Entrevista al bibliotecólogo Tomás Fernández Robaina (Tercera parte y final)

Por Alejandro Zamora Montes

Tomás Fernández Robaina (Tomasito) es uno de los intelectuales cubanos que más ha luchado por el reconocimiento de la historia social del negro en Cuba. Es profesor titular del Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional José Martí, asesor del Instituto de Antropología e investigador.

 Ha publicado más de una docena de obras, entre las que se encuentran: El negro en Cuba, 1902-1958; “Cuba. Personalidades en el debate racial; Recuerdos secretos de dos mujeres públicas; Bibliografía de Estudios Afrocubanos; La prosa de Guillén en defensa del negro cubano, entre otras.

Sin embargo, sus derroteros en el universo bibliotecológico son prácticamente desconocidos. He ahí el motivo por el cual Librínsula se acercó a este insigne intelectual, para ganar en amplitud cultural.

Tomasito: Cuando logro terminar mi carrera universitaria matriculo en un postgrado de Filosofía, donde presento un trabajo sobre las leyes del materialismo dialéctico y algunas de sus categorías en el Índice General de Publicaciones Periódicas. Porque yo vislumbraba que el índice tendía a desaparecer, porque era imposible publicar un repertorio teniendo las condiciones que teníamos nosotros de un volumen tan grande. Te puedo mostrar que existen tomos que son verdaderos “ladrillos”.

En aquella etapa yo planteaba que habría que hacer, en un futuro, un índice anual de literatura, de artes plásticas, de deportes. Para que cada departamento especializado tuviera su repertorio. Ahora el índice lo recoge todo porque si tú estás buscando historia, no tienes que tener tanta información sobre otras temáticas. Esa fue una primera idea. Más tarde, siguiendo esa misma línea metodológica me di cuenta que era muy importante consolidar temáticamente lo que ya habíamos recuperado en cada índice. Es decir, que desde el primer tomo del Índice General había poesía y critica a la poesía. Se trató de consolidar todo lo que había de crítica a la poesía cubana, venezolana, de cualquier país, y hacer un repertorio en ese sentido. Incluso fue mucho más amplio porque se incluyeron también las críticas a la poesía desde el triunfo revolucionario. Debo decir que los muchachos que hicieron ese repertorio eran muy capaces. Ya estábamos empezando a dominar la computación y siguiendo ese paradigma hicimos Teatro de la Música (ese fue el primero), de la Poesía y también se hizo algo de la rama del Derecho. Habíamos tenido una experiencia en ese sentido, porque cuando yo mandaba a los alumnos a hacer consolidaciones del cuento de la crítica cinematográfica en los repertorios, muchos de esos trabajos terminaron siendo trabajos de curso. Ahora, como trabajos de más envergadura, es decir; como tesis finalizando la licenciatura, se hicieron otros.

Librínsula: Al parecer la idea romántica fructificó, porque investigadores del mundo entero siguen consultando el índice.

Tomasito: Sí, pero también hay algo que no puedo dejar de decir, porque de lo contrario no sería “Tomasito cimarrón”. Por cierto, también me han apodado indebidamente “Tomasito lanzallamas”-dijo Tomasito entre risas-.

Mira, esto que te comentaré a continuación tú lo has visto en las películas sobre todo de índole educativa: siempre que hay un profesor que tiene una dinámica o concepción mucho más moderna, práctica; de desobediencia para mejorar el sistema de enseñanza choca con la burocracia y la mediocridad que por lo general están al frente de los departamentos. Es muy raro encontrarse, eso no quiere decir que no los haya, un jefe que sea capaz de tener la sensibilidad de percibir que lo que un subalterno está haciendo vale la pena, que lo apoye y le ofrezca todos los materiales que esa persona requiera para desarrollar sus ideas. En mi caso no te voy a decir que no lo tuve en buena medida, porque si el índice se desarrolló y es lo que es hoy, creo que hoy no se sigue compilando, pero hay más de treinta tomos terminados. No todos están impresos, pero sí mecanografiados, en bases de datos o en gavetas. Es decir, es un trabajo que necesita un financiamiento para realmente ponerlo al día, pero eso sería todo un estudio. Cuando el Departamento de Bibliografía se unió al de Investigación hice una propuesta que jamás me respondieron.

Librínsula: ¿Cuál propuesta?

Tomasito: Que el índice no se podía seguir compilando de la manera que lo seguíamos haciendo, sino que había que dar un salto cuantitativo y cualitativo. Es decir, confeccionar un índice por especialidades.

Librínsula: Pasemos a otro punto, en apariencia inconexo con lo que hemos venido conversando. Aún existe una visión un tanto anquilosada de ver a las bibliotecas como simples almacenes de libros, no como entidades culturales de una profunda vocación humanista. Danos tu opinión al respecto.

Tomasito: Justamente ese es uno de los méritos que tiene María Teresa Freyre de Andrade, aunque te digo que estas dimensiones culturales ya se habían dado en la República. Porque el hecho de llevar los libros a las comunidades, a los barrios, no es algo que surge con la Revolución. En muy pequeña medida las bibliotecas anteriores, privadas, también habían tenido cierta proyección de llevar el libro fuera del edificio. Pero nunca eso ocurrió con un impacto social tan trascendental como cuando triunfa la Revolución. Por eso siempre hablo en mis investigaciones de un antes y un después del proceso revolucionario, porque es innegable que constituyó una catapulta para muchos de los aspectos que nosotros estamos trabajando, y en las bibliotecas fue exactamente igual. Sobre todo, voy a particularizar en el caso concreto de la BNCJM, que tuve la suerte de conocerla cuando estaba en el Castillo de la Fuerza. Recuerdo a todas las bibliotecarias vestidas de negro. Muy amables, muy serviciales. Ahí fue cuando vi por primera vez a Carlos Villanueva. Y realmente me quedé impresionado con los estantes, con ese olor a libro viejo, a castillo viejo, a madera vieja. Y era un almacén de libros, fíjate que este edificio se concibió como un almacén de libros, aquí no hubo espacio para oficinas para catalogar. No se pensó en el trabajador que tenía que venir a la biblioteca a hacer su labor. Entonces, María Teresa Freyre de Andrade creó los Departamentos de Arte, de Música, etc. Fue haciendo realmente un trabajo acucioso, porque ella decía que para que la BNCJM se hiciera respetar, había que hacer sentir la importancia de la misma.

Recuerdo que cuando empecé a trabajar aquí -ya con Salvador Bueno-, hacía trabajo voluntario yendo en el bibliobús que tenía la Biblioteca Nacional. Íbamos a Lawton y a barrios un poco alejados del centro de la ciudad. Eso después se fue expandiendo. Por ejemplo, como parte de la Campaña de la Lectura Popular nosotros teníamos que difundir el hábito de la lectura a las cárceles. Yo atendía la cárcel de El Príncipe, también atendía granjas, las primeras cooperativas que empezaron a hacerse y fábricas. Había otras compañeras que igualmente atendían granjas de reclusos.

Todo esto que te comento formaba parte del programa de extensión bibliotecaria (llevar el libro fuera de la biblioteca). En ese sentido, las bibliotecas abrieron caminos muy grandes, que lamentablemente ya no es exactamente el mismo. Sobre todo, la biblioteca fue un gran centro difusor de la cultura y casi un centro docente. Yo tomé muchos cursos de Historia del Arte, de la Historia del Hombre, porque eran cursos que la biblioteca ofrecía. Y la biblioteca pagaba. Creo que a Salvador Bueno por una conferencia suya le pagaban cincuenta pesos cubanos. En aquel momento era una millonada, hoy sabemos que no es nada.

Y realmente la BNCJM fomentó mucho los estudios. Una de las cosas que nosotros hicimos mucho fue, por ejemplo: a los compañeros que trabajaban el Índice General de manera colectiva, cada uno tenía la opción de poder hacer una investigación bibliográfica personal, o la confección de un índice. Se le pidió a cada persona que hiciera un estudio de la publicación periódica. Tratamos por todos los medios en aquella época de hacer consolidaciones de los contenidos del Índice General mediante análisis bibliométricos.

Recuerdo que llamó mucho la atención que en el Índice General de teatro, cuando se hacen análisis bibliométricos, que hay un sistema que dice que si la bibliografía tiene tres mil  registros, la cantidad se divide en tres. Se supone que los primeros mil artículos registrados deben haber sido tomados de dos o tres publicaciones periódicas muy especializadas. Los otros mil, en un rango de cuatro a seis publicaciones periódicas que no son totalmente especializadas, pero que se acercan. Y los otros mil es dispersión de la información. Porque te puede aparecer una revista que por equis causa público ese trabajo, pero la información está muy dispersa. Eso nosotros tratamos de aplicarlo para el estudio de las publicaciones periódicas, para el estudio de los repertorios. Por eso me sentí muy frustrado cuando dijeron que la bibliografía no podía ser objeto de trabajos de licenciatura. Porque en ese momento en el Departamento de la Universidad había una mentalidad muy tecnológica. Había una incomprensión sobre el trabajo bibliotecológico. También muchos de nosotros fallamos, no voy a quitarme del grupo… en realidad, sí, porque siempre dije que la bibliografía tenía que hacerse con un estudio. Porque la compilación es la primera fase de la investigación. Pero si tú de esa compilación no profundizas y haces un estudio, es un trabajo simplemente compilatorio. Lamentablemente en aquel momento no todos los que estábamos trabajando tenían esa mentalidad y ese deseo de superación o de dar un paso de adelanto. Y ahí están los índices con una breve presentación de una o dos páginas, y yo lo que exigía era un trabajo largo, amplio. Por ello he visto con mucha alegría el trabajo que está haciendo la especialista Vilma Ponce junto a las otras compañeras del Departamento, que están dándole paso a algo que lamentablemente nosotros no pudimos desarrollar en la medida que hubiéramos deseado, por circunstancias históricas. Lo importante es que ahora si se está haciendo.

Hay otro aspecto muy importante: ese trabajo nos toca a los bibliotecarios, aunque en realidad esto último es relativo. Te pongo como ejemplo al compañero Miguel Viciedo. Él es historiador de formación, sin embargo es uno de los profesionales del universo bibliotecológico más formados y con una visión larga. Por eso resultaba contradictorio que en el “histórico” Departamento de Investigadores de la BNCJM se investigara de todo, menos problemas bibliotecológicos. La única que trabajaba algo en esa orientación era Zoila Lapique con el catálogo que hizo de música, con una concepción totalmente diferente. Pero una de las cosas que luché sin tener en muchas ocasiones el apoyo de todo el mundo, aunque al final si lo logré, era que la BNCJM tenía que hacer investigaciones bibliotecológicas. Además, se venía haciendo históricamente. Los especialistas de la BNCJM siempre habían hecho el trabajo de la atención al público, de la selección, de la solicitud, del movimiento de los fondos, de los procesos de catalogación e informativos. Sin embargo, eso nunca se reconocía como que era un trabajo investigativo, sino que era como un trabajo técnico. Hoy me he alejado un poco… no me he alejado del todo, porque sigo haciendo compilaciones bibliográficas, pero con otra dimensión. Pienso que el trabajo de las bibliotecas tiene que estar centrado en el estudio de los fondos, de lo que nos hace falta. Por ejemplo, lo que se ha hecho en el proceso de conservación. Volcarse más en el estudio de los fondos, esto no quiere decir que uno no pueda hacer un estudio de historia o de cualquier otra cosa.

Librínsula: ¿Qué consejo le darías a las jóvenes generaciones que abrazan los estudios bibliotecológicos en esta era de tanta tecnología?

Tomasito: Bueno, lo importante es que cada uno se cultive intelectualmente lo más sólida y ampliamente posible. Que las tecnologías de punta no pueden funcionar y facilitarles a los usuarios lo que se necesita, si los que estamos procesando toda esa información no tenemos la cultura ni el conocimiento de lo que se debe informatizar o dar a conocer. También es muy importante tener en cuenta las demandas de los usuarios. ¿Qué es lo que estos demandan, qué necesitan, qué es lo que están estudiando, qué bibliografías, qué herramientas o temas se les deben facilitar desde el punto de vista bibliotecario? Cada bibliotecaria/o debe superarse día a día. En ocasiones te encuentras bibliotecarias/os que no leen, que jamás van a un evento cultural. Ahora más que nunca debemos retomar los cursos de superación, de retomar toda una serie de líneas para atraer a los bibliotecarias/os a la superación. Porque ahora existe una nueva corriente de bibliotecarios que realmente no son los que yo conocí en mi época. Por supuesto, los tiempos cambian, pero el conocimiento es muy importante en todas las épocas.