Imaginarios: Carlos Pío Uhrbach y Campuzano(1872-1897)

Rememorando el Día Internacional de la Poesía, nuestra Librínsula pone en manos de sus lectores un pequeño dossier sobre un poeta poco frecuentado por los amantes y creadores de la poesía en Cuba, Carlos Pío Uhrbach y Campuzano (1872-1897), de cuya obra la poetisa Juana Borrero dijera exaltada de admiración “Hay en estas rimas algo original que atrae fascinando y fascina”. 

 

Nació, en Matanzas, el 18 de marzo de 1872. Murió, en la guerra, término municipal de Colón (provincia de Matanzas), el 24 de diciembre de 1897.

No hay en la historia de nuestra poesía un caso de identidad y comunión de pensamiento y vida más acentuado y típico que el de los hermanos Carlos Pío y Federico Uhrbach y Campuzano, que, entre las pléyades de poetas que Matanzas ha dado a Cuba, ocu­pan lugar prominente.

Habituados desde jóvenes a sentir y a pensar, análogamente, se formaron como una naturaleza complementaria de la propia, fun­diendo, en ella, psicologías y aspiraciones, al extremo de que sus ideas coincidieran, lo mismo en lo concerniente a la vida espiritual que a la de relación con el medio en que se envolvieron. Indi­ferentes a las sugestiones externas, desacordes con su idiosincrasia, nada podía turbar la analogía temperamental de ambos, si bien en la forma material de exteriorizarse disintieran, en ocasiones, por con­sagrarse, plenamente, Carlos Pío, a estudios y a cultivos literarios, y sentir, Federico, tendencias a expresarlas por medio de la pintura, arte que abandonó luego, sin estudiarlo. Tales inclinaciones pe­culiares en nada influyeron para divorciarles, y cuando se consagra­ron definitivamente a la poesía, una sola fue la orientación de escuela y estilo, y una sola fue la modalidad ideológica y artística, y aun el propio sentimiento predominante en sus producciones. Encastillados en baluartes de quimeras, desdeñaban las ideas vul­gares y los caminos trillados. De parnasianos y simbolistas tenían llena el alma, como derivación de la suprema belleza que soñaban.

Muerto Casal, que, como Darío y Gutiérrez Nájera, fue factor en la filiación literaria de los Uhrbach, recogieron éstos la musa del cisne de Nieve, si bien adviértese en la manera poética de los hermanos matanceros tendencias ideológicas y emotividad soñado­ra, la influencia atávica germana: vino del Rhin mezclado con cham­paña francés; Heine y Uhland del brazo de Gautier y Banville, el mago de los rondeles.

Cursó Carlos Pío Uhrbach sus estudios, de primera y segunda enseñanza, en los Estados Unidos y en Matanzas, donde se graduó de Bachiller en Artes.

Adquirió, adolescente, una amplia y sólida cultura, producto de disciplinadas lecturas.

En un certamen celebrado en Matanzas fue premiado su so­neto A Colón, de factura parnasiana. Entonces comenzó su ca­rrera literaria, breve y brillante, desde La Habana Elegante y El Fígaro.

En 1894, en colaboración con Federico, publicó el libro de poe­sías Gemelas, acogido favorablemente por la crítica, que cimentó sus nombres y les relacionó con los intelectuales del renacimiento artístico y literario hispanoamericano.

Unido por vínculos espirituales y amorosos a la poetisa y pin­tora Juana Borrero, la niña gentil y extraordinaria de los ojos grandes y tristes, su muerte prematura fue para él golpe violento en mitad del corazón, del que no se repuso en el corto tiempo que la sobrevivió.

A principios de 1896, se incorporó a la revolución. Por sus servicios y valor, fue ascendido, grado a grado, a teniente coro­nel. Tomó parte en la acción de Jicarita, mandada por el general Lacret contra el coronel Molina.

En noviembre del mismo año, cumpliendo órdenes del lugar­teniente general Antonio Maceo, se trasladó a los Estados Unidos en comisión, cerca del Delegado Estrada Palma. Entonces vió, por última vez, a su hermano, y fue a cubrir de flores la tumba recién abierta de Juana, de quien dijo Casal, en versos proféticos:

¡Ah!, yo siempre te adoro como un hermano,
no sólo porque todo lo juzgas vano
y la expresión celeste de tu belleza,
sino porque en ti veo ya la tristeza
de los seres que deben morir temprano!...

Cumplida su encomienda, regresó a Cuba, como expedicionario del comandante Delgado, y cuando iba camino del Camagüey, próximo a penetrar en las Villas, falleció en el trayecto. Se apa­gó su vida, tan llena de ensueño y patriotismo, de dolor y poesía, a los veinticinco años, después de trocar los mirtos y las rosas por Ja corona de laurel sangriento. Sus restos reposan en la necrópolis revolucionaria, conocida por la manigua, sin que una cruz siquie­ra señale el lugar donde se encuentren.

En 1916, el Ayuntamiento de Matanzas acordó honrar la me­moria del poeta-soldado, poniendo su nombre a la calzada de Tirry.

En la guerra comenzó a escribir un diario de impresiones, que dejó inconcluso, y que, además, no ha aparecido.

Su labor literaria recogida fue y publicada en Oro, tal como deseaba el desaparecido que se editara, según explica el hermano superviviente en el prefacio.

La gloria literaria de Carlos Pío crece sobre su ignota tumba. Sus versos, citados como ejemplos por la forma nítida y por la intensidad del concepto, se remozan con el transcurso de los años, y, como los de Julián del Casal y Juana Borrero, viven la vida del recuerdo perenne en la memoria de los enamorados y cultivadores de la belleza.

EL ENSUEÑO DEL CHAMPAGNE

Vierte el Champagne su cántico sonoro,
 clarín de amor que enciende los sentidos,
como versos magníficos de oro
que en arpas de cristal fuesen tañidos.

Resuena en las obscuras soledades
donde habita uu cartujo: el sufrimiento;
columpia vaporosas ansiedades,
y hace un héroe bizarro al pensamiento.

Tiene el Champagne encanto que fascina
y un conjuro que evoca en el delirio,
con el peplo rasgado a Mesalina
y a Baltasar en el hanquete asirio.

Canta de noche picarescas trovas
que llevan, en sus ritmos tembladores,
diálogos aprendidos en alcobas
que fueron tabernáculos de amores.

Ronda la mente en cadencioso giro,
aletarga con dulces embelesos,
remeda las ternuras del suspiro
preludiando la gama de los besos.

Aparece en las horas desoladas
heraldo de una diosa: la Alegría;
o guerrero conduce las cruzadas
del placer a las bregas de la orgía.

Madrigales les rima a las ojeras,
endechas a las bocas encendidas,
y sabe la canción que a las caderas
hace ondular de gozo estremecidas.

Bardo en la bacanal, canta sus cantos
que desperezan ansias indecisas;
lleva por el desierto de los llantos,
caravanas errantes, las sonrisas.

Su acento finge rumorosos ruegos,
da, pródigo, opulencias a la idea,
y en venas agotadas vierte fuegos
capaces de animar a Galatea.

Llega su imagen del ensueño rauda
y envuelve las venturas soñadoras
en la gasa de luz que de su cauda
desprenden las facetas brilladoras.
¡ Oh, el sueño del Champagne! El goce agita,
a los pobres bohemios idolatra;
ofrece la pasión de Margarita,
dice las confidencias de Cleopatra!

LOS TEMPLOS

En sus bóvedas guardan la infinita
castidad que los sueños tornasola,
como guarda en su pálida corola
alburas la silvestre margarita.

En su recinto protector no agita
el ansia terrenal su impura ola;
del blanco cirio la dorada aureola
a los delirios lánguidos excita.

Narcótico deleite se desprende
del incensario fúlgido que al aura
impregna de balsámicos olores;

y el ritmo melancólico que extiende
  por la atmósfera el órgano, restaura
el piadoso fervor de mis mayores.

VESPERAL

 El Sol envuelve su caldeado escudo
en sudario de brumas irisadas, 
cual la púdica virgen el desnudo
turgente busto en sedas sonrosadas;

 rasga trémulo el aire el eco agudo
que lanzan los alciones en bandadas: 
quiebra en negro arrecife el mar sañudo
sus eréctiles ondas argentadas.

Como un ópalo níveo en ocre raso,
mancha con su blancura del ocaso 
la ensangrentada clámide, alba vela;

pájaro de plumaje marfileño, 
finge, que a las comarcas del ensueño 
por encendido firmamento vuela.

EN LA PARTIDA

I

Ella por el dolor acongojada,
  en actitud de mártir, parecía
caléndula que lánguida moría
con la virgen corola replegada.

Del sufrimiento en inacción sagrada,
su alma desfalleciente percibía
cruzar su ensoñadora fantasía
dolorosos presagios en parvada.

Ennoblecieron su ideal semblante
melancólicos tintes de azucenas
y del pesar el trágico decoro;

creyendo, en su amargura agonizante,
que la vida escapaba de sus venas
cual si la sangre se tornase en lloro!

II

Cuando la inquieta nave, refractaria
a indolentes perezas, dejó el puerto,
e internóse en el náutico desierto,
ávida de región hospitalaria,

ella, junto a la borda solitaria,
viendo esfumarse el horizonte incierto,
la frialdad homicida de lo yerto
sintió invadir su dicha visionaria.

Y entonces, ¡del amor loca sublime!,
asiéndose al anhelo que redime
con un desbordamiento de alegría,

forjóse una quimera misteriosa:
¡que su alma se quedaba venturosa
en las patrias riberas con la mía!

HOMERO

Un gigantesco cíclope simula
cuya espalda no encorvan las edades,
y aun su lira de bronce a las deidades
con sus estrofas clásicas adula.
El regio canto que épica modula
estremece las ruinas de ciudades
muertas, o en las celestes soledades
a los dioses proscriptos estimula.

Supremo forjador de eterna joya,
émulo poderoso de vestiglos,
yérguese excelso en inmortales bregas.

Y el resplandor magnífico de Troya
apagóse en la bruma de los siglos
cuando aún refulgen sus pupilas ciegas!

SALAMBÓ

En el palacio de Megara, sobre
la marmórea terraza que domina
el golfo que Tanit alabastrina
torna en bruñida lámina de cobre;

aspirando el efluvio de salobre
aura que surca la extensión marina,
y diadema con nimbos de neblina
la árida cumbre de peñasco pobre;

Salambó envuelta en túnica de gasa,
de un pebetero en la rojiza brasa
quema extasiada la fragante goma,

y al adorar los siderales mitos
ascienden los murmullos de los ritos
en las espiras die sagrado aroma.

BYRON

Nació de heroica estirpe ese poeta
de bruna cabellera ensortijada,
brillando su pupila constelada
como un rayo que filtra una faceta.

Fue su musa tan triste, que interpreta
la desdicha de un alma desolada
o la expresión que anima la mirada
cuando rueda, vencido, de un atleta.

Del tumultuoso hervor de sus pasiones
huyeron, como tímidos alciones,
sonoras rimas de vibrantes ecos;

y trazóle su horrenda desventura
hosca senda de tétrica amargura
donde halló sólo corazones secos.

RICARDO DEL MONTE

Como un anacoreta va el bardo viejo,
llevando sus laureles sobre las canias
doradas por un nimbo, con el reflejo
que a las altivas cumbres dan las mañanas.

De un faquir melancólico es el bosquejo
de su alma; almas gigantes son sus hermanas;
y esquivando su espíritu un mal añejo
busca el iluminismo de los nirvanas.

Es al vibrar su frase, verbo amoroso;
encanta y apasiona su noble rima,
que a trágicas grandezas rinde tributo,

y conserva por arte maravilloso,
en su diestra de anciano, vigor que oprime
el buril sugestivo de Benvenuto.

Tomado de La poesía lírica en Cuba, por José Manuel Carbonell. La Habana, Imprenta El Siglo XX, 1928. T.4 pp 441-450

 

Carlos Pío Uhrbach. Germano de apellido, pa­risién de alma

Por F. G. C.

Poeta que versa á las cam­pánulas cuando son azules, y á las cortesanas que beben champagne escotadas y con guantes blancos.

Lo mismo adora al nebu­loso y romántico Rhin que, corre murmurando baladas de Heine; que el pícaro y bu­llicioso Sena, el cual brinca en su lecho cantando cancio­nes del boulevard; y lo mismo desea estrechar la fría y lar­ga mano de la triste Gretchen, que besar los labios de la maliciosa Colombina.

Sus versos, son estrofas áu­reas, que él burila con el cin­cel del modernista.

Adora el decadentismo por­que con sus frases de cambiantez deslumbradores y sus metáforas pletóricas de bri­llantes; condensa el Arte ex­quisito, el delicado y sensible que ansía reposar junto á la chimenea cubierta de bibelots y junto á la niña alba de abrigo de pieles; y n0 el Arte peatón y burdo que le versa á los robles y á los limoneros, y que cuenta las escenas de las grandes poblaciones.

Sus dioses son los míos; él es bonzo de la religión que yo profeso; la tan combatida escuela que odian los litera­tos vaciados en los moldes clásicos de los cuales no sa­can más que la vulgar imi­tación de versos de Iraizoz ó la prosa de Taboada.

Y como Carolus Pius es un refinado, mis frases — mal trazadas — deben acompañar  su retrato: del poeta de Ma­tanzas, que aún no ha desho­jado los veintiún años de su vida, y que adora los astros Casal y Velaine, Mallarmé y Darío......

Tomado de El Hogar, La Habana, no. 18, 3 de junio de 1894 p.1

 

Páginas de Diario de Juana Borrero

1894   

7 y media noche.

Acaba de llegar a mis manos el libro de los Uhrbach, Gemelas.1 Aún no lo he leído. Esperaré a que todas duerman. ¿Será un compañero de mis insomnios? No sé por qué adivino bajo estas páginas algo atrayente y triste. He aquí dos bardos que no son comprendidos. A estas horas no he leído más que tres rimas de Federico y un soneto de Carlos. E1 libro me llega dedicado. Bah! una dedicatoria como todas! ¿Me conocen ellos? ¿Saben siquiera que los admiro...?

—11 de la noche—

. . .He leído varias páginas ¡oh Carlos! y puedo decir con júbilo que no he experimentado un desengaño. Hay en estas rimas algo original que atrae fascinando y fascina... atrayendo. El primer retrato...! Es un rostro altivo. Carlos debe ser pálido, un enfermo. Hay en su frente noble un rictus imperceptible de tedio. Quizás me engañe —No leeré más esta noche... Presumo que me quedaré en la primera parte del libro. Carlos debe sufrir... Después de todo ¿qué me importa...? Ni lo he de ver jamás ni él sabrá jamás que yo me duermo ahora murmurando su nombre...

10 de la mañana.

Estoy disgustada y triste. Por qué me ha de perseguir la obsesión de la tristeza ajena...? Haber soñado con él me contraría. ¿Qué! ¿acaso puedo esperar conocerlo y ser su amiga? Soy lo bastante altiva para dejarme invadir por un sentimiento que me esclavice. No hay que pensar en eso! Además ¿realizará él el ideal del hombre que he soñado? Sus rimas lo prometen, pero ¿acaso no es un hombre? Después de todo yo exagero. Lo admiro y nada más. Qué imaginación la mía!

12 y cuarto. Media noche.

He leído de prisa y sin detenerme las rimas de Federico. Me fascinan. Pero Carlos... no sé por qué me atrae con su semblante enigmático y triste. Vuelvo a leer sus estrofas. Enclaustrado...2 ¿será sincero! ¡Oh Dios mío así es el hombre que yo he soñado! ¿Por qué lo has colocado tan lejos?

Leo, leo... Mundana, Afrodita, Un Cruzado... 3 Todas admirables. «A ti» no la he leída aún. ¿Quién será? ¿Por qué me hacen sufrir tanto estas estrofas? 4 ¿La querrá él mucho? ¡Oh yo estoy delirando! Pero acaso puedo negarlo por más tiempo! ¿A qué seguir fingiendo?... ¡Oh mi pobre durmiento... perdóname! ¡Lo amo!

Febrero de 1895

Noche.

Son las dos y media. No he dormido ni dormiré. Acabo de pensar algo inaudito, imposible, temerario. Oye Carlos.Antes de dos meses tú serás mío o yo estaré muerta.

Muy poco podré yo si no lo hago venir desde5

Notas

Gemelas. Primeras poesías. «Bajo relieve» del Conde Kostia. «Camafeos», por Carlos Pío Uhrbach. «Flores de hielo», por Federico Uhrbach. Habana, A. Miranda y Compañía, 1894. (Biblioteca de «La Habana elegante», II). 190 p. rtrs. 17 cm.

2 Primer poema de Gemelas, p. 19. La pregunta sobre la sinceridad de este soneto se refiere a su tema ascético, expresado en estos versos:

Ay! yo aspiro a las dichas ideales,
los efímeros goces terrenales
engendraron el tedio en mis placeres;

Pueblan mi sueños vírgenes con tocas
y no me encienden las sangrientas bocas
con que besan las pálidas mujeres.

3 «Mundana», pp. 94-96; «Afrodita», p. 66; «Un Cruzado», p. 46 (Ob. cit.)

4 Soneto amoroso que termina con los siguientes versos:

Busco para los tedios que me enervan
y mi espíritu triste entenebrecen
engendrando mortales agonías;

Tus labios encendidos qué conservan
besos que entre ansiedades languidecen,
óleo de sacrosantas alegrías.
                                                     («A ti», p. 76)

5 Aquí se interrumpe esta página de Diario.

Tomado de Epistolario, por Juana Borrero. La Habana, Academia de Ciencias de Cuba, Instituto de Literatura y Lingüística, 1966. pp. 39-41.

 

Oro (Fragmentos)

Por Carlos Uhrbach y Federico Urhbach

               XIX

Esther la melancólica, la esbelta pecadora
de nacarado cutis y rizos de abenuz,
pupila azabachada que esparce brilladora
como sidéreo disco tornasolada luz;

A un Cristo macilento de exangüe faz implora,
enlaza convulsiva sus brazos á la cruz,
y ya no la seducen la seda crugidora
ó exótico abanico de plumas de avestruz.

Mostróle á sus ensueños la pálida neurosis,
entre ígneos resplandores de sacra apoteosis,
de monacal ventura la mística visión;

y no unge sus mejillas de raso con afeites,
ni á su alma entristecida evócanle deleites
las ánforas azules de loza del Japón.

                           XX

Para tu ruego, señora,
evoco lejanos sueños,
y al conjuro, sólo acude
un enjambre de recuerdos.

Fantasmas que de mi alma
yerran en el cementerio,
entre azucenas difuntas
y tristezas de astros muertos.

Así en la vida; luchamos
por asirnos al encanto
de los placeres efímeros,

Y tras el combate fosco
se apaga lo luminoso
y perdura lo sombrío.

                     XXXI

Como tu eres dichosa, van mis versos
de tu alma inmaculada al dulce nido,
buscando protección que los acoja
con benéfico amparo compasivo.

Vienen de mis tristezas desoladas
al conjuro atrayente de tu hechizo,
porque anhelan cruzar por tus ensueños
y ser de tu memoria los cautivos.

                        XXXII

Libios blancos y rosas de plata
quisiera, señora, dejar en el friso;
de la rosa de plata, la seda,
y el vago perfume del galante lirio.

En los pétalos tiemblan, señora,
fulgores de estrellas, caricias de luna,
y románticos sueños nacidos
del amor de un astro que yerra y fulgura.

Pero no tengo flores, y tristes
desgrano á tu paso mis pálidas rimas,
las de versos de raso que crujen,
y estrofas vibrantes, alma de las liras.

En los ritmos, temblando, señora,
vagan las pasiones, vagan los deseos,
los suspiros, las glorias, las ansias,
y el gemido incierto de los dulces besos.

Si mis rimas tornarse pudieran
en rosas de plata y en pálidos lirios,
lirios blancos y rosas de plata
dejara en ofrenda, señora, en el friso.

Tomado de Oro, por Carlos Pio Urhbach y Federico Urhbach. La Habana, 1907 pp. 136-137; 148-149.

 

A la memoria del poeta Carlos Pío Uhrbach

Por José M. Collantes

Llegó, llegó la Noche Buena, la noche de los contentos, de los felices, de los regocijados. La gente alegre se divierte y se agita apurando sorbos de vino que trastornan el cerebro y encienden la sangre.... y entre Cantos de invierno y notas de guitarras surge triunfal el himno de la noche de los contentos, de los felices, de los regocijados          y allá en un hogar solitario lejos del humano bullicio: en el hogar del poeta, llórase la muerte del hermano, del guerrero, del artista exquisito. Y los cantos suenan al alma herida como flébiles elegías, y las notas son plañires y el reír llorar......

¡Y cómo no llorar! Hace dos años una noche como esta, cuando Cuba gemía ensangrentada y los seides del tirano insultaban á la Patria con canturrias insolentes y gritos salvajes; allá en los solitarios campamentos, en medio de la tristeza, la desgracia y el hambre, caían, caían para siempre nuestros héroes, nuestros mártires, y entre ellos ibase también nuestro amado, nuestro adorable poeta Carlos Pio y Uhrbach    

Sí; su vida se extinguió como se extingue una llama, como se pierde una nota, como se esfuma un color: lentamente, como gustando la muerte y recitando en la hora suprema de los delirios postreros de la fiebre ó del hambre, las inmortales estrofas del raro y original Rubén Darío.

¡Ah! yo que he comprendido la fraternal colaboración de los poetas Uhrbach; yo que he admirado la comunión extraña de esos hermanos en el arte y en el cariño; yo que he adivinado en los dos artistas un solo temperamento modernista y exquisito; puedo explicarme cuán inmenso será el dolor del hermano que vive en la tierra sin la divina sugestión del que fué orfebre de la frase helénica.

Por eso en las horas de las magnas alegrías de la patria, cuando todos los caballeros de la libertad ostentan en su frente las coronas de laureles y llevan en sus labios la sonrisa de la victoria, hay un hombre—como hay muchos—que llora la muerte de su hermano que no volvió á buscar los laureles de la libertad, porque encontró la palma del martirio al igual de los grandes poetas heroicos.

 Y allá va el hermano triste y angustiado sintiendo en su alma, no las nieblas blancas de las orillas del Rhin, sino las grisáseas nieblas dé las ciudades enfermas que tienen caricias de muerte y frialdades de sepulcro.

 Y allá en un hogar solitario, lejos del humano bullicio: en el hogar del poeta, llórase la muerte del hermano, del guerrero, del artista exquisito.

Tomado de El Fígaro, La Habana, no. 47, 24 de diciembre de 1899 p. 490.

 

Incongruencias superables

Por: Lucía C. Sanz Araujo

Podría pensarse, con total lógica, que los literatos —tanto en prosa como en verso— constituyen una presencia notoria y por ende se hallan bien representados en el ámbito filatélico de la mayor de las Antillas.

Craso error. A pesar de su incuestionable valía no sucede así. Basta una exhaustiva revisión de los catálogos para percatarnos de tan  incongruente situación, el listado es escaso.

Solamente una figura ha sido abordada en numerosas ocasiones, la de nuestro Héroe Nacional, sin embargo casi siempre se ha tenido en cuenta como hombre de pensamiento y en muy escasas oportunidades en su faceta literaria.

De la etapa republicana resulta digna de mencionarse la emisión Retiro de Comunicaciones, puesta a circular el 2 de mayo de 1956 según Orden No. 11 del Ministerio de las Comunicaciones, fechada el 9 de abril de ese mismo año. A ella nos referimos en el comentario Ella no, él sí publicado, el pasado año, en este espacio Imaginarios, dedicado a Juana Borrero.

Precisamente la considerada una de las mejores voces del modernismo cubano - tampoco aparece en los sellos de correos- está vinculada por razones muy particulares, un noviazgo, a otro poeta: Carlos Pío Uhrbach (1872-1897), cuyo devenir puede conocer si revisa el Epistolario*, y que fuese interrumpido en 1896 por emigrar la joven y su familia Estados Unidos, específicamente a Cayo Hueso, debido a la guerra.

<<Sobre de primer día de emisión de Retiro de Comunicaciones. Su vinculación con Carlos Pío Uhrbach se refiere a la amistad de Juana Borrero, su novia, con el también poeta Julián del Casal. 

Martí junto emigrados cubanos en los Estados Unidos, a esa nación llegarían los hermanos Uhrbach,>>

En cuanto al joven, procedente de una familia acomodada, y natural de Sancti Spíritus, inicio sus estudios en su ciudad natal y los continuaría en los Estados Unidos.

Si busca en los archivos podrá encontrar que Carlos, cuya vida está muy ligada a la de su hermano Federico, también poeta, resultó premiado por su soneto “A Colón” en un certamen celebrado en Matanzas; colaboró en El Fígaro (1893-1897), La Habana Elegante (1893-1895) y Gris y Azul (1894).

Asimismo publicó en El Expedicionario, de Tampa, así como en la Revista de Cayo Hueso.

Tan importante como su quehacer literario se halla su participación en la guerra de independencia: miembro del Ejército Libertador alcanzó el grado de teniente coronel y participó  en la acción de La Jicarita bajo el mando del general Lacret.

<< Poeta y mambí, el espirituano Uhrbach bien merece una emisión postal.

Sumemos a lo anterior que fue comisionado por el Lugarteniente general Antonio Maceo para entrevistarse con Tomás Estrada Palma, y partió en 1896 hacia Estados Unidos disfrazado de fogonero. A la patria retornó en una expedición al mando del comandante Delgado y cayó en combate en un lugar no identificado.

Formato especial dedicado al centenario de nuestras guerras independentistas. En una de las piezas el Titán de bronce.>>

 

 

<<Sobre de primer día con los valores faciales de 1 centavo de la emisión Cien años de lucha. En ella Antonio Maceo Grajales.

 

Inéditos dejó un libro de cuentos escrito en colaboración con su hermano, uno de retratos de escritores modernistas además de un Diario que comenzó a escribir en la guerra y que no se ha encontrado. Su poesía apareció en el libro Gemelas (La Habana, A. Miranda, 1894), donde dio a conocer sus poemas de “Camafeos”, y más tarde en Oro (La Habana, Imp. Avisador Comercial, 1907).

* Fue publicado en la década del 60 del pasado siglo en La Habana y cuenta con un prólogo de Cintio Vitier.

Del lenguaje filatélico

Emisión: Sello o grupo de sellos impresos con un mismo diseño y/o motivo puestos a circular en la misma fecha.

Formato especial: Hoja de papel de menor tamaño que una hoja y mayor que una hoja bloque en la que se imprimen los sellos. En sus bordes aparecen leyendas o inscripciones referidas a la emisión. También se le llama minipliego.

Hoja bloque: Es el conjunto formado por uno o varios sellos conmemorativos o temáticos impresos juntos en una pequeña hoja por lo general con grandes márgenes en los que suele aparecer el motivo de la emisión. Casi siempre, sus sellos tienen un valor facial más alto que el de los sellos de una emisión. En no pocas ocasiones constituyen un complemento de la emisión de sellos realizada por el mismo motivo. Aunque se pueden utilizar para franquear la correspondencia casi siempre sirven para fines filatélicos, es decir, para coleccionar.   

Hoja souvenir: Hoja bloque.

Sobre de primer día: Sobre ilustrado con un diseño especial alusivo en el que se colocan los sellos de una emisión los que se cancelan o matasellan con un matasello o cuño especial con la fecha del primer día de circulación.