Artes plásticas en tiempo de Jazz

Por Mauricio Núñez Rodríguez

Lograr una exposición personal en la capital pudiera ser uno de los sueños de muchos artistas cubanos que viven y crean en otras regiones del país. Si esa muestra es inaugurada como una de las actividades iniciales de la edición del Festival Internacional Jazz Plaza que cada año se organiza en La Habana, pues la connotación aumenta. Pero si, además, las piezas se muestran en la Galería del Pabellón Cuba, en el mismo centro de La Rampa capitalina y una de las sedes principales de dicho Festival, entonces la significación es suprema.

Esta experiencia la vivió recientemente el joven artista bayamés Leo De la O Reyes el pasado mes de enero con la exposición Presente distante que brinda su más reciente quehacer a partir de un manojo de 12 piezas de pequeño, mediano y gran formato elaboradas de manera mixta sobre papel fotográfico y lienzo.

De la O tiene en su camino más de cincuenta exposiciones colectivas y otra docena de personales en su ciudad natal y urbes vecinas del oriente cubano como Camagüey, Guantánamo y Santiago de Cuba así como numerosos premios provinciales. Pero sus intereses creativos no se detienen únicamente en la pintura y la fotografía sino que abarcan, además, la serigrafía y el diseño gráfico.

La Campana, el periódico cultural mensual de la provincia Granma, estuvo diseñado en una etapa desde la óptica de este hacedor que lejos de rendirse ante los propios obstáculos de los senderos contemporáneos, siempre va por más en cada proyecto en que se empeña o ante aquellas significativas propuestas por encargos que no le faltan en su ciudad natal.

El discurso de las piezas de su más reciente muestra en el Pabellón Cuba —a propósito de la XXXIII edición del Festival Internacional Jazz Plaza 2018— está muy relacionado con las urbes como espacio vital y con los seres que la habitan. Hay un preocupación urbana y humana en estos trazos que se detienen en la recreación de rasgos arquitectónicos de edificaciones, aquellas que imagina, las que se reinventa y las que logra con la superposición de imágenes.

Pero su narración va más allá e incorpora la interacción que se establece entre estos espacios y los que la habitan. Quizás por aquello de que lo más importante de las ciudades son sus habitantes. Aunque sus figuras humanas por momentos imprecisas, desdibujadas, indiferentes o quién sabe si impotentes ante su entorno arquitectónico subyacen en ambientes a ratos enrarecidos o por momentos asfixiantes.

En esta curiosa y sugerente lectura de espacios urbanos no importa si esta amaneciendo o si es el ocaso, se respiran penumbras y claroscuros que pudieran expresar lo claustrofóbico y decadente de ciertos espacios o la idea del tiempo detenido, no solo en el espacio, sino también en figuras que brindan la sensación de inmovilidad, letargo, descuido u olvido hacia su entorno o quién sabe si hacia sí mismos.

La arquitectura de una ciudad es expresión de los procesos de formación cultural que ha tenido. Es parte de su patrimonio, de su riqueza estética, de sus atractivos y es también un indicador de sus periodos de auge, esplendor,  transgresiones y simbiosis estilísticas. El estado en que se encuentra la arquitectura de un espacio determinado expresa el interés de los que la habitan por su conservación y mantenimiento así como sus posibilidades (o no) para hacerlo. Esta mirada del artista hacia diferentes entornos (no interesa si están más o menos explícitos; lo importante es que nos identifiquemos con el mensaje) dirige nuestra atención hacia la ciudad como universo. Nos hace repensar, no solo en su presente, sino también en su destino.

Impresiona, quizás, cierto aire nostálgico, triste o apesadumbrado en el discurso de esta colección, en un primer nivel de lectura; pero en un sentido más profundo, se mezcla la preocupación del autor con el diálogo que establece el individuo con su contexto: una veces más activo, otras indiferente y, por momentos, completamente desdibujado o simplemente, contempla también la posibilidad de no dialogar, como derecho de conjuntos silentes e irredentos.

La mirada que escapa del discurso de Presente distante forma parte de las inquietantes indagaciones existenciales y conceptuales del artista plasmadas en series anteriores de su trayecto como Silencios estridentes (2011) o en Salto al vacío (2015), por ejemplo, con la diferencia de que, esta vez, ha logrado una socialización superior por la coincidencia significativa de este espacio y de un contexto.