En los 80 de Araceli García-Carranza

Por Ana Cairo

El pasado 10 de octubre Araceli García-Carranza, Premio Nacional de Investigaciones Culturales, cumplió 80 años, de los cuales lleva 55 trabajando ininterrumpidamente en la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), 40 colaborando con el Centro de Estudios Martianos y 36 con la Fundación Alejo Carpentier.

La celebración podría involucrar a investigadores, profesores, maestros, estudiantes, bibliotecarios, periodistas, narradores, poetas, artistas plásticos, cubanos y extranjeros. Todos siempre agradecidos beneficiarios de su ayuda solidaria.

Ella puede ilustrar el paradigma del profesionalismo siempre actualizado y de las mejores virtudes de un servicio al público eficiente en la historia de las bibliotecas cubanas. Atiende personalmente a decenas de personas en su cubículo, por teléfono y por mensajes digitales. No solo te ofrece buenos consejos y las referencias bibliográficas, sino que en numerosas ocasiones, cuando llegas a visitarla, ya te tiene separado los materiales a consultar.

En 1962, Araceli se graduó en una de las últimas promociones de Doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana.  Ese primer objetivo vital  ya demostraba que la tenacidad para vencer era una de sus cualidades personales. Vivía en el centro histórico de Guanabacoa; para asistir a clases con puntualidad tenía que dedicar un tiempo mucho mayor que el de sus compañeros.

Un recuerdo siempre grato de los tiempos estudiantiles (quizás también por el azar premonitorio) quedó asociado a su padre, médico y maestro, quien disfrutaba acompañándola a visitar el edificio en construcción de la BNJM, próximo al conjunto monumental Plaza Cívica, diseñado para convertirse en el espacio político más moderno de La Habana. No fue hasta 1958 en que se inauguró la nueva sede.

Con la victoria revolucionaria del 1 de enero de 1959, la doctora María Teresa Freyre de Andrade asumió la dirección de la BNJM. Con su labor ejemplar comenzaba la segunda etapa histórica de la institución. Ella posibilitó empleos que favorecían la creatividad de diferentes tipos de intelectuales, quienes transformaron a dicha sede en uno de los mejores centros culturales de la capital. Se ofrecieron servicios que atrajeron nuevos tipos de público. Se comenzó a crear una red nacional de bibliotecas. Se diseñaron los nexos con instituciones extranjeras.

Araceli, recién graduada, empezó a trabajar allí. Su entusiasmo laboral se acrecentaba al comprobar que estaba involucrada en la mayoría de los proyectos investigativos y en los servicios públicos más exitosos. Se le encomendó redefinir la metodología y confeccionar anualmente la bibliografía sobre José Martí (faena que mantiene); elaborar las de historiadores tan importantes como Ramiro Guerra (1880-1970), Fernando Ortiz (1881-1969) y Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964), o la temática sobre las guerras de independencia, o en torno a la bibliografía cubana de Ernesto Che Guevara (1928-1967).

Intervino en el proceso de organización de los fondos de la Sala Colección Cubana. Ayudó en la preparación de grandes exposiciones con un alcance nacional y en el extranjero.  En 1966, cuando se organizaba la del homenaje a Alejo Carpentier (1904-1980), surgió el nexo entrañable, que facilitó la alternativa de convertirse en su bibliógrafa.

Años más tarde, se ocupó de realizar las de Carlos Rafael Rodríguez, José Lezama Lima, Cintio Vitier, Lisandro Otero, Eusebio Leal y Roberto Fernández Retamar.

Consciente de la importancia de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí para la historia de la cultura cubana se convirtió en su bibliógrafa. Formó parte del grupo de intelectuales que hizo el máximo para que la publicación no desapareciera en el llamado “período especial”. Desde hace más de 15 años, cumple con las funciones de jefa de redacción.

Por solicitud de las autoridades del ICAIC, hizo la bibliografía de la revista Cine Cubano.

En la BNJM, Araceli también conoció a Julio Domínguez. Se casaron rápidamente. Ellos constituyeron una familia por más de medio siglo, con la que podrían ilustrarse las máximas virtudes éticas de un matrimonio feliz en la tradición cubana. Amor y trabajo, deber y solidaridad se unificaron. Los reconocimientos académicos de ella fueron vistos como un patrimonio espiritual de ambos.

Lamentablemente, Julio falleció en abril. Con admirable voluntad y sentido del deber, Araceli continúa trabajando; proporcionando un servicio de excelencia, va sobrellevando el dolor.

Cuando se felicita a Araceli por el cumpleaños 80, simultáneamente se rinde homenaje a una de las intelectuales que mejor prestigia la tradición humanista de la cultura cubana.

La Habana, 2 de octubre de 2017.