STALIN

Aproximación a su iconografía en la prensa cubana. 1928-1953.

  Por Jorge Luis Montesino

Idealizado por sus partidarios −los miembros del Partido Comunista de Cuba, fundado en 1925− dictador para sus acusadores ideológicos, y en general desaprobado por nacionalistas, liberales, socialistas nacionalistas, marxistas no partidistas, anarquistas y trotskistas, a Stalin se le concede protagonismo definitivo en Cuba coincidiendo con su liderazgo y gestión política vertical en la URSS, a través de su producción teórica y una particular representación visual desde los primeros años de implementación del Plan Quinquenal en 1928, habiéndose impuesto a sus adversarios políticos. En ello desempeñaría rol básico el progreso de la técnica y tecnología de la información. En Cuba no pocos autores se quejaban de lo dificil que resultaba entonces “desentrañar de las informaciones cablegráficas, deformadas y parciales unas veces, exageradas otras y siempre confusas, incompletas e inconexas, una idea, siquiera vaga, del carácter general de la profunda transformación política, social y económica (…) en el mundo entero.” (1) Así, el campo editorial cubano, pero fundamentalmente la prensa plana muy pronto registró –no sólo en letra impresa como veremos− y puso a debate aquellos acontecimientos y actores políticos considerados de relevancia universal, tales fueron la Revolución Rusa de 1917, sus líderes Lenin y Trotsky.    

“Rusia espejo saludable para uso de pobres y ricos”, por Rafael Callejas. Revista Social, Año V, No. 11, noviembre de 1920, p. 42 y 79.

Representación de la Revolución Rusa y la iconografía comunista en el campo editorial cubano: Escritura y visualidad, 1919-1927.

En Cuba, la sorpresa inicial por el triunfo de la Revolución Rusa se manifestó significándola con fuerza en la prensa de la época y a todo lo largo de los años  veinte. Con énfasis a partir de 1919 varias publicaciones ofrecieron noticias de último momento y artículos de reflexión política y social sobre aquella Revolución distante en su geografia continental. Se distinguieron las revistas Cuba Contemporánea, Social, Carteles, la Revista de los Estudiantes de Derecho y Nuestro Siglo Revista de Información Nacional, de igual formalos periódicos La Nación y La Lucha. Un capital teórico y político se conserva en letra impresa presto al forcejeo por la universalización del Ideal Socialista. Así, firmas de intelectuales posicionados en los más diversos puntos del panorama ideológico insular miraron hacia Rusia examinando la realidad política cubana. Entre numerosos, traigo el ejemplo de patricios con sólido compromiso nacional como Enrique José Varona y Manuel Sanguily, quienes expusieron argumentos que en décadas sucesivas encontraron resonancia en la interpretación y enfoques críticos de Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Raúl Roa, Pablo de la Torriente Brau, et al.

Durante la década del veinte y la sucesiva, periodistas, escritores, líderes políticos, obreros ácratas y comunistas, atraídos por la revolución viajaron a Rusia en función partidista y ejercicio periodístico. Entre ellos Julio Antonio Mella, Alejandro Barreiro, Leonardo Fernández Sánchez, Rubén Martínez Villena, Rafael Sainz Sotomayor, Antonio Penichet, José A. Fernández de Castro, José Manuel Valdés Rodríguez, Joaquín Ordoqui, etc. Emilio Roig de Leuchsering recorre Europa con el propósito infructuoso de visitar Rusia. En 1922 la revista Social publica sus “Recuerdos de viaje” y “Con el soviet ruso, en Berlin”. La Revista de Avance da a conocer un “emocionario” de Sergio Carbó titulado Un Viaje a la Rusia Roja, Ediciones 1928, antes divulgado en el periódico La Semana bajo el títuloImpresiones de un viaje a Rusia”. De regreso a Cuba no sólo lo hicieron con sus impresiones en forma de memorias remitidas desde el extranjero o posteriormente impresas aquí. Sin dudas, ellos admiraron en Rusia  y transmitieron en la Isla una experiencia visual, gráfica, inédita por su alcance internacional. Está por estudiarse el impacto sensorial e ideológico causado por la nueva realidad eslava a través de la práctica in situ de dirigentes e intelectuales comunistas, periodistas y artistas, y la ulterior apropiación y socialización de la iconografía ruso-comunista en Cuba, lo mismo en la labor creativa de pintores, dibujantes e ilustradores, que en la prensa plana y en la identidad visual del Partido Comunista de Cuba.

Si el Ideal Socialista en Cuba República describe un complejo arco de interpretaciones ideológicas y teóricas disímiles (públicas en Manifiestos, Proclamas, Programas, folletos, ensayos, etc.,), opuestas en plataformas políticas y con alguna que otra convergencia respecto a la justicia social, y exclusivamente ello ha servido de documentación primaria en el trazado historiográfico hasta hoy, justamente ensayo desplazar el estudio del proceso del Ideal socialista desde su validación escrita hacia el terreno de la interpretación y uso ideológico de la imagen visual (de connotación socialista) y su comunicación en la prensa cubana. El presente estudio introduce un giro hacia la formalización de una historiografía visual del ideal socialista en Cuba.

A grandes rasgos y en menor proporción que la referencia escrita, el uso de dibujos y sketches (representación gráfica de escenas), grabados, pinturas y fotografías como ilustraciones en portadas y páginas interiores en el caso de las revistas y periódicos cubanos pudiera reunirse en dos períodos esquemáticos pero descriptivos del proceso (visual, simbólico), de cómo fue vista la Revolución Rusa hasta su ordenamiento stalinista alrededor de 1928: uno que inicia próximo el año 1919 hasta 1925 (ilustraciones y viñetas del diseño, el folklore y la abigarrada cultura popular rusa, imágenes de sus principales líderes Lenin y Trotsky; fotografías de acontecimientos de toma del poder bolchevique); y otro que continua esta última fecha y alcanza 1927 (nuevos tipos rusos internacionalizados: obreros, estudiantes; imágenes de Trotsky ahora paladín de la Oposición de izquierda, del rostro de Lenin dentro de un signo de interrogación, de la hoz y el martillo en el machón o en árboles en portadas de revistas, y complemento escénico de una familia de obreros negros, etc.).

La Revolución Rusa de 1917 ajustó la precedente y aislada simbología revolucionaria de presunción socialista, masónica y otras tradiciones representativas e implantó la matriz icónica del Ideal comunista y justicia social del socialismo a escala mundial. Se apoyó en la prensa bolchevique y en el ejemplo de su propia revolución, en las organizaciones internacionales comunistas y la prensa (Comintern, Internacional Sindical Roja, Socorro Rojo Internacional), internacionalizando un nuevo imaginario en símbolos (la estrella casi siempre roja, la hoz y el martillo, la bandera bolchevique, Lenin), formas y colores, consignas y emblemas partidistas (La Internacional), diseños en afiches,  libros, folletos, en una gestualidad movilizativa y viril, teatralidad de escenario, actores y espectadores bañados por el Ideal de justicia. Con el ascenso definitivo al poder soviético hacia finales de los años veinte (política de bolchevización del Partido Comunista, creación del Marxismo-Leninismo, VI Congreso de la Internacional Comunista y Primer Plan Quinquenal en 1928, y un años más tarde la celebración de su 50 cumpleaños), Stalin capitaliza y redirecciona la imagen nacional e internacional de la Revolución bolchevique y la suya. Para Trotsky el Estalinismo es consecuencia directa de la usurpación y polarización ideológica de la Revolución por parte de la corriente política bolchevique. Con aquel año abre el período de interés central de estas líneas: Stalin y su iconografía en la prensa cubana hasta 1953, a través de publicaciones con perfiles editoriales e ideológicos divergentes. 

Otra conquista, Osvaldo Ozon. CARTELES,
Año 28, número 5,  febrero de 1947
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Acero en el trópico…

Stalin clasifica entre las grandes figuras conocidas del panorama político mundial del siglo XX y, por supuesto, abundantemente estudiado. En cambio, se le excluye aquí si tenemos en cuenta la mirada esquiva sobre su papel histórico y valoración en el marco de la Historiografía Política y gráfica cubana. Al margen de su cuidado personal, una parte considerable de su vida cruza los conflictos ideológicos, teóricos y editoriales escenificados en Cuba desde la llamada “década crítica” sobrepasando su propia muerte. Curiosamente, la representación global de la imagen de Stalin tiene en la Isla un capítulo diagonal de su Historia correspondiente a la del comunismo visual. Dentro de este perfil, las líneas a continuación adelantan y sintetizan algunas ideas, las cuales forman parte de un proyecto mayor de investigación sobre la visualidad de interés socialista en Cuba siglo XIX y XX.

El estudio de la visualidad de orientación socialista constituye un campo inexplorado en la Historiografía cubana. Sin que nuestro objeto de investigación forme parte esencial de los análisis y textos publicados hasta hoy, investigadores y críticos de arte divulgaron monografías y panoramas del arte cubano que aportan información y perspectivas útiles. En este sentido abundan referencias a la obra de Marcelo Pogolotti, Julio Girona, Eduardo Abela, Carlos Enríquez, etc. Por el contrario, Alberto Peña (1894-1938), el llamado “pintor marxista” se eterniza en el polvoriento olvido de infinitas páginas, como también la labor de pintores, ilustradores y dibujantes en el periodo señalado: José Hernández Cárdenas (HERCAR), Horacio Rodríguez Suria (Horacio), los extranjeros Gabriel García Maroto (español) y Adia Yunkers (Adolf  Eduard Vilhelm Junkers, nacido en Riga, Latvia), quien favoreció, entre sus colegas cubanos, acercamiento al arte ruso vanguardista. Además de colaboraciones de Lorenzo Romero Arciaga, Domingo Ravenet, Jorge Rigol, Jorge Arche, Juan David, Antonio Gatorno y Adigio Benítez, entre otros, en publicaciones de perfil comunista. Uno de los aportes se establece en la identificación y análisis de un concepto de lo visual que idealiza y confiere una función social (propaganda, agitación, denuncia, educación ideológica y política, información doctrinal) al arte y la comunicación visual en general. Así, durante el proceso de consulta de fuentes hemerográficas primarias de perfil nacional, ante mis ojos surgía abundante, numerosísima la imagen bien venerada o repudiada de Stalin, a través de las revistas Bohemia y Carteles, el periódico el Diario de la Marina y un grupo de orientación comunista vinculadas a las variantes denominativas del Partido Comunista de Cuba: Mediodía, CTC, Fundamentos, Cuba y la URSS. Fui compilando, procesando y constatando a través de la iconografía del “padrecito rojo” en la prensa cubana todo un periodo de disputa ideológica sobre la Revolución bolchevique y la realidad cubana, alcanzando fuerza inédita a partir de 1928 hasta el deceso J. S. en 1953. También las contradicciones sociales, editoriales, políticas, ideológicas provocadas por conflictos de carácter y alcance mundial tenían como uno de sus ejes fundamentales la figura de Stalin, como se aprecia más arriba en la página de Bohemia correspondiente al mes de enero de 1935.

Bohemia y Carteles utilizaron caricaturas personales y fotografías descriptivas de acontecimientos como la segunda guerra mundial, en su etapa previa y posterior, grandes titulares y artículos traducidos de corresponsales extranjeros o autores cubanos analizando la sociedad soviética: “La Nueva Rusia de José Stalin”, “Stalin en acción”. A partir de 1931 la primera tuvo una sección titulada Sovietilandia. En ambas predominó la imagen actuante del mariscal georgiano: haciendo discursos, riéndose o en función burocrática, y se le consideró un dictador acaudillado en troika junto a Mussolini y Hitler, o con éste un dúo de “compadres”. Los Procesos de Moscú (vistos como arrestos) tuvieron amplia edición en sus folios.

Por su parte, las publicaciones afiliadas al Partido Comunista de Cuba se apropiaron de un Stalin sereno, de sonrisa y rostro amistosos, un “incansable luchador”, “líder indiscutible de su pueblo y del movimiento proletario internacional”, director de la “grandiosa construcción socialista”. El periódico Noticias de Hoy generalmente le presentaba mediante una fotografía en la parte derecha de su primera página con breve comentario descriptivo de su personalidad y lo enfrentaba con algún suceso básicamente militar.

Durante doce años (1941-1953) la revista teórica y de orientación revolucionaria Fundamentos, dirigió a su público mensajes heroicos y familiares del “camarada Stalin”. A veces captado con el lente junto a Lenin en cordial conversación, o dibujado en perfil marcial con toda su jerarquía en pecho. Cuba y la URSS, Mediodía y CTC unidas a las anteriores contribuyeron con una visualidad ya reconocida por sus lectores y opositores dentro del esquema comunista internacional al cual Cuba incorporó una iconografía y visualidad: representación de líderes comunistas sindicales y profesionales (Julio A. Mella, Rubén Martínez Villena, Juan Marinello, Lázaro Peña, Jesús Menéndez, Salvador García Agüero), marchas, huelgas, desfiles, protestas y celebraciones nacionales e internacionales, esculturales hombres arengando o indicando con el brazo extendido el camino a seguir por las masas revolucionarias. Dibujos y pinturas de Carlos Marx, Federico Engels y Lenin, la hoz y el martillo, la estrella comunista, entre otros símbolos ilustraron numerosas páginas.

Un acontecimiento rompe, marca un giro y revela posiciones políticas y contenido ideológico en la representación gráfica de Stalin, su fallecimiento el viernes 5 de marzo de 1953; se dice que debió expirar a las 9:30 pm. Ningún político del mundo socialista durante la pasada centuria tuvo la cobertura internacional que acompañó a la muerte de J. S. En Cuba, los rotativos y revistas antes mencionados ofrecieron sus informes, reportajes y entrevistas a intelectuales y políticos vinculados a las más diversas orientaciones ideológicas y partidistas. Bohemia interpeló a los comunistas Juan Marinello, Salvador García Agüero, Carlos Rafael Rodríguez y Blas Roca. En su número 113 correspondiente al mes de abril, Fundamentos publicó su Editorial: “En la muerte del gran Stalin”, y “Con motivo de la muerte de Stalin” bajo firma de Blas Roca, Secretario General del Partido Socialista Popular; pero no incluyó ilustración visual. Por su parte el Diario de la Marina y Bohemia notificaron el deceso con reportajes fotográficos a toda página, reiterando la noticia en ediciones subsiguientes al 5 del propio mes, introducen gráficas del nuevo panorama político soviético y la sucesión de poderes.  

Diario de la Marina, 8 de marzo de 1953.

 

A modo de conclusión…

Resulta altamente curioso que durante el año en curso la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí presentara en su Galería El Reino de este Mundo la exposición REMOVED, del artista cubano residente en Italia Abel Herrero, abierta al público el viernes 5 de marzo. Consistió en pinturas de rostros de numerosos escritores e intelectuales soviéticos parametrados o enjuiciados durante el Proceso de Moscú, a partir de 1936. También la puesta en escena de la obra Cartas de Amor a Stalin, del español Juan Mayorga con versión del Grupo Argos Teatro que dirige Carlos Celdrán, aunque esta vez la obra teatral viene de la mano del dramaturgo cubano Abel González Melo, durante los meses de septiembre y octubre de 2017. Edición Temas presentó el libro digital Estudios sobre el Estalinismo, compilación y prólogo de Iván Felixovich León Zhukovskii.  

Entonces: ¿Cuántas perspectivas o puntos de vista todavía se desconocen y aun provocaría en Cuba una de las más controvertidas figuras del panorama político mundial del siglo XX? Contenidas y encajonadas por décadas, estas y otras interrogantes afloran en la medida que se investigue la presencia e influencia, los vínculos y rechazos de la personalidad de Stalin en la vida política, ideológica, económica, social y editorial cubana del siglo XX. 

En el Cerro, septiembre de 2017.

 

(1) Zamora, Juan C. “El bolcheviquismo”. En revista Cuba Contemporánea, Año VII, Tomo XX, Núm. 77, mayo de 1919, pp. 35-51.