Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí

Por Astrid Barnet

“Cuando se ha cumplido bien la obra de la vida, la muerte no es verdad. Ha desaparecido físicamente Fidel Castro Ruz. A pocos, solo a los privilegiados por la obra de la vida, se ajusta de modo tan real la idea martiana. El 23 de noviembre de 2016, cuando el presente número de la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí iba a ser entregado a imprenta, se supo de su desaparición física. Pocos hombres incidieron con esa fuerza durante la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI. Su huella, su fe, su obra alcanza a todos los continentes (…) seguirá no sólo entre los cubanos sino entre todos aquellos que quieran prensar en salvar la especie humana, evitar la destrucción del planeta, respetar al otro sin distinguir razas, culturas y pueblos. No hay duda de que seguirá presente mientras el hombre tenga la facultad de pensar y transformar”.

Así inicia con su trabajo El paradigma de los revolucionarios cubanos, la presentación del Número 2 Julio-Diciembre de dicha publicación, el doctor Eduardo Torres-Cuevas, director de la Biblioteca Nacional José Martí, ejemplar dedicado en esta ocasión a rendir al máximo Líder de la Revolución cubana en el  Aniversario Noventa de su cumpleaños y el Aniversario 120 de la caída en combate del inolvidable General Antonio Maceo Grajales.

Fotos representativas de la vida y el pensamiento de Fidel, además de grabados y documentos diversos referidos al Titán de Bronce, a dos grandes de nuestras luchas independentistas, son exponentes de que la publicación continúa sembrando pautas de ser un texto ejemplar de y para todos los tiempos, al brindar una profunda visión histórica, literaria y cultural de la Mayor de las Antillas desde su aparición en 1909 –y a través de cuatro épocas de sistemática e indeclinable aparición (1)--, hasta la fecha.

En su reseña Antonio Maceo Grajales. Un esbozo de su pensamiento militar, el historiador militar Ángel Jiménez González, la figura magnifica (y siempre será incipiente y difícil), del Mayor General de dos contiendas independentistas, “jefe con un desarrollado y agudo pensamiento militar” y quien comenzase su heroica carrera militar apenas dos días después de iniciada la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y la concluyese con el grado de Lugarteniente General del Ejército mambí con un historial de servicios a la Patria de más de 900 acciones combativas de todo tipo, “libradas desde Baracoa, en Oriente, hasta Arroyo de Mántua, en la occidental provincia de Pinar del Río”, además de un total de 27 cicatrices en su cuerpo y de otras tantas condecoraciones al valor.

Destaque fundamental el que Fernández González brinda cuando el conocido Titán de Bronce, al tener noticia de la misiva en la que el mayor general Máximo Gómez (¡!grande entre los grandes!!), le informa de la claudicación de un grupo de fuerzas mambisas en el Zanjón, se dirige al doctor Félix Figueredo y exclama: “¿No comprende usted, amigo Figueredo, que cuando el general español Martínez Campos propone o acepta una transacción, un arreglo, ha sido porque con su experiencia de lo que es esta guerra, estaba convencido de que nunca nos vencería por medio de las armas? (…)”

Trabajo de exquisita relevancia –como de costumbre--, el del investigador y crítico literario Emmanuel Tornés Reyes, referido al novelista, dramaturgo y guionista cubano José Soler Puig (Santiago de Cuba, 1916-1996), Tornés Reyes pone sobre el tapete la interrogante sobre el por qué un escritor relevante de las letras cubanas como el mencionado “continúa teniendo escasa resonancia e insuficiente recepción nacional e internacional”, no obstante su desempeño “en la configuración de la imagen narrativa de nuestra Revolución con ficciones de inusual atracción dietética y trazos ideoestéticos memorables, aspectos que, sin duda, provocaron que su novela Bertillón 166, ejerciera una seductora impresión en la crítica literaria de su tiempo tras obtener, en la edición inaugural del certamen en 1960, el Premio Casa de las Américas”.

Sobre los temas carpenterianos, su aguzado cosmopolitismo –arte, cultura universal, música--, la filóloga Fulvia María De Feo expone, al hacer referencia a otros bibliógrafos como García Carranza, sobre el insuficiente estudio y análisis existente en relación con la obra de Alejo Carpentier en aspectos como la historia, la política, el periodismo y lo social. A la vez enfatiza en que la crítica “no haya dedicado mucho espacio a las conexiones entre la obra de Carpentier y el pensamiento del etnólogo Fernando Ortiz, conocido y admirado por Carpentier desde su juventud”. Todo ello un espacio de abierta reclamación y alerta, que podría llegar a ser fuente escritural para distintos autores y estudiosos.

A los profesores Israel Escalona Chávez y Namilkis Rovira Suárez, de la Universidad de Oriente, agradecemos el trabajo José Antonio Portuondo en la Universidad de Oriente: notas para la reconstrucción de una impronta perdurable. Así es, “impronta perdurable”, la de este prominente intelectual cubano quien en varias entrevistas confesó su aspiración a ser maestro y no profesor “y a quien las circunstancias obligaron a ser muchas cosas, entre ellas diplomático”, una vocación, sentido de pertenencia y fidelidad a la tierra que le vio nacer y a su pueblo.

José Antonio Portuondo Valdor (Santiago de Cuba 1911—La Habana, 1996), profesor universitario entre 1953 y 1956, los primeros meses de 1959, como rector de dicho alto centro de estudios entre 1962 y 1965, hombre sencillo y sincero a carta cabal y a quien no se le puede excluir en torno a sus “concepciones sobre la misión y deber de las universidades en el desarrollo científico y socio-cultural de la región, la nación y la materialización de sus proyectos”.

Algo que acotan ambas autoras –y que esta escribana sostiene como algo incomprensible y paradójico--, es que el doctor Portuondo “no es, por lo general incluido en los balances historiográficos en Cuba”, no obstante su altísimo potencial teórico producto de las investigaciones específicas sobre la historia de la cultura nacional y, en lo esencial del pensamiento martiano. Labor que debiera ser reivindicada por los investigadores cubanos.

Tema que aún acontece por su necesaria y profunda investigación y denuncia social es el de la esclavitud, y como bien plantea su autora (escritora-editora) María Luisa García Moreno, en “La gran pena del mundo”, por sus secuelas de opresión, barbarie, violencia y desgarramiento socio cultural de pueblos, naciones y de todo un continente.

García Moreno consulta fuentes bibliográficas de suma importancia y especializadas en dicho tema como son los autores José Luciano Franco, Moreno Fraginals, María del Carmen Barcia, entre otros, además de apoyarse en recortes de periódicos de la época. Destaca una cita del historiador Moreno Fraginals, quien puntualiza en su obra El Ingenio: “Azúcar y esclavitud crecen paralelamente en la Isla, y además de crecer en número, aumenta su rigor y la llamada esclavitud patriarcal se convierte en una bestial maquinaria expoliadora”.

A esto podríamos agregar el texto de un anuncio que reflejaba:

Ventas de animales: Se vende una negra criolla, joven, sana y sin tachas, muy humilde y fiel, buena cocinera, con alguna inteligencia en lavado y plancha, y excelente para manejar niños, en la cantidad de 500 pesos (…) Se alquilan posesiones para viviendas. Negras para el servicio de casa. Negros para peones y para todo trabajo, y se dan negritos para jugar con niños. De todo darán razón en la Daoix, número 11”.

A dicho artículo se adiciona el titulado Apuntes sobre las Ordenanzas de Cáceres y la esclavitud en la Isla de cuba a fines del silo XVI, testimonio elocuente de la experimentada investigadora e historiadora Lohania J. Aruca Alonso, al profundizar en uno de los documentos jurídicos que nos ayudan a entender las condiciones de sometimiento del esclavo africano y las circunstancias históricas de la aparición de este fenómeno de explotación.”

El investigador Bai Na presenta Los chinos en la nación cubana, cuyo arribo en primeras oleadas inmigratorias tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XIX y la trascendencia de su desarrollo y mezcla étnica constitutiva en parte de la Nación cubana y su carácter identitario y cultural.

La grandeza histórica del Comandante Ernesto Che Guevara en esta ocasión, como presidente del Banco Nacional de Cuba, queda reflejada en su entrevista concedida a la revista Bohemia, el 31 de enero de 1960, y donde afirma que: “Ahorraremos más de 100 millones de dólares con el control de las importaciones. NO guarda el gobierno para sí el derecho absoluto y exclusivo de la industrialización. De esa forma revela las proyecciones económicas del Gobierno Revolucionario”.

En la sección Raros y Valiosos resaltan dos ediciones de una obra europea muy especial (Voyage a Surinam), cuyo contenido ilustrativo inspiró al escritor Alejo Carpentier a colaborar en el ulterior montaje de una exposición en la sede de la Biblioteca Nacional José Martí. La investigadora Olga Vega García, tiene a su cargo una crónica detallada de tal acontecimiento cultural.

Entre otros interesantes artículos que llevan de la mano al lector y que lo convocan, de manera muy especial, a rememorar figuras, se incluye el del padre Ángel Gaztelu, del cual se apropia el escritor y artista de la Plástica, Denys San Jorge Rodríguez, para trasladarnos hacia el poblado habanero de Bauta, donde “en este pueblo, en su iglesia católica y en la Biblioteca Municipal Antonio Maceo, existió un hombre quien tuvo la idea de colgar cuadros de connotados pintores cubanos como René Portocarrero y Mariano Rodríguez. Ese fue el padre monseñor Ángel Gaztelu, quien además brilló como escritor y poeta al formar parte del grupo literario Orígenes. A esto se le une en la sección de Acontecer bibliotecario, la inolvidable pareja de intelectuales de Cintio Vitier y Fina García Marruz. Acerca de Cintio, la investigadora Araceli García Carranza ha expresado que: “Recordar a Cintio Vitier en esta Biblioteca es un deber irrenunciable y no sólo por la obra que legó a Cuba, sino también por su ejemplo, su disciplina, su entrega y su consagración sin límites al trabajo”.

Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, publicación asociada a la realidad cultural de la Isla en sus diferentes épocas, y baluarte de una institución que amerita y traduce aquel pensamiento donde nuestro Héroe Nacional plantea:

“La literatura es la bella forma de  los pueblos” (2) (…) Hay obras elegantes y tranquilas que convidan  a estrechar la mano de su autor. Hay obras graves y sombrías, no entendidas por los unos y censuradas de otros por severas. Hay obras vivas de alma, en las que se envía al que las crea, abrazo que nació en el corazón”. (3)

 

(1) Primera época (1909-1913)--Director fundador: Domingo Figarola-Caneda; Segunda época (1949-1958)--Directora: Lidia Castro de Morales; Tercera época (1959-1993)—Directores: María Teresa Freyre de Andrade, Cintio Vitier, Juan Pérez de la Riva y Julio Le Riverend Brusone, y Cuarta época (1999-2007) Directores: Eliades Acosta Matos; (2007…) Eduardo Torres- Cuevas.

(2) Revista Universal, 11 de mayo de 1875. T. 6, p. 200.

(3) Literatura dramática. Revista Universal, 10 de septiembre de 1875. T. 6, p. 325.