La Abdicación según Fabretti

Por Maikel José Rodríguez Calviño

En 1928, Vladímir Yákovlevich Propp dio a conocer su Morfología del cuento, polémico ensayo donde el antropólogo y lingüista ruso expuso los treinta y un elementos narratológicos presentes en los cuentos de hadas. Dichos sine quibus non de la literatura popular fueron sistematizados a partir de unas 100 historias seleccionadas y analizadas por el autor, y si bien no todos aparecen de forma simultánea en cada historia, sus funciones casi siempre están presentes, manifestándose generalmente en un orden predecible.

¿Habrá acaso una narración que, de manera consciente, agrupe al mismo tiempo todas las Funciones de Propp? Sería aquella una historia arquetípica que contendría los puntos de giro comunes al amplísimo acervo literario transmitido de generación en generación a lo largo de los siglos… Pues ese «cuento de hadas» existe. Se titula Abdicación, fue publicado por la Editorial Gente Nueva como parte de la Colección 21, y su autor es el escritor y matemático italiano Carlo Fabretti.

Las didácticas aventuras del enano Ulrico, El ángel terrible, Malditas matemáticas, El gran juego, Las Islas desventuradas, Calvino (y su secuela, Calvina, ¿o es al revés?): he aquí algunos de los libros dados a conocer por este prolífico narrador, de quien, al decir de la filóloga e investigadora cubana Denise Ocampo, «se hablará dentro de cincuenta años como hoy hablamos de Lewis Carroll».(1)    

En la mayoría de sus textos, Fabretti esgrime la intertextualidad, el pastiche, el absurdo, los juegos de palabras, e incluso el sinsentido, como herramientas discursivas que garantizan una empatía inmediata con su público. A eso le suma fuertes dosis de humor, las constantes referencias a los universos de la lógica y de las artes visuales, el tratamiento de temas medulares y polémicos (las eróticas infantil y juvenil, el consumo de drogas, los trastornos de personalidad, los procesos de construcción de identidad) y el hábil dibujo de personajes que generalmente aplican su intuición e inteligencia para resolver las múltiples dificultades que aparecen en su camino. Además, son comunes las referencias a textos ya antológicos en la historia de la literatura universal, así como el interés por develar los subterfugios del acto narratológico per se, en un juego endoliterario que hace del ejercicio escritural un espejo de sí mismo. En este sentido, destacan los volúmenes El cuervo dijo nunca más, La princesa está triste, y el exquisito El Libro Inferno, único texto de Fabretti para público adulto editado en Cuba. 

Algo similar ocurre con Abdicación, historia construida a partir de las mencionadas Funciones de Propp. Una vez más, el autor hace gala de un lenguaje directo y libre de descripciones excesivas, que permite leer la novela de una sentada. Otro remedio no queda, pues los avatares pirotécnicos sufridos por el héroe, sus vínculos familiares y emocionales, el impacto que la violencia doméstica provoca en su existencia, y la consecución de un destino fabuloso, son elementos que contribuyen sustancialmente a mantener en vilo a los lectores, quienes muy pronto se adentrarán junto a Teo en un bosque laberíntico, cuna de todos los enigmas y símbolo por excelencia de la transformación personal, del siempre difícil y tan necesario encuentro con el yo. Allí, entre el denso follaje y la constante presencia del agua, el protagonista descubre un mundo deslumbrante en el que priman las desnudeces físicas y espirituales, a la par que florecen las verdades más esenciales.

El carácter autorreflexivo del acto narrativo (ese mirarse por dentro del ejercicio escritural, algo común en la narrativa de Fabretti) no se manifiesta hasta las últimas escenas, momentos en que descubrimos, no sin cierta sorpresa, que hemos estado leyendo… Bueno, la verdad es que no quiero arruinarles el final. Baste decir que esta novela con visos de culebrón mexicano (según declaraciones de uno de sus personajes) constituye una inteligente propuesta que, desde una perspectiva contemporánea, pone en evidencia el por qué los cuentos tradicionales no pierden «agarre» y, por consiguiente, los seguimos escuchando y/o leyendo una y otra vez. De paso, su autor refleja asuntos que atañen al adolescente y el joven de hoy, entre ellos la discriminación por preferencias sexuales, la búsqueda del amor, los abusos perpetrados por las masculinidades hegemónicas, y el inmenso valor de la verdad y la sinceridad en un mundo repleto de mentiras y secretos ocultos bajo la alfombra.      

Sin embargo, el detalle que hace de Abdicación un libro verdaderamente irreverente es la «osadía» que comete el autor al agregar una función a las expuestas por Vladímir Propp hace casi noventa años. Así, el héroe, que abandona el hogar materno y termina ocupando el trono de un reino lejano, decide renunciar a sus prerrogativas en pos de una realización personal, de un camino no predeterminado por sus herencias y circunstancias. Y es precisamente en este acto de renuncia donde palpita la posibilidad de nuevas aventuras, de un futuro signado por el riesgo y la superación personal, lejos de las zonas cotidianas de confort que, si bien nos brindan seguridad, muchas veces nos cercenan la oportunidad de crecer.

De esta manera, Fabretti trasciende los límites impuestos por los moldes fijos, expandiendo las posibilidades de la narrativa «tradicional» más allá de lo institucionalmente aceptado, en un acto de libre albedrío propio de un autor que se toma mil libertades en pos de construir historias atractivas que, eso sí, nos permiten por un momento «abdicar» de la realidad, aunque, paradójicamente, nos hacen pensar en ella, entenderla y aceptarla con manifiesta pasión.         

              

(1) Palabras para la presentación de Calvino, pronunciadas por Denise Ocampo en la Sociedad Cultural José Martí durante la Merienda de locos correspondiente a la XXIII Edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana.