Frei Betto imparte conferencia magistral sobre la pedagogía de Paulo Freire

Por Jesús Dueñas Becerra

El teólogo brasileño Frei Betto impartió la conferencia magistral «Vigencia de la metodología de Paulo Freire en la enseñanza superior», en el contexto del congreso internacional Pedagogía 2017.(1)

El ilustre intelectual suramericano se refirió a la vida y obra del eminente pedagogo brasileño Paulo Freire (1921-1997), a quien calificó como uno de los más preclaros educadores latinoamericanos, ya que fue, es y será la columna vertebral y el alma de la Pedagogía de la Esperanza (título que le dio a su obra cumbre en el campo de la literatura especializada).

La práctica, la ética, el humanismo, la espiritualidad y la política configuran la estructura científico-metodológica que le sirve de base filosófica y teórico-conceptual a ese sistema de enseñanza, aplicable no sólo a la educación popular, cuyo padre intelectual y espiritual es el ilustre pedagogo brasileño, sino también a la enseñanza universitaria. Subsistema educacional al que Freire hizo notabilísimos aportes teórico-metodológicos y prácticos como profesor de varias universidades latinoamericanas, estadounidenses y europeas.

Paulo Freire defendió el uso racional de un paradigma ético, político y pedagógico, opuesto por completo al modelo tradicional, ya que percibe el proceso docente-educativo como un diálogo profesor-alumno, donde la ternura, la humildad, la escucha inteligente y el respeto a la dignidad humana del otro desempeñan una función «clave».

Por otra parte, no subestimó, en ese fluido diálogo, el carácter iluminador del conflicto (civilizado), núcleo fundamental del desarrollo cognoscitivo y espiritual del ser humano.

En ese revolucionario sistema de enseñanza, Freire incluye otros componentes básicos: el humanismo crítico y emancipador que favorezca el desarrollo de una sociedad más justa, signada por el amor, la paz y la solidaridad; la esperanza –basada en hechos concretos y no en ideas abstractas– de que ese mundo mejor que la familia humana anhela es posible. Esa esperanza crítica (así la llama Freire), le es tan necesaria al hombre como al pez el agua; interiorizar e incorporar al quehacer docente-educativo del profesor el hecho de que la curiosidad es la fuente principal del conocimiento y la investigación. O para decirlo con palabras de José Martí (1853-1895), el motor que impulsa al hombre «[…] armado de todas armas, a la conquista de sí mismo»; sustituir la educación pasiva, verbalista, por la educación activa, participativa, para que el estudiante pueda expresar sus pensamientos, emociones, vivencias y sentimientos, sin temor a equivocarse, o a reproches. Eliminar el criterio erróneo de que el alumno es un ser carente de luz y que el profesor lo va a iluminar con su amplio y ancho saber, sino ver en el estudiante a una persona con luz propia, ya que el proceso docente-educativo es, sin duda alguna, un fenómeno bipolar. En consecuencia, se establece una verdadera relación profesor-estudiante.

En ese contexto democrático, el profesor y el discípulo crecen desde los puntos de vista intelectual, humano y espiritual, y se convierten, por obra y gracia de la pedagogía de la esperanza, no solo en mejores profesores y estudiantes, sino también en excelentes personas, el escalón ético más elevado al que debe y puede aspirar el ser humano.

Para Paulo Freire, la ciencia de la educación es fuente inagotable de ética, humanismo y espiritualidad, porque no existe la menor duda de que la pedagogía de la esperanza se nutre de lo mejor y más puro del vigente pensamiento martiano.

Por último, el conferencista concluyó con una cita que recoge uno de los planteamientos esenciales del pensamiento pedagógico de Paulo Freire en lo que a la educación superior se refiere:

Es viviendo —no importa sin con deslices o incoherencias, pero sí dispuesto a [eliminarlos] — como contribuyo a crear la [universidad] alegre, a forjar la [universidad] feliz. La [universidad] que es aventura, que marcha, que no le tiene miedo al riesgo y que por eso mismo se niega a la inmovilidad. La [universidad] en la que se piensa, en la que se actúa, en la que se crea, en la que se habla, en la que se ama, se adivina la [universidad] que apasionadamente le dice sí a la vida.

Y no la [universidad] que enmudece y me enmudece. Realmente, la solución más fácil para enfrentar los obstáculos, la falta de respeto del poder público, el arbitrio de la autoridad antidemocrática es la acomodación fatalista en la que muchos de nosotros, profesores universitarios, nos instalamos.

¿Qué puedo hacer, si siempre ha sido así? […]. Esta en realidad es la posición más cómoda, pero también es la posición de quien renuncia a la lucha, a la historia […]. Pero, a veces, también es preciso que luchemos como administración progresista contra las rabias endemoniadas de los retrógrados, de los tradicionalistas entre los cuales algunos se juzgan progresistas y de los neoliberales para quienes la historia terminó [con ellos y] en ellos. 1 ¡Qué ilusos!    

 

Nota

(1) Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar. México, D.F.: Editorial Siglo XXI, 1994: p. 70.