Tres realizadores de la noticia*

   Por Ángel Rivero

Desde hace varios años, en los créditos del Noticiero ICAIC Latinoamericano, aparecen los nombres de tres jóvenes realizadores, quienes sin apartarse de la línea iniciada por su fundador, Santiago Alvarez, han revitalizado la elaboración de la noticia en un medio tan difícil y a la vez eficaz como el cine. Diversos puntos de convergencia sitúan a Daniel Díaz Torres, Fernando Pérez y Rolando Díaz, como la trilogía más audaz de una nueva generación de cineastas.

EL ENCUENTRO

R y C: ¿Cómo se produjo el contacto de ustedes con la realización cinematográfica?

Daniel Díaz Torres: Uno de mis grandes entretenimientos, desde muchacho fue el cine. Para mi tenía un aura mítica, sobre todo por la reconstrucción de una realidad que podía partir de la imagen cinematográfica. Después, en secundaria y preuniversitario, me interesé más seriamente por esta manifestación. Pertenecí a una especie de cine club que se creó en el Raúl Cepero Bonilla. Un día escribí una crítica sobre la película El proceso apoyado un poco en mi profesor de literatura, Jaime Sarusky. Este trabajo gustó, lo publicaron en Granma,  especificando que el autor tenía dieciocho años y era estudiante. A partir de ahí, me planteé escribir sobre cine.

Fernando Pérez: Al triunfo de la Revolución, comencé a trabajar como contador, después fui traductor de ruso. Veía el cine también como un entretenimiento y me encantaban las películas de aventuras. Un día llené una planilla en el ICAIC y comencé a trabajar como asistente de producción en Para quién baila La Habana. Ya me interesaba la realización cinematográfica. Comencé en la universidad y, cuando alcancé una formación mayor, tuve la posibilidad de trabajar como tercer asistente de dirección en Una pelea cubana contra los demonios una película compleja, que me descubrió cosas que me faltaba aprender.

Rolando Díaz: Siempre estuve atraído por el cine. Descifrar su lenguaje y acercarme a la realización, constituían mis aspiraciones. Aunque ya había participado como asistente de dirección en varios filmes, mi primera experiencia como realizador fue en Angola, al frente de grupos de cine militar que realizaron la película de Pepe Massip, Angola victoria de la esperanza. Este trabajo, que fue como una asistencia de dirección, en la práctica resultó distinto: filmé en el sur, en Luanda y después esa parte se incorporó a la película.

Daniel: Como realizador, mi labor inicial —Fernando Pérez hizo el trabajo conmigo— fueron unas notas para la TV, de un minuto de duración. Estas notas, de carácter conmemorativo, me brindaron la oportunidad de probar la realización, de manejar imágenes, trabajar con montaje, sonido y lograr hacer un producto que tuviera coherencia y eficacia. Luego me llamaron para que realizara el Noticiero.

UNA ESCUELA

R y C: El Noticiero ha marcado, en cada uno de ustedes, un sello en sus respectivas formas de abordar el cine. ¿Cómo definen ustedes este período?

Fernando: El Noticiero me ha permitido afianzar algunos aspectos de la cinematografía que sólo imaginaba, descubrir otros y buscar justamente ese tipo de cine espontáneo, fresco, directo, que uno se plantea y que es difícil de lograr.

Rolando: Para ser honesto conmigo mismo, el Noticiero lo ha significado todo, mi vida como cineasta, como hombre de cine. Me ha brindado además la posibilidad inusual de ejercitar, constantemente, un enriquecimiento del lenguaje por el dinámico traslado de la teoría a la práctica. Esto ha permitido superar el concepto del noticiero como una forma de realización aislada del cine en general.

Daniel: Para mí, fue otro reto. Inicialmente, comencé cinco noticieros. Me surgieron algunos temores. El ritmo de trabajo hay que adecuarlo en función de la noticia, de lo que está ocurriendo a diario y tener la capacidad de discernir, dentro de ese conjunto de hechos, aquéllos que son fundamentales. El noticiero cinematográfico no da noticias, las elabora, obliga a buscar soluciones que no sean una repetición de lo leído ya por el público en el periódico o visto en la TV.

Rolando: Santiago Álvarez fue el creador del Noticiero ICAIC Latinoamericano. Rompió los esquemas tradicionales, le imprimió un ritmo y un lenguaje que marcó su línea personal de ver las cosas. Y ésa es la marca que tiene, que lo define, que lo distingue dentro del cine documental y dentro de los noticieros informativos convencionales del mundo.

R y C: Por numerosas razones han abordado diversas temáticas, no sólo en el noticiero, también en el documental. ¿El Noticiero ha influido en estos trabajos?

Rolando: A partir de mi entrada en el Noticiero, hago el que considero mi primer documental: Momentos del Cardín. Lo hice en 1977, lo filmé en una noche y lo edité en dos días. Esto me rompió la retórica del gran documental y de la posfilmación, del guión, del análisis, del estudio de los temas. Para mí fue un descubrimiento tremendo, por la potencialidad que uno tenía como cineasta: es un poco el estilo de hacer de Santiago Alvarez.

Daniel: Los dos documentales que siento más cercanos, los hice recientemente. Los dueños del rio y Madera. Me Interesó fundamentalmente el acercamiento al hombre en condiciones y lugares difíciles. Uno de ellos es sobre los cayuqueros que trabajan en el rio Toa, y el otro sobre los hombres que cortan los árboles en las montañas de Baracoa. Penetrar en esa atmósfera de hombres ligados totalmente a la Revolución, y lograr que el espectador compartiera lo que significan sus esperanzas, sus luchas, diariamente, fue mi intención.

Rolando: Quisiera ser un humorista pero no quisiera ser un humorista  simplemente. Creo que la gran literatura, el gran teatro y el gran cine están llenos de humor, no hay por qué desvincular lo serio del humor. En el Multinoticiero No. 1 mezclé voluntariamente noticias de un gran humor con otras tan serias como el XX Aniversario de los CDR. Asi, una compañera rememora la llegada de los brigadistas a La Habana y de pronto termina de hablar y empieza Virulo a cantar un fragmento de la ópera son. Esa es mi forma de ver el cine. Me planteo la manera de ir experimentando en la búsqueda de un lenguaje propio.

Fernando: Aunque realicé Siembro viento en mi ciudad antes de estar en el Noticiero, con este documental me acerco a mi forma de hacer desde el punto de vista cinematográfico. Este filme me planteó una serie de problemáticas que fui resolviendo en la medida que se realizaba la filmación. Filmamos con un sentido muy de reportaje, logramos hacer una entrevista pero no en los términos convencionales. Nunca habíamos trabajado la foto fija en colores y me agradó la idea de experiencias anteriores, ver cómo una simple fotografía podía descomponerse con el ojo de la cámara cuando se veía en pantalla grande era un mundo inexplorable. Pensé que este  documental debía ser todo con fotos fijas en colores y rechacé la búsqueda de material de archivo, que crearían una atmósfera para apoyar el testimonio. Incluimos también algunas fotos en blanco y negro que reflejaran toda la miseria, para dar un poco el contraste con el mundo onírico de las imágenes de las canciones que interpretaba Chico Buarque, entre ellas Construcción.

NICARAGUA, SIEMPRE NICARAGUA

R y C: Nicaragua es una experiencia comparativa en diversos momentos por ustedes. ¿En qué medida se ha reflejado en sus respectivas obras?

Femando: El año 1979 fue para nosotros muy interesante. Desde que comenzó la ofensiva en Nicaragua, empezamos a buscar materiales para reflejar en el Noticiero el avance de la lucha de este pueblo y casi semanalmente se daban noticias nuevas sobre el avance de los sandinistas.

En agosto, cuando llegamos al país, era tanto lo que ocurría allí que nos lanzamos a la calle y automáticamente se creaba el diálogo. Nunca quisimos conversar con un "compa" y decirle: "te vamos a entrevistar", porque nos parecía que esto era negar la realidad que estaba ocurriendo allí, sencillamente todo se daba como si la cámara fuera nuestros ojos. Con el el comandante Faustino se dio asi, muy espontáneo. Lo buscamos, estábamos con las cámaras y le dijimos "¡enséñanos Monimbó!"

Nos habían hablado de una combatiente llamada Monimbó. Empezamos a buscarla y decidimos hacerlo en un tono un poco de reportaje. Llegamos donde estaba Monimbó, le hicimos la entrevista y era significativa, porque eran muchas las mujeres que habían combatido en la lucha guerrillera en Nicaragua y sabíamos que ese debía ser el final. Al regreso de Nicaragua, prácticamente en cuarenta y ocho horas, editamos el documental. Salió muy rápido y creo que cumplió con lo que nos habíamos planteado.

Daniel: Creo que a los tres nos ha pasado lo mismo, llegar a Nicaragua, ver de nuevo la experiencia de una revolución. Recuerdo los tiempos de la Revolución Cubana, lo que significa la fuerza telúrica que uno siente diariamente en las calles, en todos los lugares.

Rolando: Nuestro trabajo fue de asesoría, de colaboración con el Instituto Nicaragüense de Cine, que está surgiendo, está dando sus primeros pasos. Como ser humano y como revolucionario hemos tenido la posibilidad de trasmitir nuestras experiencias y esto significó un paso nuevo como cineastas.

Allí tuve la posibilidad de hacer un documental que me tenía obsedido: el niño marginal —que tanto se ve en los países de Latinoamérica—, el niño que vende periódicos, limpia zapatos. A mi llegada choqué con esa realidad, que a un año de revolución no es posible erradicar, aun cuando el gobierno de reconstrucción se ha planteado solucionar el problema. El documental es la historia del niño marginal y refleja la primera vez que ellos se ponen zapatos, juegan en los parques, empiezan a sentir la vida como seres humanos.

UN NUEVO RETO

R y C: ¿El largometraje constituye un nuevo reto para ustedes?

Rolando: Estoy interesado en hacer un largometraje de ficción sobre el tema de los jóvenes. Tengo ya una idea sobre la que todavía no he trabajado lo suficiente: un guión sobre el servicio rural de un médico recién graduado, incluso con algunos momentos del final de curso de este joven estudiante y sus primeras experiencias en la comunidad donde sea ubicado. El tema es fascinante y las posibilidades cinematográficas son extraordinarias.

Daniel: Parece una contradicción, pero quisiera probarme en el cine de ficción. Claro, ni por asomo sé todo alrededor del noticiero o del cine documental, pero de todas maneras uno no debe perder la capacidad de ser audaz. Deseo probar mis fuerzas en un proyecto de cine de ficción que, estoy seguro, no va a dejar de estar influido por el estilo documental. En estos momentos tengo dos o tres ideas, pero me parece demasiado prematuro hablar de ellas.

Fernando: Me interesa el largometraje de ficción y tengo varias ideas, sobre todo la historia de la lucha clandestina en nuestro país. He leído mucho sobre este tema, mas aún no ha llegado el momento.

 

Tomado de Revolución y Cultura, La Habana, núm. 108, agosto, 1981. Págs. 26-29.