Apuntes para la historia de los tesoros en la Biblioteca Nacional cubana: primera parte.

Por Olga Vega García
Investigadora Auxiliar
BNCJM

A la memoria de Don Domingo Figarola Caneda y sus múltiples seguidores dedicados a la custodia de lo más valioso atesorado en la institución. Dedicado especialmente al joven relevo que seguirá sus pasos.

Próximamente se cumple el 115 Aniversario de la fundación de la Biblioteca nacional cubana y una vez más ha de hacerse referencia al origen de sus fondos raros y valiosos  dentro del núcleo denominado Fondo Antiguo, algunos de los bibliotecarios que interactuaron con ellos, anécdotas memorables  y experiencia personal al paso de décadas de entrega total y constante investigación a un tesoro tan precioso iniciando con una primera parte el estudio de ese tema.

La Biblioteca Nacional de Cuba fue fundada el 18 de octubre de 1901 por la Orden Militar 234 del Gobierno Interventor en un salón del Castillo de la Fuerza de 30 x 7,5 metros, contando con un fondo  de 3 151 volúmenes donados por su primer director, el destacado intelectual  Don Domingo Figarola Caneda (1852 - 1926 ).  

Se traslada un 17 junio de 1902 a la Maestranza de Artillería, edificio colonial no adecuado para establecer una biblioteca nacional ni mucho menos conservar documentos de valor patrimonial por la cercanía del mar. 

   

Francisco de Paula Coronado(1870-1946), escritor y bibliófilo, asume en 1920 la dirección de la institución. Destacado coleccionista, su fondo personal se conserva actualmente como parte de la biblioteca de la Universidad  de Villa Clara. Las anécdotas de la escritora cubana Renée Méndez Capote (1901-1989) sobre él,  además de ser simpáticas, nos dan fe de un personaje pintoresco.

En 1936 se funda por Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964) la sociedad “Amigos de la Biblioteca Nacional”, la cual denunciaba el estado lamentable de la máxima institución bibliotecaria del país.

        

En 1938, la Biblioteca Nacional es de nuevo trasladada de la Maestranza de Artillería al Castillo de la Fuerza, ubicado igualmente frente a la bahía,  en el cual continuaron afectándose los volúmenes. Con las sucesivas mudanzas no es posible adivinar cuánto se perdió en aquellos tiempos.

    

El 21 de marzo de 1941 se promulga la Ley no. 20, denominada de “Financiamiento para la elaboración  de parte de la zafra de 1941”, estableciéndose un impuesto de medio centavo sobre cada saco de azúcar de 325 libras producido. El importe de esta recaudación sería entregado a una Junta de Patronos para que se encargara de la compra del terreno y la construcción de un edificio, el cual debía dotarse de estantería, mobiliario y equipamiento necesario, y ya en 1949, por iniciativa de Don Fernando Ortiz (1881-1969), la Junta de Patronos acuerda designar con el nombre de José Martí al edificio que se construiría años después.  La colocación de su primera piedra tuvo lugar el 28 de enero de 1952 y un 12 de junio de 1957 se  entrega el inmueble a la Junta antes mencionada y a partir de entonces ha sido la sede de la, denominada hoy Biblioteca Nacional de Cuba José Martí en cuyos depósitos se guardan celosamente los tesoros que se divulgan en esta sección.

En 1959, con el triunfo de la Revolución Cubana la BNJM se reorganiza en nuevos departamentos bajo la dirección de la Dra. María Teresa Freyre de Andrade;  sus salas se llenan de usuarios de todas las edades y se incrementan los fondos. Con  una amplia experiencia internacional en el campo de la bibliotecología se preocupó no solamente por la salvaguarda de las colecciones sino además por recuperar por medio de la estrategia denominada “biblioteca recuperada” cuanto documento raro y valioso hubiera sido confiscado o quedara en los hogares de los que abandonaban el país. Los duplicados eran remitidos a las bibliotecas provinciales para que cumplieran su rol social y se formaran otros núcleos de “raros y valiosos” a todo lo largo del país. Así se fueron enriqueciendo los depósitos con ejemplares preciosos no existentes en cada una de estas instituciones.

Con fecha de 10 de Agosto de 2010 se publica en la Gaceta Oficial de la República de Cuba el Decreto Ley 271 “De las Bibliotecas de la República de Cuba”. Constituyen principios de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, entre otros conservar el patrimonio bibliográfico de la Nación cubana y ejercer el control bibliográfico nacional contenido en cualquier formato: impreso, digital u otros, por todo lo cual está implícito el tratamiento que se ha de dar a sus colecciones especiales. 

Hoy en la Sala  de Colección Cubana denominada Antonio Bachiller y Morales en depósitos por separado se mantiene lo más antiguo, y por ende lo más valioso acumulado durante más de un siglo: Fondos raros y valiosos, Manuscritos,  Mapoteca, Fototeca y Grabados, en donde se priorizala función de procesar, conservar y dar a conocer distintos tipos de documentos, algunos de ellos de un valor excepcional. Constituyen fuente fundamental para la presente sección de Librínsula.

El libro más antiguo que se atesora en la BNJM es un manuscrito: un Códice  de 1433 que contiene una transcripción de la obra de Santo Tomás de Aquino sobre la educación de los reyes y los príncipes, debida a un tal Lope, de la diócesis de Sigüenza. Le siguen en orden de antigüedad los 18 incunables (libros impresos entre 1450 y 1500). Uno de ellos es el Catholicon, producido en el taller del propio Gutenberg en 1460 y considerado como el cuarto incunable aparecido después de la invención de la imprenta, del cual la BNJM posee dos hojas. 

Se atesoran como verdaderas joyas la ya conocida Tarifa General de Precios de Medicinas, publicación cubana más antigua conservada en la Isla y el comúnmente llamado “Libro de los peces”,  Descripción de diferentes piezas de historia natural, de 1787 (primer libro ilustrado y primer libro de Ciencia publicado en Cuba) y primer impreso científico cubano, ilustrado, los cuales que han sido ya objetos de artículos en Librínsula.

      

No es objetivo de este artículo extenderlo innecesariamente.  Mucho hay que decir de los colegas  que nos precedieron en cada área, los que recordamos a  cada instante por su valioso legado. Cuando a un estudiante de la carrera alguien le enseña de propia mano una riqueza tal es difícil que lo olvide y así se siembra una semilla que a la larga dará su fruto.

La llegada a la BNCJM de la autora hace 45 años fue impactante cuando de manos de la Dra. María Luisa Antuña y del profesor Israel Echevarría, entonces profesor de Historia de Libro y las Bibliotecas de la Escuela de Técnicos de Biblioteca,  los recién captados estudiantes pudimos ver por primera vez, acariciar tales piezas invaluables, y más adelante oírlos explicar en exposiciones, presentaciones a visitantes relevantes lo que durante toda una vida profesional ha constituido motor impulsor de una labor de custodia , investigación e impartición de docencia sin contar con las tutorías y consultas llevadas a cabo que han permitido contar con el imprescindible joven relevo.

Todo aquel que sea capaz de amar ese mundo impresionante por su magnitud y belleza comprenderá perfectamente los avatares por los que se ha atravesado en esos años transcurridos y el reto que se avecina con las modernas técnicas digitales y la ya salida de la colección Raros y Valiosos mediante la cual ediciones facsimilares de las joyas bibliográficas de la BNCJM facilita el acceso a obras excepcionalmente valiosas y escasas en el mercado internacional, y permitirá que importantes bibliotecas cubanas y de otros países accedan gratuitamente a copias fieles de ellas.

 

Bibliografía recomendada

Se recomienda especialmente la lectura de la Revista de la BNCJM (Año 92 (no. 3-4), jul.-dic. 2001,  dedicada al centenario de la institución por su contenido de carácter histórico en los que se hace referencia al tema tratado, aunque desde sus inicios la publicación se dedicó a investigar y difundir los tesoros, tal y como se lleva a cabo en su actual sección de Raros Valiosos y en Tesoros de Librínsula.