La educación: "una categoría eterna, permanente"

Por Yinet Jiménez Hernández

Profesor de profesores. Maestro a toda costa. López Palacio es uno de esos hombres que llegan a nuestra vida con la más hermosa sencillez del que carga en el hombro décadas de aulas, tizas y pizarrones. Hombre desenfadado, de perenne sonrisa y tibios ademanes, regala la confianza de tenerlo en la facultad(1), pendiente celador de los nuevos retoños. ¿Quién diría que es él: el más reciente Honoris Causa en Pedagogía de la Universidad Central?

Conversar con el profe López siempre es un honor y más aún cuando recientemente ha sido condecorado Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

Profe, ¿qué exige —ante todo— la decisión de optar por una carrera pedagógica?

La profesión de maestro exige en primer término vocación, que va unido al problema de la responsabilidad. En mi etapa, antes de la Revolución, todos los jóvenes que estudiamos bachillerato, o como en el caso mío de la Normal de Maestros, querían ser médicos, ingenieros, abogados. Yo no podía ser ninguna de esas profesiones porque había que estudiar en la Universidad de La Habana y en mi casa no había recursos para ello. Lo que hice fue estudiar magisterio. Pero siempre me propuse ser un maestro diferente.

«Yo creo que educación, ciencia y sociedad es una trilogía. La educación para contribuir con esa ciencia al desarrollo de la sociedad y a través de ellas devolverle el encargo social. Porque yo pregunto ¿quién evalúa al egresado universitario? Solo la sociedad.»

Y de cierta manera, es la propia sociedad la que a veces subestima el trabajo del profesor, porque es ¿no medible? Entonces, ¿cómo luchar contra ello y ser valorado socialmente?

Bueno, no creo que la profesión sea un ejemplo no medible: el maestro se ve con el tiempo en los alumnos que forma. Mira en tu caso: te recibí en la universidad, te despedí cuando te graduaste y hoy queda mi huella. Realmente es una emoción muy grande cuando te encuentras con un alumno, sobre todo de la primaria —que tienen más de 60 años— y te dicen maestro.

«Esa huella de la que hablo, aunque es intangible, está en la cotidianidad, en el encargo social que el maestro o profesor desempeña. La educación es un pilar básico porque es una categoría eterna, permanente.»

Es cierto eso. Pero lamentablemente hay profesores que a lo largo de los años se les muere las ganas de enseñar y se conforman con caducas concepciones y ello no significa que tengan malos resultados. Entonces, ¿cómo lograr ser productivo, tener un trabajo excepcional, sin caer en la mediocridad de la enseñanza?

Interesante pregunta. Hay que ser productivo y en eso yo le he sido fiel a un gran pedagogo ruso que decía: el maestro vive en tanto estudia; cuando deja de estudiar el maestro muere. Entonces, lo primero que tiene que hacer el maestro es estudiar, pero estudiarlo todo.

«Y hago énfasis en el problema de la cultura general: un maestro que se encasilla en una sola materia, en un solo contenido, no llega a integrar los conocimientos. Por eso siempre les digo a mis alumnos en la universidad que si leyesen todos los días la página cultural de Granma, sobre todo los artículos de Graciela Pogolotti, aprenderían extraordinariamente.   

«Yo creo que eso es lo que distingue al maestro: el trabajo permanente y la responsabilidad ante su aula. Hay que exigirles a los alumnos que sean buenos, que sean mejores cada día pero usted tiene que hacerlo también con su ejemplo.

«Porque el encargo del maestro es complejo: fomentar el conocimiento, el desarrollo de habilidades y capacidades, y sobre todo un problema muy grande en nuestro país: formar convicciones.»

Ahora que habla de los roles que cumple el maestro y que ha cumplido usted a lo largo de su vida, ¿cuál ha sido el momento más difícil?

Cuando uno está frente a un grupo de estudiantes que por x causas están por debajo del nivel que se necesita cuando ingresan al grado, ciclo o año universitario que le corresponde. No podemos pensar que un alumno que llega a la universidad es un alumno que debe tener todas las capacidades y habilidades desarrolladas, toda una esfera del conocimiento. La labor más difícil que el profesor tiene durante toda su vida es trabajar y hacer que ese alumno llegue a ser mejor.

«Una vez me preguntaron, qué enseñan los pedagogos y yo contesté: los pedagogos enseñamos a ser maestros. Yo sé que dificultades en cuanto a eso hay, pero las dificultades son un reto.»

Quería insistir en ese punto. Sabemos que, aunque en planes de estudio el sistema educacional cubano sea casi perfecto, en la praxis existen varios talones de Aquiles, sobre todo en la formación de formadores.

Eso es un hecho cierto y en eso se está trabajando mucho. Por eso estamos urgidos de formar un personal docente capaz de desarrollar esa docencia en todo el sistema nacional de enseñanza. Ese déficit que tenemos en la población es una cuestión clara y tiene que ver con la vocación.

«Yo siempre digo que en Cuba ha habido dos momentos educacionales cruciales luego del triunfo de la Revolución. El primero cuando Fidel le dijo al pueblo de Cuba yo no digo que crean sino que lean; porque el que lee lógicamente puede darse cuenta que está saliendo de la ignorancia. Y luego, en el 1972, cuando tuvimos que crear el Destacamento Pedagógico Universitario.

«Luego, ¿qué pasó? Que en un determinado momento, el desarrollo de nuestro país posibilitó que todos pudiéramos estudiar lo que quisiéramos. Sobre todo, cuando la familia —y por qué no decirlo, porque es muy evidente— no quiere que sus hijos sean maestros.

¿Y por qué usted cree que suceda esto? ¿A qué se debe que los jóvenes hagan tanto rechazo a optar por carreras pedagógicas?

Yo creo que no quieren serlo porque hay un cúmulo de posibilidades más amplias. Yo siempre digo que la educación no es una categoría ni política ni económica. Pero la educación depende de la economía y la política. Si la política que dirige el estado no está consciente de ese hecho la educación tampoco se desarrolla.

«En reunión con la Ministra y todo el sistema de dirección, yo decía que sin maestros no puede haber ingenieros, ni médicos, ni químicos; porque todo lo aglutina la escuela. En ese caso es donde tenemos que hacer énfasis. Tiene que haber una divulgación mayor, una concientización mayor.

«Yo estudié por varios autores soviéticos en filosofía que hablaban de formas de la conciencia social: hay que formar la conciencia social para que nos demos cuenta de ese hecho. Honestamente, esas son las cosas que a veces me llevan a pensar que puedo seguir poniendo un granito de arena más.

«En la reunión con la Ministra yo le ponía este ejemplo: la educación superior se queja del preuniversitario; el preuniversitario de la educación secundaria y la secundaria de la primaria. Y yo le digo a mis alumnos: cuidado que no se quejen del claustro materno. Es que tenemos que hacer énfasis en cada momento, en cada ciclo educacional.

Cada ciclo educacional con sus nuevas demandas epocales. Pero e bien difícil readaptarse, reacomodarse en los momentos del cambio. Por ejemplo, la Educación Superior propone ahora mismo la reducción en los años de las carreras. Hay quienes detractan, hay quienes apoyan. ¿Cómo lo valora usted, Doctor en Pedagogía?

En estos momentos yo creo que hace mucha falta ese perfeccionamiento. Creo que no es un error el plantear, por ejemplo, que las carreras tengan cuatro años. En función de ese hecho hay que pensar qué hacer, cómo unir contenidos.

«Todavía nosotros estamos deficitarios en el problema que tiene que ver con la enseñanza universitaria y con la evaluación. Damos diferentes asignaturas pero podemos hacer un examen integral. No decir: esta es la parte de la filosofía, esta es la parte de literatura cubana… No, todo se puede ver integralmente.

«Todos tenemos que reformarnos y todos contribuir. Porque no cabe dudas que la formación del profesional sea importante y no es un problema solo de Cuba sino general. Lo que pasa que en Cuba, por el sistema social que tenemos, cada día exigimos más.

«El otro día leí la opinión de unos periodistas extranjeros. Ellos decían que la educación en Cuba era un gran océano, que se había extendido a todos los lugares pero que tenía poca profundidad. Y eso que detecta un periodista extranjero no es para ponernos bravos sino para reflexionar.

«Entonces, a nosotros no nos hace falta renunciar a la masividad pero sí profundizar. También, el sistema educativo no puede dar lo que no tiene. Como decía el Che en “El socialismo y el hombre en Cuba”: no pedirles peras al olmo. Tenemos que dar lo que seamos capaces de dar.

«Y para todo ello debemos apoyarnos en los profesores consultantes. Porque si no, ¿para qué existen? No es para estar en sus casas. El consultante tiene que estar ayudando al colectivo, ayudándose a él mismo porque se aprende todos los días. La categoría docente no es que llegué a tal edad y la obtuve; Martí lo decía, tenemos que contribuir a la educación de los demás.

Si usted tuviera que regresar a otro nivel de enseñanza. ¿A cuál sería?

Si yo tuviera que regresar a otro nivel fuera al primario. Nunca lo olvidaría. Lo he tenido con mis tres hijos, con mis cinco nietos. No cabe dudas que el nivel primario es básico porque es ahí donde se sientan las bases, el edificio de los valores con pilares firmes.

Una última pregunta: ¿hasta cuándo seguirá el profe López Palacio trabajando para nosotros, sus alumnos?

Cuando me hacen esa pregunta yo respondo utilizando una frase que está muy de moda en el argot popular: yo voy a seguir trabajando hasta que se seque el malecón. [Ríe]

En el acto de investidura como Doctor Honoris Causa en Pedagogía, ante las palabras de elogio de la profesora Ana Iris Díaz, el profe López Palacio respondió «Es mucho, demasiado honor». Sin embargo, contar con su presencia es tal orgullo, que ahora le respondemos: «el honor es enteramente nuestro».

 

(1) El profesor Juan Virgilio López Palacio radica en la Facultad de Humanidades de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas.