Defensa del  libro cubano en 1950

Por María Eugenia Mesa Olazábal

Dr. Emeterio Santovenia (tomado de
www.latinamericanstudies.org)

Una incursión al pasado nos permitirá tener una idea de aquellos intelectuales de valía que durante la primera mitad del pasado siglo XX apostaron por defender el libro cubano y con ello a la cultura nacional. Esta evocación invita a meditar con mayor agudeza  todo cuanto hoy se disfruta y se valora al libro cubano a través de una fiesta cultural considerada por muchos la más grande de ese carácter que se realiza en el país. Jubileo anual organizado,  en  la Feria Internacional del Libro de La Habana, iniciada en  febrero en la capital y escalonadamente  extendida a todas las provincias, labor intensa auspiciada por las autoridades competentes.  

En el período apuntado, durante algún tiempo, el 7 de junio era el Día del Libro cubano. Una iniciativa del periodista César Rodríguez, recogida e instituida, en 1948 por el Ministerio de Educación con el propósito de homenajear la fecha del aniversario del natalicio de Antonio Bachiller y Morales, patriarca de la erudición cubana. Desde entonces, y durante la década del cincuenta varias instituciones culturales como el Ateneo de La Habana y  la Academia Cubana de Lengua realizaban sesiones de celebración a las que acudían prestigiosos intelectuales de la época. Más, la del año 1950, llama la atención debido a la intervención encomendada al historiador Emeterio S. Santovenia(1), a fin de pronunciar el discurso final, titulado: Defensa del Libro, en el cual  hubo de explicar los fundamentos del proyecto de ley que presentó a la Alta Cámara en las postrimerías de su etapa senatorial.

En la ocasión el polígrafo José María Chacón y Calvo, se lamentaba  de no haberse reanudado la interrumpida edición nacional de Enrique José Varona  que ordenada por un decreto-ley promulgado en el primer aniversario de la muerte del filósofo, es decir en el gobierno provisional del coronel Carlos Mendieta, comenzó a llevarse a término con: “tanta lentitud que en una década no llegaron a ver la luz los cuatro primeros tomos, que ya están agotados y que nunca tuvieron la necesaria difusión”(2). En este sentido, Chacón  expresa abiertamente con conocimiento de causa,  dada su experiencia de  haber ocupado  el cargo de Director de Cultura (1934-1944), como se lee: “No he de revelar un secreto si digo que la causa de todo fue el presupuesto mezquino –en algún año inexistente- que tuvo en sus primeros lustros la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, que sólo en estos tiempos ha dejado de ser la cenicienta de ese departamento del Estado”.

Y más adelante interrogaba y explica el entramado burocrático en torno a los libros:

Y ¿qué habremos hecho en el orden práctico en defensa del libro en la nueva conmemoración? ¿Será por fin ley de la República el proyecto del historiador Santovenia? ¿Por qué hay trámites dilatorios para la entrega de un paquete de libros en nuestra administración de Correos? No sé si se darán con los de todas las procedencias, pero al menos, con los que llegan de España, en donde hay órganos oficiales, como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de una extraordinaria actividad editorial, los trámites de entrega son de una complicación sin posible paralelo.

Si todo esto se simplificara, si no fuera necesaria una verdadera peregrinación por los más varios departamentos del Estado –Comunicaciones, Banco Nacional, otra vez Comunicaciones-, para recibir un paquete de libros, a veces de pequeñas dimensiones, no hay duda. De que habríamos dado un paso de avance en defensa del libro, esencia de la conmemoración del 7 de junio, […]

Días después Chacón y Calvo volvía sobre el asunto en un artículo bajo el título <<Defensa del libro>>(3) donde reseñó el desarrollo e intervenciones de los intelectuales que asistieron a la referida celebración, tales como el poeta y arqueólogo Felipe Pichardo Moya, el historiador de la literatura cubana, Juan J, Remos. Y como antes había anunciado se detuvo en la parte final del acto dedicada a la defensa del libro, a cargo de Emeterio S. Santovenia, entonces también, presidente de  de la Academia de la Historia, presentó al auditorio, las razones que presidieron en el proyecto de ley de protección del libro, del que fue ponente en el Senado de la República,  que aprobó unánimemente ese cuerpo legislador y que a juicio de Chacón, “está durmiendo un largo sueño en la Cámara de Representantes”. Y agrega:

 Se quiso promover una legislación de ese tipo ante la angustiosa situación del libro,  porque se halla sometido a exigencias fiscales que entorpecen su circulación, y por tanto, su uso por el lector porque sufre las consecuencias del pésimo sistema y, por ende, se ve privado de las delicias provenientes de la letra de molde en toda la amplia medida determinada por la capacidad editorial.

Más adelante transcribe los preceptos principales del proyecto de ley aprobado por el Senado   como siguen:

Exención de derechos arancelarios consulares, etc., al papel importado en Cuba con destino a la impresión de libros o folletos, que no sean utilizados en propagandas mercantiles o industriales de carácter privado.

  1.  Exención del pago de impuestos sobre ventas o entradas brutas, sobre cobranzas de ventas a plazos y cualesquiera acto similares de las personas naturales de las personas naturales jurídicas que en Cuba se dediquen a la impresión, edición, transmisión y distribución de revistas y periódicos, de libros y folletos de la clase a que ya se ha hecho referencia.
  2. Se declara libre de derechos o impuestos la exportación de libros, folletos, revistas, y periódicos producidos en Cuba.
  3. Se restablece el franqueo único de un centavo por dos libras o fracción de dos libras, en el envío de folletos, libros, revistas, etc., por medio del correo y se fijan en un centavo adicional por cada bulto los derechos de certificación.

Comenta que en el propio proyecto, se fijan severas sanciones para quienes defrauden al Estado al amparo de las normas protectoras del libro, se establece que los editores envíen a la Biblioteca Nacional y otros centros ejemplares de los libros que publiquen y se dispone la celebración de periódicas Ferias del Libro y se estimula la producción con premios a autores y editores.

Enfatiza y aclara  de la exposición de Santovenia que “al querer elevar el nivel del libro cubano no se ha pensado hacerlo en detrimento del editado en el extranjero. “Pretenderlo sería atentar contra los fueros de la cultura”. Y, finaliza el artículo exclamando: “¡Cómo han pasado tres años sin que se apruebe por la Cámara de Representantes!” El doctor Lincoln Rondón, su presidente ha manifestado” su “interés por los asuntos de la cultura, por esas cuestiones que atañen a los rumbos del espíritu y de la nacionalidad”. No obstante, reitera su inconformidad porque  “transcurre el tiempo, y el proyecto tan ponderado y justo del doctor Santovenia, un maestro de nuestra cultura, que contempla el libro cubano en profunda crisis, apremia a los Poderes del Estado para conjurarlo”. Pon  último estima que el referido proyecto de Ley del doctor Santovenia  es “uno de los medios más eficaces expuesto con tanto rigor, con sobria palabra magistral, en la sesión de la Academia Cubana de la Lengua, dedicada al Día del Libro”.

 

Notas

(1) Emeterio S. Santovenia y Echalde (P. Del Río, 1889- Miami, Florida, 1969) Maestro, historiador, político, académico de de las Academias de la Historia y de la Lengua. Entre sus obras se destaca, Historia de la nación cubana. 

(2) Chacón y Calvo José María: <<Día del libro>> Diario de la Marina. La Habana, junio 7, 1951. p. 4

(3) Chacón y Calvo, José María: << Defensa del libro>> Diario de la Marina. La Habana, junio15, 1951. p.4