Imperio de un Ideal. Iconografía de КАРЛ МАРKС en Cuba.

Por Jorge Luis Montesino Grandías

“¡Las esculturas son mías! ¿Oíste? ¡Son mías, mías, son mías, son mías coño, son mías, son mías…!” Quien así grita posesivo es el escultor amigo de Diego en Fresa y chocolate, mientras desbarata la cabeza de Carlos Marx –entiéndase la escultura que reproduce su imagen no con martillo sino con maciza mandarria. Tres porrazos despedazaron la cavidad occipital del icono de yeso policromado, pronto en brazos del autor para caer estrepitoso; subiendo desde el suelo una nubecilla de polvo; a su través, el busto de Marx yacía bajo los sollozos de su creador.

El estreno público de la escena –que cuestiona y desestabiliza una narrativa ortodoxa, interroga mas allá de la propia dramaturgia del filme para meter baza en la tradición iconográfica e ideológica del Marxismo– digo que la acción tuvo de fondo el crítico 1993, en medio del llamado “Periodo Especial”. Otros hechos completaron el cuadro del próvido año asignándole contenido y, por supuesto, al tema que nos ocupa: la despenalización de la tenencia ilegal del dólar (estadounidense) y la apertura de la muestra colectiva “Las Metáforas del Templo”, Centro de Desarrollo de las Artes Plásticas, La Habana. Organizada y curada por Carlos Garaicoa y Esterio Segura, a la sazón estudiantes de 4to año en el Instituto Superior de Arte (I.S.A.), tuvo como propósito abrir las compuertas a los nuevos sentidos temáticos, técnicos y lingüísticos de la década de los noventa; en la cual reaparece con énfasis la imagen de C. M.

 

Esterio Segura. Carlos Marx, ca. 1992.

 

Así que una exposición, una despenalización (económica, ideológica) y una película marcaron un giro en la manera de ver y representar el ser cubano y dieron paso a una idea de futuro inmediato;…con Carlos Marx en un punto de rotación acelerado a finales de los ochenta. Estos artistas ajustaron la iconografía soviética-comunista y su asimilación cubana a las problemáticas socio-políticas del momento: Eduardo Ponjuan y René Francisco transfirieron la gráfica y la pintura, sobre todo la cartelística soviética; Glexis Novoa asumió la grandilocuencia visual de la propaganda marxista en su Etapa práctica. Según el crítico de arte y curador Gerardo Mosquera, Flavio Garciandía hizo una “antropologización fálica de la hoz y el martillo” desde la perspectiva tercermundista. En el centro de la sacudida, en 1987, Lázaro Saavedra interpretó una de las imágenes internacionales de C. Marx para crear una obra de referencia sobre el convulso panorama político, social y estético, que aun desafía modelos, convenciones y estereotipos. El arte, la gráfica, la historia política y el campo editorial cubanos tienen una historia compleja que mostrar a través de la imagen de Carlos Marx. En esta entrega adelanto ciertas ideas básicas a modo de introducción, ojala motive otras indagaciones e intercambios.  

 

Genealogía de un ideal

Entre las primeras menciones escritas al “término” o “palabra” Socialismo respecto a Cuba, he localizado artículos en el periódico El Mulato (New York; 1854) y otros “Sobre las Malas Doctrinas” (Racionalismo; La Idea Revolucionaria.Además de El Socialismo en España, en forma de folleto) suscritos por Ramón de la Sagra en la Verdad Católica(1859). Este autor reconoce “los esfuerzos de los demócratas de las dos orillas del Rhin, para dar à conocer à los franceses los trabajos humanitarios de los progresistas de la Alemania moderna.” (1) Entre ellos Arnold Ruge y Carlos Max, (sic). Las noticias sobre este, su teoría política y económica tomaron fuerza finalizando la segunda mitad del siglo XIX, con un punto de avance a continuación de La Comuna de París en 1871, sin que ello signifique el conocimiento suficiente del marxismo, lo cual sucedió progresivamente en Europa y Latinoamérica con un flujo importante de publicaciones, partidos, ideólogos y líderes de las nuevas ideas de redención social. Diversas corrientes socialistas desembarcaron en la Isla de la mano de inmigrantes e inmigrados españoles y otros europeos: franceses, italianos, etc.; también conocidas e impulsadas por cubanos en Tampa, Cayo Hueso y Nueva York al tanto del panorama editorial y político del viejo continente. En la Isla cabe mencionar el periodismo martiano, el activismo anarco-sindicalista de Enrique Roig San Martín, al anarquista Enrique Creci, el socialismo utópico y humanista de Diego Vicente Tejera, y Carlos Benigno Baliño, entonces socialista de ascendencia anarquista, et al. Ideas que resonaron y diversificaron el marco político a inicios del siglo XX.

Todo ello imposible aprehender sin señalar y colegir la cada vez más determinante expansión visual de los acontecimientos políticos (huelgas, manifestaciones y concentraciones de masas obreras) y bélicos, las innovaciones tecnológicas editoriales, fotográficas y artísticas. Al proceso de difusión escrita fue incorporándose gradualmente la necesidad política moderna de legitimación visual en el debate ideológico y editorial. Leer la noticia implicaba un acto básico de visualización de las diversas tendencias ideológicas en pugna y corrientes dentro del Ideal socialista. Leer palabras como: Socialismo, Anarquismo, Internacionalismo, Clases, Obrero, Masas, Igualdad, Capital, Burguesía, Imperialismo, Comunismo, Propaganda, Marx, Proudhon, Saint Simón, Bakunin, Socialdemocracia, entre muchas otras, implicó un acto de interpretación –ideológica a partir de la experiencia visual individual, gremial y partidista. La mirada añadiendo un concepto –portador de alternativa teórica, de vida y credo– a la postre obtiene su definición o materialización visual, grafica, pictórica, artística. Un ejemplo de internacionalización ideológica en imágenes fue la fotografía obrera. Y es aquí justamente donde pongo énfasis: en el proceso de representación y forja del signo visual de intensidad socialista y comunista; ahora de la mano de aquellos medios de comunicación y artistas que interpretaron el icono Carlos Marx. La materialización del ideal de justicia social, democracia de oportunidades, igualdad, participación política a través de agentes visuales como la prensa, folletos, libros, la pintura, dibujo, ilustración y la escultura, la fotografía y artes gráficas en general, conforman un cuerpo expresivo-documental a estudiar.

Espacio cultural comunista: Su territorio visual

En Cuba el espacio cultural comunista se va haciendo cada vez más visible en los años inmediatos anteriores y al paso de 1920. Había triunfado la Revolución bolsheviqui (sic), Marcelo Salinas y Antonio Penichet le declaran sus simpatías, organizan la Sección Comunista de Cuba. En 1919 aquel dirigió carta al Secretario General de la III Internacional en Moscú y dos años mas tarde la SCC es invitada al III Congreso. Inmigrantes e inmigrados españoles, franceses y de otras nacionalidades, judíos, contribuyeron a la propagación del ideal a través de la prensa, la acción sindical y asociativa. En marzo de 1923 un grupo de militantes socialistas se fraccionó en la  Agrupación Comunista de Cuba, y en 1925 surgió el Partido Comunista de Cuba con su propio emblema descrito en los Estatutos de constitución, haciendo clara referencia al ideal e Internacional Comunista. Las agencias cablegráficas, las publicaciones (Social, Carteles, Revista de Avance, La Nación, La Lucha, Heraldo de Cuba, etc.) y nuevas manifestaciones sociales, opiniones a favor y opuestas fueron dando contorno a un campo ideológico que marcaría el proceso político futuro de la nación; de entrada una reconfiguración social y el imaginario a todo lo largo del siglo XX. Entre otras opciones teóricas, militantes comunistas, intelectuales a la sazón (Julio A. Mella, Rubén M. Villena, Blas Roca, Carlos R. Rodríguez, Severo Aguirre), escogieron la teoría marxista afanados en la comprensión, develamiento y modificación de una sociedad que entendían desestructurada. En lo adelante, la intelección cubana habría de  posicionarse respecto al paradigma marxista. Campo de forcejeo fue la iconografía política o la “ideología en imágenes”: entre aquellas adversas al comunismo pro-soviético insular al tiempo que en su contra, como dentro del marco de las consideradas marxistas. En resumen: un fantasma peligroso; que convivió con el gobierno de Alfredo Zayas pero fuertemente reprimido por el de Gerardo Machado en lo que se conoció como “proceso comunista”.  A partir de  la legalización del PCC el 13 de septiembre de 1938 (incluso unos años antes), y con posterioridad, el espacio cultural comunista debió ajustarse a las nuevas circunstancias políticas internacionales y de Cuba, poniendo empeño en la expresión visual; un proceso complejo perdido del horizonte analítico. 

Ilustración de cubierta: Horacio Rodríguez Suria. FUNDAMENTOS, Año VIII, Núm. 76, La Habana, abril de 1948.

El examen de la visualidad comunista en Cuba, y con exactitud su iconografía y la de Carlos Marx implican una epistemología de la centralidad de una cultura comunista doméstica. Entendiendo aquí la centralidad que las diversas orientaciones políticas republicanas confirieron a lo nacional, y, sobre la noción local, la prolongación de la matriz icnográfica soviética en Cuba, desde la cual, a la postre, se ejerció cierto influjo en los procesos revolucionarios y liberación nacional de África y Centroamérica.  

El campo editorial cubano no diferenció las tradiciones visuales y de propaganda –y la correspondiente conflictividad política– participantes en el complicado panorama de filiaciones ideológicas existentes en Rusia durante los primeros años revolucionarios. Las particularidades del proceso ideológico-visual eslavo que muy pronto desembocó en la internacional iconografía ruso-comunista, no fue de mayor interés. Predominó la imagen folklórica de Rusia junto a las nuevas tipologías sociales al calor de la revolución bolchevique. Esta era vista como totalidad ideológica, un bloque político peligroso. Entre la imagen de la Rusia bolchevique generalmente desaprobada y la posterior demanda comunista insular se estableció pugna por demostrar la viabilidad ideológica de cada contendiente. Primero con la palabra para inmediatamente pasar al terreno visual, grafico y artístico. Así, con la prensa escrita (Revista Social, Carteles, Bohemia, América Libre) entra en la escena cubana la figura de Lenin, Trotsky, las grandes concentraciones de masas en desfiles y discursos, graficas de movilización política, instrucción y trabajo cooperativo, de obreros y campesinos desmontando iconos religiosos y zaristas, la hoz y el martillo, la bandera soviética, el color rojo, la troika visual ruso-soviética, la estrella comunista conectada con la cubana de tradición nacionalista, etc. Una parte considerable de la cultura comunista cubana tiene cuenta en la apropiación y creación de un régimen visual de matriz soviética.

Marx en la visualidad cubana

El influjo del cuerpo teórico-metodológico y doctrina política de Carlos Marx en el pensamiento socio-político cubano, marcó el proceso de un ideal social y su manifestación visual con particular impacto. El varón prusiano y la seductora Isla caribeña acoplaron una órbita atípica, resultando un imaginario que modificó el régimen visual (ideológico) en la república burguesa, sobre el cual se erigió la línea triunfante del discurso visual de la Revolución Socialista Cubana.

Interpretada la figura e imagen de Marx, formulo tres “ciclos iconográficos” que idealizan y debaten sus/las ideas políticas y sociales al proponer su regeneración y hasta un modelo social y político como solución al “problema cubano”. El primero comienza en 1930 y se extiende a los años cincuenta; el siguiente abarca la década de 1960 hasta inicios de los ochenta; y el último toma como referencia el proceso de “rectificación de errores” hacia 1986, pero se concreta en obras curiosamente fechadas en 1987 y 1989 hasta 1996. ¿Qué significado político y función estética caracterizó la apropiación icónica de Carlos Marx en cada etapa?

Veamos un grupo de interrogantes que sin agotar el tema permiten circularlo: ¿En qué punto de la Historia política europea, del Ideal socialista y comunista la imagen o representación visual de Carlos Marx excede la de su entorno domestico como arquetipo ideológico-mesiánico allende el viejo continente? ¿Dónde y cuándo el correlato visual de la teoría y la “propaganda de hecho” marxistas y del propio Marx desbordaron las alusiones pictóricas  y teóricas y conflictos clasistas del socialismo precedente? ¿Cómo la iconografía marxista se insertó en el panorama estilístico renovador del Arte y el campo editorial decimonónico? ¿Cómo accionaron la tradición rusa y la vanguardia soviética, la concepción de propaganda y agitación de Lenin y la Revolución bolchevique en la formalización internacional de la identidad visual comunista?

Como revela este grabado con la efigie de Carlos Marx (autoría del español Tomás Carlos Capuz y Alonso, publicado en La Ilustración Española y Americana,febrero de 1872), no solo determinados aspectos de su teoría política y económica fueron arribando tempranamente a Cuba.

Múltiples se concatenan interrogantes: ¿Cómo se formó y qué cambió el ideal visual socialista en el contexto de modificaciones políticas plurales desde su aparición en la sociedad insular decimonónica y a todo lo largo de la siguiente? ¿En qué momento y como se produjo la inserción de la izquierda cubana en el mundo visual socialista? ¿Cómo influyó la iconografía soviética en el desarrollo del ideal comunista desde la oposición visual en el marco de la República burguesa? ¿Cómo y qué estructuras del escenario político visual, de la cultura simbólica predominantemente nacionalista de la República fueron impugnadas, modificadas y hasta asimiladas y dirigidas hacia el debate ideológico centrípeto del ideal comunista? ¿Qué recursos visuales, temáticos y medios de divulgación se orientaron y pusieron en práctica para el establecimiento y auto-legitimación de una cultura visual comunista? ¿Cómo surgió en Cuba la imagen o representación artística, gráfica o de propaganda de Carlos Marx? ¿Por qué el Arte en su “Renacimiento o Nuevo Arte Cubano” a finales de 1980 y desde el llamado “paradigma estético” de los noventa problematizó aspectos sociales e ideológicos apropiándose la simbología comunista y específicamente la figura de Carlos Marx? Entre otras formulaciones, dependiendo del interés investigativo, estas incógnitas nos aproximan a un objeto de investigación lateral en la historiografía política, del arte y la gráfica cubanos.

Contradictoriamente, la visualidad socialista cubana y específicamente aquella de filiación marxista no constituye tema de investigación y perfil editorial sistematizado; aun cuando existe un campo cronológico, documental, doctrinal, visual y editorial de ideas en debate desde el XIX. Experiencias socializadas a través de la prensa, programas políticos, agrupaciones o asociaciones y también debido al compromiso y labor artística individual o colectiva de pintores, dibujantes e ilustradores. De igual forma: la gráfica y el diseño en la prensa plana, libros, folletos, pasquines políticos, etc., caudal sujeto a estudio desde el enfoque visual de la cultura de filiación socialista en Cuba.(2) La elaboración de una historiografía visual del ideal de justicia apegado al marxismo en Cuba, y específicamente su articulación a través de la representación de Carlos Marx no responde a arbitrariedad alguna, sino a la existencia de un discurso gráfico y artístico significativo en el debate ideológico, de nación y estético a lo largo del siglo XX, en paralelo al enunciado teórico y propagandístico central de la palabra impresa, comprobable en las diversas fuentes primarias enumeradas con anterioridad. Se aprecia en la preocupación permanente y plataforma de propaganda y agitación del Partido Comunista de Cuba antes y posterior a 1959, pero también a través del signo visual o icono discursivo –imagen de Carlos Marx– que suma nuevos significados con el cartel político y la gráfica del sesenta al ochenta, y en el proceso de renovación vanguardista que continua.   

Aunque pueda resultar esquemático, valoro tres ciclos en los cuales cierto canon e ideas de representación de Carlos Marx son apropiados por la gráfica y el arte cubano. Este  estudio explora particularidades socio-políticas y artísticas manifiestas en un discurso iconográfico (política visual) y presunción incisiva sobre determinada divergencia con la práctica política dominante a escala de nación y de partido, en el caso de la primera y la tercera etapa, y de afirmación del modelo internacionalizado por el Bloque Socialista propio de la primera y la segunda.

Los medios, soportes y criterios artísticos corresponden a una función social (ya propagandística, doctrinal o reflexiva/crítica) de la comunicación visual partidista y del arte a través de la interpretación en contexto de la imagen de Marx.

 

En el Cerro, diciembre de 2017.

 

(1) de la Sagra, Ramón. Racionalismo.  En: Misceláneas. 082.2 Mis F. Vol. 65, No. 9. Sala cubana, Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.

(2) Se sugiere consultar “STALIN. Aproximación a su iconografía en la prensa cubana. 1928-1953.” En Librínsula, publicación digital mensual de la Biblioteca Nacional José Martí, No: 369. Sección: La Puntilla. Fecha de publicación: Martes, 2 de octubre de 2017. Dirección: http://librinsula.bnjm.cu/secciones/369/puntilla/369_puntilla_3.html