Homenaje a Dulce María Loynaz en Aniversario 115 de su Natalicio

   Por Astrid Barnet

“Ya sabemos que la belleza puede esconderse en las ruinas, o hasta dejarsever a través de ellas, pero estas fotos de arte evocan un deseo no sublimado de volver a ver florecer una morada que merece vivir junto a las nuevas generaciones de cubanos”.

Así expresó el poeta, ensayista, traductor, investigador y crítico literario Virgilio López Lemus, durante la inauguración de la exposición El silencio me cubre lentamente en el habanero Centro Cultural Dulce María Loynaz, con motivo del Aniversario 115 del natalicio de la prestigiosa escritora cubana Dulce María Loynaz Muñoz (10/X/1902—27/IV/1997).

Una vez más dicha institución fue lugar de acogida cultural de altos quilates, fecha para la cual reunió a figuras de nuestra Cultura nacional como fueron el poeta, ensayista, traductor, investigador y crítico literario Virgilio López Lemus, la prestigiosa actriz  cubana Verónica Lynn, y el joven arquitecto Enrique Alonso Orozco, quien tuvo a su cargo la inauguración de dicha muestra fotográfica de su autoría inclusiva de diez imágenes de la antigua residencia de la familia Loynaz Muñoz, ubicada en las calles de Línea y Calzada en la zona de El Vedado.

“Las fotos están realizadas con cuidadoso enfoque, puesto que no se trata solo de lograr una pieza fotográfica de exposición, sino de hallar sentido espiritual a lo captado, a la imagen que enuncia en su presente un ayer magnífico”, continuó López Lemus, para agregar que “balaustradas, rejas, muros, ventanas, quieren formar una especie de diez instantes poéticos a través de la visualización del conjunto. Cada foto posee un título tomado de versos o fragmentos de textos de obras de la laureada escritora --con los Premios Nacional de Literatura (1987) y Cervantes (1992), entre otros--, quien no sólo amó esa casa, sino también el sitio donde se halla; todo El Vedado, barrio que ella vio crecer desde su infancia”.

Ubicada en las calles Línea y Calzada, en dicha casa crecieron los hermanos Loynaz: Dulce María, Enrique, Flor y Carlos, todos poetas y personalidades vinculadas a la Cultura de este país; una vivienda que aún no ha podido ser rescatada de sus ruinas actuales –residen allí varias familias--, no obstante haberla visitado en otras épocas intelectuales de la valía de Alejo Carpentier, José María Chacón y Calvo --este último, amigo muy íntimo de la familia, en especial del General Loynaz del Castillo--, y donde también la futura laureada escritora se inspiró para la creación de su novela Jardín, la que al decir de López Lemus“tan sólo por la escritura de Jardín, era merecedora del Premio Cervantes desde hacía tiempo. La Premio Nobel de Literatura, la chilena Gabriela Mistral decía, incluso, que cuando ella quería repasar un buen español, fluido y hermoso, siempre volvía a las páginas de Jardín”.

Buena parte de la infancia y juventud de los hermanos Loynaz, transcurrió en esa casona poseedora de un gran anecdotario, de una rica historia que debiera ser salvada y reconstruida para la posteridad, para que las nuevas generaciones conozcan y recuerden a una familia peculiar que merece ser concebida como salida de una novela. Infinidad de episodios la acompañan –algunos simpáticos sobre Dulce María, otros, llenos de azares; acerca de Flor, su hermana, quien escribió tan sólo un poema, el que puede calificarse como excelente y quizás único en Cuba al estar relacionado con los animales afectivos, además de Enrique y Carlos, sus hermanos varones poetas también (…) Habría que indagar cuántas personalidades y figuras de la Historia y la Literatura visitaron aquella casa, entre ellos, el joven Alejo Carpentier y su madre, quien fue profesora de idioma francés de los hermanos, y el  inmortal poeta español Federico García Lorca, con el objetivo de  conocer al joven Enrique, cuyos poemas eran promocionados por el profesor e investigador Chacón y Calvo.

Al decir de López Lemus: “Diez fotos nos muestran no sólo la visión actual sino también el paso del tiempo, la vejez de una mansión que fuese emporio familiar. Pareciera que el arquitecto-fotógrafo Alonso Orozco nos hace ver que no se trata de una casa más, sino de un sitio privilegiado por haber vivido en ella un General del Ejército Mambí, padre de la familia, cuyos hijos, criados la mayor parte de su vida en ese hogar, dejaron huellas en su patria (…) Ojalá esta exposición contribuya a obtener un granito de arena más para la reconstrucción de esa primera residencia en El Vedado donde transcurrió buena parte de la vida de la familia Loynaz”.

Últimos días de una casa.

(Fragmento)

La Casa, soy la Casa.

Más que piedra y vallado,

más que sombra y que tierra,

más que techo y que muro,

porque soy todo eso, y soy con alma.

Dulce María Loynaz.