Mirta Aguirre: letras cubanas, Gaceta y memoria de José Antonio Portuondo

Por Yirian García de la Torre

A cualquier cubano la autora del poema le viene con el homenaje permanente al Che, le piensa ¿Dónde estás caballero gallardo?... en una frase tan cubana y de sus letras como a los pioneros su consabido lema “Seremos como el Che”. Un giro rápido a la memoria, un texto común de pueblo, un clásico entre los clásicos por la figura de Ernesto Guevara de la Serna, tan cubano, arraigado y potente como la propia Mirta.

Por esas razones manidas, se antoja el tema de la escritora desde el epistolario a José Antonio Portuondo (1), otras de las letras más grandes del país, a cuya esposa Bertha, en vida le debiera, esta periodista, el regalo del libro, joya de la intimidad que rodeara a su esposo entre los años 1932 a 1986; además de sus palabras en remembranza de aquellos días que ella quiso un día mostrar a la luz de los lectores cubanos y foráneos.

Igual pudiera evocarse a Mirta desde su Wifredo Lam, tal como le describiera en la obra pictórica cubana, desde varias publicaciones.

Volviendo al carteo con Portuondo, recoge unas 31 cartas, muestra de la entrañable amistad entre ambos intelectuales cubanos; el respeto y admiración recíproco, así como el carácter jocoso e irónico, siempre inteligente, de la escritora. Alusiones a su “femíneo prestigio” o cuestiones personales en un idioma propio…” noto, con alarma, que según me voy “ajamonando” me voy poniendo medio impúdica. ¡Terrible señal de la vejez!”

Tan de hoy como en la carta fechada en octubre de 1945, en la cual menciona sus pocas ganas de escribir y la necesidad de cumplir con lo que le toca “si algún deber tenemos nosotros es el de seguir metiéndole a cierta gente por los ojos lo que no quiere ver, lo que es imprescindible que vean si no queremos que el socialismo barra mañana con cuanto pueda significar espíritu y belleza”

Igual se lamentaba a veces de no tenérsele en cuenta, la necesidad, de vez en vez, de alejarse de su Cuba amada, o la difícil vida en New York. Respecto al dinero, en 1946, menciona que es corto, “No sé qué pasa con el dinero, ¿te explicas tú? Tanto que hay, y uno no lo logra nunca ver suficiente.”

Sobre sus días en New York, le llama la atención la frase “Necesito desesperadamente”, con la que la gente solicitaba apartamentos en los clasificados de los periódicos, y manifiesta a modo de broma, que quizás como Ballagas (2), con el viaje pueda pescar su media naranja.

En realidad, no le gusta la ciudad, hasta se siente con dudas de que la lleven “Ellis Island” (3) por lo inusual de su caso con el pasaporte al entrar a Estados Unidos. También la ciudad le cae “gorda” porque “la vida es muy cara y que, simple y sencillamente, no hay dónde vivir. Para conseguir un subarrendamiento de un apartamento, mínimo hay que dar hasta mil o mil quinientos dólares de regalía. ¡y después te desahucian!” (4)

En otra carta menciona los avatares con su trabajo “Un hombre a través de su obra: Miguel de Cervantes Saavedra”, publicado en 1948, y del ensayo con que ganó el concurso convocado por la secretaría de Obras Públicas de México: “Del encauto a la sangre: Sor Juana Inés de la Cruz”, aparecido en 1975, aunque Mirta Aguirre nunca fue becaria de instituciones mexicanas o de otro país.

Además de cómplices en la publicación semanal “La Gaceta del Caribe”, junto a Ángel Augier, Nicolás Guillén, que con ella se auto llamaban los tres mosqueteros de Portuondo; coincidían en las letras cubanas con otros grandes de la literatura en Cuba y otros países. Era tiempo de letras, de arte, de cultura.

El texto “Cuestiones privadas…” es una valiosa contribución literaria donde también escriben Félix Pita Rodríguez, Miguel Barnet, Cintio Vitier, Herminio Almendros, Samuel Feijoó, José M. Chacón y Calvo, Salvador Bueno, Alejo Carpentier, Fernando Vecino Alegret, Jorge Mañach, Juan Marinello, Mariano Rodríguez, Virgilio Piñera, René Portocarrero, entre otros, con lo que el lector conoce de primera mano aspectos relevantes de la vida cultural, social y política de esos años, distintas facetas de Portuondo y de sus amigos, como cuenta Mirta.

Más de la autora se puede leer en colaboraciones en el periódico “Hoy”, sus pasos en el Partido Socialista Popular (PSP) junto a Portuondo y otros. En textos sobre la vida cultural de la época o en los poemas dedicados a Fidel Castro, en el libro “Viaje a los frutos” (5), de la Premio en Ciencias Sociales y Humanísticas 2015, Ana Cairo, se trata de Fidel (6): “Perfil que se recorta/ sobre el azul del cielo; / paloma en pleno vuelo / que quiere descansar. / Asombro de palomas / y paloma de asombro, / se le posó en el hombro/ Piquito de Coral. También “De enero a enero” (7).

Sería curioso escribir más sobres sus entrecejos en el epistolario mencionado, sobre todo cuando los marines “orinan” (8) la estatua de José Martí del parque Central; ella le pregunta entonces a José Antonio Portuondo si quiere entrar en el sorteo, pues ya Nicolás (Guillén), Juan (Marinello) y ella echan a suerte treparse en el monumento a Grant.

Jocosa o recta, de alta letra, ella dice de sí misma, “según soy de sucia habitualmente, soy decente cuando la ocasión lo exige”. Esta Mirta Aguirre cubana, mujer, escritora, militante y sincera; esa amiga permanente de José Antonio Portuondo o esa que se queda en las frases del año homenaje al Che, es tan nuestra como las palmas, la bandera cubana o el fraseo popular.

 

Notas

1 Romero Cira y Castillo Marcia. Instituto de literatura y Lingüística. Selección y notas. “Cuestiones privadas. Correspondencia a José Antonio Portuondo (1832 – 1986)”. Editorial Oriente, Santiago de cuba, 2002.

2 Emilio Ballagas

3 Campamento para aquellos que tenían una situación legal con su estancia en Estados Unidos. Está situado en una pequeña isla de la bahía de New York.

4 Carta de Mirta Aguirre a José Antonio Portuondo fechada abril 23, de 1947.

5 Cairo, Selección de Ana. “Viaje a los frutos”. Ediciones Bachiller. Biblioteca Nacional José Martí, 2006.

6 Aguirre, Mirta. “Juegos y otros poemas” La Habana, Editorial Gente Nueva 1992 pp. 96-98. Editado por primera vez en 1974.

7 Ibidem 2 p.11

8 Según las palabras de Mirta en la carta.