"Cuando llegas a Nueva York lo primero que te rompe los ojos es el racismo": Javier Molea, el uruguayo que hace de los libros en español un arma contra la xenofobia

Por Pascual Brodsky

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Texto e imagen tomados de http://www.bbc.com/mundo/noticias-41860522

Mientras ordena revistas, libros y estantes, sigo a Javier Molea por los pasillos de la acogedora McNally Bookstore, en Nueva York.

Generoso, conversador agudo y tenaz, amante de la ciencia ficción, desde 2004 ha trabajado en este nicho del Soho hasta convertirlo en un epicentro de la literatura en español en Estados Unidos.

Relata cómo lo consiguió y lo que más le urge hoy: cómo ocupar sus recursos como librero para hacer frente al clima de xenofobia desatado en el país.

Uruguayo de nacimiento, estudió y fue librero en Montevideo, donde se dio cuenta de que, aunque él había ido a la universidad, "los libreros, sin haber pasado por la academia, sabían mil veces más que yo, de autores, de libros, y la teoría literaria les importaba tres huevos".

"Yo venía con cierta arrogancia y ahí aprendí una ética del librero, de respeto por el lector, por todos los lectores. No tengo esa idea elitista de la literatura, de clases, de que están los profesionales o los buenos, y luego los mediocres, los artesanales".

Aterrizó en Nueva York en 2002 y trabajó de lavaplatos, sirvió café, cuidó mascotas y plantas. Una de esas plantas era de una tal Sarah McNally. Descubrieron que compartían el amor a la literatura: la familia de Sarah dirigía una cadena de librerías en Canadá, la McNally Robinson. Cuando ella decidió abrir la sucursal en Nueva York, de inmediato llamó a Molea para dirigir la sección en español.

Molea ha formado una comunidad apasionada por la lectura y la conversación, que promueve iniciativas como la del Fondo Solidario para el Inmigrante, inaugurada este año, luego de la elección de Donald Trump.

"Ahora siento la urgencia de hacer cosas que impacten más en la realidad", dice. "La mayoría de los escritores quieren ser como estrellas de rock: la misma arrogancia, los mismos delirios de grandeza. Para mí el escritor es otra cosa, tiene que ser alguien comprometido con su tiempo". Y agrega: "Pero bueno. Tienes que hacerme las preguntas, o si no, yo me voy por las ramas".

¿Por qué ser librero hoy? O, si se prefiere, ¿cómo ser librero?

Yo hace 15 años que estoy acá. Y he tenido una evolución. Fue hace poco que pensé: ¿para qué carajo estoy laburando yo, para tener más dinero? Desde el principio yo trabajé para crear un espacio para la literatura en español, porque claro, cuando llegas a Nueva York lo primero que te rompe los ojos es el racismo, contra los hispanos. Entonces lo primero que quieres crear es eso, este lugar para el español, para los lectores.

La primera innovación que hago yo es que el 99% de los escritores en la sección sean latinoamericanos o españoles.

Al principio sólo había traducciones de los best seller: John Grisham y Harry Potter en español. Y tuvo mucho que ver con ser la única librería en todo Estados Unidos en que hacemos eventos en español una vez por semana y buenos eventos, desde hace 10 o 12 años, traemos escritores, hacemos conversaciones, y fiestas muy lindas.

Otra de las cuestiones por las que luché y luché y lo conseguí, es que en los diarios yanquis mis eventos no fueran a la página de comunidad, sino a la de cultura. Antes los eventos de literatura en español te lo pasaban en los diarios y websites como noticia de la comunidad hispana. Muy políticamente correcto, pero lo primero que conseguí fue que los yanquis lo identificaran como literario, no solamente por su valor folklórico.

¿Qué efecto tuvo esto para la literatura en español aquí?

Bueno, un año después se empezaron a publicar en inglés los escritores que yo había traído y pedido en español: Sergio Chejfec, Yuri Herrera, Lina Meruane, Valeria Luiselli, Pola Oloixarac, Samantha Schweblin, (Rodrigo) Fresán.

Me interesaba ampliar el espectro que tenía el lector estadounidense de los escritores en español, principalmente de los latinoamericanos: mostrar que hay más que el boom, más que el realismo mágico, y más que (Roberto) Bolaño. Aunque a mí Bolaño me encanta, ojo.

¿Quiénes se interesan por la literatura en español?

Hay un núcleo, un grupo de gente que viene para los eventos en español, que me compra libros en español, de hace diez años, y eso es increíble, y esa es mi referencia, mi gratitud, mi lealtad, mi legitimidad me la da esa gente. Sobre todo, es un grupo nucleado en torno al book lab, el club de lecturas.

El book lab representa mi idea de la literatura. Es un medio de comunicación, de contacto, de encontrar vasos comunicantes. Tiene algo religioso, en el sentido de re-ligar una comunidad, no necesariamente porque estamos de acuerdo o no, sino por el hecho de leer y discutir un texto, de crear un espacio de discusión de textos. Más que ser una tienda de ventas, lo transformas en un espacio comunitario de discusión.

Originalmente los bares, los cafés en Inglaterra, en Francia, eran eso, lugares de discusión. Siempre me inspiraron esas polémicas que cualquiera podía inaugurar. Hay películas de Oscar Wilde de gente peleándose en los cafés.

Siempre tuve ese sueño de crear algo parecido y creo que se hizo lo que me interesa, crear un espacio de discusión en el que cualquiera puede venir a hablar. No me importa si sos un escritor, no me importa si sos un académico, no me importa nada, leísta el libro, venís y hablas. Hay una ética como librero, crear ese espacio para el lector, y todo lector es valioso.

¿Qué ha sido lo más satisfactorio de este trabajo?

Lo que más me emocionan son los chicos latinos que nacieron acá o vinieron de chicos, y tratan de leer en español. Y parece muy difícil hacerle entender a un chico que creció acá, la miseria diaria de Latinoamérica.

Un pobre acá vive en un project (viviendas sociales). No saben lo que son los ranchos de lata en las villas miserias en Latinoamérica. Niños viviendo en la calle, hurgando en los basurales, pidiendo comida. Cómo hacerle entender eso a los chicos de acá, que tienen mucha voluntad. Ellos son los lectores más interesantes. A ellos me encantaría hacerles leer a este peruano, Julio Ramón Ribeyro. Hay unos cuentos magníficos de Ribeyro sobre niños.

¿Cómo ha influido el contexto actual de xenofobia en tus planes respecto a la librería? En marzo organizaste el Fondo Solidario para el Inmigrante. ¿Cómo ha funcionado, en relación a las universidades, por ejemplo, y a las editoriales?

Me dio más urgencia por hacer cosas que realmente impacten en la realidad. Ahora le estamos mandando US$1.000 por mes a una familia, más o menos.

Por otra parte, me he dado cuenta que los académicos, por ejemplo, son algo que da vergüenza. La mayoría no dicen ni postean nada de los indocumentados, porque a la academia no le interesa eso, y por miedo a perder sus puestos. No te dicen una palabra de los indocumentados. Y ellos tienen ese trabajo por todos los indocumentados.

Los cientos de departamentos de español que se crean en las universidades es por la influencia de los indocumentados, es decir, el auge de inmigrantes que a la sociedad le rompe los ojos es la cultura latina, en Estados Unidos, y eso genera interés por el español. No porque los yanquis estén conmovidos por Latinoamérica.

¿Y la cooperación de parte de los escritores?

Hay dos tipos que yo quiero y respeto mucho, y que leo mucho y con pasión, que son (Juan Carlos) Onetti y Bolaño, y hay una cosa que es fundamental de los dos: un escritor tiene que ser un buen tipo. Y la mayoría de las veces los escritores son buenos tipos, hasta que entra la variable dinero.

Cuando yo largué lo del fondo solidario hubo solo cuatro escritores de acá que me escribieron, grandes escritores, que me dijeron: "Javier, eso está muy bueno". Y los demás siguen viviendo en su universo de Facebook donde está todo bien, y viajando a sus congresos, y viajando a sus ferias del libro, y de lo único de lo que hablan es de su literatura.

Hubo gente que me canceló eventos, ¡porque no podían pagar los US$100!

Pero bueno, digo, vos sos un profesor en un college, pedís becas, fondos.

Lo mismo con una editorial de Brooklyn, que se decían non-profit: piden ayuda voluntaria, venden libros, cobran, siempre tienen un empleado, ganan mucha más plata que cualquier indocumentado en Queens. Yo a un escritor que no quiere colaborar no lo leo, por lo que le decía de Bolaño y Onetti: es un mal tipo.

Siento la urgencia porque la literatura sea lo que siempre tuvo que ser. Lo que siempre fue. La literatura unió gente, no separó gente.

Si te ponés a pensar muchas naciones se crearon a través de textos literarios, comunidades se crearon alrededor de los storytellers (contadores de historias) en las edades medias, Shakespeare mismo, había un sentido de comunidad. Ahora hay un sentido de comercio personal.

Yo crecí leyendo Dostoievski, había esa cuestión de pensar en el lector. Muchos escritores no piensan en el lector. Para qué, si no necesitan vender, porque igual tienen la beca, y publican porque quieren tener su puesto en la universidad.

¿Consejo a los libreros?

Compren libros que se vendan.

Yo tenía una sección de poesía en español con cientos de libros de mis amigos. Los tuve durante dos o tres años y no se vendió nada. Hace unas semanas, recibí cerca de 2.000 libros de poetas que sé que se van a vender: (Juan) Gelman, (Alejandra) Pizarnik, (Mario) Benedetti, (Charles) Bukowski, (Federico García) Lorca, (Ernesto) Cardenal. ¡Entonces saqué a mis amigos!

Vos me das un libro para vender, yo te lo mantengo dos meses, tres meses, a ver qué pasa. Pero si en un año no se vendió, se dona, y lamento si te enojas, no podés obligar al universo a que mantenga el espacio para algo que no le interesa a nadie.

¿Notas aquí una diferencia entre el mercado en español y el estadounidense?

Es una gran diferencia: los americanos continuamente hablan de la técnica, la tensión dramática, del personaje, de vueltas de tuerca. Incluso Henry James, siempre estaba pensando: "Cómo me van a leer, por qué me van a leer".

La literatura no es un medio de transmisión de conocimientos, no es una terapia, la literatura es contar historias, para que te escuchen, y la gente la escuchaba, las repetía, imaginaba otros mundos, lo que fuera.

Marcelo Cohen tiene una frase muy buena, que dice: "El escritor es como Sherezade. Si perdés la atención del lector, te cortan la cabeza". El escritor debe querer que lo lean, que no compren más a (John) Grisham, que no compren más a Gioconda Belli, que le compren a él, a ella, porque está bueno.