Martí en la historia, en el yo, en la memoria*

Por Carmen Suarez León

Presentar en su tercera edición el título De todas partes, de Pedro Pablo Rodríguez es un acto de agradecimiento y de confirmación de sus valores. Debemos dar gracias al autor, que escribió un texto que nos ofrece una imagen de Martí construida con emoción y respeto desde una larga experiencia de estudio y frecuentación de la obra, obra de muchos, muchos años de cotejos y aproximación cotidiana a sus manuscritos y publicaciones originales, tomo por tomo, hora por hora de la vida del maestro de los cubanos. Eso es ya un gran privilegio que merece nuestra atención, porque muchas veces de Martí se habla como hablaban los cuatro hindús ciegos del elefante en el cuento de La Edad de Oro, al que cada uno tocaba por una parte diferente y ya les parecía a cada cual que todo el elefante era como esa única parte que palpaban. De manera que cada quien proyecta un desdichado Martí hemipléjico, cuya impresionante totalidad es olímpicamente ignorada y  uno se conformaría con que solo la sospecharan.

Se trata de un texto que ha merecido ya tres ediciones, dos en Cuba y una en el Ecuador. Esta difusión confirma una amplia recepción por parte de los lectores. En primer lugar, no se trata de un libro académico, que  tiene siempre y en todas partes una rotación lenta entre los segmentos de lectores especializados de la sociedad y no basta llevarlo a la librería sino que hay que gestionar su difusión en los medios adecuados. De todas partes, como nos dice el autor en su prólogo: “Mis miradas no esconden, pues, mi subjetividad, como tampoco pretenden invalidar otras: solamente deseo compartir estas con la mera intención de que se lea a Martí a fondo, pero disfrutando las delicias y complejidades de su estilo…”(2)

Y en segundo lugar, aunque de primera importancia, es de destacar la atracción que ejerce el texto en sí mismo. La escritura libre y creativa de estas piezas le permiten a Pedro Pablo enseñar al escritor que él es, libre de los rituales de la exposición científica que obligan a establecer los aparatos críticos y a un tipo de discurso encaminado a demostrar una tesis o por lo menos a desplegar una argumentación convincente.  De modo que la lectura de estas viñetas breves es fácil y conmovedora, y no sigue el orden cronológico que cualquiera esperaría, sino que tiene la novedad de ser como tejidos elaborados alrededor de una de las vocaciones martianas; el hijo, el abogado, el indio, el orador, el maestro… y al mismo tiempo que se nos van ofreciendo los datos concretos de esos núcleos temáticos, el autor valora la personalidad del hombre, se emociona e interviene con sus apreciaciones ya que desde el prólogo ha advertido que “en estas páginas está mi Martí, tan válido como el de cualquier otro cubano o de quien se acerque a él en cualquier parte del mundo…”(3)

Con una prosa diáfana y como en una conversación serena y de concentrada emoción, Pedro Pablo nos acerca a José Martí con detalles precisos, dibujadas descripciones o rápidos análisis que recorren la vida y la obra de este “almirantazgo del ser” como lo llamó con desmesura poética pero absolutamente justa Gabriela Mistral. Me gustaría además llamar la atención sobre la cubierta diseñada por Ileana Fernández Alfonso, que lleva a Martí en la cubierta como fragmentado en oleadas de suaves colores, anunciando a  mi parecer la condición del  peregrino que se nos entrega en retazos e impresiones por el autor.

 Recomendemos su lectura y anotemos para terminar lo que nos dice el autor con una clara alusión al prólogo de Ismaelillo: “No sé si estos perfiles se me salieron del corazón, pero sí quiero que lleguen al lector”,(4) y yo añado una cita que todo el mundo conoce en Cuba con una ligera modificación “¿y de dónde si no?”

 

* Pedro Pablo Rodríguez. De todas partes. Perfiles de José Martí. Tercera edición, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2017.

(2) Ibídem, p. 6.

(3) “De todas partes”. Ob. cit, p. 5-6.

(4) Ibídem, p.7.