Mi abuelo conoció a Martí (Segunda parte)

Por Alejandro Zamora Montes

La génesis de esta entrevista surgió a raíz de observar a mi amiga Mirta Pujol, Jefa del Departamento de Referencias de la Biblioteca nacional José Martí hojear con cierto aire de nostalgia las páginas de una revista Verde Olivo perteneciente a los meses de enero-febrero de 1970. Ante mi curiosidad, Mirta me confesó que leía un texto titulado Hombres de casi un siglo de la autoría del Primer Teniente Roger González Guerrero, en el cual entrevistaban a un abuelo suyo que había sido soldado del ejército libertador. Como considero que todas las historias cuentan, decidí entrevistar a Mirta para conocer más acerca de su estirpe. Ella aceptó entusiasmada, pero me pidió encarecidamente que también entrevistara a su primo Modesto Cárdenas Pujol, para ganar en claridad histórica. Finalmente pude conversar con ambos en la Sala de Discapacitados Frank Emilio de la BNCJM.

Esta es la segunda parte del encuentro.

Librínsula: Modesto, coméntenme acerca de la última etapa de su abuelo.

Modesto Cárdenas: En la década del cincuenta, teniendo tres casas donde quedarse (bien querido), decidió acogerse al hogar de veteranos. Ahí están sus documentos, el carnet. Cuando buscabas la bitácora del General Emilio Núñez, ahí estaba asentado. Llegó al hogar de veteranos con setenta años, aún fuerte. Estando allí vivió su vida; iba a mi casa a menudo; a casa del padre de Mirtica; también a casa de mi tía en Regla, es decir, que a pesar de haberse independizado siguió dándole calor a la familia. Te diré que él desembarcó y peleó en la denominada guerra cubana-hispano-norteamericana. Coincidió que ellos desembarcaron, pero ya estaban los norteamericanos en Santiago de Cuba. Entonces viajó a California dos veces a ver a su hijo y a su nieto, los cuales vivían en Estados Unidos. En una ocasión iba a Miami en el vapor Florida y estando allá cogía el Glen House, una línea de ómnibus que atravesaba todo el sur de los Estados Unidos hasta California, por escalas. En una ocasión se le va la guagua, y estaba atormentado. Entonces se le acerca un hombre y le pregunta qué le sucede. Mi abuelo le dice que está perdido, que el ómnibus se le acababa de ir. La persona que lo interpela observa que mi abuelo tiene colocadas sus medallas, y le pregunta el motivo por el cual las tiene. Mi abuelo le responde que participó en la guerra hispano-cubana-americana, a lo que el individuo le responde emocionado que su padre también había participado en esa guerra. Después de eso, la persona ayudó a encaminarlo. Nada, que mi abuelo vivió su vida. Y te repito, a pesar de contar con tres casas a su disposición, él decidió ir al hogar de veteranos, y le daba vueltas a su familia.

Mirta Pujol: Pero antes de su decisión de vivir en el hogar de veteranos vivió con nosotros, en el Vedado.

Librínsula: ¿Mirta, explicabas anteriormente que tu abuela Asunción Serrano Gómez, falleció a la edad de cien años?

Mirta Pujol: Sí. También te diré que producto de la unión de mis abuelos Julio y Asunción nacieron dos hijos. Mi amado padre Alberto, como se dijo anteriormente, y mi tía Marta Pujol, muy cariñosa. Ambos muy luchadores, creo que ello es una dimensión heredada de mi abuelo, y entre ambos dieron la alegría de traer al mundo catorce nietos.

Modesto Cárdenas: En el caso mío, dice él que cuando desembarcaron (yo sabía que era en Camagüey, pero no del lugar exacto del desembarque). Además del norteamericano que mataron, había dos o tres que vinieron con unos caballos de siete cuartas. La carne estaba descompuesta. Y dicen que un norteamericano dijo: “Bueno, los caballos para nosotros, y la carne hay que botarla”. Y el que los recibió allí les dijo: ¿Botarla? Se la voy a dar a los negros para que ustedes vean. Dicen que los negros presentes, muchos de ellos fueron esclavos, cogieron esa carne y no sé qué le hicieron, que la devoraron y no les pasó nada. Al final tuvieron que sacrificar a los caballos americanos, pues no estaban preparados para ese tipo de guerra. Eran “de lujo”, no iban a resistir aquello. El caballo que servía era el “penco polaco”: comiendo yerba y debajo del aguacero. Muchas veces no imaginamos lo que costó la guerra: la gente mal vestida, mal alimentada. La mirada de nuestras guerras de independencia en ocasiones es romántica. Ahora se están publicando trabajos con otro enfoque. Gracias al Doctor Torres Cuevas , director de esta institución, se está revisando de nuevo la historia. Y no es revisar la historia por revisarla, sino analizar con más profundidad los hechos. Perdimos la primera guerra no tanto por los españoles, sino por la divergencia entre los cubanos. Por regionalismo, por cosas personales. Por eso Martí hizo un solo partido, y Fidel también. Sé que nos hemos alejado del tema en apariencia, pero creo que era necesario abordarlo.

Librínsula: Mirta, háblame de la publicación donde encontraste la entrevista realizada a tu abuelo. ¿Cómo llegaste a ella? 

Mirta Pujol: Soy una de las nietas más pequeñas, pero conocí también a mi abuelo porque llegó el momento de la vida en que vivió en mi casa, durante años. Tú mismo, Modesto, viviste en esa misma casa cuando te casaste. Nosotros tuvimos varios matrimonios dentro de la misma familia. En algún momento de su vida, mi abuelo hizo mención de una entrevista que le hicieron. Lo que más recuerdo es que mi hermano Albert, ya fallecido, se sentaba con el propio Modesto, y entre ambos querían reconstruir todo lo que hizo mi abuelo.

 

Continuará en próximas ediciones