Besos de Judas

Por Addis Alarcón García

El Día Internacional de la Poesía fue proclamado por la Conferencia General de la Unesco y se celebró por primera vez el 21 de marzo de 2000. Su finalidad es fomentar el apoyo a los poetas jóvenes, volver al encantamiento de la oralidad y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás.

Es válido señalar que el final del siglo xx completa dos centurias de una tradición nacional dentro de la poesía de lengua española: la de la lírica cubana y la poesía de los poetas de Cuba tiene sus marcas nacionales propias, ya sean temáticas formales, de lenguaje con la influencia poética del mundo. La tradición en literatura no se explica por lo tradicional en su sentido conservador o repetitivo, sino por alcanzarse una línea de intensidad que permita sostener un patronímico, por ejemplo el de cubano, como identidad de tipo cultural. Esta particularidad  literaria cubana se manifiesta con mucha precisión desde que existe una poesía escrita consecutivamente por varios autores desde el final del siglo xviii y que ha continuado escribiéndose sin interrupción hasta nuestros días. Una muestra de ellol es el libro El árbol en la cumbre, volumen que agrupa a diferentes autores cubanos creadores de la poesía cubana actual.

 Como reúne a los nacidos a partir de 1975, refleja las experiencias vividas durante sus adolescencias y primeras juventudes en la etapa de “período especial”, circunstancia que marcó a nuestro país y al mundo. Exhibe la riqueza de formas y asuntos de su quehacer, a partir de la diversidad temática que se encarga de la comunicación del ser humano ante al mundo, pero de modo suave, lo que determina que dentro de cada situación expresiva exista la pertinente objetividad. En términos poéticos, se disfrutan poemas de índole diversa, tanto los llamados tradicionales como los llamados experimentales. En términos cotidianos y políticos, se visualiza las profundas insatisfacciones y el tratamiento de verdaderas encrucijadas dramáticas, expresadas con la fuerza de la honradez, siempre en términos de lenguaje lírico. No faltará la visión sobre los problemas terribles que vive la especie en su relación con la naturaleza, ni los temas de la emigración y las angustias que genera la dispersión y la incertidumbre frente al porvenir.

Este libro de poesía, en general, agrupa voluntades y sueños que escriben nuestros poetas jóvenes. Elías Henoc Permut Pis (1976), es uno de estos poetas, oriundo de Ciego de Ávila, de espíritu inquieto. Dotado de una memoria prodigiosa es conocedor de la obra de innumerables poetas contemporáneos. Es un reconocido artista plástico, que trabaja con delectación las criptografías y los emblemas esotéricos, de los que extrae mucha sabiduría visual. Crea unas ilusiones de profundidad sin apelar a la perspectiva y enfrenta la bidimensionalidad como una posibilidad de crear espacios, o como metáfora de espacios posibles y relacionables. La gruesa línea negra de Amelia se adelgaza en sus cuadros, con una actividad de pulso, y de impulso, firmes: su función no es reservar espacios para un disfrute, sino engendrarlos con el movimiento. Como  poeta también ha incursionado en la poesía más abierta y directa del coloquialismo, en cuyas exploraciones ha sumado al tono de la conversación saltos surrealistas o desenfados comunicativos diversos. Sus versos además, gozan de una elevada capacidad para la transmisión de lo inefable y lo que solo puede ser conocido a través del ejercicio simpático de la intuición. Posee un sentido crítico muy fino, educado en la aceptación de las más diferentes maneras de encarar la poesía. El libro incluye dos de sus poemas: Besos de Judas y Epitafio de la Luz. Del primero se puede reflexionar…

Besos de Judas

Mi abuela Ana Audelina gritaba como un cataclismo

porque mis besos eran la forma interminable

de molestarla cuando quería verla enfurecida.

Quizás era una verdad celestial

su manera de llamar besos de Judas

a los cariños que yo le repartía en el recuerdo,

como si ella fuera el hijo que me iba a nacer mucho después.

Pero mi abuela se fue «como el sol cuando muere la tarde…››

Y me quedé parado en medio de un dolor muy lejano.

Entonces, con el pasar de los años más atroces,

Comprendí que mis insoportables besos de Judas

eran mi despedida eterna para Ana Audelina;

porque ahora que no la tengo conmigo en el poniente

recuerdo con una sonrisa de poeta maldito:

Que mi manera de mortificar en la locura

es la forma más universal de tenerla conmigo,

ahora, que estoy solo como un perro debajo de un banco.

Lo primero que llama la atención del poema cuando lo leemos es precisamente su título: Besos de Judas, porque en lo que pensamos inconscientemente es en una traición, basándonos en el pasaje bíblico. Lo que sí no nos imaginamos, es que nos van a presentar todo lo contrario, pues estos besos van a estar ligados a la abuela, que a su vez corresponde al leitmotiv dentro del poema en la medida que es mencionada: abuela y nombrada: Ana Audelia. Es destacableque el poeta aluda a Ana Audelia, porque no es cualquier  abuela es la suya, y coincide que tampoco el nombre es muy común. Entonces tenemos rápidamente la necesidad de continuar leyendo para saber de qué se trata todo esto y cómo termina la historia. Sí, la historia, porque es un poema épico de verso libre que un joven le dedica a su abuela y de esa manera honrar su memoria.

Besos de Judas es un título muy sugerente que el autor emplea como hecho de elección y pretexto para regodearse en un suceso cotidiano aparentemente irrelevante, ahora que físicamente la abuela no está, y convertirlo  en un suceso extraordinario y por tanto motivo recurrente y singular dentro del texto.

El poema mediante una imagen cinematográfica, nos invita a visualizar una escena alegre y a la vez conmovedora, en la que todos nos podemos reflejar, pues puede ocurrir en cualquier hogar, y quea veces por cotidiana le restamos importancia y no disfrutamos en toda su plenitud.

Es evidente la utilización de otros motivos religiosos como cataclismo, para hiperbolizar la manera de gritar de la abuela al darle efusivamente sus besos. También elemento anafórico que vaticina cómo se va a sentir en el momento de su vida en que ocurre la pérdida.

Besos de Judas es además una metáfora y antítesis de la adjetivación: verdad celestial, que refleja inexorablemente el destino de todo ser humano: nacer, crecer y morir y cómo después de una pérdida tan dolorosa, el Universo nos reconforta con el nacimiento de “un hijo”, que a su vez, le hubiese gustado compartir con la abuela.

Cuando se refiere a su  dolor por la muerte de su ser querido utiliza un símil (con toda intención) préstamo de otro poeta “como el sol cuando muere la tarde…” y a pesar de ser una frase muchas veces repetida, lejos de opacar la obra, marca un sentimiento sublime y eleva el recuerdo dorado y apacible que atesora de la abuela, porque vive en él y en su hijo. La tranquilidad y la paz que transmite la frase están dadas también por la dicha que tuvo al proporcionarle en vida todo el amor que pudo en derroche y recibir a través de un reclamo pícaro de su abuela el mismo cariño.

Al final lo embarga la melancolía cuando evoca a los poetas malditos o se esconde tras la caricatura de un perro fiel que gime por su amo, sin embargo es simplemente reflejo de un poeta romántico de estos tiempos que nos hizo saltar una lágrima al leer cada verso.

Bibliografía

Yuseff L. (editor): La isla en versos. Cien poetas cubanos, Ediciones La Luz, Holguín, 2013.

Manzano R., Fornaris T.: El árbol en la cumbre. Nuevos poetas cubanos en la puerta del milenio, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2014.

Grass E.: Textos y abordajes, Ed. Pueblo y Educación, La Habana, 2002.

EcuRed: Enciclopedia cubana.  Tomado de: E:\Poesía.html. Consultado: 22 de junio, 2015.

Sitio Web del Consejo Provincial de las Artes Plásticas de Ciego de Ávila, 2014. Desarrollado por Desoft.

Boletín informativo del Consejo Provincial de las Artes Plásticas de Ciego de Ávila. Mayo/agosto, 2010. Consultado 25 de junio de 2015.