Llaverías, un patriota y archivero cubano

Por Yorlis Delgado López

Los pueblos deben honrar siempre a quienes, con modestia y desinterés, han contribuido, desde su puesto, al desarrollo sociológico y de las ciencias de su país. Es una deuda que eternamente tendrán los grupos sociales.

Hay que estudiar y desempolvar los archivos y buscar entre los longevos documentos a las personas que hicieron de su vida una contribución a una determinada disciplina científica.

Tal es el caso de Joaquín Llaverías Martínez (1875-1956), un hombre extremadamente modesto pero un gran científico. Sin títulos, ni certificaciones logró traer a Cuba los más avanzados adelantos de la Archivística internacional de su época. 

De la formación de Llaverías se conoce poco. Se incorporó a las luchas insurreccionales en Cuba a la edad de 20 años, en 1895. Por su valentía alcanzó el grado de Capitán del Ejército Libertador.

Un día decide donar un grupo de documentos que conservaba de la última gesta libertadora cubana y llegó a la sede del Archivo Nacional. El autor presume que el encantamiento fue inminente. Nació un amor por la archivística que lo llevaron a dedicar 58 años de su vida a la labor de conservación, tratamiento y difusión de los documentos del Archivo Nacional, de ellos 35 a la dirección del mismo.

El 3 de noviembre de 1921 fue designado como Director del Archivo Nacional. Cuba honra esa designación al establecer en su Decreto- Ley No. 265 “Del Sistema Nacional de Archivos de la República de Cuba” (Publicado en la Gaceta Oficial de la República de Cuba. Edición Ordinaria No. 18 de fecha 5 de mayo de 2009), en su Disposición Especial Séptima:

“Se declara el 3 de noviembre como Día Nacional del Archivero Cubano, en conmemoración al nombramiento oficial del Capitán del Ejército Libertador, Joaquín Llaverías Martínez, como Director del Archivo Nacional de Cuba.”

Sus principales aportes a la archivística cubana:

Después de un viaje por Bélgica y ver sus experiencias al respecto, propuso en 1902, la publicación del Boletín del Archivo Nacional. Contendría tres secciones y así fue aprobado. Nacía así, la primera revista en la especialidad en América. Fue virtualmente su Jefe de Redacción y posteriormente su Director.

Implementó las más avanzadas técnicas del momento en materia de indización y clasificación de los documentos, a partir de la experiencia internacional. Consideró y tuvo el claro concepto de que el derecho de acceso a los archivos posee importancia trascendental en la sociedad moderna. Toda su labor estuvo encaminada a llevar en grado superlativo este derecho, y lograr el requerimiento, la obtención y la futura utilización de la información para los más diversos fines. 

Impulsó una importante campaña para la conmemoración del centenario de la creación del Archivo Nacional, a partir de lo cual logró la aprobación de la Ley No. 6 de 1942. Gracias a esta disposición, de la cual fue su mayor gestor e impuesta por la necesidad de fortalecer la protección de los documentos que se encontraban en el Archivo Nacional los cubanos tuvimos una norma que por primera vez declaró los documentos que la propia disposición describe, de utilidad pública y parte integrante del Patrimonio Nacional. Se prohíbe, además, la destrucción de estos documentos y la venta o la ejecución de transacción alguna con esta documentación que no sea con el Archivo Nacional, considerando, por primera vez, esta acción como una actividad delictiva. Prohíbe la extracción de estos documentos del país.

Esta disposición dispuso la construcción de un nuevo edificio para el Archivo Nacional, inmueble que por más de cuatro décadas ha tenido esta entidad y que durante años fue el único construido para esto fines en isla.  Previó las vías para obtener el financiamiento para tal construcción logrando así que el nuevo edificio reuniera, de más está decir que por primera vez, las condiciones para la conservación documental y la capacidad necesaria para el reabastecimiento imprescindible de la entidad. Además, tuvo en cuenta lo más moderno para la seguridad requerida para un establecimiento de esta índole y garantizó la debida prestación de los servicios necesarios.

En septiembre de 1944, se inaugura oficialmente el nuevo edificio que ocupa el Archivo Nacional, situado en la calle Compostela 906 esquina a San Isidro, en La Habana Vieja. Esta obra se logró gracias al quehacer y gestión de Llaverías, quien con sus actos determinantes multiplicó el presupuesto asignado por el Estado, para construir un digno inmueble, que permitió acabar con el comején y los ratones e iniciar la trascendental obra de clasificar y ordenar los fondos documentales distribuidos en tres plantas con un total de 30 depósitos en cuyos numerosos estantes se conservan más de 27 kilómetros lineales de documentos.

Entre sus obras, se encuentra la publicación más completa de la historia de los archivos cubanos conocida hasta hoy.

Llaverías y Martínez, Joaquín. 1949. Historia de los Archivos de Cuba, Segunda Edición. La Habana, Cuba. Editorial Archivo Nacional de Cuba. XXIV.

Además presidió la Comisión Organizadora del Primer Congreso Internacional de Bibliotecarios, Archiveros y Conservadores de Museos del Caribe, La Habana 1942, impulsó el primer curso de archivología impartido en Cuba, a partir de su apreciación de la necesidad de la superación de los archiveros, perteneció a la Academia de la Historia de Cuba, de la que fue archivero permanente y director ocasional de sus Anales.

Con su muerte el 23 de noviembre de 1956 cuando tenía 81 años, Cuba y los cubanos habían perdido a su más fiel archivero. Un hombre que había colocado al Archivo Nacional en la posición de ayudar eficazmente a los investigadores en el conocimiento, construcción y difusión de la historia nacional.