Imaginarios: Los cien años de Juan José Arreóla, un escritor para todos los tiempos

 

Nuestra Librínsula no suele adelantarse a las celebraciones, pero en esta ocasión fue inevitable, se trata del centenario de espectacular escritor mexicano Juan José Arreóla Zúñiga (1918-2001). Como dijera la escritora mexicana Ada Aurora Sánchez “las prosas impecables, eufónicas, rebosantes de música interior, y de una fantasía, que lo mismo apostaba por lo místico, el juego verbal, el humor, la burla, que por la crítica social y la mordaz observación de los vicios y desenfrenos humanos”. Próximo a celebrarse en el 2018, Librínsula se une a la celebración anticipada de este gran cultor de las letras hispánicas.

 

Juan José Arreola en el umbral de su centenario

Por: Ana Margarita Bestard

El pasado mes de junio se vistió de gala con la presencia del Dr. Vicente Preciado Zacarías en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, quien trajo consigo un gran regalo, la revitalización de la figura de Juan José Arreola, uno de los escritores mexicanos de mayor reconocimiento del siglo XX. 

En este marco, se presentaron dos libros publicados por la editorial Puertabierta y se dictó una conferencia sobre su obra. En estos eventos, participaron Vicente Preciado Zacarías, Ada Aurora Sánchez, y Miguel Uribe Clarín, editor de Puertabierta Editores.

La conferencia “Cuba en el inventario de Juan José Arreola” fue dictada en el salón de reuniones de la BNCJM por el Dr. Preciado a quien el auditorio realizó interesantes preguntas acerca de la estancia de Arreola en Cuba.

Ada Aurora Sánchez, Vicente Preciado Zacarías y Miguel Uribe Claríne en la Sala Referencia de la BNCJM.>>

Posteriormente, el 23 de junio en la Sala de Referencias Leonor Pérez los escritores Ada Aurora Sánchez Peña y Vicente Preciado Zacarías presentaron “Una selección personal” de Juan José Arreola, y “Ficcionario” (obra de Vicente Preciado) editadas por Puertabierta Editores; así como “Apuntes de Arreola en Zapotlán”.

Vicente Preciado Zacarías, quien nació en Zapotlán cuenta con una amplia y destacada labor en el área de la docencia, y difusión de las letras, ha sido director de diversas revistas culturales y periódicos. Es un promotor y estudioso incansable de la obra de Juan José Arreola, algunos títulos que se han publicado por Puertabierta Editores son: Una selección personal, Estos setenta y siete y Ficcionario

Miguel Uribe Clarín, editor de Puertabierta, manifestó que es importante que la obra de Juan José Arreola sea difundida de manera permanente en Cuba, pues resaltó que este escritor mexicano (de quien se celebrarán 100 años de su natalicio en el 2018) tuvo la oportunidad de realizar una estancia importante en Cuba como invitado por parte de la Casa de las Américas para llevar a cabo seminarios con escritores cubanos.

También mencionó que la prosa de escritores de la talla del autor de Confabulario, Bestiario y La feria debe continuar promoviéndose para que las nuevas generaciones conozcan la obra de uno de los protagonistas de la literatura mexicana del siglo pasado.

Como colofón de este conversatorio, el señor Uribe Clarín realizó la entrega de un donativo de libros publicados por la editorial Puertabierta Editores a la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, con la finalidad de continuar fomentando la lectura de esto escritores mexicanos.

 

Tríptico en torno a Juan José Arreóla y Vicente Preciado Zacarías*

Por Ada Aurora Sánchez

La vida es breve (y más si no se lee)

Durante casi una década, de tarde en tarde, Vicente Preciado Zacarías visitó al maestro Juan José Arreóla en su casa de Ciudad Guzmán, Zapotlán el Grande, Jalisco, para escuchar lecturas en voz alta, consejos, análisis literarios, anécdotas y confesiones, de quien sin duda es uno de los grandes cuentistas de México e Hispanoamérica.

  
Vicente Preciado Zacarías firmando los libros de Arreóla donados a la BNCJM y enseñando un ejemplar del eminente escritor mexicano.

Vicente Preciado, odontólogo de profesión, escritor, extraordinario humanista y profundo conocedor de la obra de Arreóla, gozó de su amistad y del privilegio de jugar cientos de partidas de ajedrez con el autor de varia invención (1949), Confabulario (1952), Palíndroma (1971) y La feria (1963), entre otros libros.

   
   
Fondos Bibliográficos BNCJM

Del narrador, del ensayista y del poeta; del actor, del célebre maestro de talleres literarios, del editor, del conductor de televisión; pero también del amigo y del ser humano que se enfrentó a sus temores, doblegado por la edad y las enfermedades nerviosas, puede dar cuenta el doctor Preciado Zacarías, pues su conocimiento sobre Arreóla, como el de pocos, se basa en el acceso a materiales de primera mano: libros, documentos, conversaciones y alma, si se me permite la expresión, de quien, entre otros atributos, tenía el don de las prosas impecables, eufónicas, rebosantes de música interior, y de una fantasía, que lo mismo apostaba por lo místico, el juego verbal, el humor, la burla, que por la crítica social y la mordaz observación de los vicios y desenfrenos humanos.

Juan José Arreóla Zúñiga nació el 21 de septiembre de 1918, y murió el 3 de diciembre de 2001. El próximo año, como puede deducirse, se celebrará el primer centenario del natalicio del maestro Arreóla, y ha sido, en cierto modo, Cuba, a través de la Biblioteca Nacional José Martí y Puertabierta Editores, de México, quienes, pudiera decirse, se adelantan a tal celebración al organizar dos eventos que convocan la figura del escritor: una conferencia del Dr. Preciado titulada “Cuba en el inventario de Juan José Arreóla” y la presentación de los tres libros que hoy nos convocan: Apuntes de Arreóla en Zapotlán, del propio Vicente Preciado; una selección personal. A personal flction, edición bilingüe, español- inglés, de Juan José Arreóla, con traducción de Ramón Elizondo Mata, y prólogo y notas de Preciado Zacarías; y Ficcionario, también de este último autor.

Y aunque cada uno de los libros citados merecería una presentación aparte, por limitaciones de tiempo hemos decidido hacerlo en el mismo día, considerando que, después de todo, como verán, los tres textos se hallan unidos, interconectados de una manera intensa y vertebral.

Dicho lo anterior, y antes de comentar a grandes rasgos el contenido y los aportes de los libros en cuestión, deseo recordar que, como lo expuso el Dr. Vicente el miércoles pasado en este mismo espacio, Arreóla visitó la isla en dos ocasiones: en 1960, cuando fungió como jurado del Premio de Literatura Casa de las Américas, por invitación de Haydée Santamaría, directora de la naciente institución latinoamericana; y después, en 1961, a título de coordinador de un taller literario, que luego se volvería mítico, como lo son el malecón y la brisa habanera.

La segunda edición de Apuntes de Arreóla en Zapotlán,'1 de Vicente Preciado, se dio a conocer en 2014 por el Municipio de Zapotlán el Grande, Jalisco. El grueso volumen de 642 páginas, resulta, contra todo prejuicioso pronóstico, una guía ligera y amena para seguir la conversación, y a ratos el monólogo deslumbrante, que le prodiga Arreóla a Vicente, y al hacerlo, le ofrece aforismos, infinitas recomendaciones bibliográficas, cátedra y revelaciones sobre su proceso creativo.

Con pericia sin igual, Vicente registra, libreta en mano -pues la inmensa mayoría de las veces Arreóla le solicitó que no usara grabadora-, el torbellino lingüístico que es el maestro, el prodigioso Funes recitando de memoria poemas numínicos, entradas gloriosas de novelas y ensayos. De este modo, Preciado accede, en aquellas tardes entre mayo de 1983 y junio de 1991, como dice él mismo, al ordo amoris, a la lista de amores literarios arreolinos, es decir, a la lista de aquellos textos en que la luz se anida y resplandece con mayor fuerza conforme transcurren los años.

El mérito de Apuntes de Arreóla en Zapotlán no está solo en la paciencia de su recuperación, en los datos inéditos que revela, sino también en dos cualidades más: proporciona al lector acotaciones sobre en qué circunstancias comentó Arreóla tal o cual cosa, y cómo lo dijo, con qué expresión, con qué gesto, para revelar el estado anímico del escritor y, desde luego, la ironía que, sin el debido contexto, podría pasar desapercibida; de igual modo, este libro brinda al lector referencias amplias, que parten de la investigación, sobre los libros o autores que citó Arreóla en los años de convivencia y fraternidad con Preciado Zacarías.

La primera tuvo lugar en 2004

En Apuntes..., no se pierde el tono, la chispa genuina de Juan José, y en eso habría que reconocer un mérito más de esta obra. Con modestia, Vicente se esconde, se minimiza, para dejar hablar al otro, aunque es claro que debió haber estimulado con preguntas, con silencio, con intercambios lectores, la inteligencia y la atención de quien le dispensó una amistad sin cortapisas.

Para estudiosos del mundo arreolino, o para simples lectores en busca de una comprensión más amplia del autor de Bestiario, queda Apuntes..., donde Arreóla confiesa: “En mí es más importante la fe en Dios que la existencia o no del propio Dios” (p. 89); donde Arreóla se queja de la decadencia del mundo, de lo estrafalario, y dice: “Voy a poner una tienda de pudor”; donde Arreóla nos descubre después de escucharlo hablar de su ordo amoris personal, que la vida es breve (y más si no se lee).

Arreóla en la casa del cuento

El nombre del maestro Arreóla encabeza calles, centros de escritura y concursos de cuento. Encabeza, también, el canon del cuento fantástico del siglo XX en México, pero, mejor aún, el reconocimiento de una legión importante de lectores y críticos especialistas. Con todo, y frente a la figura que él representa, como bien señala Preciado en el prólogo a Una selección personal. A personal selection, el escritor jalisciense no ha sido debidamente disfrutado y valorado por el público angloparlante. De ahí que Una selección personal, en su edición bilingüe, publicada en 2016 por Puertabierta Editores,  sea una aportación valiosa, que se ve enriquecida con las notas de Preciado Zacarías en torno al origen de los cuentos de Arreóla, las referencias culturales explícitas o implícitas, y el alcance de algunas alusiones del narrador jalisciense a otros textos de él mismo o de autores fundamentales en lo que a su bagaje literario se refiere (Dostoievski, Kafka, Papini, Schwob, Whitman, López Velarde, Carlos Pellicer, etcétera). ¿Quién, tras convivir prolongadamente en Zapotlán el Grande con Arreóla, hubiera podido recuperar la erudición y la didáctica que su maestro le enseñó, para formular acotaciones dirigidas a profesores y estudiantes de literatura? En definitiva, esta tarea parecía estar predestinada al doctor Vicente, que recuperó del primero de los libros comentados, Apuntes..., parte del material necesario para darle soporte y enriquecimiento a la Selección personal de Arreóla. En esta selección se incluyen ocho cuentos, que el escritor tenía entre sus preferidos: “Autrui”, “El guardagujas”, “El prodigioso miligramo”, “De balística”, “Pablo”, “El silencio de Dios”, “Starring all people” y “Profilaxis”.

Los cuentos, como ha de suponerse, demandan de sus receptores una lectura atenta del subtexto; exigen malicia y curiosidad, curiosidad y disposición a seguirle a través de innumerables guiños intertextuales que tienen su anclaje en la historia, la filosofía, el arte, la metafísica y la religión. Arreóla, como expone Preciado Zacarías, “compromete a sus lectores” con un lenguaje que solo en apariencia es ligero; diríase que habitualmente “abromado”.

En el grueso de su narrativa, Arreóla combina géneros, toma prestadas la didáctica de la fábula, el sentido apelativo del anuncio, la intimidad del diario, la carta y la biografía, la “actualidad” de la nota periodística, para conceder forma, desde la brevedad, a textos que, en un abrir y cerrar de ojos, tumban al lector con sorpresivos artificios de ingenio e irónica elegancia. A Arreóla, ya se sabe, hay que leerlo siempre en voz alta, para captar su música, y de pie, como sugería Vasconcelos, con los buenos libros.

Curiosamente, los cuentos de Una selección personal, son los menos festivos o sarcásticos de la producción arreolina; antes bien son atormentados, quizá porque predomina en ellos un espíritu metafísico y una deducción a priori: nada salva al individuo de su sensación de vacío, de fragmentariedad. Así, en “El silencio de Dios” deja estas líneas sombrías y bellas a la vez: “Perseguido por días veloces, acosado por ideas tenaces, he venido a parar en esta noche como una punta de callejón. Noche puesta a mis espaldas como un muro y abierta frente a mí como una pregunta inagotable” (Arreóla: 2016: 129).

Al igual que sucede con el viajero de “El guardagujas”, que espera con inquietud un tren que no sabe si llegará, y si llega, podría traerle aún más incertidumbre, otros personajes arreolinos (el narrador de “Autrui”, por ejemplo), se muestran incómodos, acosados por el tiempo, o, como en el caso de “Pablo”, el personaje principal de un cuento homónimo, que aun cuando le asiste la gracia divina, no halla la paz sino una paradójica desolación.

Arreóla, en entrevista con Federico Campbell, apunta que “el poeta es cenital y es abisal, viene desde el magma central, telúrico, y va hasta las estrellas que quiere. Esa es la polaridad poética” (en Yáñez: 2016: 68). Esto explica, quizás, el que Arreóla, de indudable entraña poética, se mueva en vida y obra entre lo cenital y lo abisal, con inquietud y sobresalto, y de esa “inestabilidad”, incertidumbre, extraiga el motivo de una porción sustancial de su literatura.

La nueva traducción al inglés de estos cuentos, con prólogo y notas de Preciado Zacarías, amplía las posibilidades de difusión de Arreóla y de llegar, en particular, a los estudiantes, ese público para el que el escritor dedicó numerosas charlas.

Una ensayística de literatura y vida

El tercer libro del que es menester hablar este día es Ficcionario. Ensayos, de Vicente Preciado, autor, también de Brevensayos. Los trabajos y los días de un librero; Estos setenta y siete, además del ya comentado Apuntes de Arreóla en Zapotlán, entre otros títulos.

Vicente, como Arreóla, es originario de Zapotlán el Grande, y como el autor de La feria, gusta de la charla franca, ramificada como un árbol de la vida, y de prodigarse en la docencia, y el comentario bibliográfico. Uno y otro escritor pertenecen a la clase de viajeros cosmopolitas que, pese a todo, no olvidan el terruño, ese que desde la infancia reverbera en el tañido de las campanas de la plaza provinciana, en el olor del pan recién horneado, y en la milpa verde que se extiende, despeinada, por el viento y por la lluvia.

A propósito de sus coincidencias con Arreóla, Preciado escribe: “Yo también he venido al filo de la montaña a declarar mi amor por esta tierra y por todo cuanto en ella habita. Es un acto de fe. Ante este milagro de luz, no puede haber apostasía. Vean: al fondo del valle la tierra redonda y húmeda se recorta persiguiendo su propia imagen” (Preciado: 2016: 39).

Publicado a finales de 2016, Ficcionario es una coedición de las Secretarías de Cultura Federal y del Gobierno del Estado de Colima, México, así como de

Puertabierta Editores, cuyo director, el D. G. Miguel Uribe, incansable promotor de la literatura mexicana, y en especial, de la de Centro-Occidente, nos acompaña en el presidium.

Ficcionario cuenta con un prólogo del filósofo y escritor Carlos Vevia Romero, y está dedicado, a Juan José Arreóla, que sugirió su escritura al proveer a Vicente de un panorama de autores y autoras importantes, que, de manera aplicada y sistemática, Preciado fue revisando, estudiando, hasta que habló de ellos en pequeños ensayos, publicados en la prensa guzmanense, hasta tomar la apariencia de un libro: un libro afortunado, íntimo, que evoca, de tanto en tanto, diálogos con Arreóla en la casa de este, en la calle, en un jardín.

Ficcionario se compone de cincuenta y ocho ensayos, breves, dedicados a hablar de autores muy diversos: San Agustín, Heidegger, Jung, Rilke, Joyce, Proust, Rubén Darío, Martín Luis Guzmán, Alfonso Reyes, Rosario Castellanos, entre un largo inventario. El motivo para acercarse a ellos es diverso y disímbolo. A veces, es la evocación de una anécdota, un viaje o, como casi siempre, el contacto y disfrute directo de su obra. En todos los casos, sin embargo, lo que está presente es la epifanía, la revelación instantánea que produjo un texto completo, una línea, un verso, o la experiencia de algo que supone un parecido con la vida de cierto escritor. Esto es: Preciado Zacarías escribe en Ficcionario de libros y autores, pero también de cosas encarnadas en la existencia, que le hacen pensar en algo leído, o viceversa, en algo leído que le hace pensar en la vida, porque para él en ambos territorios se goza, y se padece, y se ilumina y se oscurece el ser humano.

Preciado se aboca, con oportunidad, a comentar elementos literarios poco conocidos, o sobre los cuales casi nadie ha reflexionado. En este sentido, por ejemplo, refiere que nadie ha estudiado, a detalle, los artísticos prólogos que escribió Arreóla para distintos libros; ni se ha detenido a estudiar el tema de los ángeles en Pellicer y en Rilke; como tampoco ha reparado en la importancia risueña de Gog, de Papini, para la literatura del mismo Arreóla. Preciado comparte otras rarezas: comentarios a La guía de los descarriados o tratado del conocimiento de Dios (escrito en el año 1190), de Moisés Maimónides, y El collar de la paloma. Tratado sobre el amor y los amantes (fechado en 1022) de Ibn Hazm de Córdoba, un conjunto “de poemas y deliquios de amor que fueron enviados mediante palomas mensajeras y guardados luego en repujados escriños olorosos a sándalo y algalia” (Preciado: 2016: 159).

Vicente Preciado contagia a sus lectores del deseo ferviente de correr tras los libros que recomienda, porque, si bien media erudición en sus comentarios, hay también belleza en la expresión de lo dicho. Se permite escribir con calidez, entreverar datos personales en sus ensayos, y exponerse ante el lector como un humilde cazador de hallazgos, uno para el cual es inevitable lavarse las manos cada vez que inicia la lectura de un nuevo libro, pues con este simple acto declara su respeto por las palabras y su talante a una suerte de purificación lingüística.

De entre los homenajes que Vicente ha brindado al maestro Arreóla, encuentro en Ficcionario el mejor de todos. ¿Por qué? Porque el discípulo agradece a su mentor lo aprendido, pero traza su propio sendero, y con méritos indiscutibles, cosecha sus propios lectores. (Obsérvese el estilo, la redondez con que consigue elaborar sus textos.)

Cuando Pablo Neruda visitó Zapotlán el Grande, en 1942, le ofrecieron una cena a la que, afortunadamente, asistió el joven Arreóla. En aquel entonces, el poeta chileno le dedicó un ejemplar de Veinte poemas y una canción desesperada, a partir de estas líneas: “A Juan José Arreóla con fe en su destino” (Arreóla: 2015).

Arreóla, por supuesto, dio consecución a su destino literario con una obra relativamente breve, pero angelada, y Vicente Preciado, como hemos visto, también ha venido haciendo lo propio al compartir su conocimiento sobre Arreóla y al cultivar un estilo que, como en Pedro Salinas o Alfonso Reyes, es sustancia y esencia de un español depurado, cargado de profunda humanidad.

Aquí están, pues, tres libros, y sobrados pretextos para leerlos, para hacer nuestras vidas más largas, reflexivas, alumbradas, como la escritura misma.

 

Bibliografía

Arreóla, J. J. (2016). Una selección personal. A personal fiction. Pról. y notas V. Preciado. Trad. R. Elizondo Mata. Colima: Puertabierta Editores.

Arreóla, O. (2015). El último juglar: memorias de Juan José Arreóla. 2a. México: Jus.

Campbell, F. (2016). Sobre la obra personal de Juan José Arreóla. En M. Yáñez, Valoración múltiple. Juan José Arreóla (pp. 65-74). La Habana: Casa de las Américas.

Preciado Zacarías, V. (2014). Apuntes de Arreóla en Zapotlán. Zapotlán el Grande: Municipio de Zapotlán el Grande, Jalisco.

. (2016). Ficción ario. Ensayos. Colima: Gobierno Federal, Secretaría de Cultura/ Gobierno del Estado de Colima, Secretaría de Cultura/ Puertabierta Editores.

 

*Texto leído el 23 de junio de 2017, en la Biblioteca Nacional José Martí, de La Habana, Cuba, con motivo de la presentación de Apuntes de Arreóla en Zapotlán, de Vicente Preciado Zacarías; Una selección personal. A personal fiction, de Juan José Arreóla; y Ficcionarío. Ensayos, del propio Preciado Zacarías.

 

Arreola va a la guerra*

Por: Lisandro Otero

En  1961,  cuando la Revolución Cubana  enfrentaba  los mayores  peligros  y suscitaba las más grandes  esperanzas,  Juan José Arreola se marchó a La Habana. Respondía una invitación de la  Casa  de las Américas y satisfizo al público cubano  con  sus conferencias  eruditas y sus charlas amenas. Pero su generosidad no se  detuvo ahí y accedió a dirigir un  taller  literario.  Yo había publicado  un pequeño libro de cuentos y me encontraba manoseando la idea de una  novela, punto de partida de una trilogía sobre la Revolución cubana. Los  fantasmas  de  John  Dos  Passos,  Theodore  Dreiser,   John Galsworthy  y Jules Romains impulsaban mis  intenciones.  Arreola examinó  los  textos  iniciales  de  aquel  vasto  proyecto,  hoy concluido,  y me legó el más maravilloso  instrumento  disponible para  un escritor: me enseñó a tachar.

Suprimir, podar,  aligerar no es fácil. Sobre todo para un escritor joven que, o bien estima vanidosamente cuanto ha producido  como poseedor de  la marca de una genialidad no  descubierta, o puede irse al extremo opuesto y pensar neuróticamente que  su producción  no  vale nada, es un mediocre y nunca  hará  algo  de interés. En ese vaivén pendular me hallaba y Arreola me  demostró que  ni tanto ni tan poco. La duplicación de adjetivos,  la  mala construcción de una sintaxis confusa, la indeseable selección  de un  vocablo impreciso eran rápidamente rectificadas al toque  del lápiz  rojo.  Arreola  me explicaba siempre por  qué  sugería  el cambio.  Un texto torpe, mal pergeñado, emergía de su  asfixiante prisión  y  comenzaba a  respirar, libre de  lastres  y  rémoras, después de pasar por sus manos. 

Ahí   comenzó  nuestra  amistad.  Pero   Arreola   era     aficionado   a  beber   Calvados,   el   maravilloso aguardiente  de manzanas destilado en Normandía. En ese  instante del  incipiente bloqueo contra Cuba, comenzaban a faltar  algunos productos  esenciales y desaparecía lo suntuoso y superfluo.   Me di  a la tarea de mantenerlo abastecido. En  tiendas  exquisitas, como  el  Carmelo de Calzada, quedaban algunas  botellas.  Cuando realizaba  el  hallazgo milagroso de una  apreciable  ánfora   la llevaba  presto  donde  Arreola,  quien  regocijado  recibía   el presente y era compartido de inmediato. 

En la noche del viernes 14 de abril de 1961 estuve  con Paco  López  Cámara y Margo Glanz hasta tarde  en  la  madrugada.  Sabíamos  de la inminencia de una invasión pero analizábamos  que el  único recurso inteligente para debilitar la Revolución, a emplear por el enemigo,   sería privarla  de  su apoyo popular  mediante  sabotajes,  terrorismo, insurgencia contrarrevolucionaria  que infundiesen  inestabilidad. Todo lo cual fue aplicado, más tarde, infructuosamente. No nos imaginábamos que estuviésemos  tan cercanos  a una invasión en gran escala. El sábado 15 de abril me desperté al amanecer  por  horrísonas explosiones.  Estaban  bombardeando  La Habana. Escruté el cielo  y vi una columna de humo elevándose   sobre el oeste de la ciudad. Pensé en Arreola.  Me  preocupaba  su  frágil  vulnerabilidad,  su  escasa aptitud  para soportar la violencia. Vivía, con sus hijos Orso  y Claudia,  en  un hotel de apartamentos junto al  mar.  Cuando  entré en su  casa  lo  hallé  muy excitado. Un avión agresor había cruzado, volando a baja  altura, frente  a  su  ventana principal, y vio  cómo  un  miliciano,  le disparaba su metralleta, que se atascó en medio de una ráfaga. El combatiente, iracundo por su frustración, arrojó su arma al mar. Mientras hablábamos, oímos el cadencioso rugido de un motor y un enorme   helicóptero   pasó ante el   balcón.   Afortunadamente pertenecían a las fuerzas cubanas. Dos días después comenzó la invasión en Playa Girón y mantuve informado a Arreola de lo que sucedía   mediante frecuentes llamadas telefónicas. Arreola se marchó, meses después, cumplido el ciclo de conferencias para el que fuese invitado,   y al marcharse dejó una estela de vivísimos y perdurables afectos. Entre ellos, el mío.

*Tomado de: CUBADEBATE. http://www.cubadebate.cu/opinion/2004/01/08/arreola-va-a-la-guerra/

 

Otras obras de Juan José Arreola existentes en los fondos bibliográficos de la BNCJM

       
       
       
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