Paleografía. Una solución editorial para difundir los textos inéditos.

Por Yinet Jiménez Hernández

<< Documento de abdicación de Petronila en su hijo Alfonso II de Aragón, ejemplo de una carolina gotizada. Imagen tomada de
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El desconocimiento o la poca popularidad de la Paleografía en el mundo editorial cubano nos obligan a poner la vista sobre esta tipología editorial. Son tan vastos sus alcances y tan nutridas sus metodologías, que sería imperdonable obviar las fortalezas que dicho dominio científico actualmente logra ofrecer.

En muchas ocasiones, resultan dudosos los procesos editoriales que provienen de documentos inéditos. Ello pudiera suceder, entre otras razones, porque el archivo o fondo desconozca el documento objeto de estudio o porque este, históricamente, haya sido valorado erróneamente.

Reevaluar patrimonialmente los documentos potencialmente conflictivos y que estén previstos para ser difundidos ha de ser una máxima de los editores que emprendan la tarea. Ello no significa que el resultado de quienes desconozcan la Paleografía adolezca de inconsistencia científica, pues muchas veces se acude empíricamente a esos procedimientos.

Sin embargo, dicha tipología pudiera simplificar y consolidar el trabajo del profesional de la edición.

Un conglomerado de disciplinas y ciencias: dominio científico

Solo mediante la interconexión de los campos filológico, histórico, bibliotecológico, entre otros, puede llegarse a la comprensión plena del acto escritural, por ello la Paleografía se planteó inicialmente una disciplina heterogénea que ganando terreno devino dominio.

La Paleografía alberga diferentes grados de análisis que dependen de los fines y alcances. Desde la transcripción, atravesando por la paleografía de análisis y llegando a su tercer nivel. El trabajo del paleógrafo es rastreo profundo, arqueología gráfica.

El paleógrafo delimita el terreno que ha de estudiar, transcribe y se problematiza entonces si es o no el material apto para una competente investigación paleográfica. Seguidamente inicia su tarea de excavación profunda, a través de cada una de las capas del material escriptorio objeto de estudio.

El primer nivel de la Paleografía incluye la correcta transcripción del manuscrito y su descripción externa. Debido a la naturaleza técnica del primer nivel se instauró en el imaginario editorial el mito de considerar al paleógrafo como un transcriptor de textos y no como un editor.

La Paleografía analítica es el segundo nivel y asciende un escaño de complejidad.Este somete las escrituras a un estudio riguroso para clasificarlas, estudiarlas, datarlas y situarlas espacialmente, entre otras preguntas de similar interés. Considerado ciencia auxiliar, involucra otras ciencias como la Historia, la Filología, la Geografía e, incluso, la Lingüística Aplicada.

El tercer nivel, el auténtico de la Paleografía, es el encargado de establecer el quién y el porqué de la cuestión escritural; en otras palabras, la difusión y función sociales. Ello sucede porque la recurrencia de pseudónimos en el pasado, la compra de textos para endilgarlos a otras figuras, el “esclavismo” editorial y el fenómeno de lo apócrifo complican al paleógrafo.

El para qué está escrito un documento es otra de las cuestiones que aseguran la interdisciplinariedad de la Paleografía. El acto escritural es tan universal como la representación de cualquier función antropológica, de modo que no existe conocimiento que le sea ajeno.

La evolución de la Paleografía hasta este nivel demuestra que es necesario considerar la cultura escrita como un todo unitario, para una plena comprensión del fenómeno social. Ambas categorías, cultura y sociedad, obligan a que los estudios paleográficos tributen a la historia universal.

Idoneidad de la Paleografía como tipología editorial

Pudiera suscitar duda el hecho de que la Paleografía se encuentre ligada indisolublemente a la edición de textos. Editar es difundir, propagar, dar a conocer. Toda investigación científica, sea cual fuere su carácter, debiera estar conectada a un futuro programa editorial que difunda, propague y dé a conocer los resultados.

De modo que a la Paleografía, como proceso de investigación científica, le corresponde un consecuente proceso editorial que rescate del anonimato dicho proceso.

La praxis editorial de una edición paleográfica es igualmente compleja. Por ejemplo: en un primer momento, Espejo de Paciencia, opera prima de la literatura cubana, debió ser analizada por José Antonio Echeverría y Ramón de Palma, teniendo en cuenta el cuándo, el dónde, el quién y el para qué. Estas preguntas, medulares de la indagación paleográfica, debieron ser contestadas antes de una revelación.

En pocas palabras, la Paleografía no asume verdades, sino que establece su propia mayéutica para comprobarlas. Es un proceso paleográfico la precuela obligatoria de un proceso editorial dudoso que aspira a la credibilidad. La Paleografía evita un fracaso editorial a la vez que asegura su éxito. Sin embargo, el producto editado puede o no ser paleográfico.

Es común que los resultados se presenten bajo un formato científico o por el contrario, bajo una edición ordinaria. En el último caso la Paleografía fungió como una investigación para constatar la veracidad de lo escrito y no con miras editoriales. Sin embargo, cumple su objetivo cabalmente.

Por ejemplo, en la Colección Francisco de Paula Coronado, de la Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas, se encuentra una ostensible muestra de teatro bufo, original y anónimo, del siglo XIX cubano. ¿Quién lo asegura? ¿Qué editor se atreve a publicar dichos ejemplares bajo el sello de la editorial que representa si no tiene un correlato científico? Una vez demostrado que es cierto… ¿Quién obliga al editor a publicar dicho teatro bajo un formato especializado que encarezca la edición?

Por otro lado, si alguna investigación paleográfica demostrase que Dora Alonso posee una colección de cuentos inéditos… ¿cuál será el formato que le concederá la editorial infantil que asuma su publicación? En resumen, el reflejo editorial de una investigación paleográfica depende únicamente de las políticas editoriales y del mercado que domine la institución que difunda el texto.

Paralelamente se impone otra aclaración: El gestor del proceso paleográfico puede o no ser un paleógrafo. En ocasiones estas figuras coinciden, sobre todo, en la indagación literaria o lingüística pero hay que entender que la Paleografía se extiende a todo tipo de documentos y a todo aquel material que constituya muestra de la cultura escrita. Un investigador de otras ramas del conocimiento depende de un editor y de una editorial para materializar los resultados en una edición.

Es importante señalar que una edición paleográfica plagada de metodologías heterogéneas se trata de una edición de alta complejidad o especializada, que puede o no agrupar en su rango de acción cuestiones de otras tipologías editoriales modernas como la crítica y la genética.

Si las líneas de la ecdótica se encaminan en pos de establecer un texto auténtico, a través de la recensio, la examinatio y la emmedatio, ¿por qué no pueden las técnicas paleográficas basarse en ello para consolidar su estatus? Las restantes tareas de la crítica textual imponen la datación y verificación de autoría.

¿Y qué hace la Paleografía en sus niveles segundo y tercero sino indagar en el cuándo y el quién respectivamente? ¿Por qué no apoyarse en la crítica genética si esta puede ofrecer pistas concretas de relación autoral? Ambas, Paleografía y Crítica genética, indagan en la acción de un sujeto a la luz de la cultura escrita. ¿Por qué entonces entenderlas aisladas completamente?

En un dominio que abarca desde la fiel transcripción, hasta la datación, verificación de autoría y función social es difícil que disciplinas afines no encuentren puntos análogos. Los actuales estudios no deben negar las nuevas disciplinas que tributen al fortalecimiento del complejo entramado teórico que aún la en Paleografía se construye.

Aceptar la interdisciplinariedad significa ganar la lucha al tradicionalismo científico. Solo adecuando dicho dominio a las nuevas demandas sociales, idiomáticas y tecnológicas de nuestro país, podremos conquistarle a la Paleografía un espacio en el mundo de los textos inéditos.