Imaginarios: Periódico La igualdad (1891-1894) a sus 180 años de fundado

Por Johan Moya Ramis

     
Fondos Bibliográficos Sala Cubana, BNCJM.

El periódico La igualdad fue fundado el 7 de abril de 1891 por Juan Gualberto Gómez, y estuvo bajo el cuidado administrativo de Enrique Cos. Según Gerardo Castellanos en su libro Panorama histórico, ensayo de la Cronología Cubana 1492-1933, este periódico tenía la peculiar característica de que todo su personal estaba compuesto por “personas de color”.

El mismo autor notifica que este diario constituía el órgano del Directorio de las Sociedades de Color. Pero tras una mirada concienzuda, el investigador o estudioso, al ubicar los contenidos del citado periódico en el contexto de su época, podrá entrever que La igualdad constituyó también un puente entre los ideales abolicionistas y separatistas (ya ampliamente expuestas en La Fraternidad) y el pensamiento independentista del periódico Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí. Esto último puede apreciarse en el Catálogo de Publicaciones Cubanas de los Siglos XVIII y XIX, donde La Igualdad es recogida como órgano oficioso del Partido Revolucionario Cubano.

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Si en La Fraternidad Juan Gualberto Gómez traza la trayectoria de su pensamiento abolicionista en la búsqueda de acciones concretas para un cambio sobre la situación de los negros en la Cuba colonial, en La Igualdad la concepción ideológica republicana del patricio cubano se perfila de forma más intelectual y periodística.

En su expresión gráfica, La Igualdad podría decirse que su propósito era pasar por un periódico más atemperado que su predecesor, La Fraternidad, ya que no ostentaba titulares, su primera plana (vital en todo periódico)  y ultima, estaban dedicadas a anuncios y publicidad. El espacio para los artículos apenas ocupaba plana y media. Sin embargo, el lector de hoy que se acerque a los artículos de La Igualdad, podrá apreciar la una madurez política en plena ebullición de su creador, adquirida tras la dura experiencia del exilio, la prisión y la conspiración.


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Es precisamente la etapa de la fundación de La Igualdad, donde el propio Juan Gualberto reconoce su firme compromiso con dos causas fundamentales: los derechos de la gente de color y la libertad de su patria. En La Igualdad Juan Gualberto proyectó una mirada al futuro de la Cuba deseada por los revolucionarios criollos de la época. Una Cuba democrática que no tendría lugar si la lucha por la independencia no se vinculaba íntimamente a la lucha por la erradicación total del racismo. Veía la separación de las razas como un obstáculo para la paz, el progreso y la civilización en Cuba. Estas, entre otras razones, causaron el cierre del periódico en 1894.

JPG4 Después de su regreso definitivo a Cuba, Juan Gualberto, pese a estar inmerso en los problemas políticos de su tiempo, colaboró con varios periódicos pero no retomó a La Fraternidad, ni La Igualdad. En su autobiografía, después de la decepción con Alfredo Zayas en la presidencia, a quien Juan Gualberto le entregó su lealtad política, el patriota deja entrever un tedio enorme por los temas políticos. Su autobiografía concluye con una significativa oración:

“Lo demás ustedes lo saben”.

 

Importancia de La Igualdad en los derechos de los negros*

(Fragmentos del libro El negro en Cuba 1902-1958)

Por Tomás Fernández Robaina

Esa actitud combativa y de lucha por vencer los escollos que las estructuras coloniales tendían al desarrollo del negro, no feneció con la desaparición del diario, sino que continuó con La Igualdad, pe­riódico inspirado y dirigido también por Juan Gualberto Gómez, como lo había sido La Fraternidad.

Aquél órgano periodístico fue tribuna pública des­de la cual los negros prosiguieron luchando por sus derechos, y desde donde se propagaron las ideas separatistas en los años que precedieron al estallido de la Guerra de Independencia.

Esta etapa va a caracterizarse por un tono polé­mico en los escritos publicados en dicho periódico, paternales e ingenuos algunos de ellos, pero todos defensores y esclarecedores de los verdaderos mo­tivos, razones y derecho de los negros al pleno dis­frute de la igualdad social.

La campaña y la alarma constante ante un po­sible levantamiento de los negros, y ante el temor de que éstos salieran victoriosos en las elecciones, fue combatido tenazmente desde las páginas de La Igualdad. Este argumento se tomó por la prensa reaccionaria, de modo especial por el Diario de la Marina, como una forma de crear el pánico entre la población para evitar y contrarrestar la propa­gación de las ideas independentistas, tanto dentro del país como desde el extranjero, donde la pre­sencia revolucionaria de José Martí gestaba ya los preparativos de la fase final de la guerra de los treinta años que libraba nuestro pueblo contra el tutelaje español.

Referente a las elecciones y a los temores seña­lados, Martí había escrito que "... en la curiosa duda de aquellos políticos sobre el derecho del ne­gro al voto, los que bebimos de los padres de la Patria el romance augusto, los que le conocemos el alma verdadera al país, decimos que quien fue bue­no para morir es bastante bueno para votar". (10)

Una muestra del tono ingenuo y de respeto al legalismo colonial, lo observamos en la respuesta que se dio mediante un escrito insertado en la edi­ción del 19 de diciembre de 1892 en La Igualdad, del que vale la pena destacar el siguiente párrafo: "Nosotros los negros, no queremos disturbios de raza. No les tememos por nosotros, sino por la Pa­tria y la civilización (...) No hemos de recoger el reto insolente y despechado, llamaremos a la auto­ridad y ésta, empleada en su deber nos amparará en nuestros derechos." (11)

El mismo tono lo apreciamos en el artículo que Carlos M. Trelles y Govín (12) escribió con motivo de un incidente acaecido en un comercio donde se le habían negado los servicios a un negro. Después de condenar la actitud discriminadora, Trelles daba como posible solución, para evitar en el futuro tales hechos, que los comerciantes utilizaran empleados negros para que éstos despacharan a los de su raza. (13) Todo esto se escribía y pensaba teniendo en cuenta las resoluciones dictadas por el Gobierno español referente a la entrada de los negros en los establecimientos públicos y en las escuelas. Mediante esas resoluciones, teóricamente debía cesar la discriminación.

Por esta época ya se hacía campaña entre los propios negros para que no se continuara con la separación existente entre los negros y mulatos, (14) como complemento y factor determinante para la unión de todos los cubanos. Mas, dicho problema social no podía resolverse por la aplicación de re­soluciones del Gobierno colonial ni por la campaña del Directorio, por ser dicho problema un producto de la contradicción del sistema económico, político y social imperante.

En un trabajo publicado el 28 de febrero de 1893 en La Igualdad, se vaticinaba que el sistema polí­tico que había en Cuba estaba prácticamente liqui­dado debido a que el Partido Conservador, defensor del sistema establecido, estaba deshecho, y que la situación política en aquel momento no reflejaba otra cosa. (15) No en vano se había expresado días antes, en el mismo periódico, que liberales y con­servadores votarían por disciplina, no porque estu­vieran persuadidos de que la suerte de Cuba depen­diera del resultado de las próximas elecciones, ya que unos y otros tenían el presentimiento de que todas esas contiendas carecían de eficacia, y de que contra la voluntad de ellos, si Cuba debía salvarse o perderse, no dependía del veredicto que saldría de las urnas preparadas con el censo de los cinco pesos. (16) Esto era una alusión directa a la idea independentista, no manejada y compartida por los par­tidos tradicionales de la alta burguesía criolla y de los furibundos comerciantes españoles e integristas.

El Directorio Central de Sociedades de la Raza de Color libraba su batalla en ese contexto econó­mico, político y social tan poco favorable para su programa de educación y defensor de los derechos negados. Figuras como Morúa Delgado habían ata­cado fieramente al Directorio considerándolo nega­tivo. (17) Rafael Serra Montalvo, por el contrario, fue uno de sus defensores más activos.

Este último había señalado que esa institución era necesaria en Cuba porque el Gobierno español no había dedicado sumas de dinero para la instrucción de los antiguos esclavos y sus descendientes, ni se habían constituido sociedades de blancos para ayu­dar al mejoramiento del negro, y concluía diciendo que "...los negros cubanos no deben su libertad material más que a Yara, y todos los desdenes, todas las vejaciones y todas las desvergüenzas agre­sivas contra ellos al sistema colonial".

Por tal razón, las ideas separatistas habían en­contrado eco en las páginas de La Igualdad, como las había tenido también en La Fraternidad. Ejem­plo de lo anterior lo encontramos en el artículo de Juan Gualberto Gómez "Por qué somos separatis­tas". En él argumenta la posición tomada: "No po­demos seguir bajo un régimen de reacción cuando nuestras aspiraciones y nuestra cultura reclaman un régimen de libertad y democracia." (18)

Otra muestra la tenemos en la noticia aparecida en La Igualdad referente a que Martí estaba pre­parando una invasión para liberar a Cuba. (19) Ante tales posiciones, los intereses enemigos de la inde­pendencia de Cuba movían sus resortes propagan­dísticos y hacían que los diarios, como La Unión Constitucional, publicara caricaturas y trabajos ten­dentes a crear el pánico y el terror, tratando de enfrentar a los negros contra los blancos. Por esa razón, La Igualdad criticó duramente un artículo aparecido en La Unión Constitucional, donde se pin­taba a Cuba libre presa de lucha de caudillos am­biciosos y de razas enemigas. (20)

La burguesía criolla vacilaba ante una toma de posición consecuente con el sentir de la mayoría del pueblo, y se movía entre el autonomismo y una posible anexión a Estados Unidos. Esta última corriente obligó a la reproducción en el periódico de un escrito, incluido originalmente en un órgano in­formativo de Yucatán, en el que se atacaba un fo­lleto anexionista cubano.

En dicho escrito se expresaba de un modo níti­do que Cuba, unida a Estados Unidos, tenía mucho que perder para los negros, ya que las autoridades yanquis protegerían más a los blancos; los negros y mulatos no podrían sentarse en los vagones de los trenes de pasajeros, ni arrodillarse en los mis­mos templos, como sucedía en aquel entonces en el país del Norte, y que hoy, a más de ochenta años de ese folleto, y a pesar de que legalmente esas acciones están condenadas, prohibidas por la ley, la discriminación y el prejuicio racial, no sólo contra los negros, sigue latente en la sociedad estadouni­dense. (21)

De este modo, el Directorio acentuó su posición antianexionista, aunque batallaba fundamentalmen­te por las reivindicaciones económicas, políticas y sociales que las circunstancias históricas permitían intentar materializar. A causa de esa actitud, el Di­rectorio se vio obligado a definir en más de una ocasión sus propósitos, y señalar que "... no, na­die predica guerra de raza pidiendo la igualdad de trato, la igualdad de condiciones sociales entre los que habitan este país. Por el contrario, la provocan y preparan, los que cuando los negros piden que se le reconozca aquello de que ya disfrutan los blan­cos, aseguran que los blancos tomarán esa demanda como una agresión... no hay cuestión de razas, no hay más cuestión que de justicia y aspiraciones de progresos y anhelos de igualdad". (22)

El Diario de la Marina, siempre reaccionario, no podía permanecer callado ante el problema social del negro, y menos aún ante la independencia. Arre­metió contra ambos siguiendo la línea de crear el terror negro. Para ello aseguraba que, libre nuestra Isla, se transformaría en una segunda Haití. Es decir, que posteriormente se desataría una guerra que terminaría con la derrota y expulsión de los blancos.

A pesar de que tales calumnias y especulaciones malignas fueron refutadas objetivamente desde La Igualdad mediante magníficos artículos de Juan Gualberto Gómez, como "Cuba no es Haití" y va­rios otros, era muy difícil variar el estado de opi­nión sustentado por el Diario de la Marina y los órganos de la llamada prensa grande, los cuales respondían a los intereses de las clases explotadoras de la época, y tenían un gran radio de difusión en sectores entre los que el periódico del Directorio no tenía circulación e influencia.

Pero no por ello dejó de plantearse la verdad ante tales infamias: "No es posible prever que para la clase de color de esta Isla se presenten jamás en lo futuro situaciones más tristes y penosas que las que actualmente tiene... llegamos a la conclusión de que si es verdad que aquí no es posible guerra de razas de ningún género, cualquiera que sea el sistema que rija, muchísimo menos fundamento hay para abrigar semejante temor declarado este país independiente." (23)

Una muestra de lo infundado de ese temor lo tenemos en la noticia que se publicó en La Igual­dad. (24) En ella se daba cuenta de una reunión celebrada en la sociedad La Bella Unión, convocada por la Sociedad General de Trabajadores, con el fin de acordar la actitud que los obreros asumirían en solidaridad con los derechos reconocidos a los negros por las autoridades españolas. En la misma se aprobó la proposición de ayudar en todo lo posi­ble a la raza negra para que lograra el fin iguali­tario que se proponía, así como la de abstenerse de frecuentar los establecimientos que no reconocieran tales derechos.

Se acordó también fundar una comisión de tres miembros de la Sociedad General de Trabajadores y otros tres del Directorio, para que éstos a su vez constituyeran comisiones en todos los barrios para propagar el primer acuerdo. Se decidió la publica­ción de un manifiesto a los trabajadores en el que se consignarían iguales declaraciones. La reseña concluía con esta frase: "Bien por los obreros cu­banos".

No podemos olvidar que el periódico La Frater­nidad, además de denunciar las injusticias sociales en las que estaba sumido el negro, había reflejado preocupaciones por todos los problemas que exis­tían en la sociedad cubana, ocupándose en cierta ocasión de la huelga general de los obreros de ta­baquerías.

*el encabezado es nuestro

Notas

9 "Se acerca el momento", en La Fraternidad, La Habana, 30 de noviembre de 1888; pp. 1-2.

10 José Martí: "Mi raza", en Obras Completas, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963, t. 2, pp. 299-300.

11 "A un preocupado. Carta primera", en La Igualdad, La Habana, 19 de diciembre de 1892, p. 2.

12 Carlos Manuel Trelles y Covín (1866-1951). Cultivó la historia y el ensayo, pero su nombre alcanza relevancia mayor dentro de la bibliografía. Sus compilaciones lo sitúan como uno de los bibliógrafos más importantes de América, y en primer lugar entre los cubanos.

13 Ver Carlos Manuel Trelles y Govin: "El conflicto de las razas", en La Aurora del Yumurí, Matanzas, 5 de enero de 1892, p. 2; y "La raza de color y los liberales cubanos", en La Aurora del Yumurí, Matanzas, 11 de enero de 1892, p. 2.

14 Ver "Unión que se impone", en La Igualdad, La Habana, 2 de diciembre de 1892, p. 1.

15 Ver "El porvenir es nuestro", en La Igualdad, La Habana, 28 de febrero de 1893, p, 2.

16 Ver 'Pesimismo", en La Igualdad, La Habana. 28 de febrero de 1893, p. 2.

17 Ver "Aclaraciones necesarias", en La Igualdad, La Habana, 7 de marzo de 1893, p. 2.

18 Juan Gualberto Gómez: "Por qué somos separatistas", en La Igualdad, La Habana, 23 de septiembre de 1890, p. 2.

19 Ver "Expediciones supuestas", en La Igualdad, La Habana, 11 de marzo de 1892, p. 2.

20 Ver Juan Gualberto Gómez: "Cuba no es Haití", en La Igualdad, La Habana, 30 de mayo de 1893, p. 2.

21 Ver "La anexión", en La Igualdad, La Habana. 25 de abril de 1893, p. 2.

22 "Observaciones", en La Igualdad, La Habana, 20 de abril de 1893, p. 2.

23 Juan Gualberto Gómez: "Lo que pasaría en Cuba", en La Igualdad, La Habana, 30 de mayo de 1893, p. 2.

24 Ver "Noble actitud", en La Igualdad, La Habana, 27 de febrero de 1894, p. 2.

Tomado de El negro en Cuba 1902-1958, por Tomás Fernández Robaina. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1990. Págs: 26-34.

 

La Igualdad y su importancia para el Directorio Central de las Sociedades de la Raza de Color*

(Fragmento del libro Sociedades negras en Cuba 1878-1960)

Por Carmen V. Montejo Arrechea

El Directorio contó en La Habana con la publicación del periódico La Igualdad, su primer número vio la luz el 7 de abril de 1892, fue su órgano oficial y como señala Deschamps Chapeaux, el "órgano oficioso del periódico Patria, órgano ofi­cial del Partido Revolucionario Cubano". (22)

En La Igualdad, Juan Gualberto Gómez va a escribir una serie de artículos de gran contenido social y político en defensa de su raza y en favor de la independencia de Cuba, con el fin de reunir a todos los cubanos. Resulta de gran interés el titulado "Reflexiones políticas", el cual trata de la transformación de los partidos locales existentes y la entrada en la vida pública del elemento de color, de fecha 28 de enero de 1893.

Allí también publica el 15 de julio de 1892 el artículo "Lo que somos", donde señala los fines del Directorio: es el esfuer­zo intelectual de los negros y mulatos cubanos por el estableci­miento de sociedades de instrucción y recreo, las cuales se habían ido creando en las principales poblaciones y, por el sólo hecho de ser las únicas colectividades organizadas por hom­bres de esa raza, eran también las que más legítimamente os­tentaban su representación en cada localidad. Enfatiza que para unir los esfuerzos parciales se había creado el Directorio, cen­tro coordinador de la raza de color en Cuba, cuyo objetivo era gestionar cerca de las autoridades, de los poderes públicos y de las Corporaciones, tanto oficiales como privadas, todo lo que interesara al hombre negro en las diversas esferas de la vida social. Expresa que dentro del mismo no cabían ni luchas políticas ni controversias religiosas y su aspiración se centraba en sumar afiliados y hacían un llamado a todas las sociedades de dicha raza, sin preocuparse de su filiación política ni de sus creencias religiosas. (23)

A partir de la celebración de esta magna Asamblea, el Di­rectorio tomó gran fuerza e influyó de manera decisiva dentro del elemento de color, desde donde logró sacar al negro de las prédicas del Partido Autonomista y prepararlo para la guerra necesaria. Con el trabajo realizado por las sociedades negras, bajo la guía de Juan Gualberto con sus escritos y su elocuencia, este logró desarrollar ideológicamente al negro y unirlo como un solo hombre contra España; les hizo comprender que su lucha no era contra el blanco, sino que uniéndose a este sólo era posible conquistar la independencia. Asi se captó la simpa­tía de muchos blancos, y se convirtió en un extraordinario pala­dín en la lucha contra la discriminación racial.

En el año 1892 sucedió en Cuba otro acontecimiento de suma importancia, la celebración del Congreso Regional Obrero, así llamado porque Cuba era considerada como una región de Es­paña. Se celebró durante los días 16 al 18 de enero y en él par­ticiparon setenta y cuatro delegados. Por su importancia puede considerarse como el Primer Congreso Nacional Obrero de Cuba.

Un hecho de gran trascendencia del Congreso está conte­nido en su criterio sobre la relación existente entre las ideas socialistas y la independencia de Cuba al plantear: "El Congre­so reconoce que la clase trabajadora no se emancipará hasta tanto no abrace las ideas del socialismo revolucionario (...) se­ría absurdo que el hombre que aspira a su libertad individual se opusiera a la libertad colectiva de un pueblo". (24)

También se manifestó en contra de la discriminación ra­cial, abogó por la igualdad, argumentando que tanto blancos como negros compartían el trabajo y eran objeto de la misma explotación dentro de los talleres.

En el Manifiesto "A los trabajadores de la Región Cuba­na" dirigido por los delegados del Congreso Obrero de 1892, a los trabajadores de la Región, publicado por el periódico El Trabajador en una hoja suelta en sustitución del número correspondiente al 27 de marzo de 1892 debido a las circuns­tancias existentes en la Isla. Señala en cuanto al problema de los trabajadores negros:

La Junta Central, considerando este primer tema pendien­te, ¿qué conducta deben observar los trabajadores sobre la injusticia que aún pesa sobre la raza negra? consultó individualmente a los delegados sobre el asunto y obtuvo la si­guiente conclusión: Considerando que a pesar de la aboli­ción de la esclavitud, aún subsisten multitud de preocupa­ciones que redundan en prejuicio y menosprecio de la raza negra.

Considerando que esta raza a la que se le debe la principal riqueza existente continúa casi en su totalidad dedicada al trabajo, compartiendo con el obrero blanco la esclavitud del taller, los últimos puestos en el ferrocarril, teatros y vi­viendas, sería ridículo y estúpido que éste participase de las preocupaciones de soberano orgullo y presunta supe­rioridad que los señores amos tuvieron y aún conservan. Considerando que todos los radicales principios por nosotros aceptados sería inconsecuencia censurable el que no tratá­semos de hacer práctica la igualdad en todo sin distinción alguna acordamos:

Las asociaciones obreras tienen el deber ineludible de pro­curar que tanto en el círculo de los derechos determina­dos por la asociación, como en el trabajo en todas las manifestaciones públicas y privadas a donde su influen­cia alcanza, resulte la mayor igualdad entre los obreros sean lo que fuesen y se opondrán a todo acto o determi­nación que redunde en prejuicio del hombre de color. Igualmente cuando por motivo de atropello o de negación de las autoridades al uso de los derechos civiles por la raza negra, surgiese la protesta de ésta, las asociaciones obre­ras le prestarán su apoyo y demostrarán su adhesión (...), los obreros de todos los oficios en una sola asociación lo­cal, dejando sólo a las secciones de oficios la autonómica administración e iniciativa de sus intereses privativos (...). (25) (Anexo 1).

El Partido creado por Martí se fundó en Cayo Hueso, EE.UU., donde convivían muchos obreros cubanos tabaqueros, y en él participó el marxista Carlos Baliño, (26) una de las figuras más representativas del movimiento obrero cubano; el Partido estableció estrecha relación con una serie de instituciones de la inmigración, fundamentalmente con la Liga de Color que fundó en Cayo Hueso, Rafael Serra y que tuvo sucursales en New York y Tampa.

Si se hace un análisis de estos tres hechos acaecidos du­rante ese año y, de gran significación, se puede decir que fue­ron de enorme importancia para los preparativos de la guerra por su influencia acerca de la situación del negro en el país y sobre gran parte de la población porque se logra, a partir de enton­ces, una unidad de pensamiento y acción a favor de la indepen­dencia.

 

*El encabezado es nuestro

Notas

22 Pedro Deschamps Chapeaux: "El Directorio de las Sociedades y la Guerra del 95", en Anuario del Centro de Estudios Maníanos, La Haba­na, no. 5, 1982, p. 193.

23 Juan Gualberto Gómez: "Lo que somos", en La Igualdad, La Habana, 15 de julio de 1892.

24 Manifiesto del Congreso Regional Obrero de 1892 "A los trabajadores de la Región Cubana", en El Trabajador, Ceiba del Agua, 27 de marzo de 1892. [Sin otros datos. N.dela E.]

25 Ibídem.

26 Carlos Baliño, obrero revolucionario y amigo de Martí. Inició en Cayo Hueso la publicación del periódico La Tribuna del Trabajo, desde donde alentaba a los obreros de la Isla a luchar por la libertad. Era de tendencia marxista y divulgaba sus ideas entre los trabajadores.3 Juan Gualberto Gómez: "Lo que somos", en La Igualdad, La Habana, 15 de julio de 1892.

 

Tomado de Sociedades negras en Cuba 1878-1960, por Carmen V. Montejo Arrechea. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004. Págs: 102-105.