Bando de buen gobierno para la Ciudad de La Havana, del Capitán General Don Luis de las Casas (1792)

Por Olga Vega García

Don Luis de las Casas y de Aragorri, “Teniente General de los Reales Exércitos, Precidente del Tribunal de Apelaciones de la Provincia de la Luisiana, Subdelegado de  la Superintendencia General de Corréos, Postas y Estafetas, Juez Protector de la Real Compañía, y de la Renta de Tabacos, Gobernador de la Plaza de La Habana y su Jurisdicción,   Capitán General de la Isla de Cuba, y de las Provincias de la Luisiana y dos Floridas”[sic ] … emite este bando al dedicarse desde comienzos de su mando a examinar “prolija y exactamente los bandos, autos y demás providencias”  tomadas por sus antecesores para el buen desempeño de ella y “especialmente el Reglamento de Policía formado por el Exmó. Señor Conde de Ricla en el año de mil setecientos sesenta y tres: he venido al fin á conocer que al paso de ser útiles, y convenientes al Publico todas estas disposiciones, se hace indispensable… reunirlas todas en un cuerpo, y así ceñirlas á los más breves y precisos términos, con las modificaciones, alteraciones y aumentos que exijan las circunstancias presentes…”

Dicho folleto compuesto por 42 páginas en las que se contienen 82 aspectos constituye un documento clave para estudiar un período de la historia de la capital. Da a conocer a estudiosos del tema, y especialmente a los más jóvenes,  una visión de especial interés se la vida social y costumbres la Isla, partiendo del hecho que no es lo mismo leer resúmenes o comentarios de terceras personas, aunque se trate de investigadores,  sino nutrirse de una fuente original que no ha perdido vigencia al paso de  los 225 años transcurridos desde su emisión y que además constituye un documento de valor patrimonial por su antigüedad dentro de la historia del libro cubano.

Recientemente se preparó para el número 362 de Tesoros un artículo sobre un reglamento de  Ambrosio Funes de Villalpando (1720-1780),  Conde de Ricla,  Gobernador y Capitán General (1), pero en este caso lo detallado de los temas aquí tratados amerita una nueva selección de una publicación oficial de aquel entonces.

Sobre Don Luis de Las Casas y Aragorri existen muchas referencias en Internet en las que se repite casi al detalle su biografía, por lo que se brindará un resumen de ella. En el párrafo introductorio del bando él mismo se presenta con sus cargos lo que da una idea clara del papel que llegó a jugar en Cuba y otros territorios de la corona española.

El historiador Fernando Portuondo del Prado lo caracteriza en sus rasgos esenciales (2)… “Todas las circunstancia interiores y exteriores conspiraron en favor del desarrollo de la Isla aumentando la población, la riqueza y la cultura. Encontró en La Habana un grupo de criollos de cultura comparables a  las de las clases superiores en cualquier país de Europa. Eran hacendados, médicos, sacerdotes, profesores, cuyas lecturas o viajes les hacían sentirse inconformes con  el ambiente en que vivían y les permitían conocer los medios de superarlo… se identificaron con él y le brindaron apoyo”.

“Trató siguiendo el ejemplo de sus antecesores… de reformar las costumbres públicas, mediante la reglamentación de muchos menesteres ordinarios, juegos, fiestas, etc. Persiguió con serena templanza a los vagos, viciosos, jugadores y gente de mal vivir…que eran muchos en una ciudad rica y frecuentada de negreros, contrabandistas y toda especie de buscadores de fortuna a muchos de los cuales hizo abandonar la Isla, y enérgicamente prohibió a cuantos pudieran perturbar el pleno goce del bienestar público dominante.”

Nació en Sopuerta, Vizcaya, el 25 de agosto de 1745. A los trece años ingresó entre los pajes del rey y abandonó la corte para dedicarse a la carrera de las armas. En 1762, a los 17 años participó en la campaña de Portugal a las órdenes del general O'Reilly y sirvió de ayudante de campo del teniente general conde de Ricla. Fue ascendido hasta obtener el grado de capitán de infantería y ya en 1769 es destinado a Luisiana, cedida por Francia a España. En  1774 partió a Rusia en busca de aventuras manteniendo sus intereses militares. Se inscribió como voluntario en el ejército ruso tomando parte muy activa en la invasión de Bulgaria. Luego al terminar el conflicto bélico viajó a través de Francia, Alemania, Inglaterra y Países Bajos estudiando la organización de los ejércitos de cada país  hasta que ingresó de nuevo en el ejército español, en el que se le entregó el mando del regimiento de Saboya. Se distinguió en 1775  en varias campañas: la de Argel bajo el mando del general O'Reilly (por lo que le premian con el fajín de brigadier), en el sitio de Gibraltar y la conquista de Menorca. En 1782 pasó a ocupar el cargo de inspector del ejército y comandante general de Orán.

Al cabo de 10 años es finalmente  nombrado gobernador de la isla de Cuba, donde se destacaría por la labor realizada; a él se debe la publicación del primer periódico cubano El Papel Periódico de la Havana y la fundación de la Casa de Beneficencia; durante su gobierno se crearon la Sociedad Económica de Amigos del País, de la que fue su primer presidente, y el Consulado de Agricultura y Comercio de La Habana; promovió los estudios científicos y técnicos; elaboró el primer censo fiable de toda la isla y durante su gobierno se inició el gran incremento de la industria azucarera.

 A los 52 años asciende de nuevo a Capitán General del ejército, por lo que abandona la isla de Cuba y vuelve a Madrid. Allí solicita su sustitución dada su quebrantada salud. Se le destina a la Capitanía General y Gobierno de la provincia de Cádiz y allí fallece empobrecido en el Puerto de Santa María un  14 de julio de 1800.

Este folleto seleccionado para Tesoros  fue publicado en la Imprenta de la Capitanía General en el propio año de emitido, 1792,  y corresponde a la época de florecimiento de la producción tipográfica cubana. La nota de reimpresión en su portada lo avaló de hecho como un título de mucha demanda, lo cual resultaba lógico por la relevancia del tema y aunque no sea una edición príncipe ello no le resta mérito como  “raro y valioso”, dado que se trata de un original perteneciente al siglo de la introducción de la imprenta en Cuba.

Los temas reflejados en el bando en orden  de aparición  sintetizados en lo que respecta a su contenido son los que se ofrecen a continuación, excluyéndose multas y sanciones de cárcel o decomiso para no dilatar innecesariamente este número. Se mantiene lo curioso de muchos términos empleados, algunos un tanto despectivos como por ejemplo “ínfima clase del pueblo” muy acorde con el modo de pensar en aquel entonces y la forma que se plasman costumbres de negros y mulatos, fueran esclavos o no. Se mantiene el uso de sencillas letras capitales, del reclamo entre una página y otra y las notas marginales a la izquierda de cada párrafo indicando su contenido en pocas palabras.

En primer lugar, había de guardarse debido respeto al paso del Santísimo Sacramento debiéndose  arrodillar todos en tierra. Y se prohibía blasfemar de Dios y de sus Santos, con sanción para “los que juraren con falsedad, y los  que de costumbre hicieren juramentos en vano… “ultrajando la Sagrada Religión que profesan”.

Insiste en la necesidad de que los que compraren Negros bozales, que se dediquen por sí, o por otras personas a instruirles, habrían de hacerlo sin pérdida de tiempo “en los principios de nuestra Religión Católica.”  Para complementar lo correspondiente a la catequización de los negros bozales se recomienda la lectura de un volumen de las Ediciones Bachiller publicadas en la BNCJM,  a partir de un manuscrito atesorado en la institución (3). Establece la prohibición  a todos los dueños de esclavos que hagan trabajar a estos “en obras no admitidas por la costumbre los Domingos, y demás fiestas que se titulan de guardar”.

En “ningún almacén ni tienda pública, y mucho menos por las calles,  se venderá en aquellos días feriados, excepto los comestibles por menor, y el que lo hiciere, incurrirá con el que compra…” en el delito. Decreta la abstención de trabajar los artesanos los días festivos.

Se presenta el tema de los bailes y llantos [sic] en casas particulares “con motivo de Altares de Cruz o de otros Santos… queriendo hacer obsequio a la religión que profanan…A los Negros de Guinea que en las casas de sus cabildos levanten altares… para los bailes que forman al uso de su tierra…”. Incluye a “los Capataces de estos Cabildos… que conduzcan o permitan conducir a ellos los cadáveres de negros, para hacer bailes, ó llántos[sic] al uso de su tierra… Ni en casas particulares, cuando esté expuesto el cadáver, se permitirán bailes, o llántos [sic] al uso de Guinea, aunque bien podrán acompañarlo,  como sea guardando la debida moderación…” Incluye los casos de niños fallecidos “Con ocasión de la muerte de parvulitos también acostumbran algunas personas (aunque de la ínfima clase del pueblo) formar bailes de noche habiendo crecido el desorden hasta el extremo de tener expuesto el cadáver dos, ó tres días para continuar en la misma reprehensible diversión…”

Precisa que en los entierros se pongan doce cirios…aumentándose  únicamente en las Honras Fúnebres.

Otro aspecto de interés que no requiere de comentario es el mandato de “Impedir que se establezcan Casas de Prostitución”…

Ninguna persona pedirá limosna sin la licencia del Gobernador.

Se preocupa porque “…algunos padres, aún careciendo de caudal y proporciones con que establecer a sus hijos crían estos sin inclinarlos á algún exercicio [sic] honesto, haciéndose que se formen unos hombre, ó inútiles ó perjudiciales…” por lo que manda que todos los muchachos así negros y mulatos… habiendo cumplido diez años, se entreguen a algún “maestro de su calidad en alguna arte útil al publico…” Se refiere a jóvenes sin oficio para proceder rigurosamente con ellos, conforme a la Real Cédula de Vagos, destinándolos al servicio de las Armas, ó al de Arsenal por el tiempo que corresponda.

Ratifica la prohibición absoluta de todo “Juego de envite, y azar…” que implica multas, prisión y hasta destierro a todo aquel que se hallare entregado habitualmente al juego, sin oficio, arraigo u ocupación,  como también la existencia de garitos y fulleros;  debiendo ser igualmente sancionados los dueños de casas destinadas perpetuamente al juego… y ahí añade que las mujeres implicadas serían llevadas a la Casa de recogidas de San Juan Nepomuceno. En los juegos permitidos, que siempre habrían de ser con la moderación ordenada en la Pragmática y las leyes, no se usará de tantos y señales en lugar de dinero ni se dará a la moneda más estimación de la que tenga, ni se jugará al fiado, o sobre prendas, ni tampoco habrá supuestas o “traviesas”.

Los artesanos y jornaleros se abstendrán jugar en los días y horas de trabajar (desde las seis de la mañana hasta las doce y desde las dos de las tarde hasta las oraciones de la noche)…bajo penas de multa y cárcel. En los figones, mesones, hosterías y cafés prohíbe todo juego, sólo en las casas de truco y billar se permitirá los de “damas, tablas reales y chaquete”. Con particular celo manda a los Comisarios de policía y a todos los Ministros de justicia que traten de exterminar los juegos de toda clase aunque sean de medios y reales y que a cualquier hora se forman en las calles y plazas por los muchachos, los negros y  mulatos… los menores de catorce años se entregarán a sus padres y los mayores al calabozo.

Se prohíben los papalotes en la ciudad y sus arrabales, por los daños que han causado, duplicándose la multa si tuviesen cuchilla o instrumento cortante y fuera de ella lo permite si lo hacían con el consentimiento de padres y amos… No pueden utilizarse armas cortas blandas o de fuego, especificando los tipos empleados, bajo diversas penas. Igualmente el uso de “balas frías” casi  tan ofensivas y alevosas como las armas blancas. Especifica el caso de zapateros o carpinteros… que se ejercitan con instrumentos cortantes y punzantes usándolos como armas cortas para depravados fines debiéndose justificar la tenencias de ellas en horas de la noche.

Las espadas de marca permitida como arma defensiva habrán de usarse bien acondicionadas con “vaina cerrada y contera”. Los negros no usarán ningún tipo de armas ni de día ni de noche, excepto los oficiales, sargentos y cabos cuando vistan sus uniformes. Se prohíbe el uso del machete dentro de la población y en las concurrencias de gente en el campo a los que anduviesen a pie, pudiendo llevarlo a caballo porque donde depositen uno dejarían el otro.

Se arrestarán personas con vestidos que no correspondan con su sexo o género de otro tipo de disfraz para confundir.

No andarán cuadrillas de hombres de noche por las calles de la Ciudad y los arrabales que pasen de tres, ni se detendrá ninguno en las esquinas que no se le haga retirar, debiendo ser arrestados para dar cuentas al día siguiente. Desde el toque de oración todas las volantas de alquiler deberán bajar la cortina a menos que llueva. Tres horas después del toque de las ánimas ninguna persona de “jerarquía y distinción” andará por la calle a menos que vista el traje acorde a su estado y clase o en carruaje a fin de que sea conocida y respetada por las patrullas y rondas… y los demás que hubieren de salir han de portar un farol que por ningún lado oculte la luz… Tampoco se podrán llevar sin licencia instrumentos de música o canto aunque sea con luz.

En los bailes en casas particulares se hará la debida moderación sin hacer bullas o alborotos que incomoden al vecindario, que no se detenga en la calle gente de a pie que impida el tránsito, y mucho menos volantas,  y que en los de la “ínfima clase del pueblo” donde se acostumbra tener “bebidas y comistrajos” [sic]  para vender durante el baile no se cometa ese desorden…

En los cabildos de negros sólo se permitirán los bailes en los días festivos desde las diez… hasta las doce y desde las tres de la tarde hasta las ocho de la noche… sin que continúen bajo ningún motivo ni pretexto. Se prohíbe que en ellos se vendan comistrajos y bebidas a los negros concurrentes. En ningún caso saldrán los negros por las calles con banderas u otra insignia… Algunos cabildos se hallan en calles “habitadas de vecinos honrados” que justamente reclaman la incomodidad que causan con el bronco y desagradable sonido de sus instrumentos, y los solares habitados por ellos merecen ser fabricados de modo que adornen o completen la población, por lo que manda a pasar a todos los cabildos citados a las orillas de la ciudad´

No se hará ninguna diversión pública ni en las calles ni en las casas,  ya sea de día o de noche sin licencia escrita del Gobierno.

Cuando haya concurso de volantas y otros carruajes por alguna fiesta de Iglesia, diversión pública o privada se ubicarán unas tras otras en dos órdenes, según el terreno lo permita al lado de la plaza o acera opuesta a la casa o iglesia de suerte que quede desembarazada la otra parte para que puedan llegar los demás concurrentes… y para que quede libre al tránsito… Ninguna especie de carruaje se detendrá sin bestias sino que deberán engancharse al mismo punto de sacarlo a la calle… Ni en las calles y plazas se lavarán volantas y coches por lo que cada cual mandará hacerlo dentro de su propia casa o en el lago formado extramuros cerca de la puerta de la Punta, o en otro paraje como no sea a orillas de la zanja.

Las volantas de alquiler se distribuirán proporcionalmente en las Plazas de Armas y San Francisco, de Belén y el Santo Cristo y al lado de la puerta nueva del Arsenal, colocándose de modo que no impidan el tránsito en las bocacalles y  que dejen en las aceras el lugar que necesiten dos volantas para las que trafiquen de ida y vuelta…

Dentro de la ciudad y sus arrabales no se han de correr volantas o bestias,  ni se han de domar éstas ni se enseñarán a andar en carruajes…  

Está prohibido a los arrieros en los campos llevar bestias sueltas que habrán de conducir precisamente rabiatadas unas a otras; con mayor razón se hará lo mismo en la ciudad y sus arrabales… A las ventanas y puertas de las casas no se atarán bestias que impidan  el libre tránsito de la calles.

Ningún artesano trabajará ni tendrá sus obras en la calle sino precisamente dentro de su tienda… Los materiales de las fábricas se pondrán dentro de los solares o casas donde se fabrique y si fueran tantos que no quepan todos se colocarán en la calle de manera que solo ocupen la tercera parte por la acera de la misma fábrica… Se prohíben todos los aserraderos de maderas en calles y plazas.

En los muros o paredes de calles no se levantarán tiendas de mercería o baratillos ni de cualquier otra clase. Sólo podrán conservar las primeras en los portales de la Plaza del Mercado… No se pondrán ventanas bajas voladas, sino embutidas, guardando la línea de la calle… estando prohibido  pintar las ventanas voladas a la calle…, igualmente que se emprenda ninguna obra nueva o de reedificación sacada de los cimientos a la calle sin licencia escrita de los Comisarios de Obras, en que deberá prevenirse la demarcación de ella, previo el reconocimiento que hará el Arquitecto de la Ciudad con asistencia del Síndico.

En meses de seca deberán los vecinos hacer barrer el frente de su casa lunes, miércoles y sábado de cada semana y regarla más tarde para apagar el polvo que se levanta tan perjudicial a la salud. Los albañales o caños de las casas solo servirán para las aguas de lluvia y para ninguna otra del servicio de los habitantes con que se enlodan las calles. No se sacarán tampoco basuras y otras inmundicias ni por los habitantes de las accesorias a pretexto de no tener en ellas la comodidad necesaria, debiendo convenir con el dueño de la casa principal al tiempo de alquilarlas que le presten las servidumbres precisas.

Cualquiera que echase animal muerto a la calle incurrirá en multa… y los carretoneros empleados en la extracción de basuras estarán obligados a cargar todo el que hallen en las calles donde pasen. Los animales vivos que se hallaren sueltos en las calles serán aprehendidos por las personas encargadas de ello.

No se permitirán en las calles hogueras ni  candeladas ni para quemar las astillas y virutas de carpintería o tonelería. Con ningún motivo se harán fuegos artificiales sin precedente licencia del Gobierno, ya sea en fiesta de Iglesia o ya en otra diversión pública o particular. Tampoco se dispararán fusiles o cohetes sueltos.

Reitera las órdenes dadas por sus antecesores acerca de baños de persona de cualquier clase o condición en la zanja que provee de agua la Ciudad… igualmente que los dueños de estancias y huertas entre otros bañen o hagan beber en dicha zanja a sus animales. En las fuentes o pilas de la Ciudad no se lavaran ropa, carruajes ni otra cosa alguna.

Exige revalidar las licencias a los que tienen tienda pública, casas de mesones,  figones, cafés, trucos y billares. Toda pulpería deberá tener un corredor fijo que cierre y separe la parte interior de la que queda para las puertas de la calle a fin de que ninguna persona pase de él para adentro. Todos los mesones, figones, bodegas, tabernas, almacenes de víveres y bebidas, casas de café, trucos y billar deberán cerrarse de noche dos horas después del toque de las Ánimas…Solo en caso de extrema urgencia del vecindario, como de enfermedad u otra semejante, podrán los taberneros vender después de aquellas horas debiéndolo hacer por la ventanilla…

En conformidad de lo dispuesto por Ley de estos Reinos y Ordenanza Municipal manda que todos los capitanes, maestres y patrones que traigan por mar víveres o bastimentos a esta ciudad y los comerciantes establecidos en ella que los reciban por su propia cuenta o por comisión y que luego los vendan al por mayor,  presenten en el término de veinticuatro horas a los Regidores Diputados una relación del precio en que los hayan vendido y el nombre de los compradores quienes deberán exhibir otra igual a aquellos,  para que se asignen los precios a que se han de efectuar las segundas ventas.

El que vendiere productos corrompidos… o pescados ciguatos y el panadero que amasase harinas también corrompidas pagará multa. Ninguna persona que se ocupe de la matanza de animales en los barrios extramuros lo hará de noche o con ocultación… y acreditándose que el animal estaba enfermo o murió naturalmente se sancionará.

Los vendedores de carne lo harán en los parajes señalados a este fin desde las cuatro de la mañana en el verano y desde las cinco en el invierno. El que comprare alguna cosa a los hijos de familia, criados y esclavos perderá el precio que hubiere dado y será castigado según la gravedad que resulte.

Reitera las órdenes expedidas por sus antecesores a impulso de la Real Hacienda acerca de que no se vendan por las calles ni en cualquier otro lugar que no sean los almacenes ni tiendas públicas géneros de seda, lienzos, paños, y cualesquiera mercadería de ropa.

Todo vecino debe desalojar la casa en que habite haciendo mal uso de ella, físico o moral… Si el dueño decide fabricar o reedificarla,  o necesitarla para sí o sus padres no se admitirá una contienda judicial ni el dueño podrá alquilarla a otra persona ese año. El administrador o dueño de una casa que alquilase el todo o parte de ella o el inquilino que subarrendase algún cuarto o accesoria deberán participarlo ese mismo día al Comisario del respectivo barrio. Igualmente el que aloje en su habitación a persona extraña de su familia aunque sea por un solo día.

No se ha de alquilar casa o cuarto interior a negros esclavos a menos que siendo casados sea uno libre y el otro tenga licencia escrita de su amo, sin que sirva de excusa la ignorancia de su condición porque el dueño de la casa deberá averiguarla primero.

Manda que el que hubiera de ausentarse ya sea ultramar o dentro de la isla,  fuera de la jurisdicción de la Ciudad pida la licencia necesaria.

Finalmente los que no tengan con qué pagar las multas impuestas se penan a trabajar en obras públicas en dependencia de la deuda.

Concluye que a efectos de la noticia de lo consignado en el bando llegue a todos y no se pueda alegar ignorancia, ordena que se publique en la forma y parajes acostumbrados, previniendo que luego que se publique tomen los Comisarios de Policía y Ministros de Justicia un ejemplar para que teniéndolo en mano puedan velar por su estricto cumplimiento que ha de verificarse sin ninguna indulgencia o disimulo, a reserva de dirigir otros a los Jueces Ordinarios, de quienes espera que aplicarán con él todos los esfuerzos. “Dado en La Havana [sic]  a treinta de junio de mil setecientos noventa y dos”.

El ejemplar seleccionado perteneció anteriormente a la Colección de la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País. Fue encuadernado en pergamoide rojo.

En esta oportunidad se ofreció en Tesoros una interesantísima publicación oficial del período, que intentó regular en lo posible todo lo que contravenía la ley mostrando un panorama de un fin de siglo importante dentro de la Historia de la Isla, y que demuestra una vez más que muchos de los delitos previstos se mantienen aún en la vida moderna con variantes propias del paso de poco más de dos centurias. Disfruten pues los lectores de ese pequeño y a la vez gran tesoro.

 

Bibliografía citada.

  1. Vega García. Olga. Una Curiosidad en la colección de impresos cubanos del siglo VIII: el “Reglamento de Policía para la limpieza y desembarazo de las calles, y plazas de la Ciudad de la Havana”[en línea] http://librinsula.bnjm.cu/secciones/362/tesoros/362_tesoros_1.html (Consulta 3 mar.  2017).
  2. Portuondo del Prado, Fernando. -- Historia de Cuba. – 6 ed. — Instituto Cubano del Libro, Editorial Pueblo y Educación, 1965. – p. 225y 226.
  3. Duque de Estrada, Nicolás.  Explicación de la doctrina cristiana acomodada a la capacidad de los negros bozales. -- La Habana : Departamento de Ediciones de la Biblioteca Nacional José Martí, 2006. – 165 p.

Bibliografía consultada

Casas y Aragorri, Luis de las [en línea] http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/casas-y-aragorri-luis-de-las/ar-29562/ (Consulta 23 jul. 2017).

Apaolaza Llorente, Dorleta. Los bandos de buen gobierno en Cuba. La norma y la práctica (1730-1830) [en línea]
https://web-argitalpena.adm.ehu.es/listaproductos.asp?IdProducts=UHHIH164009&titulo=Los%20bandos%20de%20buen%20
gobierno%20en%20Cuba.%20La%20norma%20y%20la%20pr%E1ctica%20(1730-1830).  (Consulta 23 jul. 2017).

Apaolaza Llorente, Dorleta. Sociedad cubana del siglo XVIII a través de los bandos de buen gobierno [en línea]http://www.blogseitb.com/rogeblasco/2016/12/01/dorleta-apaolaza-llorente-sociedad-cubana-del-siglo-xviii-a-traves-de-los-bandos-de-buen-gobierno.  (Consulta 23 jul. 2017).

Medina Martínez, Edurne. El gobierno de Luis de las Casas en Cuba (1790-1796). [en línea] http://www.red-redial.net/referencia-bibliografica-31721.html. (Consulta 23 jul. 2017).