Catalina: municipio de Cuba en el siglo XIX. Plano Topográfico del Término Municipal en los fondos de la Mapoteca de la BNCJM.

Por Carlos Manuel Valenciaga Díaz.
Maikel Mederos Fiallo

Igual que los pecios hundidos en las profundidades, inexplorados, alejados de las manos de los hombres y cargados de riquezas existen otros tesoros en forma de documentos pretéritos, herramientas indispensables para los investigadores de hoy que se afanan en el estudio del pasado.

Gran parte de ellos forman parte de valiosas colecciones de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (BNCJM). Precisamente en la Mapoteca de la institución, una de las más importantes y voluminosas de América Latina, se encuentra un fondo de Estudios geográficos y estadísticos de la Isla de Cuba de sumo interés para investigadores interesados en el estudio de la Historia Local, que permiten retroceder confiados, en más de una centuria, para acercarnos a la realidad de pueblos como Catalina que dejó su huella como municipio en aquellos tiempos del siglo XIX.

En este sentido cobra singular valía patrimonial e histórica el material  que  lleva por título Planos Topográficos de las poblaciones del  Término municipal de Catalina. Fechado en febrero de 1893,  a color, con dimensiones de  27 x 47 cm. Escala 1:10, 000, que incluye además un  recuadro con un Plano de conjunto y otro de Ojo de Agua y fue elaborado en La Habana por el reconocido cartógrafo Facundo Cañada López y por Severo Gómez Núñez, militares españoles destacados en Cuba. Dicho plano lleva por clasificación 722.9C13fh

1893

Tarea topográfica de igual manera, como parte de los Estudios Geográficos y Estadísticos de la Isla de Cuba, consta que se realizó, en los municipios de Güines y Melena del Sur (en el ámbito territorial), así como en otras provincias cubanas. Un elemento de particular interés es que el plano de Catalina, al menos hasta donde se conoce, solo se encuentra disponible en la Mapoteca de la BNCJM.

Para nadie es un secreto que una gran dificultad en el estudio del pasado colonial en localidades es la carencia de fuentes. No quedan, por razones temporales, supervivientes de aquella realidad y si bien existen testimonios escritos, estos se refieren a aspectos determinados y no generales del pasado en este caso catalinero; súmese, que el desarrollo tecnológico de la época, adelantos como la fotografía en el lugar de estudio, son eventuales y no cotidianos. Otros, considerados fundamentales para este tipo de trabajos, como la observación y fotografía aérea o satelital, no llegaban a nuestros lares o ni siquiera existían en la imaginación humana. Limitaciones son las que sobran. De ahí la tremenda y valiosa importancia de un plano topográfico de época como eficaz herramienta.

El plano topográfico del término municipal de Catalina resuelve en buena medida dichas carencias en las categorías espacio - tiempo. Caracteriza política – administrativamente al municipio; delimita el territorio, barrios, calles (con sus nombres de época), señales, curvas de nivel, terrenos, jardines, patios, linderos, zonas de cultivo, potreros y maniguas; precisa detalladamente la toponimia local de la época; visualiza todas las construcciones existentes y su estado (solo dos de ellas existen en la actualidad); localiza las más importantes en lo político, económico, social, militar, religioso, cultural y educativo; puntualiza las vías de acceso y los tipos; esclarece los adelantos tecnológicos existentes en las comunicaciones; esboza el proyecto de ampliación del pueblo (tal y como sucedió más tarde) y nos muestra, ilustrada, la condecoración del Ayuntamiento con la imagen de la santa patrona del pueblo. Cuestiones todas estas desconocidas hasta hoy.

Es, además, un medio educativo indispensable y motivador a utilizar para el estudio de la historia local que constituye un significativo patrimonio histórico cultural  para el pueblo de Catalina en la actualidad.


Planos Topográficos del Término Municipal de Catalina. Visión general. Colección Mapoteca. Sala Cubana. BNCJM.

El documento Planos Topográficos del Término Municipal Catalina, para su mejor comprensión, puede ser dividido en nueve partes.

Al centro – superior se expone el título del plano.


Encabezado del mapa, parte centro – superior. Colección Mapoteca. Sala Cubana. BNCJM.

Inmediatamente debajo, en la parte centro – superior: Tipo de trabajo, municipio, autores y lugar.


Encabezado del mapa, parte centro – superior. Colección Mapoteca. Sala Cubana. BNCJM.

En los extremos superiores, tanto izquierdo como derecho, quedan puntualizados los Signos Convencionales (simbología utilizada por los autores en el diseño) y el Directorio (identificación de los lugares reseñados en el plano).


Signos Convencionales. Parte izquierda – superior. Colección Mapoteca. Sala Cubana. BNCJM.


Directorio. Parte derecha – superior del Mapa. Colección Mapoteca. Sala Cubana. BNCJM.

En el extremo inferior izquierdo queda expuesto el mapa de Ojo de Agua, lugar original del asentamiento de Catalina, en el año 1805. A pesar del traslado del pueblo a su ubicación actual, en el año 1812, permanecieron habitantes catalineros allí hasta bien entrado el siglo XX.


Mapa de Ojo de Agua. Parte izquierda – inferior del Mapa. Colección Mapoteca. Sala Cubana. BNCJM.

En el extremo inferior derecho se muestra un Plano de Conjunto que ubica todo el territorio que comprendía el término municipal de Catalina, los municipios colindantes y la vía férrea.


Plano de Conjunto del término municipal de Catalina. Parte derecha – inferior del Mapa. Colección Mapoteca. Sala Cubana. BNCJM.

En el centro del documento aparece el barrio del pueblo Catalina, trasladado a su ubicación en el año 1812 y desde el 1 de enero de 1876, con categoría de término municipal.


Al centro, mapa de Catalina que la define como cabecera de municipio. Colección Mapoteca. Sala Cubana. BNCJM.

Flanqueando el título, los autores y el lugar, se muestran el anverso y el reverso de la medalla del Ayuntamiento de Catalina. La cinta muestra los colores de la bandera de España. El anverso tiene la imagen de la Santa Catalina de Alejandría (patrona local) y la cara reversa muestra una cruz y el nombre del ayuntamiento local.

       9                         10
9 y 10. En los extremos derecho e izquierdo del Mapa se observa el anverso y el reveros de la medalla del Ayuntamiento de Catalina. Colección Mapoteca. Sala Cubana. BNCJM.

El plano que ahora se rescata viene a llenar un vacío que cobra importancia si conocemos los antecedentes, antes de 1893, de la fundación del pueblo que recrea su esbozo.

Se debe recordar que el proceso de colonización de Cuba se realizó siguiendo los criterios feudales europeos. Las tierras se distribuyeron en tres tipos de hacienda de forma circular: los hatos, los corrales y las estancias. Puntualizamos este aspecto, pues hay constancia documental sobre la existencia en el territorio de la antigua provincia La Habana, en el siglo XVI, de un corral que llevo por nombre Catalina.

Estas formas de propiedad no permanecieron inalterables en los años sucesivos variando tanto los propietarios, las formas y nombres de las propiedades, es por ello que se explica la existencia del llamado Corral Nuevo (en los terrenos del ya desaparecido corral Catalina) donde años después se asentaría la segunda ubicación del pueblo Catalina.

En 1762, durante la toma de La Habana por los ingleses, las autoridades españolas ordenaron enviar a los ingenios de Catalina y de Garro a los prisioneros ingleses, esta decisión varió posteriormente al incrementarse las cifras de capturados.

Desde el siglo XIX propietarios del partido de La Catalina manifiestan interés en constituir un poblado. En aquel momento existían en el territorio 13 ingenios y 4 cafetales.

Para fundar un pueblo se requería:

Se quería construir una botica, una escuela y una valla de gallos.

En virtud de la Real cédula de 1775 se autorizaba la fundación de pueblos a cuatro leguas de distancia.

Jacinto Sardiñas ofrece el terreno de ½ caballería, en su finca La Guásima y 300 pesos para la construcción de la iglesia. Lo primero que se construyó fue el cementerio en el terreno de La Paila.

El 16 de diciembre de 1805, en los alrededores del río Onicaginal, más conocido por Mayabeque, terreno propiedad del Conde Zaldívar, se erigió una ermita consagrada a Santa Catalina de Alejandría, construida y pagada por el propietario. El primer cura fue Don José de Jesús Telles y Lara, cubano, de 34 años de edad. El mismo día de la inauguración fue bautizado el niño Francisco Javier Antonio Toledo Brito. Al día siguiente se produce la defunción de una esclava del Conde Zaldívar y por ende, el primer enterramiento. El 4 de marzo de 1806 se realiza el primer matrimonio, siendo los contrayentes el señor Francisco Leal, originario de Canarias y la señorita Luisa María, proveniente de El Calvario. 

Con la construcción de la ermita se forma un caserío con el nombre la Catalina. El asentamiento estaba enclavado en un lugar bajo que era asolado por frecuentes inundaciones que provocaban el desbordamiento del río, cuestión que ocurrió en 1811, en la llamada tormenta San Rafael, por lo cual se impuso la necesidad de mudarse un poco más hacia al Este, en el emplazamiento actual, en el barrio conocido como Corral Nuevo o Los Mameyes.

La decisión de mudar el emplazamiento de Catalina a su ubicación actual se tomó el 7 de mayo de 1812. La virgen de Santa Catalina de Alejandría se trasladó provisionalmente para la casa de familia de Francisco Hernández Domínguez pues aún no existía una ermita para alojarla. La inauguración de la iglesia se hizo con un guateque por la noche. Hubo necesidad de trasladar nuevamente a la virgen por la cantidad y frecuencia de bailes que se daban. Cada vez que se construía una casa se hacía una fiesta guajira.

El pueblo se funda en el cafetal La Piedad que pertenecía a Jacinto Fraga López en 1812. Este cafetal estaba demolido y el propietario rentaba terrenos. El corral era propiedad de Rivero. Su punto central es actualmente la zona donde existen hoy los edificios del pueblo. Se dedicaba al ganado menor. A partir del actual parque infantil era la finca El Encanto. Entre 1805 - 1811 habitaban unas 250 personas en Catalina.

Según datos del Taller de Historia de la localidad, para el año 1816 existían un total de trece ingenios azucareros, cuatro cafetales, veintitrés potreros y cuarenta sitios de labor.

En 1816 se identificaban en Catalina la existencia de casas de mampostería, de madera con tejas y de guano, que albergaban: 119 habitantes blancos, 41 negros libres y 43 esclavos, así como una botica, una panadería, una herrería, tres tiendas mixtas, dos fondas o posadas, dos tabaquerías y una zapatería.

En 1817 comienza a fomentarse el actual cementerio de la localidad, inaugurándose el mismo con el primer enterramiento, en 1818, siendo cura del sitio José María Navarro.

Para el año 1821 – 1822 vivían en Catalina: 714 blancos, 115 negros libres, 11 esclavos domésticos, y 1601 de labor. Existían: dos cafetales, nueve ingenios, 22 potreros, 61 sitios, 49 caballos de monta, una volanta, tres alambiques, un taller de tabacos y cigarros, panadería, tabernas, botica y tres máquinas de vapor.

Hasta 1825 en Catalina existían solo dos calles, Camino Real y Zanjón (zanja de deshechos). La tercera calle surge en 1858, conjuntamente con la llegada del ferrocarril y la estación de trenes.

La primera calle traviesa, la calle Iglesia, después conocida como Santa Catalina. En 1880 esa calle se renombra como Luz.

Las construcciones catalineras eran sencillas. La iglesia, construida en 1828  y la casa parroquial, en 1878, eran las más sólidas. En el año 1848 se construye una nueva edificación de madera como iglesia en el mismo lugar donde siempre ha existido el templo para el culto católico. Con el decursar de los años se adicionan nuevos elementos como la torre del campanario, este templo sorteó los embates de las inclemencias naturales y hasta de la guerra, sirviendo de refugio a los soldados españoles en el ataque al poblado el 19 de febrero de 1896; un año después, fueron acantonadas allí parte de las unidades desplegadas por Weyler en Catalina lo que dio origen a una de las leyendas del pueblo.

En 1852 tiene lugar la primera procesión con la virgen Santa Catalina de Alejandría. Esta es con seguridad, la más antigua de las tradiciones del pueblo y se celebra el día 25 de noviembre, día consagrado a Santa Catalina de Alejandría, la patrona local.

En 1855 en el partido de Catalina existían 4,565 habitantes en total, de ellos: 2,423 blancos, y 26 negros y mulatos libres; y en los campos habían 2,116 negros y mulatos, de ellos 1,912 esclavos de los cuales 1,081 eran varones, y poseía además dos calles, 34 casas y 10 solares.

El 20 de abril de 1858 se inaugura el tramo de línea  férrea que unió  a Güines con Catalina, conocido como Empalme.

En el año 1863 Catalina en su núcleo urbano contaba con 79 casas y 231 habitantes. Ya desde 1865 se contaba con una escuela gratuita de primeras letras para varones, costeada por los fondos municipales; también poseía una administración de correos de tercera clase.

El 1 de enero de 1876 se inauguró el Ayuntamiento de Catalina, o sea, con categoría de municipio, integrado por los barrios: Urbano Norte, Urbano Sur y los rurales San José Alderete, San Marcos, Encarnación, Lechuga, San Blas, Ocaña y Cambre.

La bodega Paradero se construyó el 14 de junio de 1889. La actual Casa de la Cultura era propiedad de los descendientes de Jacinto Fraga y su construcción data de 1888.

Es a partir de la necesidad de reconstruir la historia de años posteriores donde el hallazgo de Planos Topográficos del Término Municipal Catalina es de vital importancia pues viene a completar información necesaria a partir de 1893 y desconocida para investigadores de la historia local catalinera e historiadores y usuarios en general de la BNCJM interesados en estas temáticas. En las referencias de esta fuente primaria para el estudio de la historia y evidencia documental asombran elementos tan simples, como el hecho de que en 1893 ya existían teléfonos en Catalina, por solo citar un ejemplo, precisando realidades de época que no soportaron el paso del tiempo y quedaron borrados de la memoria popular hasta desaparecer.

El pueblo de Catalina, a lo largo de generaciones y generaciones, vive enamorado de su patria chiquita que vió suprimida su categoría de término municipal, durante la Primera ocupación militar norteamericana en Cuba (1899 – 1902). Ahora se abre una nueva posibilidad, de la mano de este acervo documental de la Mapoteca de retroceder como en una futura máquina del tiempo, más de 120 años, e ir adonde nuestros ancestros, tatarabuelos y bisabuelos para asombrados verlos localizar con seguridad, hasta veinte puntos esenciales de la geografía local y puntualizar el más mínimo detalle, del querido pueblo.

El documento  que hoy rescatamos es un fiel testimonio, de quienes legaron, a las futuras generaciones lo que sin duda consideramos, un auténtico tesoro histórico.

 

Bibliografía

González González, Abilio. “Historia de Güines”. En formato digital.

Investigaciones del Taller de Historia local de Catalina de Güines.