El espectador y su papel determinante en el contexto artístico

Por Raúl Olivera Hernández

Es de suma importancia, pues impone al creador un ritmo de producción especifico. “Jardín”, novela lirica de Dulce María Loynaz, respaldada por la editorial “Letras Cubanas”,  y presentada en el habitual espacio literario Sábado del Libro, que a su vez tiene lugar en la calle de madera en la Plaza de Armas, Oficina del Historiador de la Ciudad, Habana Vieja. Dulce María Loynaz, La Habana 1902-1997, a los diecisiete años publicó sus primeros versos en el periódico La Nación. Fue electa miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras en 1951, e integró en 1957 la Academia Cubana de la Lengua, que dirigió entre 1983 y 1995, y la Real Academia Española en 1968. Recibió distinciones como el premio nacional de literatura, 1987; la orden Félix Varela de primer grado, 1988; y el premio Miguel de Cervantes, en 1992. Esta edición crítica es fruto de un cuidadoso cotejo de los manuscritos, el mecanuscrito y las tres ediciones de la obra, lo cual revela la complejidad del proceso creativo de Loynaz, así como su afán de perfección que la condujera del vocablo y tonos precisos.

Jardín, novela lírica como una deslumbrante aventura del intelecto y el espíritu, cuyo asunto pudiera ser la historia de la humanidad. Es la historia incoherente y monótona de una mujer y su Jardín. Su indagación en la naturaleza humana explora la modernidad con inteligente ironía, en un ambiente cuya vitalidad, a ratos moribunda, sustenta un lenguaje cuidadosamente pulido que entrelaza cada experiencia con elusivas referidas al entorno literario y social-cultural de la época.

La obra literaria como acto comunicacional implica una retroalimentación entre artista-obra y espectador. Como dijimos al inicio, el espectador juega un papel determinante en el proceso de creación artística, puesto que si  exige un determinado ritmo de producción por parte del artista, entonces estamos en presencia de un proceso de retroalimentación.  De este modo, el artista interactúa con su público, ya que como sabemos la subjetividad del creador está presente en la obra de arte. De modo que hasta aquí hemos comentado dos maneras de concebir la obra artística: una como relación y la otra como proceso.

Los miembros de la sociedad tienen una notable influencia en el arte y a su vez, los artistas aportan ideas, desarrollan otras, en fin, hacen su contribución a una psicología epocal, un espíritu de época. Además, el arte facilita el establecimiento de hábitos, concepciones e instituciones sociales.  En general, la obra de Dulce María Loynaz reafirma lo que hemos planteado hasta aquí.

Jardín, tiene un diseño de cubierta y un diseño interior efectivo, ya que complementan el texto literario. El uso de diferentes colores permite al lector evocar o experimentar estados emocionales diversos. Sin lugar a dudas, esta entrega literaria además de constituir un paradigma literario en la contemporaneidad, es otro acierto de la editorial Letras Cubanas.

Teniendo en cuenta la vigencia de la obra de arte desde el momento en que fueron producidas, estas serán imitadas, revisadas y conservadas. De modo que, la historia propia de las obras de arte desde el momento en que fueron independientes del artista, proporciona múltiples datos acerca del gusto y de las incidencias de las sociedades que las acogen en una época determinada y a lo largo del tiempo.

Jardín, una novela lírica de la autora Dulce María Loynaz es una obra de arte, de carácter literario que perdurará a través del tiempo, pues la forma artística es también forma histórica, porque está ligada a un género, un material, una técnica y contenidos y funciones bien definidos. El espectador juega un rol activo en el proceso de creación, demandando del artista satisfacer sus necesidades. Ambos promueven la idea de un arte transformador en varios sentidos. Dicho cambio se produce a nivel psicológico. A modo de síntesis, jardín es una traducción emotiva de una serie de valores artísticos inmanentes a la propia obra.