Ese gran olvidado que fue y es Ruy de Lugo Viña

Por Leonardo Depestre Catony

El tiempo y el olvido, he ahí dos factores que conspiran contra el justo reconocimiento del periodista cubano Ruy de Lugo Viña. Es lamentable que así suceda porque se trató de uno de los más populares y leídos periodistas cubanos de los años 30 del pasado siglo, con una fecunda presencia en la prensa, en la vida social y una muerte trágica, memorable en los anales de la aviación latinoamericana.

Observará el lector que tuvo un nombre un tanto inusual, pero era cubano, del municipio de Santo Domingo, en la actual provincia de Villa Clara, donde nació el 23 de septiembre de 1888, fecha de la cual ahora se cumplen 130 años y se nos presenta idónea la ocasión para al menos evocarlo.

No abundan los datos biográficos sobre este autor, periodista inquieto, viajero incansable, polemista avezado y aventurero temerario, suerte de cruzado de la teoría de la municipalidad, algo que requiere de una breve explicación, que preferimos ofrecerle en sus propias palabras:

“Gobierno Municipal es interés por la ciudad, prolongación de nuestra propia familia y de nuestra propia casa. Las ciudades deben intercambiar ideas, proyectos y noticias sobre los resultados de su administración”.

Se convirtió así en un propagador de su teoría acerca de la intermunicipalidad universal, sobre ella publicó artículos y folletos, dio conferencias y la expuso en varios países. A Ruy se le reconoció como experto en los temas de la municipalidad en su condición de categoría histórica y política. Quien revise las revistas de la década del 30 encontrará numerosos textos y citas referidas a la intermunicipalidad como una propuesta en la que se integran elementos políticos, sociales y culturales que favorecen una mejor comunicación entre los pueblos, mutuamente beneficiosa para los diversos órdenes de la vida de sus individuos.

Consciente de que solo a través del ejercicio de la política podía llevar adelante sus proyectos, fue este un espacio en que ocupó los cargos de concejal, elegido en varias ocasiones, y delegado de Cuba a la Liga de las Naciones, institución antecesora de la Organización de las Naciones Unidas.

Si la vida pública de Ruy de Lugo Viña alcanzó destaque nacional, las circunstancias de su muerte dieron que hablar a las agencias de prensa de todo el continente e igualmente en España.

El muy publicitado vuelo Pro Faro de Colón para fomentar la confraternidad americana, se inició el 12 de noviembre de 1937, desde la ciudad de Santo Domingo. La escuadrilla la integraban cuatro aeronaves y como jefe de la expedición estaba el mayor dominicano Frank F. Miranda, a bordo del avión Colón; el primer teniente español naturalizado cubano Antonio Menéndez Peláez era el jefe técnico, navegante, y además comandante de la Santa María; los cubanos Feliciano Risech y Alfredo Jiménez Alum comandaban La Niña y La Pinta. Entre los acompañantes, en condición de cronista de la travesía, viajaba Ruy de Lugo Viña. Recorrerían varias naciones del continente y en cada escala se les tributaron recibimientos masivos, por lo que se seguía con interés el vuelo de buena voluntad de la escuadrilla.

La tragedia ocurrió el 29 de diciembre de 1937, en las cercanías de Cali, Colombia, y se trató de uno de los más extraños accidentes aéreos que se recuerde. Implicados en él estuvieron tres aeronaves que se precipitaron a tierra y estallaron en llamas, muriendo todos sus ocupantes.

Aún cuando se especularon diversas causas, las investigaciones de los peritos arrojaron que los aviones cubanos sufrieron un encajonamiento de aire por el mal tiempo entre las montañas, al poco tiempo de despegar de Cali. Solo llegó al final, el avión pilotado por el comandante Miranda, el de mayor potencia, quien tuvo conocimiento del desastre al llegar a su destino en Panamá.

Los restos de los viajeros fueron trasladados a Cuba y velados en el Salón de los Pasos Perdidos del Capitolio Nacional, donde recibieron los honores militares dispensados a los héroes.

El célebre viaje por supuesto que quedó suspendido y solo en 1992 se inauguró finalmente en República Dominicana el monumento Faro a Colón, como parte de las celebraciones por el quinto centenario de la llegada del Gran Almirante al Nuevo Mundo.

Esta es grosso modo la tan interesante historia en torno a la vida, muerte y quehacer del periodista Ruy de Lugo Viña, inmerecidamente olvidado. El 130 aniversario de su natalicio se nos antoja un buen pretexto para recordarlo.