La “Pintoresca Cuba” de José María de Andueza

Por Olga Vega García, investigadora de la BNCJM

<< Vista del Convento

Continuando el tema tratado en el anterior artículo de los Tesoros, dedicado a un libro español en el cual estaba contenida la Isla de Cuba, el Mundo Pintoresco de José Comas (1), se ha decidido escoger de nuevo otro impreso dedicado a la Isla, y destinado a resaltar las bellezas de su capital, que precisamente en estos días celebra el 490 aniversario de su fundación. Se trata en esta oportunidad de una famosa edición ilustrada, muy solicitada por lectores cubanos y extranjeros, los que muchas veces piden consultarla, remitidos por otros especialistas o profesores, sin saber con certeza qué tipo de información de texto e imagen es posible extraer de ella:


Andueza, José María de, n.1809. Isla de Cuba pintoresca, histórica, literaria, mercantil e industrial : recuerdos, apuntes, impresiones de dos épocas / por D. José María de Andueza [il. Rosario Weis [sic]]. -- Madrid : Boix, 1841. – vii. 182 p. : il. : 27 cm. >>

Del autor puede decirse que nació en España, en la ciudad de Vitoria a principios del siglo XIX y falleció en fecha desconocida en la Coruña.  Según Francisco Calcagno, en su Diccionario Biográfico Cubano (2) fue un hombre instruido y conocedor de la buena música, que residió en La Habana desde 1825 y publicó allí sus principales obras,  trabajando como redactor en periódicos como el Noticioso y Lucero, Diario de La Habana y colaboró en otros, entre los que se cuenta El Plantel, donde aparecieron sus poesías líricas. Preparó una Historia de Cuba, inédita, según el bibliógrafo Carlos Manuel Trelles y Govín. Luego partió para Madrid pero, al ser nombrado Gobernador de Toledo, dejó de escribir.  Su obra literaria abarcó el campo de la novela, el teatro, la historia y el tema de las descripciones, tan popular en aquella época.

Al referirse a Cuba en la Introducción de su libro manifiesta que “tiene una historia escondida, misteriosa; tiene sus tradiciones populares… El primer cuidado del triste viajero ha sido recoger y guardar, como un tesoro, apuntes importantes para esa historia…”

Un aspecto de especial interés por la novedad del tema es que fue su ilustradora Maria del Rosario Weiss (Madrid, 2 de octubre de 1814 – 30 de julio de 1843), discípula  y según se dice hija ilegítima del famoso pintor hispano Don Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). Aunque ella ostentaba el apellido de Don Isidoro Weiss, su madre, Doña Leocadia Zorrilla, fue ama de llaves y amante del pintor a partir de la muerte de la esposa de éste en 1812, por tanto la suposición de la paternidad del artista es factible.

Muchos testimonios de la época se refieren al intenso amor paternal que tuvo Goya por la niña Rosarito, la cual fue a vivir con él desde que era muy pequeña y recibió clases del insigne maestro, el cual elogiaba lo que consideraba los éxitos de la chiquilla; en carta a su amigo José María Ferrer expresa en 1824, con la ortografía original: “Esta célebre criatura quiere aprender a pintar de miniatura y yo también quiero, por ser el fenómeno tal vez mayor qe. habra en el mundo de su edad hacer lo qe. hace, la acompañan cualidades muy apreciables como V. verá si me favorece en contribuir a ello, quisiera yo emviarle a Paris, pr. algun tiempo pero quisiera qe. V. la tuviera como si fuera hija mía ofreciéndole a V. la recompensa ya con mis obras o con mis averes…”(3)

De regreso en Madrid, Rosario (o María del Rosario como aparece indistintamente en la bibliografía consultada) inició su carrera, ingresando en 1840 en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y llegándose a convertir en profesora de pintura de la reina Isabel II. Sin embargo, murió a los veintinueve años, sin haber podido cumplimentar las expectativas de Goya.

Según se expone en la Enciclopedia Popular Ilustrada Europeo-Americana (4) se caracterizó por la “corrección de susdibujos, la finura y exactitud con que ejecutaba todas las copias… sin más dirección que su propio talento y el examen escrupuloso de los originales copió cuadros de diferentes autores en el Museo de Pintura y en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. No teniendo otros medios de vida que los que le proporcionaran sus pinceles, vendía sus admirables obras a los mercaderes de cuadros”… Luego de varias anécdotas similares concluye con que “dedicóse a hacer retratos a lápiz… no quiso hacer dibujos litográficos temiendo que fuera de difícil reproducción la finura del trazo y el detalle de la obra en total”. No obstante aparece en la portada como ilustradora y al pie de los grabados se consigna su nombre a la izquierda, en el lugar destinado al dibujante con la abreviatura lit. , especificándose a la derecha Lit. de J. de Aragón.

Un total de 12 litografías componen el material ilustrativo del libro:

 

El investigador Emilio Cueto, estudioso de la obra de Federico Miahle (o más bien de Pierre Toussaint Fréderic Miahle, 1810-1881),  expone que en el “Andueza” se copiaron 4 grabados de El Plantel, revista aparecida en 1839 y el resto de Isla de Cuba pintoresca (1839-41) (5) sin que se diera crédito a la fuente original de las imágenes, por tanto se trata de apropiaciones de originales del célebre francés radicado en la Isla, considerado por el especialista Mario Sánchez Roig como “uno de los más notables y fecundos grabadores de esta época”.  (6)

Por su parte Juan Sánchez, citado por el anterior, manifiesta en su El Grabado en Cuba que “Miahle fue el litógrafo más importante que trabajó en Cuba durante la primera mitad del siglo XIX.  No tuvo igual, y sí muchos imitadores, tal fue su influencia entre nosotros que todos los que después de él publicaban algo en la Isla, gustaban de intercalar en sus obras algunas litografías las más de veces de las láminas de su libro Isla de Cuba pintoresca”, publicada en la Litografía de la Real Sociedad Patriótica.

Resulta curioso que mientras que Miahle entabló pleito judicial con Bernardo May con motivo de la publicación en Hamburgo de sus litografías en dos álbumes, que se comercializan en la propia Habana, en el caso de Boix no se han encontrado referencias acerca de que mediara un tipo de acuerdo, ni tampoco de reclamación. O bien existió algún permiso expedido de forma verbal o quizás, como piensa la investigadora Zoila Lapique Becali, no llegó a manos de Miahle ningún ejemplar del libro de Andueza, que para colmo se titulaba exactamente igual que la colección de grabados del francés iniciada dos años antes.  

Cómo llegó a manos de Andueza o de Boix el grupo de litografías de Miahle que son apropiadas no ha podido ser confirmado, aunque hay un indicio en el hecho de que Andueza fue codirector de El Plantel, lugar de donde se extrajeron las primeras litografías, vivía en La Habana y por otra parte era práctica común entre los coleccionistas intercambiarse los libros nuevos en sus tertulias, muchas veces celebradas en las propias editoriales o librerías.  Queda por tanto un camino abierto para continuar investigando en el tema, de por sí bien interesante.

En el presente artículo se utilizarán solamente las imágenes relacionadas con la capital de la Isla, aunque las dedicadas a otros lugares del país resultan igualmente preciosas.

La Habana aparece representada en edificaciones que aún existen hoy en día, al menos parcialmente o que fueron sustituidos por nuevas construcciones más modernas sin que se pierda la historia de la instalación que ocupó inicialmente ese espacio; véase por ejemplo la Iglesia y Convento de Belén, iniciado hacia 1712, o el célebre Teatro Tacón, inaugurado oficialmente poco tiempo antes (en 1838), el cual convertido con el paso del tiempo en la Sala García Lorca,  forma parte del actual Gran Teatro de La Habana.

  

<< Iglesia y Convento de Belén                  Teatro Tacón >>

El Templete, inaugurado un 19 de marzo de 1828 para conmemorar la fundación de la villa de San Cristóbal de la Habana, la primera misa y la constitución del primer Cabildo celebrado según la tradición al pie de una ceiba, replantada en varias ocasiones, que es punto de encuentro ineludible de cubanos y extranjeros, cuando se conmemoran aniversarios de la ciudad.                                                                         

El Muelle de San Francisco, a la entrada del puerto, muestra el número considerable de naves que anclaban en él hacia la primera mitad del siglo XIX, observándose al fondo la Iglesia y Convento de San Francisco de Asís que data del siglo XVI.

Entre los paseos, antecesores de importantes calles habaneras de hoy, no puede faltar la Entrada del Paseo Militar, también llamado Alameda de Tacón, porque fue dicho gobernador el que concibió en el año 1836 para conectar La Habana, desde lo que es hoy la intersección de las calles Reina y Belascoaín, hasta las faldas del Castillo del Príncipe. Años después se le llamó Carlos III en honor del monarca español y se colocó una estatua de éste.

Resulta interesante para un poblador de la actual barriada del Cerro conocer cómo era a mediados de siglo las quintas a las cuales iban a veranear las familias, aunque algunas de ellas resulten hoy irreconocibles, como la del Conde de la Fernandina.

Por otra parte, ¿que aspecto tenía el Río de Puentes Grandes a mediados del siglo XIX? A pesar del grado de deterioro evidente en todos los ejemplares que se conservan de esa representación gráfica, puede apreciarse un paisaje prácticamente desconocido si lo comparamos con el Puentes Grandes actual. Otra curiosidad es que mientras que los grabados iniciales aparecen por lo general en un estado de conservación muy aceptable, a medida que el lector se adentra en el libro, las láminas están cada vez más manchadas. Quizás se deba a la calidad del papel empleado o al procedimiento llevado a cabo para confeccionarlas.

    

<< Vista de la Quinta              Río de Puentes Grandes >>

La caída del Husillo nos brinda un atractivo paisaje con una exuberante flora tropical, y su presa, que suministraba agua a la ciudad, accionando su aliviadero con un husillo o tornillo de madera roscada, que resultó una importante obra de ingeniería hidráulica colonial.

Los temas tratados aparecen enumerados en un Índice de las materias contenidas en la obra:

 

De acuerdo con estos acápites puede apreciarse la utilidad del libro como fuente de información, o también como obra fronteriza para suministrar conocimientos, tanto para los lectores de aquel entonces como a los actuales.

Un poema dedicado a la Ciudad se inserta en el cuerpo de la obra. En unas estrofas la califica como:

“Virgen de América bella,
Cuyos matices y gala
Solo la hermosura iguala
Que en tus palmares se ve…

Venecia que altiva creces
Entre placeres y risas,
Mecida entre frescas brisas
Adulada por el mar…”

                 

 

En resumen, la sección Tesoros selecciona una obra que resulta no solamente un atractivo conjunto de textos e imágenes, sino de hecho una publicación ya rara por cuanto, como producto del período denominado de la imprenta mecánica, el papel empleado en ella no fue el mejor, lo que motivó que el nivel de degradación de éste empeorara con el transcurso del tiempo. A ello se añade el afán de personas inconscientes de separar el material ilustrativo para convertirlo en elemento puramente decorativo, fácilmente comercializable, mutilando ejemplares cuyo verdadero valor reside en la unión indisoluble de sus partes componentes, tal y como fueron concebidas originalmente para disfrute de bibliófilos y público en general.

Bibliografía citada:

(1)Vega García, Olga.  La Habana colonial del Mundo Pintoresco [en línea] Librínsula. Vol.5  no. 248 : 7 de Noviembre de 2009 <http://librinsula.bnjm.cu/249_tesoros_2.html > [Consulta 9  Noviembre de 2009] (ISSN 1810-4479). 
(2)  Calcagno, Francisco. Diccionario biográfico cubano: comprende hasta 1878. – New York: Imprenta y Librería de N. Ponce de León, 1878. – p. 59.
(3) Gómez de la Serna, Ramón. Goya.  La Habana : Consejo Nacional de Cultura, l963. --  318 p. -- (Biblioteca Básica de la Literatura Española).
(4) Weiss, Rosario.  En Enciclopedia Popular Ilustrada Europeo-Americana. – Madrid ; Bilbao ; Barcelona : Espasa Calpe. -- T. 70, p.40.
(5) Cueto, Emilio. Miahle´s colonial Cuba: the prints that shaped the world´s view of Cuba. – Miami: The Historical Association of Southern Florida, 1994. – P. 26
(6) Sánchez Roig, Mario.  Notas inéditas sobre el grabado en Cuba.  En: Separata de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Año 6 (1): p. 19, 1966.

Otras fuentes consultadas:

Andueza, José María. En: Enciclopedia Popular Ilustrada Europeo-Americana. – Madrid ; Bilbao ; Barcelona : Espasa Calpe.  – T.5 , p. 474.

Biblioteca Nacional José Martí. Departamento de Información y Documentación de la Cultura. Monumentos y sitios históricos de la ciudad de La Habana / a cargo de la Sección de Investigaciones del Departamento de Monumentos. Dirección de Patrimonio Cultural. – La Habana : Departamento de Ediciones y Conservación de la Biblioteca Nacional, l983. – 162, [1].

Caso, Ángeles.  Las olvidadas. Una historia de mujeres creadoras [en línea] http://www.blocdeapuntes.net/paginas/las_olvidadas2.html
[Consulta 29 Jul. 09] En el capítulo V se refiere a María Rosario Weiss.

Palau y Dulcet, Antonio. Manual del Librero Hispanoamericano. 2. ed. corregida, y aumentada por el autor. Barcelona: Librería Palau, 1948. – t.1, p. 351. 12363.

ROSARIO WEISS [en linea] http://www.josedelamano.com/pages/rosarioweiss_b.html
[Consulta 29 jul 09]

Trelles y Govín, José Manuel.  Bibliografía Cubana del Siglo XIX. -- Matanzas: Imprenta de Quirós y Estrada, 1912. – t.3 p.1.
Vallentin, Antonina. Goya /traducción del original francés por Miguel de Hernán. --  Buenos Aires : Editorial Losada, [1957]. – (Biografías históricas y novelescas). – 338, [1] p.

Existe de este libro una edición facsimilar que es comentada en el sitio web: http://www.extramuros.es/mas_informacion_sobre__Isla-de-Cuba-pintoresca__isbn_978-84-9862-301-7__E11-00570.