Se tiene que ser muy feliz

Por Waldo González López

"A mí me gustaría que todos conocieran a Haydée Arteaga." Con esta certera frase iniciaba una destaca­da periodista su pequeño homenaje —publicado en 1966— a quien en este 29 de abril cumple sesenta y cinco años de juventud, alegría y fér­til labor. Sí, tantos años en esta Hay­dée Arteaga —o Haydée simplemen­te—, que todos queremos, no son muchos en realidad. Porque la peren­ne juvenilia de esta infatigable traba­jadora de la cultura ha logrado que todos la conozcan y quieran, como se quiere y admira a nuestros más au­ténticos creadores (y pienso ahora en otros como ella: Félix Pita Rodrí­guez, Dora Alonso, la cubanita Renée Méndez Capote...).

Resumir en breves cuartillas la ex­tensa labor de Haydée es, en una pa­labra, imposible. De cualquier modo intentaré ofrecer una visión general de esa larga ruta de esfuerzo y de­coro, signada invariablemente por la sencillez y la modestia, palabras cla­ves a la hora de referirse a esta ju­venil mujer. Si echamos un vistazo atrás, podemos pensar —así lo creo— que su apasionada vocación por la narración oral —en la cual es la pri­mera especialista en Cuba— comen­zó gracias a aquellos primeros estu­dios de solfeo, teoría musical, pia­no y, sobre todo, declamación.

Claro, luego fueron los sinsabores del encontronazo con la "seudorrepublicana" realidad, en la cual tener la piel negra era ya, de hecho y dere­cho, un pecado, una suerte de inva­lidez. No obstante —y corrían los años treinta con una revolución que se fue a bolina— continuó los estu­dios y trabajó, "según lo hacían po­sible el esfuerzo y las pocas oportu­nidades del momento". Y comenza­ron a llegar los premios en concur­sos literarios. Y comenzó a publicar en revistas y periódicos (ya de niña lo hacía en las páginas infantiles). De esta época son sus poemas y artícu­los en los que se observa su preocu­pación por la desigualdad racial, la discriminación de la mujer, la explo­tación de los obreros —que sufría en carne propia— y "el futuro sin presen­te de los niños".

—Preocupada por los hijos de las sirvientas, de los obreros sin trabajo (los niños de la burguesía lo tenían todo), los fui reuniendo en una agru­pación que organicé, en 1936, sin recurso alguno: Charlas Culturales Infantiles. Allí —apunta con su expre­sivo decir, inquieto y vital— les es­timulaba en la práctica del canto, la recitación, el teatro, el amor a los niños, el arte y la cultura en general, y les inculcaba mis ideas de amor a la Patria mediante la libertad, el de­recho y la igualdad.

—Haydée, ¿fue en 1936 que...?

—Sí, en esa fecha creaba El Día del Niño en La Habana, con la coo­peración de varias sociedades, de la prensa y de la radio que se unieron a la idea. Logré que este día permaneciera un tiempo, hasta que los go­biernos de turno instauraron La Se­mana del Niño.

— ¿Hasta cuándo existió esta agru­pación?

—Llegó hasta 1962. La edad de sus integrantes —entre los que siempre recuerdo a Asenneh Rodríguez, Ela Calvo, Digna Guerra...— era de cuatro a catorce años; pero muchos, pasados de edad, se negaban a irse y continuaban.

— ¿Y en 1939?

—Participamos ese año en el des­file de clausura de la Convención Ju­venil Constituyente. Por eso fui se­ñalada como comunista, lo que moti­vó mi dura respuesta en el periódico Adelante a aquellos archirreaccionarios.

—Y al año siguiente, fue lo del Primero de Mayo...

—Sí, aunque fueron incontables los actos y actividades en que participó nuestra agrupación, se destaca -ya que lo recuerdas— el desfile del Primero de Mayo de 1940, cuando mis muchachos marcharon por las calles de La Habana junto con los obreros mientras escenificaban a su paso un cuadro con un cartel que decía: "Cuba fuera de la guerra imperialista. La guerra trae estos cuadros de horror." El Partido realizaba, en ese momento una campaña al respecto.

Es importante señalar que, entre los integrantes mayores de Charlas Culturales Infantiles, muchos -en los años cincuenta— pertenecían al Movimiento 26 de Julio. Pero hay más: en 1955 integró esta combativa mujer el Comité Gestor de la I Convención de la Mujer de la Ciudad de La Habana por la Seguridad y Felicidad del Hogar y formó parte, más tarde, de su Consejo Permanente, entre disímiles actividades, organizó y realizó el Fórum sobre literatura y programas infantiles cuya convocatoria tenía entre sus firmantes al prestigioso Waldo Medina.

—Haydée, ¿qué actividades desarrolló el Fórum?

—Fue nuestro propósito, y así lo hicimos, denunciar la penetración de una literatura extranjerizante y perjudicial para los niños a través de los comics, que dañaban a nuestros pequeños de muchas maneras y que gozaban con su dominio total la Cuba de esos años.

—Pero usted participó en 1956 en otra organización...

—Si, en la Hermandad de Madres Cubanas Martha Abreu, creada el 9 de enero del propio año. Como se estaba luchando por rescatar al país de la tiranía batistiana, la Hermandad entendió que ésta debía también crearse en Santiago, por lo cual —junto a un grupo de mujeres de esta ciudad—, trabajamos en la organización de la Hermandad de Madres Elvira Cape y nos solidarizamos —mediante declaraciones por la radio y la prensa con el llamamiento de las Instituciones cívicas de Santiago.

Debido a todas estas actividades, y otras aún más peligrosas, su casa fue registrada en dos ocasiones por la policía del tirano y fue llamada a la cuarta estación en distintos momentos. Pero seguir enumerando las tantísimas labores y tareas de Haydée durante la "república" llevaría un espacio que no poseemos. Por ello, veamos ahora su vida en la Revolución, al menos en breves trazos.

En 1961, entre otras muchas actividades, alfabetizó en Las Yaguas, escribió obras teatrales y asistió como delegada al I Congreso de Escritores y Artistas Cubanos. Al año siguiente fue responsable del trabajo artístico de los niños de los veinticinco sindicatos del Plan Cultura CTC. Y así cada año: dirige programas culturales e infantiles, cursa seminarios de dramaturgia, asesoría literaria, narración oral...

Desde 1965 hasta 1978, ofreció seminarios de narración oral en distintos lugares de la isla, dirigió la escuela nacional de esta especialidad, laboró en el Plan de Educación Artística del MINED, asesoró —voluntariamente— la programación infantil de Radio Rebelde, trabajó como Jefa de Sección de Literatura en la Dirección Nacional Metodológica de Aficionados del antiguo CNC, sin obviar sus deberes en las organizaciones de masas. Por toda esta labor, ha recibido distinciones que la enorgullecen, como la medalla por treinta años de trabajo del SNTAE y la Orden 19 Aniversario del CNC. A pesar de es­tar retirada, en la actualidad, continúa como jurado en concursos literarios, escribe programas infantiles (como el dominical Tu amigo el libro de Radio Liberación) y colabora como  asesora y miembro de distintos grupos de trabajo investigativo a nivel nacional.          

Oigamos hablar ahora a esta experimentada mujer sobre varios tópicos de pleno Interés.

—Para mí, como para cuantos la conocen y practican, la narración oral es un arte. Un arte tan efectivo como puede ser una estatua o una pintura. Su mensaje es trasmitir la belleza y, a la vez, contribuir a la formación del carácter y la personalidad con su mensaje interior, sea cual fuese el tema del cuento narrado: moral, burlesco, científico, histórico... En medio de la lucha estético-ideológica desarrollada actualmente por nuestra nueva sociedad, la narración oral para niños es —y sirve además de­— instrumento de creación, conocimiento e instrucción y ayuda a ampliar la imaginación, lo cual permite a los pe­queños mirar al mundo con visión de futuro.

Quien se precie de ser un buen narrador debe, ante todo, estar convencido de su amor por este arte. Ser ca­paz de contar a la vez que crear. Desdoblarse a través de personajes y escenas, ya que el cuento llega al niño depurado por la propia sensibilidad del narrador. La narración viene a ser el filtro de la personalidad. Jamás debe narrarse un cuento que no guste a uno mismo. El buen narrador debe contar aquello que estimule a los niños en lo más íntimo de la emoción, trasmitiendo la misma impresión y simpatía que él recibió, porque no puede olvidar que al narrar se es agente trasmisor de la historia y, por tanto, sólo se podrá comunicar lo asimilado.

En la sociedad socialista que construimos adquiere creciente significación la tarea de educar la personali­dad en armónico desarrollo. De ahí que, teniendo en cuenta los objetivos generales del trabajo cultural, se han venido desarrollando Las Horas del Cuento en escuelas, bibliotecas y casas de cultura. Personalmente he tenido la oportunidad de contribuir con orientaciones en la creación y desarrollo de estas actividades, después de haberme capacitado, hace muchos años, con los indiscutibles mejores conocedores de este arte, Elíseo Diego y María del Carmen Garcine. También he participado —como sabes— en seminarios y cursos de formación de narradores y dirigido, durante varios años, la primera Escuela de Narraciones Infantiles, al tiempo que he narrado cuentos por toda Cuba. Por todo esto puedo decir que esta especialidad ha estado vigente en la isla. Actualmente, aunque no ha dejado de estar presente, estimo que carece de un verdadero estímulo, así como de orientaciones, no solo teóricas sino prácticas, que permitan a quienes narran realizar un eficiente y fructífero trabajo con los niños.

 En el empeño de forjar al hombre nuevo es muy importante el papel que desempeña la literatura. He dicho otras veces, y repito ahora, que la literatura para niños y adolescentes debe iluminar los caminos a través de los cuales el espíritu creador pueda penetrar, con éxito en círculos cada vez más amplios, para contribuir así a la educación estética, moral e ideológica de nuestras jóvenes generaciones y elevar sus conocimientos literarios y artísticos. En Cuba, es sabido por todos, esta literatura ha tenido su desarrollo después de la nueva concepción pedagógica y, aunque hay aún que hacer por su consolidación total, se está logrando que muchos de nuestros escritores se dediquen a esta necesaria labor y que los especialistas ofrezcan sus orientaciones y profundicen en sus estudios sobre la misma. La edito­rial Gente Nueva aumenta por día sus ediciones para todas las edades y crece el interés entre maestros, ase­sores y activistas, por la divulgación de esta literatura, lo que, sin dudas, demuestra un desarrollo en este trabajo. Mas, considero que no hay aún una literatura juvenil cubana, puesto que es mínima la proporción de li­bros nacionales publicados para este nivel y es una realidad que nuestros muchachos sólo tienen acceso a tra­ducciones y adaptaciones de textos extranjeros.

He tenido la oportunidad de presenciar el aprendizaje, la práctica y la creación de grupos teatrales de títeres y actores, así como la formación de instructores de esta manifestación, quienes hicieron los primeros esfuerzos por llevarla masivamente a cualquier lugar del país. Por ello, pienso que este teatro contribuye en enorme medida, al progreso espiritual —no sólo de los pequeños sino del pueblo—, a la extensión de la cul­tura y del gusto. Actuar para los niños es hacerlo para el más exigente de los espectadores y nuestro tea­tro, tanto de títeres como de actores, debe ocupar el primer lugar en el país.

La palabra feliz, a pesar de su significado, no podría definir con toda su amplitud la inmensa alegría, el pro­fundo sentimiento y la gran satisfac­ción que siento hoy, al cumplir sesenta y cinco años, por la humilde —pero sincera, abnegada y entusiasta labor— realizada a través de mi vida. Cada cosa que hice, cada cosa que aún hago, la realizo con la convicción plena de que contribuyo, aunque de forma mínima, al bien de mi Patria. Los niños, todos los que han llegado a mí —los de antier, los de ayer, los de hoy—, me han sido, y son hijos tan queridos como mi Xiomara. Cuando se ha trabajado desinteresadamente, sin mezquinas ambiciones, y aún se entrega en lo último del esfuerzo en el afán de querer ser útil, sin dudas, se tiene que ser muy feliz.

UN TEXTO DE 1939

Charlas Culturales Infantiles en el Desfile de la Convención Juvenil Constituyente

"Charlas Culturales Infantiles" es el núcleo de niños, sin distinción de razas ni religiones. Es el brote recién nacido de un pueblo que se debate en momentos de más gran trascendencia de la hora presente.

Es el sueño unido de muchas almitas inocentes, que aspiran en sus ansias de progreso, mejores y más amplios horizontes de vida, son hijos de obreros, de sirvientas y de los sin trabajo. Son hijos, casi en su totalidad, del solar, e hijos de la miseria. Son niños blancos y negros, con grandes vocaciones para el arte y las letras, pero con ninguna opor­tunidad de practicarlas, a causa de la situación económica de sus padres.

Surgieron estas "Charlas" de mi humilde iniciativa y se sostienen con mis pobres esfuerzos de proletaria. Por eso, como hijos del pueblo del que son sus integrantes, no podían dejar de adherirse al gran movi­miento de las Juventudes que se acaba de realizar y con honda satisfac­ción asistieron al desfile de clausura de la "Convención Juvenil Consti­tuyente". Eran muy pequeños para enviar sus delegados a las secciones de esa Convención, pero no lo eran para desfilar junto a ella por las calles de La Habana. Por esa razón, se les vio marchar hombro con hombro, brazo con brazo, paso con paso, con esa juventud progresista que ha sabido reunirse para tratar los problemas específicos de su pue­blo, para plantearlos de manera concreta y definitiva en las próximas Constituyentes. Los niños de estas "Charlas" sabrán que en esos pro­blemas están sus propias mejoras de vida y la más pronta realización de sus ansias culturales. Es por eso que, a despecho de esa serie de parlanchines reaccionarios que gritan a los cuatro vientos que las "Char­las" no debió desfilar con los "comunistas" de "Convención", dicen muy alto y con mucha honra: "Estamos orgullosos de haber desfilado y sentimos grandemente no haber participado en sus secciones".

Si "Convención Juvenil Constituyente" es el movimiento de las- ju­ventudes comunistas, nosotros nos sentimos entonces comunistas, porque estamos seguros que ella ha sabido, en sus importantísimas sec­ciones, defender la niñez del pueblo, que bastante necesitada está de estímulo, protección y cultura. Y sirva esta frase de respuesta a esos que nos critican y que en cambio no han tenido para nosotros ni una frase, ni un gesto de ayuda.

Septiembre 1939

Haydée Arteaga Rojas

(Publicado en el periódico Adelante.)

 

Tomado de Revolución y Cultura, La Habana, núm. 28, abril, 1980. Págs. 24-27.