Entrevista al bibliotecólogo Tomás Fernández Robaina (Segunda parte)

Por Alejandro Zamora Montes

Tomás Fernández Robaina (Tomasito) es uno de los intelectuales cubanos que más ha luchado por el reconocimiento de la historia social del negro en Cuba. Es Profesor Titular del Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional José Martí. Asesor del Instituto de Antropología. Investigador. Ha publicado más de una docena de obras, entre las que se encuentran: “El negro en Cuba, 1902-1958”; “Cuba. Personalidades en el debate racial”; “Recuerdos secretos de dos mujeres públicas”; “Bibliografía de Estudios Afrocubanos”; “La prosa de Guillén en defensa del negro cubano”, entre otras. Sin embargo, sus derroteros en el universo bibliotecológico son prácticamente desconocidos. He ahí el motivo por el cual Librínsula se acercó a este insigne intelectual, para ganar en amplitud cultural.

Tomasito: También consideré que la estructura de las bibliografías personales debía ser cambiada por las cosas que había visto hacer en otros países, y así fue como proyecté la primera bibliografía que se hizo aquí en el periodo revolucionario, amplia, de José María Heredia… que, aunque respetaba las estructuras antiguas, tenían una nueva forma de organizarse la información.

Librínsula: En el año 2015, en la Biblioteca Villena, concibieron un homenaje a tu trabajo en el reconocido espacio “El autor y su obra”. Recuerdo que, en aquella ocasión, el poeta y ensayista Víctor Fowler comentó acerca del Índice General de Publicaciones Periódicas creado por ti, el cual calificó de “aporte universal”. Coméntame más al respecto.

Tomasito: Me alegra que me hayas hecho recordar esa anécdota del estimado Víctor. Él es una persona con quien tengo muchas discrepancias, pero lo respeto mucho como intelectual, y como un hombre realmente formado. Yo no tengo esa formación intelectual, por eso lo respeto mucho. También reconozco que Fowler es alguien que sabe valorar lo que debe ser valorado. Justamente el Índice de Publicaciones Periódicas fue el resultado de un análisis que hice acerca de los índices que tradicionalmente en la BNCJM (ya después de la Revolución) se habían confeccionado. Y, sobre todo, como asistente de Salvador Bueno, buscando información para los trabajos que tenía que hacer con vista a la campaña de la lectura popular, me di cuenta que encontrar una información no era muy fácil, porque había que registrar muchos repertorios. Eran tanto los índices que se habían compilado, que realmente había que buscar una nueva forma. Yo visualicé el proyecto en dos vertientes: consolidar todos los contenidos de los índices que ya estaban confeccionados, o comenzar a elaborar un repertorio que incluyera los contenidos de todas las publicaciones periódicas que estaban surgiendo. En ese sentido, revisé índices análogos del mundo de las ciencias y de las ciencias sociales como el Harper Hispanoamerican Index,que me sirvió mucho de ejemplo, y a partir de eso llego a la conclusión y decido que se debe hacer el índice. Digo decido, porque esto era una dimensión que yo estaba presentando como proyecto. Entonces, como anticipo de lo que iba a ser el índice, yo hice un experimento con las revistas folclóricas. Y hago el índice colectivo de las revistas folclóricas cubanas, que incluso en el prólogo de ese índice había una parte muy teórica, y otras más acerca de las revistas propiamente dichas. Ahí estaba la tesis de lo que yo quería que se hiciera con el Índice General de Publicaciones Periódicas. Tuve mucha confrontación con los técnicos de aquel momento porque, te repito, yo no había estudiado ningún seminario de técnicas bibliográficas o catalográficas. Era simplemente la experiencia que yo había tenido consultando repertorios similares, y la propuesta que yo hacía para que las generaciones futuras no tuvieran los mismos problemas que nosotros, ya que en aquel entonces la búsqueda en fuentes periódicas resultaba demasiado engorrosa. Ese fue realmente la idea teórica y metodológica de hacer el índice. Que no me lo aprobaron. En la actualidad sigo siendo un poco anarquista, pero en aquella época era mucho más anarquista que ahora, y cuando me voy a cortar caña para la Zafra de los Diez Millones, como trabajaba de analista en el Departamento de Hemeroteca, me llevaba las revistas para el campo. Y después que cortaba caña 8 horas, me ponía a indexarlas. Cuando regresé con dos gavetas llenas de fichas ordenadas por materia, la jefa mía de aquel momento (que no era bibliotecaria), pero tenía un buen sentido de lo que era la información y lo que debía ser el trabajo bibliotecario; la Dra. Luisa Reyes, -a quien recuerdo y recordaré siempre con mucho cariño-, me dio luz verde y me facilitó que junto a Irma Miranda organizara un equipo en el cual, todos los que estábamos trabajando en el departamento haciendo analíticas para el catálogo, en lugar de hacerlas, hiciéramos la construcción del repertorio. Ese es el origen del Índice General de Publicaciones Periódicas.

Librínsula: ¿De qué año estamos hablando?

Tomasito: 1970. El primer tomo. Además, con la idea romántica que tenemos cuando somos jóvenes (yo sigo teniendo ideas románticas, pero estas son más de un pepillo de la tercera edad), pues pensábamos que se podía publicar en el mismo año. Y realmente eso fue imposible. El primer tomo abarca solamente un semestre, y no se publicó hasta prácticamente el año siguiente. Fue una cosa muy modesta, mimeografiada. Pero eso ya indicaba la trascendencia que tenía ese repertorio. No conozco de ningún bibliógrafo o especialista de aquella etapa, ya con nombres reconocidos, que haya reconocido el trabajo que estábamos haciendo. Yo si estaba consciente de lo que eso sería con el tiempo.