Autobiografía de un libro

Por Argelio Santiesteban

 

“Leyendo una biografía, recuerde que la verdad no se presta nunca a una publicación”.

George Bernard Shaw, escritor irlandés.

 

"Los recuerdos sólo son memoria manipulada, para hacer más feliz el presente".

Joan Manuel Serrat, cantautor catalán.

 

En su infancia –tan alejada en el tiempo como la llegada de Christophoro Colombus a Bariay--,  ya  comenzó a inquietar al futuro emborronador de cuartillas lo que hablaba la gente, y cómo lo decía.

(Muchísimos años más tarde pudo explicarse ese interés. Fue cuando supo que Solón –legislador ateniense de hace unos 26 siglos--  afirmó que la palabra es el espejo de la acción).

En aquéllos, sus tempranísimos años, repetidos viajes familiares a la capital lo pusieron al tanto de un sorprendente asunto: había en este archipiélago gentes que –contrariamente a lo escuchado en su natal Banes del Oriente--  no llamaban cutara a la chancleta, ni  pluma al grifo suministrador de agua.  El apetitoso congrí  era moros y cristianos. Pero había algo más inquietante. La cándida papaya, en la gran urbe, había perdido su inocente carácter frutal, para convertirse en un impresionante símbolo del sexo. (El producto vegetal se escondía tras el modosito eufemismo fruta bomba).

Pasó el tiempo, no mucho. Un día el ya adolescente –indignado porque un millón de sus compatriotas fuesen iletrados--  trotó por nuestra sierra madre, en trajines alfabetizadores. Para saber que, en ese lomerío, el plátano se metamorfosea en marteño; la toronja en grifo; el derrumbe de una ladera en degorrumbe. Tumba no se refería a un sepulcro, sino a un lote de terreno donde se ha talado el bosque, para sembrar cafetos. Y escuchó cierto voseo desnaturalizado, como en  ¿Vai a comei?

Lo esperaban días difíciles. Sí, mientras conocía lo que Don Fernando denominó “la mala vida habanera”. Cinco años trabajando en el Castillo del Príncipe, la Prisión de La Habana (que el nunca suficientemente llorado Leonardo Acosta nombraba “El Principal de la Comedia”). Y entre aquellos dulces homicidas supo que el café era el gallardo –herencia del caló--, o que los amigos, por machistas que fuesen, se trataban de consortes (no olvidar que “consortes de causa” son los que comparecen acusados conjuntamente ante un tribunal). La relación homosexual era sodomia (así, con ese desplazamiento acentual). En tanto, salarse por alguien consistía en no tener más remedio que darle muerte.

Con los antes detallados  antecedentes, al emborronador de cuartillas no le quedó más remedio que escribir cierto libro.*

 

*Argelio Santiesteban: El habla popular cubana de hoy. Ciencias Sociales. Ediciones de 1982, 1985 y 1989. El texto recibió el Premio Nacional de la Crítica, en su primera convocatoria.