Centenario del escritor mexicano Juan Rulfo

Por María Eugenia Mesa Olazábal

Durante el presente año se ha estado festejado en México el Centenario del natalicio de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (1917- 1983); conocido internacionalmente como Juan Rulfo. Una de las figuras más relevantes de la literatura hispanoamericana contemporánea. Valorado por no pocos críticos no sólo por ser el autor de dos libros  fundamentales de la narrativa: El llano en llamas(1)   (1953) y Pedro Páramo (1955), sino por ser  el hombre que sembró en la tierra de las letras y el arte un puñado de semillas, de las cuales germinó, un manantial de palabras, imágenes, ideas y debates. Diversas fuentes aseguran que es el autor mexicano más leído dentro y fuera del país.

Para Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo, la obra del insigne escritor “cuenta con una serie de consensos de generaciones, de culturas diversas”, que concuerdan en apreciar  que su obra va a   perdurar. Por su parte González Boixo, académico español, especialista en literatura hispanoamericana y narrativa contemporánea, destaca entre las investigaciones  que ha realizado  la dedicada a  las Claves narrativas de Juan Rulfo, basada en la edición de Pedro Páramo (2002). Para quien la asociación del autor jalisciense con el realismo mágico surgió a comienzos de los años 60 del pasado siglo. Otro elemento característico de ese  realismo, en la visión de Rulfo, lo definió González Boixo, en la comparación que hizo entre la literatura desarrollada por los autores del siglo XX y los textos de los cronistas de Indias. Por otra parte, considera que la frágil frontera que en la novela Pedro Páramo separa el mundo de los vivos del de los muertos configuraba una realidad ficticia poco compatible, en apariencia, con los modelos realistas y sí, en cambio, resultaba asimilable a un modelo que, como el realismo mágico, era capaz de introducir con naturalidad el elemento sobrenatural en la realidad cotidiana.  A su juicio, tanto: El Llano en llamas  como Pedro Páramo demostraron desde su aparición, "que nos hallábamos ante la evidencia de un nuevo modo, sorprendente y exacto, de concebir la naturaleza y el sentido de las narraciones literarias".

Para el filólogo y escritor español José Pascual Buxó, en los cuentos y las novelas de Rulfo, “la totalidad del proceso narrativo se sustenta en los ‘dichos’ de los personajes, cuyas modalidades de expresión no son simples ‘traslados’ que de ellas podría hacer un autor culto, sino sus mismas ‘voces’ en las que se manifiestan todas las modalidades propias de su habla coloquial”. Destaca como aporte a la narrativa el hecho de que en los relatos de Rulfo “quedó instaurada y perfecta desde sus mismos inicios una nueva poética o modelo de ficción literaria fundado en un género de ‘fidelidad’ muy distinta al que nos tenía habituado la novela ‘monológica’, realista y documental.

En la serie de homenajes dedicados a Juan Rulfo, tuvo participación de excelencia Elena Poniatowska, a quien también celebraron  por su cumpleaños 85.  Particular atención dedicó la cervantina al tratamiento dado por Rulfo a los personajes femeninos en El llano en llamas y en Pedro Páramo, – a partir  de la prodigiosa y trágica historia de amor entre los personajes Susana San Juan y Pedro Páramo–  de ahí que considere que este autor se refiere a ellas como: “viejas carambas/viejas infelices/ viejas de los mil judas/viejas hijas del demonio/floripondios engarruñados, viejas indinas/viejas feas como pasmadas de burro, viejas todas caídas en los cincuenta y otros calificativos”. Continúa su argumento y ejemplifica como, en Anacleto Morones, “antes de acostarse con la Pancha”, Lucas Lucatero le pide que se corte esos pelos que tiene en los bigotes y hasta le ofrece traerle tijeras. Entonces, Pancha le responde: "Cómo te burlas de mí, Lucas Lucatero. Te pasas la vida mirando mis defectos. Déjame mis bigotes en paz. Así no sospecharán."

En ese sentido Poniatowska, evoca recuerdos de cuando alguna vez  entrevistó(2)  a Juan Rulfo y le abordó el tema  de las mujeres en su obra. Por lo interesante de las preguntas y respuestas ocurrentes de Rulfo, trascribo  fragmentos de la misma:

E P: -¿Por qué en tus cuentos y en tu novela Pedro Páramo las mujeres aparecen sólo vistas por los hombres?

J R: –Es que yo tengo muy pocos personajes mujeres.

E P: –Pero tu gran personaje mujer, Susana San Juan, delira ¿por qué? O ¿es que tú crees que las mujeres están medio chifladas?

J R: –No. Son redondas las mujeres.

E P: – ¿Redondas?

J R: – Sí, es que no tienen esquinas y no hay por donde agarrarlas.

E P: – ¿A poco tú nunca has podido agarrarlas?

J R: –Pues me ha costado trabajo.

E P: –Todo cuesta trabajo.

J R: –A mí me gusta mucho la mujer, pero me gusta más como amiga y como compañera que como esposa, porque el matrimonio es una atadura y desde el momento en que es atadura deja de funcionar.

E P: – ¿Y por qué pones a Susana San Juan a platicar puras distancias?

J R: –Susana San Juan dice cosas muy concretas, habla de su amor por otro, por Florencio.

E P: –Es que tú tratas mal a las mujeres en tus dos libros, Juan, ninguna de ellas funciona realmente; todas son encarnaciones de alguna debilidad humana, estériles como Dorotea, chismosas como Eduviges, arrepentidas como Natalia, locas como Susana San Juan o bigotonas como Pancha.

J R: – ¿Pancha? ¿Cuál Pancha?

E P: –Pancha, la de Anacleto Morones.

J R: – ¡Ah, como serás!

E P: –Como serás tú, Juan. A Susana San Juan la avientas sobre el lecho revuelto, los ojos vidriosos, la mirada perdida, bañada en sudor, diciendo puras distancias. En tu obra, ningún personaje mujer funciona para ti como mujer de a de veras, ninguna dice esta boca es mía, ninguna es fresca como la fresca mañana, sólo Natalia tiene las piernas redondas y duras al sol, pero para qué le sirven, se las llenas de pústulas y de llagas como el cerebro, la corroe el remordimiento, le amorata las piernas, se las anudas para no volver a desatarlas. ¡Y luego, lo que le haces a Damiana!

J R: –¿Qué le hago yo a Damiana?

E P: –La pones a esperar allí toda la vida a que regrese Pedro Páramo. En vano entorna la puerta y se desnuda para que Don Pedro no encuentre dificultades, pero él nunca regresa porque una vez gritó frente a su puerta: Damiana, ábreme la puerta y Damiana no le abrió. ¡Y lo que le haces a Micaela!

J R: – ¿A Micaela?

E P: –Sí, a Micaela. Ella le explica a Lucas Lucatero que no ha manchado su alma: "Soy soltera, pero tengo marido. Una cosa es ser señorita y otra es ser soltera. Tú lo sabes. Y yo no soy señorita pero soy soltera".

J R: –A tus años haciendo eso, Micaela.

E P: –Tuve que hacerlo. Qué me ganaba con vivir de señorita. Soy mujer. Y una nace para dar lo que le dan a una.

J R: –Hablas con las mismas palabras de Anacleto Morones.

E P: –Sí, él me aconsejó que lo hiciera para que se me quitara lo hepático. Y me junté con alguien. Eso de tener cuarenta años y ser nueva es un pecado.

J R: –Oye, pues, ¿qué te pasa? ¿A poco ya te hiciste feminista?

E P: –Sólo estoy repitiendo tus palabras.

Las mujeres en el universo rulfiano, para  el escritor  Marco Antonio Campos, tanto en  El Llano en llamas como  en Pedro Páramo,  tienen un lugar marginal en la vida diaria. Señala que apenas cuentan. Ninguna ocupa un puesto de poder político ni tiene un papel socialmente activo. La única que resalta de una manera descollante es Susana San Juan, pero sobresale por Pedro Páramo, o si se quiere, por el gran amor desesperanzado de Pedro Páramo. Sin embargo, cuando vuelve al pueblo y a la Media Luna, ya vive mentalmente en el limbo, o peor, como ella cree, en el infierno.

Refiere Campos que, cuando aparece -el 18 de septiembre de 1953- El Llano en llamas; dos meses después, se aprobaría en México el voto femenino. La igualdad era aún una quimera: prevalecía en casi todas las esferas y órdenes la hegemonía masculina: en la vida política, económica, financiera, empresarial, industrial y deportiva. En las regiones rurales y los pueblos, en  el período en que pasa la narrativa rulfiana (del porfiriato a los años cuarenta), la autoridad violenta del hombre era normal y no excepción. Explica y ejemplifica cómo en sus cuentos las mujeres pueden ser iniciadoras lúdicas en el sexo o viven en relaciones incestuosas, o son muchachas secuestradas por el bandidaje disfrazado de Revolución, o esposas, que pese a las exaltaciones de sus bondades y belleza, no alcanzan a tomar forma en el cuento  o un grupo de viejas algo pícaras y gazmoñas, que pasaron por las armas sexuales del niño Anacleto Morones.

Examina, cómo uno de los mayores tabúes de la civilización occidental está presente  el incesto  en grandes novelas. Se detiene en Cien años de soledad, de Gabriel  García Márquez y, en varios cuentos de Rulfo., acto que cualifica en más o menos culposo según parentesco. Analiza  personajes de la novela Pedro Páramo, en particular  del cacique, Pedro Páramo, el cual  tiene una visión patrimonialista: tierra y pueblo le pertenecen, y por ende, en ello, los cuerpos de las mujeres. Sólo dos mujeres resaltan triste y altamente en la novela porque el autor tuvo la virtud al crearlas que pasaran inolvidablemente al imaginario literario del lector. Personajes, tales  como Dolores Preciado y Susana San Juan, fueron creados gracias  “a evocaciones plenas de una nostalgia sin fondo”  las cuales imprimen momentos de gran belleza. Sin embargo, apunta Campos que, lo que se oyó por varias generaciones en las letras de la canción mexicana, en especial boleros y rancheras, fue “al hombre abandonado y destrozado por la mujer” y  todo el mundo sabe que históricamente ha sido lo  contrario. Señala también que, con las mujeres con quienes Pedro Páramo se acuesta cree encontrar en sus cuerpos el de Susana, el mismo se le aparece lentamente en el infierno extinguiéndose sin círculos de la locura. Entre tanto, aprecia  el escritor: “lo único puro en medio de tanta maldad en Pedro Páramo es Susana San Juan, o más bien, la Susana de la infancia. Cita la expresión de Carlos Fuentes  respecto a ella, cuando dijo: “es la de ser soñada por un niño y la de abrir, en ese niño que va a ser el tirano Pedro Páramo, una ventana anímica que acabará por destruirlo. Si al final de la novela Pedro Páramo se desmorona como si fuera un montón de piedras, es porque la fisura de su alma fue abierta por el sueño infantil de Susana” (La gran novela latinoamericana, “La revolución mexicana”).

Marco Antonio Campos, para terminar su extenso estudio propone “un juego especulativo” a la manera de los escritores argentinos  Jorge Luis  Borges o Ricardo Piglia y a Gabriel García Márquez, de quien dice: “se preciaba de su extraordinaria memoria” (Vivir para contarla), en ese sentido evoca  el artículo escrito por éste:  <<Los encuentros con Juan Rulfo>>  de 2003 publicado en El Universal, donde da muestras de saber no sólo párrafos de Pedro Páramo, “iba más lejos: podía recitar el libro completo al derecho y al revés, sin una falla apreciable, y podía decir en qué página se encontraba cada episodio, y no había un solo rasgo del carácter de un personaje que no conociera a fondo” . Sin duda -afirma Campos-: “es algo que hubiera fascinado a Ray Bradbury(3) , en uno de los personajes que actuaba en su vida, García Márquez se volvió un libro que hablaba. Es decir, pudo haber sido uno de los personajes literarios de esa minoría secreta que aparece en Fahrenheit 451 (1953), la prodigiosa novela de Bradbury, donde al final cada uno y cada una es un libro que repiten de memoria para enseñárselos a otros más jóvenes, que los grabarán a su vez en su mente a  fin de “evitar que las obras maestras acaben incendiadas por los bomberos a causa de que el Estado juzga dañino pensar, imaginar, sentir, escribir y leer, y pasen oralmente de generación en generación, hasta que llegue un momento en que los libros no sean objetos prohibidos”.

Termina Campos dejando constancia de su deseo y, no sólo suyo pues muchos de los seguidores de la buena literatura también lo han expresado: “Quisiera imaginar que García Márquez se volvió un personaje del Fahrenheit 451 y es parte de esa valiosa minoría secreta para que las generaciones venideras oigan hasta el fin de los tiempos un libro inolvidable llamado Pedro Páramo”.

 

Notas

(1) Juan Rulfo. El llano en llamas, aparece el 18 de septiembre de 1953, es una colección de  quince cuentos sobre la trágica  vida del campesinado.

(2) Entrevista de La Jornada, México, sábado 13 de mayo 2017  pp-05-14.

(3) Ray Bradbury (EE.UU, 1920) Novelista estadounidense, destacado por su narrativa de ciencia ficción.