se reunió nuevamente con Fidel, quien para ese entonces había sido excarcelado tras el asalto al Moncada y había consolidado la brújula del Movimiento 26 de julio. En esta resurgieron las contradicciones. Ambos líderes tenían estrategias diferentes. Al final, el liderazgo de Fidel prevaleció. Varios miembros del MNR, sobre todo sus dirigentes más importantes, se pasaron a las filas del Movimiento 26 de Julio (entre ellos el propio Armando Hart Dávalos y Faustino Pérez), otros integrarían con posterioridad el Directorio Revolucionario con Jose Antonio Echevarría.  

Imagen tomada del libro Rafael García Bárcena: el sueño de la gran nación. Fondos bibliográficos de la BNCJM.

Ante aquellas circunstancias Bárcena partió nuevamente al exilio en junio de 1955. Se mantuvo al tanto de la situación en la Isla hasta su regreso el 1ro. de enero de 1959. García Bárcena se incorporó al proceso revolucionario liderado por Fidel. Se le comisionó como embajador en Brasil, función que cumplió hasta su muerte el 13 de junio de 1961.

Llama la atención que una figura como Bárcena esté prácticamente silenciada en la historia de Cuba. Personalidades de la política cubana revolucionaria que estuvieron cerca del trabajo de Bárcena, e incluso compartieron filiaciones políticas con él, se expresaron muy brevemente sobre el paso de Bárcena en la arena política de la lucha contra Batista.

Como filósofo Bárcena habría sido un gran impulsor de la fenomenología, corriente filosófica que aún tiene que decirle al mundo, a pesar del empoderamiento en los predios de esta disciplina, de las tendencias  tecnológicas, políticas y económicas. Su obra Redescubrimiento de Dios, inscrita en esta corriente, no tuvo precedente, ni tampoco ha existido un pensador cubano después de él que haya escrito algo semejante. Como poeta, sin dudas habría sido uno de los grandes cultores de este género en Cuba. Esperamos que en el futuro la memoria histórica sea más benévola con Rafael García Bárcena, un intelectual comprometido con la historia de su tiempo.

 

Imagen tomada del libro Rafael García Bárcena:
el sueño de la gran nación
. Fondos bibliográficos de la BNCJM

Referencias

(1)Pérez Llody, Luis Alberto. Rafael García Bárcena: el sueño de la gran nación. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2007.

(2) García Bárcena, Rafael. Proa, La Habana, 1947.

(3) García Bárcena, Rafael. Sed, La Habana, 1935.

(4) Vitier, Cintio. Cincuenta años de poesía en cubana (1902-1952). Dirección de Cultura del Ministerio de Educación. Ediciones Cincuentenario, La Habana, 1952.

(5) García Bárcena, Rafael. “Individualización de la ética”, Revista de la Universidad de La Habana., No. 19, 1938.

(6) García Bárcena, Rafael. Esquema de un correlato antropológico de la jerarquía de los valores. La Habana, 1943.

(7) García Bárcena, Rafael. Estampa Espiritual de Federico Nietzsche (exégesis de comentario). Ediciones de la Revista INDICE, La Habana, 1944.

(8) García Bárcena, Rafael. Los aforismos de Luz y Caballero, La Habana, 1945.

(9) García Bárcena, Rafael. Estructura de la Estructura, Imprenta de la Universidad de La Habana, 1946.

(10) García Bárcena, Rafael. Redescubrimiento de Dios (Una Filosofía de la Religión). Editorial LEX, La Habana, 1956.

(11)García Bárcena, Rafael: “Batista y el pistolerismo” Prensa Libre, 27 de febrero de 1952, pp. 1 y 3.