Entrevista a Luis Britto. (Venezuela). Narrador, dramaturgo, ensayista y humorista.

Esta entrevista fue extraída de la revista Revolución y Cultura No. 113 del año 1982. La misma forma parte de un encuentro sostenido en la Casa de las Américas por casi trescientos intelectuales latinoamericanos y caribeños, con el objetivo de discutir sobre diversos asuntos relacionados con problemáticas, certezas y realidades de nuestro continente.

Luis Britto. (Venezuela). Narrador, dramaturgo, ensayista y humorista.

— Britto, me llamó la atención su  ponencia presentada al Encuentro y la intervención aclaratoria a la pregunta de Raquel Tibol, ¿qué po­dría decirnos al respecto?

                Intenté clarificar que había di­versas formas posibles de lucha con los medios culturales; desde luego, lo ideal sería que una revo­lución, como sucede en los países de la América revolucionaria, tome esos medios y los ponga en manos del pueblo, eso sería lo mejor, lo más deseable. Pero hay países de América donde no hay una perspectiva revolucionaria inmediata y en esos países el intelectual no debe resignarse a un ostracismo y debe asumir, con una militancia, el inten­tar entrar en los medios de comu­nicación.

—Concretamente, ¿cómo se pue­de materializar esto?

—Bueno, pongamos por caso, la creación de eventos extraordina­rios, uno que se realizó en Caracas, en donde la corrupción del sistema político es muy grande, era poner a correr por la calle a un señor dis­frazado de político corrupto, de modo que una cantidad de personas honradas le fueran atrás para po­nerlo preso. Eso se hizo. En la Se­mana Santa siempre se quema a Judas por traidor y se lee un testa­mento de Judas: esos testamentos de Judas siempre han tenido que ver usualmente con cosas políticas del instante y está en el papel de los intelectuales que esto sea así. Hay canciones de "salsa", de melo­días populares, que circulan dentro del sistema y que son sumamente esclarecedoras... Los chistes, por ejemplo, son una forma de oposi­ción política aunque parezca men­tira.

—Escuché también lo que plan­tea en torno a cómo se pueden ma­nipular los propios medios del imperialismo. ..

—Sí. Muchas de las célebres operaciones de las guerrillas venezolanas fueron grandes operaciones de manipulación del aparato de co­municación del imperialismo. Por ejemplo, cuando se raptó a un co­ronel de la misión norteamericana y se puso como condición de su liberación que se perdonara la vida a Van Troi, el héroe de Viet Nam condenado a muerte, el aparato del imperialismo estuvo durante casi una semana tronando con ese pro­blema, que ilustraba a las masas tanto del carácter revolucionario de la lucha de Viet Nam como del ca­rácter fraterno y solidario de la lu­cha de los revolucionarios venezo­lanos que arriesgaban su vida porque les importaba la vida de un compañero vietnamita.

—¿Y sobre las contradicciones que se crean entre los medios de comunicación qué podría decirnos?

—Cuando no existe una situación prerrevolucionaria el intelectual no debe "tirar la toalla", debe intentar la penetración dentro de los me­dios legales aprovechando cada resquicio, aprovechando las contra­dicciones entre esos medios. Como un ejemplo muy sintético que no mencioné, Rius, uno de los grandes caricaturistas y dibujantes de Nues­tra América (muy conocido segura­mente en Cuba, aunque es mexica­no), hizo una tira cómica llamada "los super-machos" para un sindi­cato periodístico, el cual valiéndo­se de su posición de dueño de los medios de comunicación no sólo lo expulsó, sino que además le robó la tira y consiguió una sentencia judicial que lo despojaba de la pro­piedad de ella. Pero, a través de ese sindicato, Rius se ha revelado como un artista de calidad que atraía público; y entonces otro gru­po editorial, competidor del prime­ro, le permitió crear una segunda tira, llamada "los agachados". La contradicción entre empresa y em­presa puede ser utilizada para ha­cer llegar un mensaje revolucionario. Esto no es fácil, pero tampoco es imposible.

—Por último, ,¿qué piensa de este encuentro?

—Creo que es la reunión más im­portante de intelectuales en Amé­rica Latina de que he tenido noti­cias hasta el presente, tanto por la cantidad y la calidad de los invita­dos como por el temario, que en realidad tiene que ver con la super­vivencia de nuestros pueblos, su­pervivencia cultural a la vez que política, aunque en el fondo las dos son la misma cosa.

 

Tomado de Revolución y Cultura, La Habana, no. 113, enero, 1982. Pág. 48-49.