José Martí era un ser en estado radiante

Por María Eugenia Mesa Olazábal

Es conocida la fructífera permanencia de José Martí, Apóstol de la Independencia y Héroe Nacional de Cuba, en México -de 1875 a 1877-. El país donde ejerció intensamente el periodismo en la Revista Universal, publicó su traducción de Mes Fils de Víctor Hugo se estrenó con gran éxito su obra Amor con amor se paga en el Teatro Principal de Ciudad de México, pronunció conferencias en el Liceo Hidalgo y en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, fundó con otros la Sociedad Alarcón, contrajo matrimonio con la cubana Carmen Zayas Bazán en la catedral de la ciudad  capital y durante el resto de su vida mantuvo estrechas relaciones con el movimiento intelectual mexicano, así como una muy valiosa colaboración literaria en sus principales publicaciones periódicas.

El paso del tiempo no ha opacado la pervivencia, admiración e influencia de la obra martiana  entre la intelectualidad mexicana. Pensadores y escritores de la tierra azteca se acercan a su obra con frecuencia; entre ellos, en el pasado siglo se destaca el erudito Alfonso Reyes, gran amigo de los cubanos con quienes cultivó una sincera y profunda amistad, particularmente con el polígrafo José María Chacón y Calvo.

En varias ocasiones intelectuales cubanos reconocieron la labor  docta de Alfonso Reyes, una de las que acogió con mayor satisfacción fue cuando la Universidad de La Habana, en 1946  le otorgó el doctorado Honoris Causa, distinción que recibió en noviembre de 1955 a través de una Comisión integrada por eminentes catedráticos y que él acogió en su propia Capilla Alfonsina. La presidió Luis A. Baralt quien al entregarle la honrosa distinción pronunció elogiosas palabras, a las cuales respondió Alfonso Reyes:

Al cumplir cincuenta años de ejercicio público en mi vocación, al recibir a los amigos cubanos que llegan cargados de presentes, formulo un voto: cuando vuelvan a su tierra, digan a sus compañeros de la Universidad, a sus compañeros de letras, digan a todos, que aquí queda un viejo escritor a quien pueden confiadamente aplicar la frase de Martí: <<Tengo en México un amigo>>(1)

Años después, en la abultada  correspondencia cruzada y compilada por Zenaida Gutiérrez-Vega bajo el título Epistolario Alfonso Reyes-José María Chacón y Calvo(2) (1976) se registran algunas cartas que abordan la figura de nuestro Apóstol. Una de ellas, la remitida por el “mexicano universal” –así identificaba Chacón a Reyes-  muestra interés por adquirir las Obras Completas de José Martí publicadas en La Habana por  Gonzalo de Quesada y Miranda, director   de la Editorial Trópico, 1936-1953, allí se lee:

                                                       México, DF.,  12 de  mayo de 1958

¿Será quimérico pretender que alguna institución cubana obsequie a la biblioteca del Colegio de México las Obras Completas de Martí en la edición Trópico? ¿Cuánto valen?

Te abraza fraternalmente.                                          Alfonso Reyes

Antes de finalizar 1958,  Reyes responde a una solicitud de Chacón concerniente a que escriba  un texto sobre José Martí para ser publicado en el Boletín de la Academia Cubana de la Lengua. En la misiva fechada en México, DF., el  25 de noviembre de 1958, le dice: “Me pediste algo sobre un gran cubano para el Boletín de tu  Academia. ¿Te sirve este grito martiano? (Lo escribí para ti).

El denominado por Reyes, “grito martiano”, se corresponde con el artículo titulado: <<Martí a la luz de la nueva física>>; este, una vez en manos de Chacón y antes de ser publicado respondió a vuelta de correos al fraternal amigo desde la sede de Academia Cubana de la Lengua  el 7 de diciembre de 1958, donde además de agradecerle y calificar de “página antológica” el texto remitido por Reyes, le  consulta y hace observaciones  demostrativas con el propósito  de modificar suavemente algunas expresiones. Por su interés transcribo el contenido de la referida misiva:

Ayer me llegó tu carta, con tu “grito martiano”, una página antológica, que abrirá nuestro próximo Boletín. Te lo agradezco profundamente.

Hay en la tercera línea algo que me preocupa. Dices: <<Aún cuando no lo hubieran matado aquellos bárbaros.” Ante la expresión, recuerdo las proclamas de la guerra, las cartas íntimas de José Martí, sus días de estudiante en Zaragoza, sus versosPara Aragón, en España/ tengo en mi corazón/ un lugar, todo Aragón/ franco, fiero, fiel, sin saña”...

Pienso también en tus Cartones de Madrid, en tus libros de hispanidad verdadera, en que diriges la Academia Mexicana de la Lengua, en que esa página de soberana belleza va a publicarse en el Boletín de una Academia de la Lengua Correspondiente de la Real Española… ¿No podrías atenuar esa expresión? ¿Eran realmente bárbaros Jiménez de Sandoval(3) y sus huestes? Quizá el sentido sería el mismo así: <<Aún cuando no hubiera muerto en Dos Ríos>> o algo en ese mismo estilo. Con el mayor, no incompatible con mi fraternal cariño, te consulto el caso.

Lo que tú me digas se hará. Con mi gratitud un fuerte abrazo.

                                                                                           José María Chacón y Calvo

El enjundioso artículo <<Martí a la luz de la nueva física>> bautizado sentidamente por Reyes como “grito martiano” fue publicado con las correcciones sugeridas por Chacón y Calvo, en el Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, en su edición V. VII, 3-4 (jul-dic, 1958), 221-222, el cual transcribo a continuación a modo de recordación y homenaje a tan elevados intelectuales de nuestra América:

 

MARTÍ A LA LUZ DE LA NUEVA FÍSICA

Don Alfonso Reyes, el mexicano universal, envía esta bellísima página, “grito martiano” lo llama el gran escritor, que abre hoy nuestro Boletín. Profundamente agradecemos al director de la Academia Mexicana de la Lengua este recuerdo de su fraternal amistad.

                 José María Chacón y Calvo.

 

La nueva física nos ayuda a entender mucho mejor de lo que pudieron entenderlo sus contemporáneos. Martí era un ser en estado radiante(4). Aún cuando no hubiera muerto en Dos Ríos, tenía que desaparecer pronto, por una como disgregación atómica. Por eso su vida es apresurada: todas las simpatías y los amores, todos los estímulos del mundo se dieron cita en su corazón, atropellándose por entrar. Una existencia así no puede soportar mucho tiempo, a menos  de enloquecer o huir a la gloria y apagarse como lo hizo Rimbaud(5).

Que en tan corta vida haya podido hacer cuanto hizo –ser ese escritor que parece llevar  un siglo o más de literatura, ser ese amigo de todos y ese hombre único que fue, ser político, el combatiente, el héroe –raya en milagro, de veras que raya en milagro.

Entre otros afanes implacables, lo consumía la sed de escribir, de dar a los instantes de forma durable, como en el prólogo del Fausto(6)  dice el Señor- ; y cada día descubrimos nuevos yacimientos de su obra, hasta verdaderas minucias (pero nunca insignificancia), hebrillas de oro que andan flotando por ahí: tal esa antología de curiosidades periodísticas ha poco aparecida en Caracas(7) (Sección Constante 1955).

A la velocidad eterna de su vida corresponde con perfecta observación la velocidad interna de su pensamiento. ¡Iba tan de prisa! No tenía más remedio que escribir a los volandos, todos los días  todas las horas, todos los instantes: traía este encargo del Creador, y no quería irse sin cumplirlo. Se puede escribir a los volandos y escribir, como él, muy bien y con singular donosura, siempre que haya liebre para el guiso, porque donde naturaleza no da, ni siquiera Salamanca aprovecha.  Y de  aquí su estilo de ametralladora.

En El Misántropo,(8) “Alcestes” ha dicho de “Orontes”: “El tiempo no hace al caso en ciertos casos”, y a propósito de Martí es mejor decir el tempo(9), en el lenguaje de los músicos.  

Por su ardor sin desmayo, fuego  al rojo azul- y por su buena puntería de arquero, él realizó esta paradoja: dar ejemplo de lo que puede llegar a ser precisión tropical, aunque bufen los que nos ignoran. Cuando pasa Martí a caballo (“o de Pegaso”), todo su alrededor, parece dormido e indeciso. La belleza martiana no teme siquiera al movimiento qui dîplace les ligres, porque el suyo no es un moviendo ordinario, sino es una vibración  cósmica que escapa a los ojos normales; es de danza browniana, es la zarabanda atómica. Los electrones se agitan a 2,000 kilómetros por segundo, y no nos percatamos de ello. Las pirámides de Egipto  allí están  contemplándonos desde el fondo de todos los siglos el general Bonaparte y, sin embargo, no hacen más que temblar por dentro.

                                                                             Alfonso Reyes.

Notas

(1) En Revista Biblioteca Nacional. La Habana, IV, 6, 4 (octubre-diciembre, 1955), 49.

(2) Zenaida Gutiérrez-Vega. Epistolario Alfonso Reyes-José María Chacón y Calvo. Fundación Universitaria Española. Madrid, 1976, pp. 227, 232,233. 

(3) José Jiménez de Sandoval, coronel español que mandaba la columna enemiga que dio muerte a José Martí en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895.

(4) El destaque es del autor.

(5) Arthur Rimbaud (1554-1891) Uno de los más grandes poetas franceses, adscrito unas veces al simbolista, junto a Mallarmé, y otras decadentista, junto a Verlaine. Escribió sus primeros versos cundo a penas contaba quince años y dejó para siempre la literatura a la prematura edad de veinte años. Para él, el poeta debía hacerse <<vidente>> por medio de un largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos. 

(6) Se refiere a la obra Fausto escrita por es reconocido escritor alemán Johann Wolfgang Von Goethe. Fausto es un anciano que lo sabía todo., menos el misterio de la vida. En respuesta a Mefistófeles le dice: “Si me sirve hoy en el tumulto del mundo, quiero en breve conducirle a la luz. Bien sabe el jardinero cuando verdea el arbusto que ha la postre producirá flor y fruto”.

(7) Se refiere a: José Martí (1853-1895). Sección Constante: historia, letras, biografía y ciencia: Artículos aparecidos en: la Opinión Nacional de Caracas desde el 4 de noviembre de 1881 al 15 de junio de 1882. José Martí; Compilación y prólogo de Pedro Grases. Caracas: s.n., 1955. (Caracas. Imprenta Nacional). 451 p. Pedro Grace (1909-2004) Erudito, bibliófilo, docente, escritor, crítico y filólogo catalán y venezolano por adopción. Llegó a Venezuela en 1937 por la Guerra Civil española.

(8) El Misántropo o El atrabiliario enamorado es un drama de (Jean Baptiste Poquelin, llamado Moliere, dramaturgo y actor francés (1622-1673), escrito en 1666. El autor, enfermo ya de hipocondría y abandonado por su esposa, expresa de la mano del protagonista Alceste su desagrado por el género humano. Orontes es un personaje de la obra que representa a un poeta  malogrado y pretendiente de Celimena de quien Alceste está enamorado.

(9) Tempo en el lenguaje de los músicos, significa rapidez,  velocidad del tiempo musical.