El proceso seguido contra el general Roberto Bermúdez

Por Astrid Barnet

General de brigada Roberto Bermúdez López. Imagen tomada de Diccionario Enciclopédico Militar Cubano, fondos bibliográficos de Sala Cubana, BNCJM.

“El proceso seguido contra el general Roberto Bermúdez”, fue el título de la tertulia correspondiente al mes de abril del espacio Memorias de la Guerra que en esta oportunidad tuvo como disertante al historiador M.Sc. René González Barrios, presidente del Instituto de Historia de Cuba, junto al investigador y profesor doctor Yoel Cordoví Núñez.

Así, una vez más, el habanero Centro Cultural Dulce María Loynaz sirvió de sede a las siempre esperadas reflexiones y trabajos de estudio e investigación histórica de grupos de académicos –en este caso del Instituto de Historia de Cuba--, quienes en los últimos meses se han dado a la tarea de analizar y profundizar en algunos hechos y figuras que de alguna manera –y de acuerdo a inobjetables investigaciones--, han resultado controvertidas en cuanto a carácter y desempeño de sus funciones y acciones a lo largo de nuestra Historia.

“Venimos a cumplir esta mañana un doloroso deber, el más doloroso deber de un militar. Venimos a ejecutar a un compañero de armas quien ha sufrido nuestros dolores y amarguras, y ha corrido peligros. Pero venimos, al mismo tiempo, a cumplir con el mandato de la ley y con el dictado de la civilización. El general Bermúdez era un humilde ciudadano cuando la voz de la Patria lo llamó a los campos de Cuba Libre. Hombre de decisión y de arrojo se distinguió muy pronto como guerrero; luchador infatigable recorrió los campos del honor desde Las Villas a Pinar del Río distinguiéndose por su valor. Sí, valiente entre los valientes, fue herido muchas veces. La Patria lo premió, como debe premiar siempre a sus hijos que se dan a ella. De humilde campesino y soldado de los primeros tiempos fue ascendiendo grado a grado hasta llegar a la posición de general que le hizo conductor de hombres y le dio un mando que en nuestras guerras, es ilimitado. El general Bermúdez que llegó a tanta altura, no supo comprender, sin embargo, los deberes que la posición y tal grado le imponían. Demostró con sus actos posteriores que su valor no era sacrificio, sino sed de sangre. Que los servicios que prestaba a la Patria no eran producto de una convicción honrada de un buen hijo de esta tierra, sino de instintos criminales en nuestra hora trágica se saciaban a plena satisfacción (…) Un consejo de guerra lo ha condenado a muerte y, en cumplimiento de tal sentencia, yo declaro: ¡!Fuego!!”.

Así rememoró González Barrios algunos fragmentos del discurso pronunciado por el Generalísimo Máximo Gómez (doce de agosto de 1898), donde anunciaba a su tropa (caballería e infantería), los motivos por los cuales se llevaría a cabo la ejecución por fusilamiento del general mambí Roberto Bermúdez.

“Gómez siempre exigió a sus tropas disciplina, fuerza moral y de principios y justicia militar con el objetivo del logro de una República limpia y sin manchas”, recalcó González Barrios para, seguidamente, trasladar al numeroso auditorio al tiempo y espacio donde se llevaron a cabo tales acontecimientos no sin antes traer consigo la siguiente anécdota:

“Jamás olvido que, cuando era niño y hacía alguna travesura junto a mis compañeritos de juego, mi familia paterna –oriunda del valle de Isabel María y de los poblados de Cabezas y Sumidero--, nos metían miedo alarmándonos con lo siguiente: --¡¡Cuidado, te coge la cadena de Bermúdez!! ¡¡Cuidado con Bermúdez!! “Con el transcurrir del tiempo supe que Bermúdez fue general de brigada del Ejército Libertador, y que se había hecho célebre durante la Guerra de Independencia en la provincia de Pinar del Río por ahorcar con cadenas y emplear el alambre de púas para eliminar a sus prisioneros.
“Ante tales comentarios, prosiguió, me di a la tarea de investigar acerca de ese hombre y su trayectoria en la historiografía cubana. Y así fue como decidimos en nuestra institución desarrollar todo un estudio e investigación acerca de él”.

Con vista a tales estudios e investigaciones se tuvieron en cuenta que connotados jefes revolucionarios como Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez, Antonio Maceo, Calixto García…eran rigurosamente disciplinados y exigentes contra todo aquello que tuviese que ver con faltas, abusos y desmanes a los pobladores; contra todo lo que pudiese generar corrupción dentro de las filas del Ejército Libertador.

Seguidamente acotó que “hace meses atrás este espacio de Memorias…trajo consigo a un personaje de la Guerra de los Diez Años, quien pasó a ser también un símbolo de temeridad y de heroísmo: el general Policarpo Pineda…Y, acerca de él, expusimos también todas las atrocidades y crímenes que cometió. Un hombre realmente sanguinario, y cómo fue condenado por Céspedes a la pena capital por fusilamiento”.

En el caso del personaje que hoy nos ocupa, sus contemporáneos afirman que “cuando Bermúdez marchaba, lo hacía con una horca o soga preparada; no se comunicaba con sus subordinados, sino a planos de machete”.

A continuación González Barrios significó que el prestigioso historiador José Luciano Franco, biógrafo más importante del Mayor General Antonio Maceo, planteó en uno de sus libros en relación con la personalidad de aquel oficial:

“Acerca de los desmanes de Bermúdez en Pinar del Río, el general Pedro Díaz ha presentado quejas alrededor del comportamiento del brigadier Bermúdez. Este era un campesino carente de instrucción, rudo, brutal, de un valor salvaje en el campo de batalla, valiente, buen jinete, astuto y audaz. Era un factor de importancia para el General Maceo en el tipo de guerra que la falta de material bélico adecuado se veía obligado a hacer en la región occidental. Al General Maceo era al único hombre que el brigadier Bermúdez consideraba el símbolo de todos los demás. Lo respetaba por su valor admirable y la grandeza de sus virtudes patrióticas, y bajaba la cabeza --sin odio ni rencor--, aceptando con humildad la reprimenda cuando aquel con las extraordinarias facultades que le ameritaban (…) en varias ocasiones lo hizo arrestar, amonestándolo con severidad y rudeza ante la oficialidad y soldados”.

Pero… ¿cómo llegó a ser ascendido a general de brigada? ¿Por qué Maceo lo propone para tal grado?

Al respecto el Msc. González Barrios citó a José Miró Argenter, jefe del Estado Mayor del lugarteniente general Antonio Maceo, quien testimonió: “Al coronel Bermúdez, hombre rudo y de escasas luces (…) no podían concedérsele facultades omnímodas para que obrara conforme a su discernimiento, pero asesorado por un buen oficial de estado mayor, podía dar magníficos resultados, al ser hombre de riñón, de lance bravo y de correrías impetuoso”.

Sin embargo, al iniciarse la Campaña de Pinar del Río y Maceo llegar al Occidente, escribe Miró nuevamente: “Al cuartel general llegaban diariamente noticias alarmantes sobre actos de bandolerismo, que llevaban a cabo las partidas sueltas y los destacamentos de Cayito Álvarez y de otros jefes (Vicente y Antonio Núñez), vanguardia invasora de Bermúdez. Cuatro personajes tétricos. En el caso de los hermanos Núñez, Gómez ordenó su detención. Ellos intentaron desertar y llevarse a las tropas con ellos, mas sus propios hombres los ajusticiaron en 1898, casi al final de la guerra”.

En otra parte de su intervención el también Presidente del Instituto de Historia de Cuba, resaltó además la opinión de Fermín Valdés Domínguez,  amigo personal de José Martí, y miembro del Estado Mayor de Máximo Gómez durante la Guerra del 95:

“En su diario de soldado, Valdés Domínguez narra algunos hechos de los ocurridos con Bermúdez (…) Uno de ellos vinculado a una expedición que desembarca por Pinar del Río, donde un expedicionario traía un revólver grabado en su empuñadura para Máximo Gómez. Al percatarse de esto, Bermúdez decide cambiarle el revólver por una muda de ropa. Cuando a Gómez le llega la noticia, llama a Bermúdez –a quien sacude con el látigo de la justa censura--, aquel se disculpa pero no sin antes inculpar a un trabajador sanitario.

“Igualmente, en otra parte de su diario, Valdés Domínguez relata que tiempo antes de concluir la guerra Gómez, quien se hallaba en la provincia de Camaguey, manda a buscar a aquel hombre tras ser informado acerca de sus desmanes. Bermúdez parte de Pinar del Río y, en lugar de dirigirse hacia el campamento del Generalísimo en Camaguey, se queda operando por su cuenta entre los territorios de Matanzas y Las Villas. En todo ese camino tenía un guía o práctico, pero poco conocedor del terreno. Fue entonces que Bermúdez decidió tomar una garrocha o aguijón de bueyes y, durante la marcha, pinchaba al pobre hombre, a la vez que le indicaba su ignorancia como conocedor del camino (…) Al ser informado Gómez de tales actos afirmó: “(…) No se puede aceptar a hombres que nos desacreditan, y desacreditan nuestra guerra tan digna y de todos los respetos”