Beatriz Maggi: pérdida irreparable para la cultura y la pedagogía cubanas

Por Jesús Dueñas Becerra

He vivido para enseñar y escribir

Beatriz Maggi

 

El autor de esta crónica no tuvo el privilegio de conocer personalmente a la doctora Beatriz Maggi Betancourt (1924-2017) (1-2) pero sí por referencias directas del licenciado Carlos Zambrano, exfuncionario del Ministerio de Cultura, quien fuera su discípulo mientras cursaba la carrera de Lengua y Literatura Inglesas en la Universidad de La Habana, donde la carismática intelectual cubana ejerciera la docencia superior (pre y posgraduada), hasta que decidió acogerse a la jubilación en 1993, pero no al retiro.

El aquel entonces joven discípulo de la doctora Maggi me relató anécdotas deliciosas relacionadas con la inteligencia global y emocional, sencillez y humildad que —desde la vertiente personográfica— la identificaran en cualquier medio; la ancha y lejana cultura, que acariciaba el intelecto y el espíritu del alumnado; los valores éticos, estéticos, patrióticos, humanos y espirituales que descubriera en el comportamiento diario de esa maestra excepcional, tanto en el aula como fuera de ella.

Dichas anécdotas, narradas de una forma sui generis por mi estimado amigo, me motivaron a homenajearla postmortem con una crónica, dedicada a la única especialista en William Shakespeare en la mayor isla de las Antillas, así como en la mayoría de los países hispanohablantes.

Maggi Betancourt era doctora en Filosofía y Letras por la capitalina Alma Mater (1946), obtuvo la categoría académica de Master en Lengua Inglesa y Norteamericana (1948), en un centro estadounidense de educación superior, y el grado científico de doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana (1976).

La también miembro ilustre de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la Asociación de Pedagogos de Cuba (APC), así como de varias instituciones nacionales y foráneas, por su profundo conocimiento de la literatura y la lengua inglesas, se convirtió en  traductora de autores «clave» de las letras shakesperianas y universales.

Trabajó como docente en el Instituto Preuniversitario Especial Raúl Cepero Bonilla, sito en La Víbora, La Habana. Impartió clases en la Universidad de Santiago de Cuba, y de ahí, se trasladó a la Facultad de Artes y Letras de nuestro máximo centro de educación superior, donde desempeñó la cátedra de Literatura Universal hasta que, por voluntad propia, abandonó la docencia universitaria desde hace más de dos décadas.

Educadora ejemplar de varias generaciones de intelectuales caribeños, siempre se le percibió como una especie de mito de la enseñanza superior en nuestra plataforma insular.

Era —sin duda— una de las figuras de mayor calado intelectual y mayor prestigio en el pensamiento alternativo, en la Perla del Caribe. Con apoyo en su temperamento introspectivo, inclinado a la meditación (contemplación interior) y el profundo respeto hacia el conocimiento humano, durante años no mostró particular empeño en publicar en las editoriales nacionales o foráneas, y en toda su carrera docente-educativa apenas aceptó ser la tutora de tres tesis de licenciatura.

Desempeñó una función esencial en la carrera profesional de las hoy eminentes escritoras y profesoras universitarias Madeline Cámara (teórica y crítica literaria) y Rita Martin (poetisa, narradora y crítica literaria), e influyó —de manera decisiva— en la formación y orientación a célebres intelectuales y artistas cubanos: el cineasta Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine, el crítico, escritor y periodista Rufo Caballero (1966-2011), la narradora, investigadora y crítica literaria Gina Picart, el escritor Abel Prieto Jiménez, titular de Cultura, y muchas otras personalidades de las letras cubanas asistieron como alumnos a sus clases magistrales y fueron moldeados por sus amorosas manos.

La profesora Maggi no solo impartía conocimientos sobre literatura universal, sino devino un paradigma de honestidad intelectual, que «amó y cuidó a sus discípulos cual si fueran sus propios hijos», como —en cierta oportunidad— precisara el licenciado Carlos Zambrano.

Era una gran conocedora y estudiosa del teatro, dictó conferencias en universidades norteamericanas, (ex)soviéticas y polacas. Fue jurado de diversos certámenes: Casa de las Américas y 13 de Marzo.

En reiteradas ocasiones, recibió el Premio Nacional de la Crítica y otras condecoraciones: Medalla Rafael María de Mendive y A la Excelencia Pedagógica.

Ejerció el periodismo en las revistas Santiago, Universidad de La Habana, Tablas, Revolución y Cultura, La Gaceta de Cuba, así como en otros medios de prensa.

Dio a la estampa los siguientes títulos en editoriales del patio y extranjeras: La palabra conducente (Letras Cubanas, 2013), Antología de ensayos (Instituto Cubano del Libro, 2008), Panfleto y Literatura (Letras Cubanas, 1982), El cambio histórico en William Shakespeare (Letras Cubanas, 1985), El pequeño drama de la lectura (Letras Cubanas, 1988), La voz de la escritura (Letras Cubanas, 1988), y De la Corte a la taberna (Aduana Vieja, 2005)

La doctora Maggi ha prologado en el territorio nacional numerosas ediciones de autores como Fiodor Dostoievski (1821-1881), William Shakespeare (1564-1616) y Eugene O'Neill (1888-1953), entre otros gigantes de la literatura mundial.

Como martiana de pura cepa, estaba consciente de que los títulos honoríficos, las condecoraciones y las distinciones caben en un grano de alpiste. Ella tenía muchísimo más: el cariño y el respeto de discípulos, colegas, amigos y admiradores, quienes —desde las diferentes disciplinas humanísticas donde desarrollan su ingente labor profesional— dignificaron la vida y la obra de la doctora Beatriz Maggi Betancourt, quien ya duerme el sueño eterno en los amantísimos brazos del Espíritu Universal; leitmotiv en la obra poético-literaria y periodística del Apóstol. 

Notas

  1. Beatriz Maggi Betancourt. www.ecured.cu
  2. Beatriz Maggi Betancourt. www.wikipedia.com