Convivio poético con la Generación del 27 española (1927-2017)

  Por María Eugenia Mesa Olazábal

En literatura se denomina Generación del 27, al grupo de escritores españoles, especialmente poetas, que se inician literariamente o alcanzan su apogeo en torno a 1927(1), año en que se conmemora el tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora, figura que ellos recuperan y,  porque en ese período concurren otros hechos culturales como la fundación de La Gaceta Literaria donde  los nuevos creadores tienen, al menos, una relación de fines coincidentes. Distingue  a José Ortega y Gasset y a Juan Ramón Jiménez como a  maestros de dicha generación que tiene como integrantes  de mayor prominencia  a: Gerardo Diego, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Emilio Prados, Luis Cernuda, Juan José Domenchina y Manuel Altolaguirre. Un colectivo enriquecido -fundamentalmente- con los aportes de Lorca y Alberti. Cada uno de ellos  tiene  personalidad definida y hasta divergente, aunque concuerdan en el intento de fusionar  el disperso espíritu contemporáneo  con   las formas de la tradición lírica española culta y popular.

Antes de la marcada fecha había entrado en sus vidas el cubano José María Chacón y Calvo (1892-1969), el filólogo que en su etapa madrileña en funciones diplomáticas  (1918-1936) se revela como una  personalidad letrada  de gran reputación; el investigador y crítico que  a la postre, será reconocido como el Primer Hispanista Cubano, el mismo que desde su  llegada  a Madrid –con la ayuda del escritor mexicano Alfonso Reyes- se vincula a la intelectualidad radicada en la ciudad. Y, pronto se da cuenta del proceso nuevo que se estaba gestando en la literatura española;  inicia  relaciones directas  con los   maestros de la Generación del 27 y progresivamente con  varios de los más destacados de esa pléyade de cultores del verso a quienes brinda estimulo y  apoyo. Sin embargo, las impresiones literarias acerca de estos creadores, no se conocerán hasta después de su regreso definitivo a La Habana.

 En lo adelante comentaremos algunos de los escritos de Chacón y Calvo, acerca de varios creadores de la citada  Generación así como de sus maestros. Cada texto  contiene no sólo las valoraciones literarias de sus obras, sino también una serie de hechos vivénciales que contribuyeron al estrechamiento de la amistad del cubano con ese grupo de intelectuales.

A José Ortega y Gasset, el ensayista enterado de las corrientes literarias predominantes fuera de la Península, previsor en 1921 del advenimiento de una próxima generación con otro sentido(2), lo conoce en 1918. A partir de entonces, Chacón  aprecia las empresas asumidas por Ortega, como la fundación de su órgano de expresión la Revista de Occidente (1923), abierta a los prometedores poetas. En 1955, conmovido por el deceso del controvertido español,  escribe el artículo: <<Ortega y Gasset>>(3), abarcador de episodios trascendentales de la trayectoria del autor de las Meditaciones del Quijote, entre ellos los  acontecidos  a inicios de la  tragedia de España. En la apretada síntesis,  Chacón  trasmuta esfuerzos por reivindicar la deteriorada imagen del filósofo, aunque alude al distanciamiento del pensamiento político de  Ortega,  expuesto en la conferencia <<Rectificación de la República>>. En ese contexto, trae a colación  la nota de prensa  de agosto de 1936, la cual califica de vergonzosa y  provocadora de la exaltación de la muchedumbre que exigía ajustar cuentas al autor de La rebelión de las masas, pasaje que atenúa resaltando la personalidad del “poderoso artista de la palabra”. En párrafos finales, sobresalen la emoción y el espíritu humanista del Chacón franciscano, al describir la pena que le aviva ver a Ortega y Gasset, sufrir en  autoexamen  de conciencia ante la realidad española,  y en los últimos minutos de su cristiana  muerte.

José María Chacón y Calvo y Juan Ramón Jiménez, también se conocieron en 1918; el mentor lírico de la G-27, que  ejercía sobre todos ellos una gran influencia porque su magisterio era “indiscutible”(4), tuvo en Chacón  un fiel admirador; recibió  del “andaluz universal”  -como le llamaba-, el influjo poético justificado en su ensayo de creación Hermanito Menor (1918), donde  aparece incorporado (Capítulo VII. Santa Helena) el personaje protagónico de Platero y yo (1914) de J. Ramón, así como en el ejercicio prosístico  que identifican  a sus  ensayos sentimentales. Chacón, le consagró varios trabajos redactados en dos etapas distantes  una de la otra; los primeros  corresponden a la  del exilio en La Habana, mientras la segunda,  la de mayor volumen, proviene del impacto por la  muerte del poeta en 1958; en ese período  escribe tres  artículos en los cuales reitera temas como el inolvidable <<Coloquio con Juan Ramón Jiménez>> conducido por José Lezama Lima,  la participación del andaluz en la Hora de radio La voz del aire,  donde dio lectura a poemas inéditos -luego publicados en Revista Cubana con el título <<Ciego ante ciego>>-; recurrencias que  obedecen a la pretensión del Hispanista de fijar ambos acontecimientos culturales. En otro texto hace referencia a la Fiesta de la Poesía de  1937; la reunión lírica que bautiza como “convivio de poesía de las más claras afirmaciones del espíritu de la poesía cubana” cuyo éxito, afirma, se debió en parte a la participación del “creador del ambiente poético, Juan Ramón Jiménez”. Meses después de la actividad auspiciada por la Hispanocubana de Cultura,  encontrándose inmerso en la preparación del libro La poesía cubana en 1936, siente la necesidad  de comunicar al  presidente de la Institución Fernando Ortiz,  algunas impresiones sobre la obra: “[...]Es este un libro sin precedentes en nuestra Bibliografía.[...].¡Cuándo habrá otra Antología que nazca de estas circunstancias [...]¡Cuándo otro J. R Jiménez será el primer animador de esta fiesta [...]”(5) . En disímiles ocasiones, Chacón enfatiza en sus cualidades líricas y lo  califica de “poeta puro” que en su tiempo ejerció  definitiva “influencia”(6)  en los modos de la nueva poesía hispánica. Recuerda el canon de sus versos donde concurren la sencillez, la perfección y el aprendizaje. Indaga  en las  raíces  que conforman la estética juanrramoniana,  enjuiciando la época  aprehendida de Rubén Darío, reflejada en  los  álbumes Diario poético (1936-37) y Baladas y canciones. En el último artículo <<Tres poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez>> (1967(7)), señala en el poema “Genaralife” la coincidencia  en la tónica de sus versos con la cultivada por Lorca, demostrando de ese modo el influjo del maestro.

Un año después, conoce a Gerardo Diego(8) desde la ineditud de sus versos. Acerca del poeta santanderino escribe una serie de artículos(9) asegurando que en su poesía hay  un retorno a las normas clásicas de tradición castellana  fusionadas  con los nuevos estilos, cualidades que  predominan en los poemarios: Imágenes (1921), libro que  lo define como “poeta creacionista”; Romancero de la novia (1920) y Soria galería de estampas y fusiones (1923), volúmenes  portadores de “honda” resonancia de lo popular y lo tradicional hispánicos. Respecto a La Sorpresa. Cancionero de Santaraille (1944), descubre esa fusión representada en el poeta Gil Vicente; sin embargo, no halla influencias directas del lusitano, excepto en la tonalidad poética. Más adelante,  apunta  rasgos líricos que le  parecen “juanrramonianos”, específicamente los versos de las Elegías, aquellos que Gómez de la Serna había colocado junto a los de Gustavo Adolfo Bécquer para demostrar “que no se puede distinguir entre la poesía de uno y otro”, analogía confirmada por Chacón, mediante ejemplos ilustrativos. Análisis parecido realiza a Soria (1948),  el poemario donde  redescubre  a Antonio Machado  “viviendo” en los versos de Diego. Al  examen, incorpora otros criterios como  el formulado por Federico de Onís en la  Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932), tocante a  que G. Diego, alcanza su valor propio en la parte ultraísta y creacionista de su cosmovisión  lírica, cuestión que el cubano no certifica después de haber leído los poemas recogidos en Versos humanos (1925, el libro que le valió a Diego el Premio Nacional de Literatura. El artículo <<Lope de Vega visto por un poeta contemporáneo>> -asociado al discurso de ingreso del santanderino en la Real Academia-, denota un  acucioso escrutinio de los antecedentes literarios  de <<Una estrofa de Lope de Vega>>, materia  abordada por el poeta-ensayista en su  estudio de  la octava real para acercarse a  la obra de Lope; análisis que a criterio de Chacón,  legitima cómo en ese radio de acción aparentemente minúsculo, penetra el crítico en la intimidad de una obra universal(10).

Al incursionar en los orígenes de los vínculos de Federico García Lorca con los intelectuales cubanos,  se llega  a pensar que José María Chacón y Calvo fue el primero, o uno de los primeros en trabar relación con Federico. Se conocieron(11) durante la semana Santa de Sevilla de 1922. Al granadino tributó una conferencia y un artículo. En <<Lorca, poeta tradicional>>(12) señala que su poesía marca una nueva etapa -“casi imprevista”- en la lengua castellana y que ésta se afinca y, se siente vivir en una tradición en el sentido “más estricto”. Evoca  la época en que Lorca divulgaba las olvidadas voces de los cancioneros a la manera juglaresca; creaba una poesía íntima, “sustantivamente” española en  momentos polémicos y de manifiestos de los poetas ultraístas; opina que las murmuraciones acerca de la forma tradicional de la poesía lorquiana, eran secundarias porque  “no era un programa estético, sino el resultado de la indolencia del poeta” porque no publicaba desde 1921, y sin embargo, “era el influjo más fuerte que pesaba sobre toda la poesía española de 1926”, ratifica lo anterior,  apuntando las republicaciones, en corto tiempo, de los álbumes  Canciones (1927) y Romances gitanos (1928),  acota: “algo rarísimo en la historia de la poesía lírica española”. El articulo(13), escrito veintiún años después del  asesinato de Lorca, estuvo motivado por el hallazgo de “una preciosa carta” remitida por García Lorca; una misiva de carácter casi familiar que trasluce las emociones sentimentales del filólogo al detenerse en el  “detalle curioso”  de haber sido redactada en un papel con el impreso del medallón de adolescente griego símbolo de la Residencia de Estudiantes de Madrid y,  al asociar la fecha  a otra carta que le enviara  el músico Manuel de Falla. En el citado texto trascribe ambas cartas.

 La muerte de Lorca provocó gran pesar en Chacón. El 8 de septiembre de 1936, escuchó la noticia por la Radio matritense, pero no le dio crédito y  escribió en su Diario íntimo...: “Parece que el rumor del fusilamiento de García Lorca se confirma. No puedo creerlo. Me parece que será una noticia falsa. Pienso en todo el tumulto de Federico, tan poco seguro en la amistad y tan gran poeta siempre”(14).

En octubre de 1924, Rafael Alberti conoce a el primero de sus amigos cubano: Chacón y Calvo. García Lorca, hizo la presentación. Aquel encuentro consta en las memorias de Alberti La arboleda perdida donde recuerda a Chacón como un hombre bueno que, distingue entre las personas que le ayudaron en el difícil y doloroso camino poético: el amigo más entusiasta de sus canciones marineras.  Por su parte el crítico cubano, publicó  <<Alberti y el homenaje a Lope de Vega>>(15)  durante su primera visita a Cuba en 1935; entonces, Chacón presidía la comisión organizadora de homenaje a Lope de Vega y  pronunció las palabras inaugurales del acto, previo a la conferencia de Alberti <<Lope de Vega y la nueva poesía española>>; habló de las características de los recitales ofrecidos por el autor de Marinero en tierra (1925) de ellas, dijo: “permitieron conocer todas sus tonalidades líricas, hasta su guirigay y La pájara pinta”; auguró que la disertación sería “de aportes vitales” porque colocaría  de relieve la “supervivencia de lo popular en Lope”, a través de un poeta español representativo y lleno de la inquietud universal de su tiempo.

 Chacón y Calvo al tanto de la evolución  de la nueva poesía española y de los aportes de García Lorca y de Rafael Alberti, convino presentarlos  en Cuba en la revista Social(16)(No., de octubre, 1926), bajo el título: <<Nuevos poetas españoles>>; aquí aparecen las composiciones: “La sombra de mi alma” y “Cantos nuevos”, del primero, y el soneto “A Federico García Lorca, poeta de Granada” del segundo. Y, para el número de noviembre de 1928, entrega los conocidos versos: “La casada  infiel” y “Romance de la luna”  de Federico,  muy  populares entre los cubanos.

El vínculo de Chacón y Calvo con Jorge Guillén  surge  a inicios de la década del veinte, pero no será hasta 1946, en  que nuestro filólogo le dedica un texto, motivado por la publicación  en México de  la tercera edición de su libro Cántico (1945).Su lectura,  lo lleva a reflexiones publicadas en <<La poesía de Jorge Guillén>>(17); un articulo donde recuenta su labor profesoral en  España y en Estados Unidos, país donde también ejercían la docencia  otros poetas sucesores  de los que recibieron el “impulso renovador de Rubén Darío” (alude a: Pedro Salinas, Dámaso Alonso y Gerardo Diego); valora la estructura de Cántico y comenta el acento de madurez “plena” alcanzado por el poeta en esas composiciones, así como otras  cualidades que va descubriendo a fin de concluir en  que la tercera ediciónde Cántico, es esencial en las letras hispánicas por su claridad, plasticidad entre otras cualidades y, por “ese sentido de expresión nueva”. Finaliza  con el examen del poema “Cara a Cara” para demostrar “la sombra  de García Lorca”  en el último momento en que  acerca “el mundo de perfección poética de Cántico al del tumulto prodigioso y la ancha vena desbordada de García Lorca”.

Pedro Salinas, dictó un ciclo de conferencias  en La Habana en 1944, en tanto Chacón y Calvo permanecía en funciones de Profesor visitante  en la Universidad de Columbia, Estados Unidos; pero no imposibilitó al entonces Director de Cultura,  publicar en la Revista Cubana(18) la notoriedad de la presencia del poeta en la Isla y con ella,  la reanudación del Seminario de Investigaciones Históricas. En la ocasión reseña  la  ocupación de Salinas en la Universidad John Hopkins, y  su  triple personalidad de poeta,  filólogo y  ensayista, sin olvidar al narrador “lleno de gracia y de espíritu” presentes en  Entrada en Sevilla y en otros relatos donde aprecia que,  define  “una nueva tendencia hacia una nueva manera de contar” originada en la escuela de Gabriel Miró. Termina explicando que la labor de  profesor no disipa el acento de su poesía porque éste  llega  junto a “la interpretación y el comentario  del autor de  Vísperas de Gozo”.

Cuando uno de los poetas más destacados de la Generación del 27 visita La Habana en 1952, Chacón redacta <<Presencia de Luis Cernuda>>(19). Un texto  informativo para acercar al lector al quehacer lírico del poeta, proporcionándole  algunos datos de sus conferencias sobre la poesía de Bécquer, y del álbum Perfil del aire (1927); reconoce poemas  anteriores a la fecha de publicación  de ese libro que le dio una perspectiva jerárquica en “la joven literatura española”; examina el  nexo becqueriano descubierto con anterioridad por el historiador de la Literatura Española  Ángel Valbuena Prat, en tanto, Chacón  lo comprueba en el  libro La realidad y el deseo, publicado posteriormente (1936).

Una fuente de información complementaria -en ocasiones  indispensable- para valorar la magnitud de los vínculos fraternales y profesionales del polígrafo cubano con la intelectualidad española es Corresponsales españoles de José María Chacón y Calvo (Madrid, 1986), debido a Zenaida Gutiérrez-Vega. Es justamente en este Epistolario donde  la generación mejor representada es la del 27, así lo muestra  la  estadística de la abundante correspondencia a la vez que  proporciona la dimensión  del intercambio de ideas, proyectos y poemas, remitidos por “los nuevos creadores” a fin de someterlos al  juicio chaconiano. Por ejemplo, los datos  registrados a las firmas de Alberti y Lorca, lo ratifican: Rafael Alberti,  envió 21 cartas y disímiles dibujos entre 1924 y 1925; Federico García Lorca, cursó 20, más otra cantidad de postales, notas y dibujos, entre 1923 y 1934. Otros remitentes de esa Generación, aunque con menor trascendencia en el grupo, sin menos cabo de los valores de sus obras, aportan profusa información, tal es el caso del rubeniano Antonio Oliver Belmás, quien desde 1927 y hasta 1957, remitió a nuestro escritor 38 misivas ampliamente abarcadoras del movimiento literario  producido en España y sus  conexiones con la intelectualidad  Hispanoamérica.      

Los  escritos de Chacón y Calvo acerca de los poetas más destacados de la Generación del 27, revelan al polígrafo como testigo excepcional de la producción literaria que dará  al traste  con la nueva poesía española. Sin embargo, hasta la fecha, en ninguno de los textos utilizados para este trabajo, aparece  escrito el término Generación del 27, los mismos contienen expresiones dirigidas a distinguir  individualidades especificando la pertenencia del creador  a la “nueva poesía” española, sólo en un texto se aproxima al  concepto genérico. Me refiero a la conferencia <<Algunas notas sobre la reciente poesía española>> ofrecida en el curso de la Universidad del Aire de 1949; disertación centrada en los valores líricos  de la generación de 1935; fecha  escogida por él apoyándose en el último capítulo del tratado de Valbuena Prat -ya citado- porque éste contempla  la aparición ese año del álbum (de “alta calificación poética”) Abril de Luis Rosales,  donde descubre influencias directas de G. Lorca y aprecia un retorno a las normas clásicas que los poetas de esos años  evidenciaron en el culto a Gracilazo, tal  como los líricos de la  década pasada hicieron con la revisión de las obras de Góngora, acción que “definiría a un grupo representativo de la poesía española”. Advierte en los poetas  del 35 (Panero, Dionisio Rodrigo, Vicente Gaos, Castillo-Elejabeytia etc.), el mismo sentido tradicional de  sus antecesores,  los “maestros de su generación, que ayer fueron símbolo cabal de las entonces nuevas tendencias”.

Las motivaciones que impelen a José María Chacón y Calvo a escribir acerca de los intelectuales españoles  objeto de este trabajo han quedado claras, en la mayoría de los casos primó la visita del poeta-escritor a Cuba. Los juicios críticos llevan en primera instancia, el propósito de  ilustrar al lector  a partir del perfil de la publicación periodística; de ahí, que regularmente carezcan del abordaje profundo, mientras   prosperan los ejemplos de análisis demostrativos de su amplia erudición acerca de la poesía española de los siglos XVIII y XIX, así como el dominio de las influencias y la repercusión de este grupo de poetas. Pretensión equívoca, sería buscar en los artículos  consultados a un  crítico pleno cuando   evalúa la vida y obra de cualquier autor, pues no hay que olvidar que en Chacón prevalecen arraigados, el principio de neutralidad política de la cultura, y  su benevolencia para discrepar y elogiar. De todas formas  los textos comentados dan una aproximación de la  convivencia del Primer Hispanista cubano  con los miembros de la Generación del 27 española, impregnado del deseo de legitimarlos como sucesos trascendentales de las letras hispánicas.

 

Notas

(1) En cuanto a la fecha en que esta nueva generación se incorpora plenamente a la literatura, Pedro Salinas la  sitúa entre 1925 y 1928 y Ángel del Río, agrega en su Historia de la Literatura Española, que alguien propuso un año intermedio, “y nosotros aceptamos”, el de 1927, (Edición cubana 1968, T. II, p. 253).

(2) Ibíd.

(3) <<Ortega y Gasset>>. Diario de la Marina. La Habana,  8, 11 de  noviembre 1955, p.4-A, 4-A.

(4) En sus memorias Rafael Alberti dice:“no se sabía cómo, pero el controlaba todo lo que hacíamos (,,,). De cualquier suceso relacionado con la literatura, (...) era el primero en enterarse, ya que, enseguida, acudían a contárselo a su azotea. Y, hay, pobre del que caía en desgracia. Sin embargo, a pesar de su carácter, todos lo admirábamos mucho”. María Asunción Mateo. De lo vivo y lejano. Madrid, 1996, p.50.  

(5) En  Fondo de archivo de  José María Chacón y Calvo en el Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo. Carta fechada en La Habana, 3 de junio, 1937.(Nro. 104380).

(6) .<<Homenaje a Juan Ramón Jiménez >>. Boletín de la Academia Cubana de la Lengua. Vol. VII. La Habana, Enero-Junio, 1958, pp. 5-11.

(7) <<Tres poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez>>. El Mundo. La Habana, mayo 14, 1967.

(8) De las obras publicadas por los  poetas de la Generación-27  vinculados a Chacón y Calvo, fueron de acuerdo a la cantidad las de G. Diego las más examinadas por José María Chacón y Calvo.

(9) -<<Un nuevo libro de Gerardo Diego>> (Gerardo Diego: La Sorpresa. Cancionero de Santaraille. Madrid. Cuadernos de literatura contemporánea (2), 1947, 178 pp.). Diario de la Marina (junio 15, 22, 1947), 33-34. <<Un nuevo libro de Gerardo Diego>> y <<Soria en la poesía de Gerardo Diego>>. (Gerardo Diego: Soria. Santander. Madrid: 1948, 154, pp.). Diario de la Marina (julio 31, agosto 7, 14, 1949), 59, 61. 

(10) . <<Palabras sobre Gerardo Diego>>. Diario de la Marina. La Habana, 18 y 20 de diciembre de 1958. p.4ª. 4ª.

(11) La Dra. Zenaida Gutiérrez-Vega (biógrafa de  Chacón y Calvo),  al reseñar esa amistad, dice: “Entre los dos artistas surge una simpatía profunda. Es muy posible que en el fondo de esa afinidad existiera el común amor a lo popular, que en su esencia es el amor a la criatura, a lo sencillo, a lo simple de la vida. Recordemos el popularismo de García  Lorca  y el amor por el pueblo de Chacón [...] hay algo que los une indefectiblemente, la sensibilidad artística, el linaje espiritual e intelectual”. En  tesis de doctorado de Gutiérrez-Vega.  Archivo literario de José María Chacón y Calvo,  Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo Valdor. 

(12) Palabras pronunciadas por Chacón y Calvo en la Hispano-Cubana de Caibarién antes de la conferencia de Federico García Lorca el 30 de marzo de 1930. En la Revista de Avance. La Habana, Nro. 45, 15 de abril, 1930.

(13) <<Una vieja carta de Federico>>. Diario de la Marina, La Habana, octubre 24, 1957, p.4-A.

(14) Diario íntimo de la Revolución Española. Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo Valdor, La Habana, 2006, p.99.

(15) <<Alberti y el homenaje a  Lope de Vega>>.Revista Cubana. La Habana,  abril-junio 1935, pp. 245-247.

(16) Angel Augier  atribuye a Chacón y Calvo  la nota insertada  en esa página. Considera que  la alusión  del autor a la  situación político social que primaba en España, así como la evolución tardía en la naciente intelectualidad, solamente podía ser apreciada por alguien que, como Chacón fuese residente  en el país durante la  dictadura  de Primo de Rivera. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Enero-junio, 2004, p. 16.

(17) En  Diario de la Marina, ediciones de los días 3 y 10 de febrero de 1946, p. 33.

(18) Una breve nota <Don Pedro Salinas en el Seminario de Investigaciones Históricas>> en Revista Cubana .Vol. XVIII, enero-diciembre, 1944, p 205-206.

(19) Diario de la Marina. La Habana, 8 de abril de 1948, p. 4.