Entrevista al historiador Guillermo Jiménez Soler (Cuarta parte)

Por Alejandro Zamora Montes

 

Guillermo Jiménez Soler es abogado e historiador. Es conocido mundialmente por crear dos monumentales obras literarias: Las empresas en Cuba, 1958 y Los propietarios de Cuba, 1958. Constituye un verdadero privilegio para el equipo editorial de Librínsula que este intelectual haya accedido humildemente a brindarnos su tiempo y experiencias, las cuales seguramente resultarán del agrado de las lectoras y lectores.

 

GJS: O sea, en el caso cubano, con más razón. Porque por la ley de coordinación azucarera del año 1938, estaba determinado qué proporción de los ingresos azucareros recibían los tres factores de la producción azucarera. Es decir, cuánto recibía el campesino que cultivaba la caña, cuánto recibía el obrero y cuánto el hacendado. Desde luego, cualquiera se daba cuenta que el hacendado se llevaba la mayor parte. Esa proporción, que se daba en porcientos, se mantuvo casi estable –con muy pocas modificaciones, nada más que hubo dos o tres modificaciones en el año 38, y no fueron modificaciones substanciales–, lo cual provocaba que se conservara esa estructura.

Librínsula: Guillermo, en nuestro país persiste cierta tendencia a los prejuicios ideológicos, a cierto anquilosamiento mental. Digo esto porque muchas de las figuras históricas que aparecen en su libro fueron polémicas. ¿Esa dimensión constituyó algún tipo de freno para usted?

GJS: Sí, claro. Además, yo estaba consciente de que estaba emprendiendo algo que iba a suscitar algún criterio en todos los bandos posibles. Dentro del sector revolucionario, dentro del sector no revolucionario, de los académicos, de cualquier filiación. Sabía que estaba emprendiendo algo que podía ser malinterpretado por algunos o por muchos, como lo fue. A mí me pasó algo muy simpático: cuando llegué al Archivo Nacional, no me dejaron acceder a la investigación. Entonces tuve que buscarme un aval. En este caso, la protección de Jorge Ibarra. Afortunadamente, es muy respetado como historiador, y además, en ese momento era el presidente de los historiadores. Nos conocíamos, éramos amigos. Lo conocía de cuando la lucha contra Batista. Me ayudó mucho y lo agradeceré siempre. No obstante, era algo absurdo, uno entra al archivo a hacer la investigación que quiera. Después, en esa misma institución tuve un problema, porque cuando sacan la Ley Torricelli, en pleno Periodo Especial, estoy todavía en mi investigación. Yo iba religiosamente todos los días, repito, en pleno Periodo Especial. Y en una ocasión, una compañera me dice que no podía acceder más a los archivos. Ante mi duda, ella me dice que si la Torricelli, que si alguna prohibición de la directora, o algo así. Pido entonces tener una entrevista con la directora. Cuando llego a ella, me explica entonces que el trabajo que yo estaba haciendo se prestaba para lo de la Ley Torricelli, quizás pensando que yo trabajaba para…no sé. Consideré eso como una falta de respeto tremenda, además… ¡Era un absurdo! ¿Qué tenía que ver mi investigación con la Torricelli? Ella me manifestó que la información podía facilitar la reclamación por parte de los familiares de los empresarios. Empecé entonces a explicarle toda la legislación que existía en nuestro país, y lo que se había hecho en Cuba sobre las propiedades. Lo que se pagó, lo que no se pagó, etc. Pero lo más importante era lo siguiente, y lo expresé: «Aún en el supuesto de que esto pudiera ser de ayuda a los que van a reclamar sus propiedades, el problema es que se caiga el gobierno de Castro. Porque si no, yo no sé de qué forma ellos van a venir aquí a reclamar sus propiedades. ¿Usted cree que el gobierno de Castro está en peligro de caerse?». Ante la alarma que mis  palabras produjeron, me dejaron seguir. ¡Como si uno fuera un agente o una cosa así! Con relación al libro, me costó trabajo publicarlo, porque la gente comenzaba a pensar raro. Lógicamente había un prejuicio por ignorancia, y no se daban cuenta de que precisamente era importante para la Revolución que se hiciera un análisis de todo esto. Desde el punto de vista revolucionario. Y no dejar ese vacío tremendo, porque entonces no se puede entender realmente todo el fenómeno del capitalismo en Cuba. Nosotros (cuando digo nosotros, hablo de la Revolución)  ha abusado quizás de la historia sobre los revolucionarios, de la lucha insurreccional, después de los mismos revolucionarios en el poder. Todo eso me parece bien, incluso creo que no ha sido suficiente. Pero hemos abandonado el estudio y análisis de la parte contraria. Estoy seguro que los jóvenes que han nacido después de la Revolución y muchos de los que hoy no son tan jóvenes, no dominan a profundidad muchas cuestiones del gobierno de Batista. Sigue siendo esto una abstracción para ellos, porque los relatos históricos que se escriben no hablan de todas las barbaridades que tenían lugar en el periodo batistiano. Desde el punto de vista de la represión, o desde lo económico y social. Cómo vivía la gente realmente, entrar en las profundidades de eso. ¡Hay un vacío tremendo!

Librínsula: Era necesario entonces propiciar una mirada integral.

GJS: Exactamente. Y eso se ha abandonado. Sólo publicamos desde el punto de vista nuestro: cómo fue la lucha de los revolucionarios, los clandestinos, los guerrilleros, los distintos sectores cívicos e intelectuales en la lucha contra Batista. Pero del lado de Batista no publicamos nada. ¿Qué es lo que justifica que se hiciera esa Revolución? ¡Eso había que explicárselo a las nuevas generaciones que no vivieron aquello! Si no… ¿Qué justificación tiene que aquí se organizara una lucha insurreccional, que nos enfrentáramos al ejército de Batista, que después enfrentáramos a los americanos? Eso hay que explicarlo realmente, repito, porque existe un vacío. Existe todavía ese vacío, lo hemos dejado crecer. Yo te diría que toda esta información del capitalismo en Cuba y la burguesía se estaba perdiendo todavía más. Los archivos no los respetamos. Para yo encontrar archivos de las empresas en Cuba… ¡encontré algunos y con un trabajo tremendo, porque todo eso se perdió! Y mientras tanto, el tiempo pasaba. Nos moríamos todos, tanto aquí como en el exterior. Se perdía la memoria. Entonces, eso había que rescatarlo de alguna forma, para al menos dejarlo por escrito.