El desafío de su propio desarrollo

Por Fernando Rodríguez Sosa

El historiador y economista Julio Le Riverend Brusone (1912) dirige desde 1977 la Biblioteca Na­cional José Martí. Antes desempeñó diversas res­ponsabilidades, entre ellas vicepresidente del Ban­co Nacional de Cuba (1959-61), vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba (1962), director del Instituto de Historia y del Archivo Nacional de Cuba (1962), viceministro de Educación General y Especial (1972-73) y embajador y Delegado Perma­nente de Cuba ante la UNESCO (1974-77). Su sólida obra ensayística es imprescindible punto de partida para el conocimiento y estudio de nuestra forma­ción política, económica y social. De sus títulos, Historia económica de Cuba (1963), reeditada en varias oportunidades y traducida al inglés, francés y ruso, constituye el mejor ejemplo de su inapre­ciable dedicación investigativa. En esta breve en­trevista, el prestigioso intelectual responde algunas preguntas sobre la institución que ahora dirige y que acaba de cumplir su ochenta aniversario.

—¿Qué es y qué pretende ser la Biblioteca Na­cional José Martí?

—La Biblioteca Nacional José Martí es y preten­de ser, cada vez más, un gran centro especializado de cultura. En definitiva, por el sesgo que actualmente toman diferentes aspectos de la actividad científica e intelectual, cuando se habla de infor­mación, de documentación, en realidad se habla de cultura, sea científica, sea en el sentido estricto de las artes. Desde este punto de vista, existe para nuestra institución una perspectiva ilimitada, por­que el desarrollo del país se produce en forma ace­lerada y los egresados de los centros educacionales son cada día más numerosos y con una superior preparación, lo cual implica en definitiva la posibi­lidad de utilizar mejor la información y la docu­mentación. Además, y no es poco importante, este centro —como en otros países— organiza activida­des extrabibliotecarias, siempre con una referencia final a los libros, a las revistas... Por todas estas razones, creemos que la Biblioteca Nacional José Martí es, y debe serlo aún más, un gran centro de cultura, de apoyo, de promoción, de sostén del tra­bajo cultural.

—¿Cuáles son las perspectivas de trabajo para el quinquenio 1981-85?

—En primer lugar, debe estar presente lo que ya hemos dicho: el desarrollo general del país, de su pueblo, constituye un desafío para la biblioteca, el desafío de su propio desarrollo. Asimismo, debemos perfeccionar al máximo nuestras concepciones de trabajo, iniciadas al crearse el Ministerio de Cultu­ra y en este momento en una primera fase de cul­minación. Además, progresar en la normalización de los procedimientos internos, aquellos que no ve el público, pero que en definitiva dan la medida de nuestro progreso, de nuestra capacidad para asimi­lar los materiales recibidos y ponerlos, lo más rá­pidamente posible, a disposición de todos los usua­rios. Por otro lado, debe iniciarse un plan enérgico de superación, capacitación, reciclaje —como quiera llamársele— para actualizar al personal a medida que la técnica bibliotecaria y las concepciones de organización se vayan desarrollando. De igual forma, estudiaremos la aplicación de métodos muy modernos, muy avanzados, de manejo de la documentación y de los materiales. Me refiero —concretamente— a la computación, que aunque son palabras mayores y no se deben tomar a la ligera, porque no hay posibilidades inmediatas, si es un problema a plantearse, ya que no es la necesidad de la circulación rápida del libro o de la revista o de cualquier otro material, continuar con métodos de trabajo manuales, artesanales.

—¿Qué ha significado para usted, en el orden  personal, dirigir la Biblioteca Nacional José Martí?

—Trabajar en la Biblioteca ha sido para mí una revelación, muy agradable por cierto. No se trata de que fuera ajeno a las bibliotecas. Como investigador, conocí durante muchos años, antes de 1959, la desastrosa organización de estas instituciones. Por consiguiente, esta experiencia la transformé en energía y entusiasmo para trabajar, no como lector, puesto que en la práctica, por razón de tiempo, me  está prohibido leerme la Biblioteca. Esperamos que este esfuerzo, que no es sólo individual sino colectivo, se multiplique en centenares de miles de usuarios, que son quienes necesitan cada vez más que la Biblioteca esté debidamente organizada, con disciplina y modernidad en sus métodos de trabajo.

 

Tomado de Revolución y Cultura, La Habana, núm. 111, noviembre, 1981. Págs. 53-54.