Wifredo Lam: la cosecha cubana más universal

Por Yirian García de la Torre

Lo polémico en la clasificación de su quehacer lo lleva a los corredores del MoMA. Wifredo Lam posee una obra catalogada como realismo mágico latinoamericano en la plástica; tanto como definió Alejo Carpentier en la literatura, a quien le ilustró una de las ediciones de “El reino de este mundo”. Lam, el más universal de los pintores cubanos, está presente en museos importantes del mundo y en subastas de obras latinoamericanas.

El ensayo más largo sobre el artista es publicado en 2010, por la Editorial Letras Cubanas, a propósito del centenario. Son 649 páginas de una antología de José Manuel Noceda titulada “Wifredo Lam, la cosecha de un brujo”, donde recrea entrañas o el placer de lo posible de una azarosa vida. Es lectura amena, atiesta de diversas miradas a la obra del santaclareño. ¿El color? ¿El dibujo? ¿El antes y el después? ¿El quien enseña a quién?

Este completo libro asigna la biblioteca exacta, sin llegar a finalizar la gran cosecha, en sí misma, que significa historiar a Wifredo Lam, mostrar en letras la poética de la imagen creada por el artista. Boceteado en surrealistas miradas, tan descriptivas como su propia obra… El Lam alucinado, a la vez realista, unido en un todo en los trazos… Lam mezcla de colores, razas, idiosincrasias, periodos y artistas, corona su obra de estilo propio y envoltura cubana a lo universal, tan es así para inspirar a críticos de todo el mundo.

“Lam significa en chino «azul» y es una región muy cerca de Cantón (…) salida de deseos de mejoramiento, de progresos y calma para el espíritu, de su existir, tenía que buscar un instrumento que tuviera sabor de sus signos (…) signos mágicos (…) al fin teníamos un brujo en el Caribe que hiciera y pintara leyendas negras, extraídas del subsuelo de nuestra sangre” (1), apunta Luis Dulzaides Noda.

Wifredo Lam, de cubismo surrealista con espíritu y formas del Caribe, unió épocas de expresionismo modernista. Su imaginario totémico, lleva el vudú irreverente a pesar de todo y de todos. Tal como su obra, los autores entrevistan, recrean la vida del pintor, analizan su obra, lo colocan al inicio y final de su propia complejidad, en la dualidad del antes o el después, en la embriagadora literatura que no reconoce, a veces, polemiza, complace, el aporte desde sus visiones, el respeto ganado en su totalidad.

Nicolás Guillén describe: “En esta tierra, mulata/ de africanos y español/ - Santa Bárbara, de un lado; / del otro lado, changó/ siempre falta algún abuelo/ cuando sobra algún don, / (…) Vale más callarse, amigo/. (…) Lam ha logrado plenamente todos sus propósitos. (…) los dioses risueños y graves que mueven y dirigen la isla (Eribó, sobre todo) se catalizan de alegría y sacan de los huesos el zumo de los secretos para entregarlo por medio de un hombre que ha sabido pegar su oído a la arteria mayor del Código de los Embó para repetir, con poesía y todo, lo que va por dentro. Es fantástico admitir que han aceptado la prisión de un cuadro que les permite hablar, antes que cualquier otro tipo de libertad obtenida por medio litúrgico.” (2)

Son dioses liberados de lo cubano, mezcla y espiritualidad, fantasmas, canto y gloria de lo humano; sin que la ignorancia a lo desconocido de los muchos le impida leer o penetrar en la contemplación profunda de esas letras, como el placer de estar ante una obra de Lam, el desentrañar entuertos sentidos en cada observador, sin que el ensayo deje el embrujo a su vez de la interpretación de cada cual, enriquece la mirada en el lector, haciendo un antes y un después para volver a mirar la obra de Lam, buscar lo no mencionado o inquietarse aún más en la complicidad de sus trazos.

Fernando Ortiz ha insistido en que “no se trata de una cuestión de sangre, sino de cultura.”, describen los autores como “surge, crece y se define como expresión artística única, de forma orgánica, al proceso de afirmación nacional” – tanto más universal – que “trasciende límites.” (3)

Saberse cubano va en la tierra, el árbol, el animal, el aire que respira la interpretación acuciosa de quienes también conocieron a Lam en lo personal, lo auténtico de su quehacer, en la crítica de la época, en los estudiosos, hasta en el lector a través de la interpretación en “Wifredo Lam. La cosecha…”

Para Alejo Carpentier, “en el cubano Wifredo Lam, la obsesión de la planta cobra la importancia de idea fija” (…) Hay creación en función del ambiente. La realidad y el sueño se confunden. La poesía y la plástica se hacen una. Hay atmósfera de mitos y de color, plenamente original. Hay mundo propio. En ello está la fuerza de Wifredo Lam – fuerza advertida y sentida por los críticos que comentaron, en la prensa americana, su reciente exposición, dada en la “Galerie Pierre Matisse” (1942 y 1950) de New York.” (4)

Aunque la antología es completa, no se oculta que sigue siendo insuficiente, como lo fueron otras versiones, en el abierto camino que el propio compilador señala, porque abierto es el camino que deja Lam, quien se reconoce creciendo por encima de lo conocido, de las versiones brindadas por la conciencia surrealista. Más allá de Picasso, Bretton en lo escatológico u onírico de su yo cubano en cada lugar y entre tantos bebiera interna sabia.

Diversos autores leen sus líneas, interpretan al Wifredo en la cubanidad plena del arte: “Lam descubre lo negro de su propia existencia cubana, (…) después del deslumbramiento de Picasso y Matisse frente al arte africano. (…) Picasso, Kandinsky, Klee y Mondrian han abierto puertas y ventanas a los pintores del mundo, (…) Lam aprende a ver lo cubano auténtico. En el arte, donde se ven los cambios antes que, en la política, afirman su valor a principios de siglo (XIX) la escultura africana y la pintura japonesa. El arte de los egipcios, los mayas, los bantú o los polinésicos adquiere la misma categoría estética que la pintura del Renacimiento o la escultura griega.” (5) se reconoce la región, a la que el pintor retrotrae en lo auténtico.

La vida de Lam es una asociación importante entre las escuelas Cuba – España – Francia, como es la estructura del libro. Su origen chino – africano – cubano -, muestra un camino acabado en el que Picasso vio lo inverso del suyo. Luminosidad, totemismo, realidad, fuerza, misticismo. La antología es en sí mismo los muchos Lam, como impresionante academia de su yo, mezcla de lo humano, lo animal, lo vegetal, lo salvaje y lo divino de lo académico a lo moderno.

Diferentes períodos en los que mostró la creación permanente ante la vida. Si había dificultades, también creación; si lo nuevo, creación; a los fantasmas, creación, a sus inquietudes, creación…sin que parara la descripción de los universos surrealistas - realistas que le han dado nombre y eternidad.

Es en Lam donde se reencuentran las culturas en las razas, la vida y muerte, un recorrido por el interior de sus propios caminos al mostrar el surrealismo que le daría su propia autenticidad. El libro invita a una lectura abierta por el recorrido del propio Lam: Lam en España: de la academia a la vanguardia; Lam, el surrealismo y la Escuela de París; Lam en su consagración definida; Páginas sueltas, La palabra de un pintor; en VII capítulos, además anexos, una completa cronología y las reseñas bibliográficas. 

“La jungla” (6) - obra cumbre - es la visión de una selva lujuriosa en un acabado completo, resume la polémica presa en la mencionada antología, describe las alucinaciones: “Se reconcilia Lam, ese orgulloso creyente de la tierra, (…) con el triunfo de la vida.” (7), en esa “muralla de cañas, ensamblada febrilmente, quizás sugiera también y en conjunto, la membrana palpitante de un pájaro, el murciélago tutelar gracias al cual tuvo Wifredo, a la edad de cinco años, la revelación de la energía natural.” (8), insiste Claude Esteban.

Su elocuencia de líneas y colores, recorrió numerosos caminos de influencias en los que denota una individualidad definida; La Jungla le vio nacer, de una y otra obra le antecedieron para consolidar su obra cumbre. Visionario de su tiempo, en su regreso a la Cuba natal, a su Sagua, abrió el camino a la plástica de otras latitudes, así como llevó a Cuba y su arte por otras tierras.

En el nombre describe Lam: “Wilfredo Oscar de la Concepción Lam Castilla” (…) Es Wilfredo, pero al llegar a España me quitaron la ele. (…)  En alemán, mi nombre verdadero, Wilfredo, quiere decir el hombre que busca la paz.” (9), de la revolución: “Es grandioso como un pueblo pequeño ha podido hacer lo que está haciendo. Admiro mucho a los revolucionarios cubanos y, sobre todo a Fidel, por su honradez y sinceridad.” (10)

Opina, valora, responde, y recomienda a su vez en otro tiempo una inquietud que llena a esta ensayística en su propia invitación: “me gustaría vivir dos mil años para leer todos los libros que me faltan y para ver el desarrollo del hombre.” (10)

El artista y su obra inseparables, “Conoceréis a Wifredo Lam.” – enuncia Mirta Aguirre – “Tiene la piel oscura, la cabeza lanuda y un cuerpo delgado hasta ser increíble. Y aunque la soledad y el silencio son en él casi un vicio está con mucha frecuencia en el tablero de la actualidad. Unas veces porque por esta o aquella razón sus cuadros no concurren a los Salones y los entendidos los echan de menos; otras porque sí van y entonces los que saben de eso – como Ilya Ehremburg en Moscú – hablan, inmediatamente, del gran pintor cubano. Y, salgan o no salgan sus lienzos a la luz, porque estos lienzos existen y la gente se divide ante ellos en bandos ardorosamente discutidores.” (11)

Aún hoy existen dichos bandos y eso muestra la antología, con una selección emprendedora y demostrativa del decurso en cada etapa hasta las propias palabras de Lam, interpretaciones, caminos. El ensayo mayor es una invitación al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), mirarse por dentro ante “La Silla” o visitar la Fundación Wifredo Lam y sus propuestas versátiles, porfías encendidas, o muestras itinerantes…es cada Bienal de La Habana, es Cuba y los cubanos, lectura y fin del arte en sí. Es un todo, de lo personal a las influencias, de Cuba a Francia en un ir y venir como su vida misma, así como críticos de todas partes, con sus miradas e influencias que el lector agradece.

(1) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, p. 207.

(2) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, pp. 208 y 209.

(3) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, p. 171.

(4) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, pp. 190 y-192

(5) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, p. 222.

(6) Cuadro al óleo, nacido en 1943, que se exhibe en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Estados Unidos.

(7) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, p. 130.

(8) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, p. 131.

(9) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, p. 551.

(10) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, p. 557.

(11) José Manuel Noceda, Wifredo Lam, la cosecha de un brujo, p. 193.