“Luis Alberto García: un imprescindible del teatro cubano 25 años después.”

  Por Eddy Rodríguez Garcet

El domingo 21 de febrero de 1993, dijo adiós Luis Alberto García. A pesar del silencio, de la ausencia de noticia y el merecido recuerdo, este actor sigue en el corazón de los cubanos. Como “Espartaco”, para aquellas personas que lo disfrutaban en el espacio Aventuras allá por 1967, o “Juan Quin Quin” en 1973,  les dio disfrute a los niños y no tan niños de aquella época.

Diferentes personajes marcaron su valía actoral y su figura se alzó en las tablas con ellos, “Ernesto”, Malcolm X”, el Sargento Mayor Vaskov en Los Amaneceres son aquí apacibles, su actuación en el “Rojo y el Pardo” y muchos más.

Corría el año 1979 cuando, el 1 de junio, se estrena “Andoba” de Abraham Rodríguez, en el Teatro Mella, una obra que marcó un hito en la historia del teatro cubano, con la magistral dirección de Mario Balmaseda y un elenco de primera. Luis Alberto desempeñó el protagónico de Andoba, en una formidable actuación, ante un teatro lleno de público en cada puesta en escena,  en el que muchas personas quedaban fuera por falta de capacidad.

Gran parte de aquellos ávidos espectadores se sentían representados, otros admiraban la calidad de la memorable actuación, algunos descubrieron el teatro por primera vez y lo sintieron cercano al ver su vida reflejada en las tablas. Con el paso del tiempo, muchas personas reconocen hoy que Andoba ha sido interpretada por muchos actores de calidad, pero que el verdadero Andoba era y es, Luis Alberto García.

En los años ‘80 seguiría mostrándonos su intelecto en cada salida a escena, el cine o la televisión y a fines de esa década empieza a decaer su salud, pero continúa sin abandonar el teatro, que amaba más que a su propia vida.

Su paso por el cine también fue considerable, participó en 15 películas con actuaciones formidables. En “La última cena” interpretó al mayoral, que aunque no fue un rol protagónico tuvo considerable fuerza y a pesar de ello no quedó registrada ninguna crítica, positiva o negativa, de su paso por el celuloide en ese papel.

No fue hasta 1992, cuando un estudiante de la Escuela Internacional de Cine Latinoamericano de San Antonio de los Baños le dio la posibilidad de hacer su único protagónico dentro del cine. Este joven director fue Arturo Sotto con su película “Talco para lo negro”, con lo que lo hizo partícipe de su tesis de graduación.

Ya estaba en una etapa dura de la vida, porque avanzaba su enfermedad, pero él nunca dijo que no a nada que tuviera que ver con la actuación. Cuando se  presentó este mediometraje en el Festival de Cine Joven del año 1993, Luis Alberto había fallecido, por lo que se le entregó el premio de Mejor Actuación Masculina post mortem.

Personas que le conocieron, dieron su testimonio para el libro sobre su vida, titulado: ¨Luis Alberto García un actor de pueblo¨, que está en proceso de edición. Algunos  señalan que desgraciadamente abandonó la vida un domingo por lo que no tuvo una nota en la televisión, la radio o  la prensa periódica, solo gracias a su amigo Amado del Pino, que estuvo en el funeral, se supo el domingo siguiente por el diario Juventud Rebelde, por lo que puede afirmarse que fue la única luz que recibió Luis Alberto García al morir.

Los rutinarios y eficaces enterradores se sorprendieron levemente en esa triste mañana de febrero porque en esta ocasión el último viaje iba acompañado de un aplauso largo, fuerte, un aplauso de teatro. Nos parecía entonces que congratularlo, como al final de una función de Andoba o de Los Amaneceres… era la mejor forma de defender a Luís Alberto García de la muerte.

Desde los días de la Escuela de Comercio o de los comienzos en una comedia frívola, Luís Alberto se destacó como un actor de pies a cabeza. De los fundadores de Teatro del Tercer Mundo y después del Político Bertolt Brecht, Luis nunca fue artista de una sola línea de trabajo. En el cine cubano fue una presencia recurrente y eficaz; en la televisión estuvo hasta en los más recientes capítulos de Día y noche, cuando supo sacarle excelente partido a su nuevo físico y a su voz, maltratado por el combate con la enfermedad.

Hace poco Luis estuvo en estas páginas con su precioso proyecto de teatro callejero, allí con sus vecinos, como un hombre de pueblo, como el hombre nuevo que siempre fue. (Del Pino, 28 febrero 1993) (1)

En los planes establecidos para homenajear a personalidades del municipio, la Casa de la Cultura del Cerro organizó en tres ocasiones momentos de recordación para este hombre que lo dio todo por el arte, la cultura y la Revolución.

Su vida, como antecedente y evolución del teatro en Cuba, es digna de conocerse por las nuevas generaciones, que tendrán el ejemplo de un artista que daba una clase magistral de  actuación en cada obra en la que se presentaba en el cine, las tablas, o la televisión.

     Lugar donde descansan los restos de Luis Alberto García en el Cementerio de Colón

22 febrero de 1993

SO 8 ZONA 2da

UNE - 19.50 E y 41.05 MJN

 

(1) Del Pino, A. (28 febrero 1993). Andoba no debia morir. Juventud Rebelde, 10.