Entrevista al historiador Guillermo Jiménez Soler (Tercera parte)

Por Alejandro Zamora Montes

 

Guillermo Jiménez Soler es abogado e historiador. Es conocido mundialmente por crear dos monumentales obras literarias: Las empresas en Cuba, 1958 y Los propietarios de Cuba, 1958. Constituye un verdadero privilegio para el equipo editorial de Librínsula que este intelectual haya accedido humildemente a brindarnos su tiempo y experiencias, las cuales seguramente resultarán del agrado de los lectores.

 

GJS: Las preguntas que me asaltaban eran las siguientes: bueno, ok, la ortodoxia dice que es la burguesía la que dirige la política económica en una sociedad capitalista. Bien… ¿Pero cómo lo hace? ¿Y cómo lo hacía en las condiciones concretas de Cuba? Porque ese capitalismo que existía aquí no era un capitalismo con toda la estructura que se ha descrito clásicamente. Este era un país subdesarrollado, con una dependencia enorme, mono productor, mono exportador. O sea, ese capitalismo no está descrito por ningún estudioso. Entonces… ¿Cómo funcionaba en la práctica? Yo no tenía respuestas a eso. Ni tenía respuestas en los documentos oficiales del gobierno de Batista, ni en las leyes, ni en las gacetas. Ni en ningún libro de algún estudioso en Cuba o en el exterior. Eso me motivó a tratar de averiguar al respecto. Y ahí empecé con mis investigaciones. Para lograrlo, me hice de mi propio tarjetero. De mi propio archivo, como dicen los estudiosos. Y me di cuenta -en un momento determinado-, que la cantidad de información que tenía casi toda era inédita, extremadamente valiosa para los estudiosos e investigadores, así que empecé a cambiar mi plan: dividí aquello y determiné hacer dos libros, que eran: El capitalismo en Cuba y otro: La burguesía en Cuba. Pero para hacer eso, me di cuenta que la información que tenía podía ser aún más valiosa (relativa a lo que yo tenía de soporte de esa misma investigación), y por eso agregué dos libros más, los cuales terminaron siendo publicados antes que los otros: Las empresas de Cuba (que es el diccionario de las empresas) y Los propietarios de Cuba, que eran los dueños de esas empresas. Sucedió otra cosa: cuando tenía toda esa información organizada, digerida; no solamente escrita, sino también organizada en mi cabeza… me di cuenta que más que empresarios (esa selección que me vi obligado a hacer, porque si no era imposible imprimirla, tenía su importancia a raíz de una serie de características que tuve que predeterminar por efecto de la información estadística en Cuba), eran los propietarios de este país. El capitalismo en Cuba tenía una serie de modalidades muy especiales, incluso creó una serie de instituciones por donde se manifestaba la voluntad de los sectores de la burguesía. Que incluso estaban apoyados por una legislación que favorecía lo que ellos determinaban. No era que el presidente de turno los escuchaba porque se daba cuenta de que eran tipos poderosos económicamente, sino porque las asociaciones que ellos tenían –que eran características del capitalismo en Cuba–, en muchos casos tenían leyes que determinaban una serie de cuestiones fundamentales en la dirección de la economía. Digamos, por ejemplo: lo fundamental en la economía cubana durante un siglo y tanto, fue de tipo monocultivo azucarero, que opacó todo el resto de la economía cubana. La economía azucarera se organizó (no me voy a referir en la época colonial, sino en la república), con una división muy clara. Los colonos, que eran bastante agrícolas, y los hacendados, que eran los dueños de los centrales, las fábricas. Es decir, la agricultura y la industria, lo clásico. Pero en este caso, generalmente, el hacendado dueño de los centrales era también dueño de las tierras. Y las tierras las cultivaban una serie de instituciones semi feudales. El caso es que los dueños de los centrales eran prácticamente los individuos que determinaban el curso de la economía en nuestro país. Esos dueños de centrales (los colonos, los ganaderos), es decir; los sectores de la burguesía en Cuba, estaban por ley o casi por ley, obligados a organizarse en asociaciones corporativas. Por ejemplo, la Asociación de Industriales de Cuba, que era la Unión Azucarera. La Asociación de Hacendados, que eran los hacendados azucareros. La Asociación de Colonos, que eran los que producían la caña. La Asociación de Ganaderos (que existían como cinco o seis distintas) y tenían tremenda división entre ellos. La Asociación de Caficultores, que producían café, así como la del tabaco, cigarros, etc. Es decir, todos los grandes y pequeños productores de Cuba estaban organizados corporativamente. Eso es una característica de lo que yo llamo sub-capitalismo en Cuba. O sea, en nuestro país creo que no ha habido un capitalismo puro, sino un capitalismo típico cubano, con una serie de características muy nuevas, que explican muchas de nuestras dimensiones, como es lógico. Estas asociaciones de las que te hablo no existían con el mero objetivo de ofrecer una reunión de propietarios de un sector, que se conocían para conversar o darse unos tragos, sino que tenían una serie de facultades. Por ejemplo, la Asociación de Hacendados tenía la facultad todos los años de determinar el monto de la zafra azucarera. Era una operación tremenda, que determinaba totalmente el curso de la economía del país. Esa “aparente” tontería reflejaba si la zafra sería de cuatro, seis o siete millones. Los elementos para determinar el monto de esa zafra estaban restringidos, a su vez, por la cuota azucarera que determinara Estados Unidos comprar ese año. A partir de ahí, los hacendados se reunían y determinaban si nosotros íbamos a producir más cantidad o menos cantidad y como se distribuía entre los 162 centrales que había en Cuba. Como ves, el sector principal de la burguesía cubana estaba bastante reducido: 162 centrales. Había una fuerte concentración. Muchos de esos centrales eran propiedad de un solo propietario. Aunque por ley se suponía que el presidente de la República era el que determinaba el monto de la zafra, en realidad lo hacía la Asociación de Hacendados. Entonces por eso vino la palabra “propietarios”, porque realmente estaba muy bien definido y determinado cómo se manifestaba el poder económico de esos sectores de la burguesía en la vida práctica, política y diaria del cubano.